Testimonios de
adoradoras de la capilla de adoración perpetua de Alcorcón
«Si me preguntas por qué voy a adorar al Señor, te diré que porque
quiero ir al cielo. Y para eso tengo que cuidar mi mayor tesoro, que es el
alma. El alma tiene que llenarse de luz, de luz de Dios para un día estar con
Jesús, nuestro verdadero Amor eterno.
Ahora, cuando voy a la capilla, ya estoy ante Él, cara a cara. Y, como
dice en el evangelio, “salía de Él una fuerza” (Lc 6, 19) que te cura. Y por eso voy, para
que me cure, para que me sane heridas, preocupaciones, inquietud, angustias,
tristezas… y estar con Él. Y al estar con Él todo se pone en su sitio. Todo pasa
en esta vida del hombre. Esta vida del hombre es muy limitada y el tiempo
humano se agota. La adoración al Señor es comprender quién es Él y quiénes somos
nosotros: sus criaturas pequeñas, muy miserables. Si no adoras a Dios te adoras
a ti mismo.
Estar con Dios es estar con el que todo lo puede. Es estar con el
vencedor. Es no tener miedo de nada. Estando con Él, pasando largos ratos con
el Señor, entiendes que si crees en Él tienes que confiar en Él. Y confiar en
Él es amarle. Y el amor solo nace de la confianza y encuentras la felicidad,
esa felicidad que el hombre busca y que solo está en Dios, aunque plena solo
estará en el cielo.
El Señor te va quitando esas caretas que el ser humano se va poniendo
en esta vida. Te hace ser libre, porque sabes que solo a Él tienes que rendir
cuentas, que solo le perteneces a Él, que no somos posesión de nadie. Te enseña
a vivir el momento presente, el momento en el que respiras y lo notas, sin
mirar el pasado ni el mañana. Todo está en sus manos. Todo lo sabe, todo lo
puede. Nosotros no sabemos.
Nos ama sin medida. En la adoración no es lo que uno hace, es lo que Él
hace: estar en el cielo y ahí solo cabe la alegría. Así confío en Él, tengo que
pedir con alegría, con confianza. Con una confianza que sé que lleva un tiempo
de espera para que me dé aquello que yo anhelo y que es bueno para mí. Pero me
enseña a esperar y a confiar.
Y, para ganar el cielo, hay que gastar la vida ganando la vida eterna. Hay
que ser buenos, ser santos, y eso sin Dios es imposible. Solo con Él, en la
adoración, adorándole luego en la santa misa, tiene uno fuerzas para combatir,
luchar, para perdonar, volver a empezar, olvidar rencores, curar heridas… todo
y así hasta el final.
A veces pienso, cuando voy a la capilla a rezar, que yo elijo el
momento y la hora. Personalmente me gusta ir en la madrugada, pero un día será
Él el que elija ese momento y esa hora en que me encuentre con Él cara a cara
para siempre» (Paloma)
«Primeramente hay un encuentro con Jesús vivo. Este encuentro se da con
una Persona viva. Vives una realidad, una relación, y eso hace que te enamores
de Él. Y cuando te enamoras de una persona quieres estar con esa persona el
mayor tiempo posible y hacer cosas que le puedan agradar.
Y entre esas cosas está el apuntarse cuando se va a inaugurar la
capilla de adoración, donde se encuentra Dios vivo, mi Jesús, para estar una
hora semanal con Él, creyendo que yo iba a hacer algo o iba a dar algo, cuando
en el fondo la que recibía era yo.
Es el ejemplo que se pone muchas veces: es como estar delante del sol.
Aunque no tienes consciencia de que esté pasando algo, sí está pasando. Es el
Sol el que penetra dentro de uno, todos sus dones, sus Gracias, y en el fondo
recibimos más de lo que damos, su paz.
En mi caso es una necesidad creada, no puedo pasar sin ello. Es una sed
que viene del Señor, que Él pone en mí, y que solo estando con Él, en la
capilla de adoración, se apaga, se mitiga. Te apetece, quieres y necesitas
estar con Él, y nada más. No tienes que hacer nada más. A veces rezas, otras
lees, otras le cuentas las penas o necesidades, o le cuentas tus
preocupaciones, alegrías; y otras, la mayoría, no dices nada y te callas, le
adoras, le miras y le contemplas. Es un contacto directo, una relación directa
con una persona. Y cuando quieres estar con una persona quedas con ella, estás
con ella porque te produce alegría el encuentro.
Y es evidente que esa sed que tengo no viene de mí, sino que Él la pone
en mi interior; y después Él te sacia y te apaga esa sed cuando estás con Él, y
te va transformando por dentro. Y, aunque tú no lo notas, van cambiando muchas
cosas y ya se te queda corto ir solamente una hora a la semana y necesitas más,
pues es tan grande el gozo, la paz y la tranquilidad que recibes que, al igual
que necesitas comer y beber a diario, también de esa manera necesitas ir a
diario a estar con Él. Ya no basta con un ratito a la semana, sino que lo
necesitas a diario».
Como compartía al inicio, a
veces, cuando estoy ante Él y veo bancos vacíos, pienso en ti… Sí, en ti que me
estás leyendo. Porque ese espacio del banco que ahora está vacío es el que
Jesús te ha reservado, en el que te espera, en el que te anhela. ¿Le dirás que
sí?
Te invito a acercarte un ratito a
la capilla de Alcorcón. Y, ante Él, mirándoos cara a cara, Corazón a corazón,
dejar que te susurre lo mucho que te ama y te necesita a su lado. Si aceptas su
invitación, entra en esta página: https://www.adoracionalcorcon.com/
Me atrevo a asegurarte que acabarás descubriendo que Él te estaba esperando
hace mucho tiempo… y que eres tú quien realmente le necesita…
En la pestaña “Apúntate”, bajo el
formulario, verás los turnos que hay y en los que son precisos más adoradores.
Y tú, ¿por qué no ser uno de
ellos? Él te está esperando. ¿Le dirás que sí?