03 mayo 2019

Mes de mayo, mes de María

Os comparto una colaboración en la página de los Misioneros Digitales Católicos.

Las expresiones de religiosidad popular son un regalo dentro de nuestra Iglesia cuando son bien vividas. Y una de ellas es vivir el mes de mayo dedicado a nuestra Madre. 

Algunos autores ven en esta manifestación de religiosidad popular una cristianización de una celebración pagana: la costumbre nació en la antigua Grecia. El mes mayo era dedicado a Artemisa, la diosa de la fecundidad. Algo similar sucedía en la antigua Roma pues mayo era dedicado a Flora, la diosa de la vegetación. En aquella época celebraban los ludi florals o los juegos florales a finales de abril y pedían su intercesión. De hecho, mayo debe su nombre a la diosa de la primavera Maia.

En la época medieval abundaron costumbres similares, todo centrado en la llegada del buen tiempo y el alejamiento del invierno. El 1 de mayo era considerado como el apogeo de la primavera en Europa.
Durante este período, antes del siglo XII, entró en vigor la tradición de Tricesimum o "La devoción de treinta días a María". Estas celebraciones se llevaban a cabo del 15 de agosto al 14 de septiembre y todavía puede observarse en algunas áreas. Con su poesía Ben vennas Mayo de las Cantigas de Santa María, Alfonso X el Sabio nos revela que ya existía en la Edad Media, al menos en España.

La idea de un mes dedicado específicamente a María se remonta al siglo XVII. Fue en esta época que el mes de mayo y de María se combinaron, haciendo que esta celebración cuente con devociones especiales organizadas cada día durante todo el mes. Esta costumbre se extendió sobre todo durante el siglo XIX y se practica hasta hoy.

La Iglesia la ha alentado, por ejemplo concediendo indulgencias plenarias especiales y con referencias en algunos documentos del Magisterio, como la encíclia Mense Mayo de Pablo VI en 1965. San Juan Pablo II afirmó en una audiencia general al empezar el mes de mayo en 1979: “El mes de mayo nos estimula a pensar y a hablar de modo particular de Ella. En efecto, este es su mes. Así pues, el período del año litúrgico, [Resurrección], y el corriente mes llaman e invitan nuestros corazones a abrirse de manera singular a María”.

La Iglesia nos alienta en este tiempo a no dejar que pase en balde. Es una oportunidad maravillosa para reflexionar en las principales virtudes de nuestra Madre: María era una mujer de profunda vida de oración, vivía siempre cerca de Dios. Era una mujer humilde, es decir, sencilla; era generosa, se olvidaba de sí misma para darse a los demás; tenía gran caridad, amaba y ayudaba a todos por igual; era servicial, atendía a José y a Jesús con amor; vivía con alegría; era paciente con su familia; sabía aceptar la voluntad de Dios en su vida.

Sea cual sea su origen, la celebración de este mes de mayo es más que una tradición entre los cristianos, es un homenaje y una acción de gracias hacia quien es nuestra Madre. Como "regalos" para ella, se suelen hacer muchas cosas:

*Mirar a María como una Madre. Confiarle todo lo que nos pasa: lo bueno y lo malo. Saber acudir a ella en todo momento.

*Demostrarle nuestro cariño: hacer lo que ella espera de nosotros como hijos suyos que somos y recordarla a lo largo del día.

*Confiar plenamente en ella: muchas de las Gracias que Jesús nos da pasan por las manos de María y es ella quien intercede ante su Hijo por nuestras dificultades.

 *Imitar sus virtudes: esta es la mejor manera de demostrarle nuestro amor, dejándonos hacer como ella se dejó hacer por Dios.

*Rezar en familia las oraciones especialmente dedicadas a María. La Iglesia nos ofrece bellas oraciones como el Ángelus o el Regina Caeli (en el Tiempo Pascual) a mediodía, la Consagración a María y el Rosario.


Aprovechemos cada minuto de estos 31 días para abrir nuestro corazón a María. Para pedirle que haga nuestro corazón semejante a su Inmaculado Corazón. Que por su intercesión nos conceda el Señor la Gracia de vivir amando con su misma delicadeza, dulzura y ternura. Y que, algún día, nos conduzca a su lado para vivir la Pascua eterna en una bienaventuranza sin fin contemplando el rostro amado de Dios.


Canción: ¿No estoy yo aquí que soy tu Madre?
Autor: Martín Valverde


13 abril 2019

Es tiempo de estar con Dios (Domingo de Ramos)

Muchas veces he escuchado o leído aquello de que, cuando uno está más cerca de Dios, su Luz intensa provoca que no lo puedas en ocasiones ver. Es la experiencia de la oscuridad de los santos, por ejemplo.

Pero hasta hace poco no ha surgido en mi corazón pensar en ello de forma espontánea. Y ha sido, una vez más, frente al mar.

Caminaba hacia un lugar conocido, en lo alto, donde sabía que podía ver el mar en el horizonte. Había algunas nubes pero el sol brillaba. Según subía, en un determinado lugar, miré entre las copas de los árboles, pues sabía que desde allí también podía verse.

Sin embargo, sólo vi blanco. Un blanco brillante.

Por un instante surgió la duda y la queja en mi corazón: ¿acaso las nubes o la neblina marítima me impedirían ver el mar cuando llegara a lo alto, como ahora parecía que estaba ocurriendo entre los árboles?

Y entonces comprendí: no es la niebla, es la luz del sol reflejando en el mar lo que hace que brille y no lo puedas ver con claridad.

Efectivamente: al subir del todo, la belleza del mar se extendía ante mis ojos en el vasto horizonte.

Comenzamos la Semana Santa. Y puede que nos ocurra lo mismo: los misterios de la vida de Cristo se van a mostrar ante nuestros ojos en su más profunda belleza. Los misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección nos hablarán con una inmensa claridad de quién es Dios, quiénes somos nosotros, para qué hemos sido creados, la necesidad de nuestra redención para alcanzar el regalo de una vida gloriosa y eterna junto al Corazón de nuestro Amado Creador.

Se nos va a mostrar tan cerca y tan radiante su vasta Misericordia que puede que quedemos cegados, o que creamos que lo estamos, y nos perdamos en oscuridades y tinieblas.

Hoy en mi corazón brota una oración: que no sea así, Señor. Que me deje deslumbrar por tu Luz insondable y admirable. Que me deje amar, perdonar, redimir. Que me deje hacer. Que ni por un segundo me quede mirando mis tinieblas, sino que me deje penetrar por la inmensidad de tu Misericordiosa Luz. Que no olvide ni por un instante quién eres Tú y quién soy yo: el Todo y la nada. Y que no me pierda por mis naderías las maravillas de tu Todo.

Comienza la "semana grande". Es tiempo de estar con Dios, de estar solo con Él. Nos vemos a la vuelta.

Feliz y santa Semana Santa.

Canción: Todo es tuyo
Autor: Athenas
https://youtu.be/Haj7OJRS8Y4
 

06 abril 2019

Lo que ves no es lo que hay. Hay más (V Domingo de Cuaresma)

"Lo que ves no es lo que hay. Hay más"

Esta frase pertenece al anuncio publicitario de un móvil, cuya marca ahora no recuerdo, y que vi en la parada de un autobús. Inmediatamente la relacioné con nuestro Dios.

Él siempre nos mira así: lo que nosotros vemos no es lo que hay, hay más. Y Jesucrito siempre lo ve. Siempre. Él nos mira como nadie nos mira. Con profundidad, con Misericordia, con sanación... con perdón...

Como en el evangelio de hoy: Jesús no ve a una mujer adúltera. Ve a la hija de su Amor. Ve a su hija amada, llamada a ser redimida, sanada, perdonada... Una mirada que se inclina, se abaja y se pone a nuestra altura, para que, estemos como estemos, podamos encontrarnos con sus ojos y sentirnos inmensamente amados (cfr. Juan 8, 6. 8)

Exactamente igual que aquellos que la juzgaban y pretendían apedrearla. Exactamente igual, porque ellos también eran mirados por su Corazón como amados y llamados a la redención y el perdón. Por ellos también moriría en la cruz.

Porque el evangelio de este Domingo es eso: un precioso anticipio del Viernes Santo. Es la Misericordia de Dios llenándonos de su perdón. Es el Corazón de Cristo que sale a nuestro encuentro, abierto de par en par (como en la cruz) mostrándonos su Amor infinito. Redimiendo nuestro ser y devolviéndonos nuestra inmensa dignidad de hijos de Dios, llamados a una vida en plenitud. Ya aquí y ahora, y por toda la eternidad. 

Ante una mirada así, ante el Corazón de nuestro Dios que se nos entrega así, cómo no exclamar como San Pablo: "Juzgo que todo es pérdida ante la sublimidad del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por quien perdí todas las cosas, y las tengo por basura por ganar a Cristo" (Filipenses 3, 8)

Dejémonos mirar así. Dejemos que Dios realice su plan sobre nosotros. Escuchemos su Palabra sobre nuestra vida:

"No recordéis lo de antaño, no penséis en lo antiguo;
mirad que realizo algo nuevo;
ya está brotando, ¿no lo notáis?" (Isaías 43, 18-19)


Canción: Quién me quita
Autor: Kiki Troia
https://youtu.be/WVJ4yU2l2oc


30 marzo 2019

A ganar o morir... (IV Domingo de Cuaresma)

"...y nadie le daba de comer" (cfr. Lucas 15, 16)

Nadie le daba de comer... Al hijo pródigo, que contemplamos en el evangelio de hoy (Lucas 15, 1-3. 11-32), nadie le daba de comer. En otra versión, el evangelio dice "nadie le daba nada" (Lucas 15, 1-3.11-32)

Nadie. El hombre de hoy, lejos de Dios, tiene hambre y sed. Pero no encuentra en este mundo nada ni nadie que le colme esa hambre y esa sed. Nada ni nadie. 

¿Y nosotros? ¿Nos encuentra a nosotros? ¿Encuentra en nosotros ese "ministerio de la reconciliación" del que habla San Pablo en la segunda lectura?

 "Todo esto proviene de Dios, que nos reconcilió consigo por medio de Cristo 
y que nos confirió el ministerio de la reconciliación." (2 Corintios 5, 18)

El Señor, una vez más, en su infinita Misericordia, nos hace partícipes de su plan de Amor y Redención de la humanidad. Quiere contar con nosotros, no quiere hacer nada sin nosotros. Nos invita a dejarnos hacer por el Espíritu Santo a imagen de su Corazón y, como Él (cfr. Lucas 15, 20), salir al encuentro del hijo de sus entrañas que está perdido en medio de este mundo que no puede llenar el corazón del hombre.

Nosotros hemos encontrado en su Corazón aquello que nos colma, aquello que nos convierte en criaturas nuevas:

 "El que vive según Cristo es una criatura nueva. Para él todo lo viejo ha pasado, 
ya todo es nuevo" (cfr. 2 Corintios 5, 17)

Yo hoy miro mi vida y me pregunto: ¿me lo creo? ¿Me creo que soy una criatura nueva en Cristo? Y si me lo creo... ¿se me nota? Y si me lo creo... ¿lo comparto con este mundo que muere de hambre y sed como lo que es, el mayor tesoro que he encontrado, aquello que da sentido a mi vida? ¿Ejerzo el ministerio de la reconciliación, como embajadora suya (cfr. 2 Corintios 5), a imagen de Cristo, dejando que por mi medio Dios exhorte a aquellos que realmente no le conocen, aquellos que vagan buscando aquello que sólo Cristo puede darles? ¿Tengo compasión del Corazón herido de Dios, que sigue esperando cada día la vuelta de sus hijos, y colaboro con Él para que sus hijos vuelvan a casa? ¿Soy consciente de que esto es una guerra sin tregua, en el "campo de juego" del mundo, contra el mal y por la salvación de las almas?

"Somos embajadores de Cristo, como si Dios mismo os exhortara por medio de nosotros. En nombre de Cristo os suplicamos: ¡reconciliaos con Dios!" (cfr. 2 Corintios 5, 20)

¿O me estoy reservando la vida...? 

Canción: A ganar o morir
Autor: Kiki Troia

 

24 marzo 2019

Dejándose "atufar" por Dios (III Domingo de Cuaresma)

Me encanta cuando el Señor me sorprende. Y la verdad es que suele ser muy a menudo. Cuanto más nos acercamos al Señor y a su Amor, más nos damos cuenta del abismo de Misericordia que hay detrás y todo se convierte en una continua novedad y sorpresa. Y como este abismo es insoldable, infinito, inabarcable desde nuestra pobreza... pero puesto a nuestro alcance por su parte con profunda ternura y delicadeza... no hay palabras para expresar tanta gratitud.

Y hoy el Señor me ha sorprendido de nuevo. En miles de pequeños detalles. Me quedo con uno: la lectura del evangelio de hoy (que os invito a rezar con profundidad pues, como siempre, no tiene desperdicio. Aquí lo podéis encontrar: https://www.vaticannews.va/es/evangelio-de-hoy.html)

Como si lo escuchara/rezara por primera vez, me he quedado "enganchada" en la palabra estiércol. Desde hace unos días, en mi ciudad se nota el comienzo de la primavera. Andar por las calles se convierte en toda una maravillosa aventura llena de disparidad de olores, mezclando el aroma de las incipientes flores con el profundo "tufillo" del estiércol.

Y hoy el evangelio me dice que, para que mi vida dé fruto, el Señor ve necesario echar estiércol en ella. Huele mal, está creado con excrementos de animales, si lo pisas vas dejando una huella negruzca... pero es necesario. Para Dios es necesario porque para mí es necesario.

Y en esa imagen del estiércol cada uno de nosotros puede poner tantas cosas... Nuestras pobrezas, nuestros pecados, todo aquello que nos hace sufrir y temblar, nuestras cruces... 

A mí me encantaría ser una eterna primavera: siempre llena de luz a raudales, de flores hermosas y aromáticas, de frutos frescos de colores vivos... Pero para ello necesito el estiércol en mi vida... Y si Dios lo ve necesario, ¿por qué me asusto cuando llega?

¿O por qué me asusto cuando llega a la vida de los demás? Creo que a veces "atufamos" cuando el Señor nos está arando, cavando y fertilizando con el estiércol. Nadie más interesado que Él en que demos fruto, así que lo hace a conciencia. Y que cave en nosotros para sacar las malas hierbas duele, claro. Y nos surge la queja, la tristeza, la frustración, la desesperanza o incluso el grito de dolor. Y queremos que Dios y que todo el mundo a nuestro alrededor se compadezca de nosotros y que nos tenga paciencia. ¿Pero somos nosotros pacientes y misericordiosos con el "tufillo" de estiércol de los demás? ¿Acaso nosotros no somos tan pecadores como ellos? (cfr. Lucas 13, 2). O más, mucho más...

Yo hoy le pido al Señor la Gracia de acercarme al hermano como tierra sagrada (cfr. Éxodo 3, 1-8a.13-15) en la que el Señor está trabajando. Sin juicio, sin queja, con profundo respeto por la obra maestra que Dios está haciendo en su alma. Porque, aunque ahora "me atufe", Dios está escavando en su vida para dar como fruto a un santo. Igual que lo está haciendo conmigo, porque mi alma también es tierra sagrada que Dios ama y que Dios trabaja para hacerme santa. Algún día oleremos a la santidad de Cristo, sólo hay que tener paciencia, como Dios la tiene con nosotros.

Quiero dejarme arar por ti, Señor, porque quiero que hagas tu obra en mi vida. Como Tú quieras, al modo que Tú quieras. Como la Virgen María, como los santos.


Canción: En tus manos
Autor: Jesús Cabello
https://youtu.be/YFjQ_fmDmf4


16 marzo 2019

No te conformes... (II Domingo de Cuaresma)

Hoy el apóstol Pablo, en su carta a los Filipenses, 3, 20, nos dice:

"Nosotros somos ciudadanos del cielo, de donde aguardamos un Salvador: el Señor Jesucristo".

A veces me pregunto si nos creemos estas palabras en serio. Si vamos por la vida con la certeza de nuestra dignidad de hijos de Dios, con la confianza de tener una naturaleza pecadora pero redimida y llamada a la santidad. 

O tal vez, como Pedro y compañía en el evangelio de hoy (cfr. Lucas 9, 28b-36) , nos quedamos "dormidos" en una vida tibia, conformándonos con "lo que nos toca" y sin más expectativas que la vida cotidiana y "rutinaria" de cada día. 

Pues... ¡ya es tiempo de despertar! La Gloria de Cristo está ante nosotros, en esa vida cotidiana que no por ello deja de ser preciosa y llamada a la santidad. Sí, ¡a la santidad! Porque...¿para qué crees que la Iglesia nos regala este tiempo de Cuaresma? ¿Para quedarte más o menos igual, con algún pecadillo y algún kilo de menos? ¡Pues no sólo eso! Es un tiempo de purificación, de cambio, de dejarse hacer...¡santos! ¡Esa es la vida nueva pascual: la santidad!

No te conformes con "las tres tiendas". No te conformes con mirar al cielo y contar las estrellas, como Abraham (cfr. Génesis 15, 5-12.17-18). CREE. Cree y verás la Gloria de Dios actuando en ti, pasando en medio del pueblo con el que caminas (ya sea parroquia, grupo, comunidad, movimiento... o tu mismo barrio o ciudad) y manifestándose en lo más profundo de tu ser, donde escucharás su voz llamándote mi hijo amado, mi hija amada.

Estamos llamados a una alta vocación, a una vida muy grande, a ser santos... No nos conformemos con menos...


Canción: Pablo Collazo
Autor: Reflejo de tu Amor
https://youtu.be/TYpIbx8USEA


09 marzo 2019

Hay que tomárselo en serio... (I Domingo de Cuaresma)

Hace poco fui a visitar a un anciano religioso claretiano. Después de una vida religiosa de unos 70 años, el compartir fue un regalo. 

En un momento dado, entramos en "profundidades espirituales". Y me animé a hacerle una pregunta: "desde tu experiencia espiritual, ¿qué me dirías para ayudarme a luchar contra el orgullo y la soberbia?"

Su respuesta me impactó. Sinceramente, esperaba las "típicas" respuestas, los "típicos" consejillos que se suelen decir en estos casos. Pero su respuesta fue bien clara. Bueno, realmente me contestó con una pregunta: "¿tú qué opinas del demonio y su falta de respeto absoluta a Dios?".

Me quedé a cuadros. Y la verdad es que tiene toda la razón del mundo. La soberbia y el orgullo son reflejo del acto de desobediencia del demonio hacia Dios. Y lo mismo podemos decir de todo lo demás: la pereza, la ira, la mentira, la gula, la vanidad... El maligno sabe muy bien por dónde tentarnos.

Cada uno tiene su "piedra de toque", aquella o aquellas que nos hacen caer... Es importante identificarlas, ponerles nombre, para poder enfrentarlas y presentarlas al Señor para que las sane y para que infunda la Gracia de su Santidad en cada una de ellas.

Y la Cuaresma, como tiempo fuerte, es un momento privilegiado para poner nombre a la tentación y enfrentarla. Hoy Jesús, en el Evangelio (Lucas 4, 1-13), nos da muy buenas claves para esto segundo. Os dejo tres, a la luz del Evangelio de hoy, por si os ayudan. Pero os invito a leerlo y dejar que Dios os muestre las claves para vuestra propia vida:

1. Responder con la Palabra de Dios. Y para poder hacerlo... hay que conocerla. La invitación de la Madre Iglesia a la oración durante este tiempo puede ser vivida con más tiempo orando la Escritura.

2. Poner a Dios en el centro de nuestra vida. Y con Él ahí, en el trono que le pertenece, todo lo demás de nuestra vida estará colocado en su lugar.

3. Aceptando la voluntad de Dios, que se manifiesta de los modos más insospechados y no siempre como la esperamos. Pero siempre, eso sí, como más nos ayuda aunque inicialmente no lo veamos.

Jesús ya ha vencido. Por ti y por mí. Agarrémonos a su victoria, a la firmeza de su Amor y Misericordia. Nosotros somos débiles, pero Él no. En Cristo se encuentra nuestra victoria.


Canción: Firme
Autor: Miguel Horacio
https://youtu.be/L5D-8jP-68M



04 marzo 2019

Es hora de quedarse en manga corta

El otro día vi a una persona con ropa de verano. Era un caballero con camiseta de manga corta y pantalón playero.

Es cierto que estos días ha hecho calorcillo pero, más allá de la reflexión sobre el cambio climático, no pude evitar pensar que era demasiado pronto. ¡Ni siquiera ha empezado la Cuaresma!

Y de repente caí: en nada es Miércoles de Ceniza. ¡Qué rápido pasa el tiempo! Va a ser que el caballero tiene razón... Ya es tiempo de "despojarse", de quitarnos todo lo que nos sobra y preparar el corazón para la Pascua.

Por fuera, este clima loco me habla de temperaturas altas para esta época del año.  Los almendros están preciosos, llenos de flores, dóciles al calor del sol. Pero me pregunto... ¿y por dentro? ¿Está mi corazón caldeado? ¿Está mi corazón preparado para florecer?

Yo no sé tú, pero yo necesito ponerme, largo y tendido, delante del Sol de Amor (cfr. Santa Teresita del Niño Jesús) para que mi corazón comience a ponerse "a tono". Por pura Misericordia el Señor me espera, todos los días, en la capilla de mi parroquia. Humilde, paciente, amoroso...anhelante de mi presencia ante Él.

Y poco más queda por hacer. Él ya se encarga del resto, se encarga de irme "tostando": amándome, mostrándome de qué debo despojarme en el sacramento de la Penitencia, preparándome poco a poco durante la Cuaresma para morir con Él el Viernes Santo y resucitar en su Vida Nueva en la Vigilia de Resurrección.

Sí, el caballero tiene razón: comienza la Cuaresma, el tiempo del Amor. Es hora de quedarse en "manga corta".

Canción: Esfuérzate
Autor: Jonatan Narváez
Intérpretes: Dos y Él
https://youtu.be/kETiwAq-yWA





24 febrero 2019

Qué significa la señal de la cruz en frente, labios y corazón

Os comparto un artículo que me han pedido como colaboración en la página Misioneros Digitales Católicos (https://misionerosdigitales.com/)

¿Qué significa la señal de la cruz sobre frente, labios y corazón 
que se hace en la Eucaristía antes del Evangelio?

Los cristianos hacemos con frecuencia la señal de la cruz sobre nuestras personas o nos la hacen otros ministros, como en el caso de los sacramentos o en las bendiciones. La señal de la cruz es una confesión de nuestra fe: Dios nos ha salvado en la cruz de Cristo. Es un signo de pertenencia, de posesión. Al hacer sobre nuestra persona esta señal es como si dijéramos: estoy bautizado, pertenezco a Cristo, él es mi Salvador, la cruz de Cristo es el origen y la razón de ser de mi existencia cristiana.

Durante las Eucaristías realizamos la señal de la cruz sobre nosotros en tres momentos:

1.    Al comienzo de la celebración: nos santiguamos, es decir, hacemos una gran cruz desde la frente al pecho y desde el hombro izquierdo al derecho cuando el celebrante dice: “En el nombre del Padre (tocar la frente), del Hijo (tocar el pecho) y del Espíritu (tocar el hombro izquierdo) Santo (tocar el hombro derecho)”.
2.    Antes de la lectura del Evangelio: nos signamos, realizamos una triple cruz pequeña en la frente, en la boca y el pecho, al oír las palabras: “Lectura del Santo Evangelio...”. El sacerdote o diácono que va a proclamar la Palabra también hace la señal de la cruz sobre el Evangelio y después se signa él. 
3.   Al finalizar la celebración, cuando el celebrante nos da la bendición, inclinamos suavemente la cabeza y nos santiguamos de nuevo, como al comienzo (también hay que inclinarse para recibir la bendición cuando el obispo la da con el evangeliario, libro que contiene únicamente las lecturas de los 4 Evangelios, en los días solemnes tras su lectura por un diácono o sacerdote concelebrante)

El signarnos antes de la escucha del Evangelio es una fuerte llamada que la Iglesia nos quiere hacer para subrayar la gran importancia que se le debe dar. “Somos llamados a ser un “Evangelio ilustrado”, “el quinto Evangelio”, no escrito con tinta, sino con nuestra propia vida. Acojamos con la mente, anunciemos con los labios, conservemos en el corazón, el tesoro de la Palabra y, a lo largo de este camino, confiémonos al Señor para ser reflejo de la verdadera luz en medio de las tinieblas del mundo de hoy” (Padre Antonio, monje en el Monasterio de San Benito de Monte Subiaco - Italia)

Es un acto hermoso con profundas raíces bíblicas. Por ejemplo, Dios explica al pueblo de Israel que recite una frase particular (“Escucha, Israel…”) de forma diaria, pero también que pongan esa frase “como una marca sobre tu frente” (Deuteronomio 6, 4ss). En segundo lugar, la oración evoca a cuando el profeta Isaías recibió una visión en la que un ángel purificó sus labios con carbón ardiendo (cfr. Isaías 6). Por último, la oración hace referencia a las palabras de la Carta a los hebreos, donde el autor escribe: “La Palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que cualquier espada de doble filo: ella penetra hasta la raíz del alma y del espíritu, de las articulaciones y de la médula, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón” (Hebreos 4,12)

Por tanto, cuando hacemos este gesto en Misa, es verdaderamente una oración profunda que nos abre a las palabras de Jesucristo. Cada vez que escuchamos el Evangelio, Jesús llama a las puertas de nuestro corazón, esperando a poder entrar. 

Solamente tenemos que abrirle la puerta y permitir que su Palabra, llena de Amor por nosotros, transforme nuestra mente para tener los pensamientos de Cristo y mirar a los demás con su misma mirada; 

que llene nuestros labios de Espíritu Santo, para que siempre digamos palabras llenas de amor, ternura y consuelo, nunca de juicio y maldad, y para que proclamemos al mundo entero las maravillas de Dios; 

y que su mismo Corazón se haga carne en el nuestro, para que tengamos sus mismos sentimientos, que amemos como Él nos ama y ama a todos, que seamos otros Jesús en este mundo y construyamos, junto con Él, su Reino de Amor.


Canción: Tu Palabra es mi delicia
Autor: Jésed (Letra: Andrés Degollado. Música: Hugo Oviedo)
https://youtu.be/Hx76XBS9hWg


18 febrero 2019

Rostros de luz

Hace unos días me encontré por casualidad con una vieja amiga. Una amiga de esas de peregrinaciones diocesanas y risas compartidas. Yo andaba por una parte de Madrid por la que no suelo ir y ella estaba allí trabajando en un centro comercial.

Me encantó el encuentro. Y sobre todo lo que compartí con ella. Su trabajo es cara al público y no parece muy fácil. Sin embargo, no perdía la sonrisa y la amabilidad en ningún momento. 

Hablamos de ello y me dijo que otras personas le habían comentado lo mismo. Incluso un sacerdote que solía pasar por allí una vez le preguntó si era cristiana, pues con su sonrisa "tenía algo distinto, pues mostraba un rostro de luz".

Cuando volvía hacia mi casa pensaba en ello y daba muchas gracias por el regalo de estos "santos de la puerta de al lado" (cfr. Papa Francisco en la Exhortación Apostólica Gaudete et exultate, que puedes leer entera aquí: GAUDETE ET EXSULTATE). Son los rostros visibles del inmenso regalo de la fe y fruto de los dones del Espíritu Santo que recibimos en nuestro Bautismo.

Y me llevó a otro recuerdo, esta vez más cercano: en Navidad tuve ocasión de acercarme a la parroquia donde fui bautizada. Hacía algún tiempo que no iba y me sorprendió ver que habían hecho obras, arreglándola. Empujé la puerta del templo, observando los cambios realizados en la entrada. Y al mirar hacia dentro, con la iglesia en penumbras y el corazón dando gracias por el regalo del Bautismo que allí recibí, mi mirada se quedó clavada en lo que unos focos de luz querían destacar: el imponente Cristo crucificado del presbiterio y una hermosa frase. 

 ERES UN REGALO PARA MÍ

Sí, eso es lo que dijo el Padre sobre nosotros el día de nuestro Bautismo: "Y una voz que salía de los cielos decía: Este es mi Hijo amado (Cristo y tú y yo, hijos amados en Él), en quien me complazco" (Mateo 3, 17)

Es la frase que latía en el Corazón de Cristo cuando daba la vida por nosotros en la cruz, sin mirar nada más que el inmenso Amor que nos tiene y su anhelo por compartir la vida eterna con Él.

Es la frase que dice el Espíritu en nosotros cada vez que dejamos que el regalo del Bautismo se manifieste y somos testigos de su Amor derramado, viviendo como otros Cristos en medio del mundo.

Soy un regalo para Dios. Eres un regalo para Dios. Somos un regalo para Dios. Mi amiga lo es para todos los que diariamente se cruzan con ella, por ser reflejo de todo lo recibido por Él en su vida a través de la fe. Su rostro de luz es reflejo del rostro de Dios. 

"Lo que hemos visto y oído, os lo anunciamos, para que también vosotros estéis en comunión con nosotros. Y nosotros estamos en comunión con el Padre y con su Hijo Jesucristo. Os escribimos esto para que nuestro gozo sea completo. Y este es el mensaje que hemos oídos de él y que os anunciamos: Dios es Luz, en él no hay tiniebla alguna. Si decimos que estamos en comunión con él, y caminamos en tinieblas, mentimos y no obramos la verdad. Pero si caminamos en la luz, como él mismo está en la luz, estamos en comunión unos con otros, y la sangre de su Hijo Jesús nos purifica de todo pecado" (1 Juan 1, 3-7)

Seamos testigos. Seamos luz.


Canción: Hija de Dios
Autora: Verónica Sanfilippo
https://youtu.be/Gje5M8wbctI