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07 agosto 2022

Y Él esperando dentro...

Esta mañana he ido a misa en mi pueblo. Me encontraba sola, rezando, esperando que llegara el sacerdote.

En mi pueblo normalmente no se tocan las campanas hasta que él llega y la gente no viene a la iglesia hasta que las tocan. El pueblo es pequeño, en 2 minutos a lo sumo llegas al templo desde la parte más lejana; así que, mientras el sacerdote se reviste, se van sentando en los bancos, mientras aprovechan para saludarse y contarse las últimas novedades.

Antes de entrar a la iglesia, el anciano del pueblo encargado de la llave me había dicho que algunas personas le habían comentado que querían ir a misa pero que cambiarla a las 13h en agosto era muy tarde, y que también faltarían algunas mujeres (como su esposa) porque había que preparar la comida a esas horas...

Mientras rezaba sola, en la oscuridad, escuché a personas fuera (la puerta estaba abierta) que se encontraban, saludaban, comentaban, reían... Reconocí algunas voces, de unos primos lejanos que son Testigos de Jehová. Evidentemente, ellos no iban a entrar a misa...

En diálogo con el Señor sobre todas estas personas que no vendrían, me han resonado con fuerza estas palabras del p. Leocadio...

Si estas almas supieran que dentro les esperaba el Pan de Vida Eterna... 





22 abril 2022

Gracias, Señor, por "El beso de Dios"

A veces el Señor nos tiene preparadas sorpresas. Así fue ayer para mí: tarde más o menos programada, y Él sale a mi encuentro con un mensaje y me cambia los planes.

Y el mensaje era un regalo muy grande: una invitación para ver uno de los preestrenos del documental sobre la Eucaristía «El beso de Dios», del director Pietro Ditano.

¿Y qué puedo decir sobre él?

Que lloré porque me tocó hondo.

Que me fue llevando de tal manera que, en un momento determinado, anhelaba ponerme de rodillas y adorar al Señor que daba la vida por nuestra salvación.

Que su belleza plástica es impresionante.

Que su profundidad teológica es grande, aunque explicada con palabras sencillas y entendibles.

Que los testimonios, algunos en un lenguaje muy actual y divertido, tocan el corazón.

Y hay más cosas, pero esas quedan entre el Señor y yo 😊

Sí tengo dos cosas en el corazón que compartiros:

La primera, animaros a ir al cine a verla (ya sabéis aquello de que el primer fin de semana es importante y hoy es el estreno). Y que luego contéis vuestra experiencia (al menos la parte que se pueda contar), porque el Señor seguro os saldrá al encuentro.

La segunda, orar por Pietro y todo el equipo maravilloso que le ha rodeado, para que sigan adelante, deleitándonos con nuevos proyectos llenos de Espíritu Santo.

Gracias, amigo Pietro, por la invitación. Y, ya sabes, «El Señor siempre hace "lo que le da la gana"». Y Él ha querido esto. Gracias por tu sí. Enhorabuena por tu trabajo. Gracias por dejarte hacer.

Link del trailer: https://youtu.be/_VnrC2BKCmk

Página web oficial: EL BESO DE DIOS. El documental de la Misa | Película (2022)






07 marzo 2022

El tesoro escondido del Cerro de los Ángeles

¿Te has enterado? Sí, sí, hay un "tesoro escondido" en el Cerro de los Ángeles. 

¿Y dónde?, te preguntarás. -Solo tienes que seguir las señales...

¿Y quién me puede indicar dónde están las señales? -¡Justo, esa es la pregunta clave!

Algunos te dirán: "Los chalecos rojos". Otros: "Los del cartelito colgado al cuello". Otros: "Acércate a la tienda, que seguro te lo dicen".

Y todos tienen razón, porque bajo nombres tan dispares se reúnen LOS VOLUNTARIOS DEL CERRO DE LOS ÁNGELES.

Ellos te mostrarán las señales para encontrar el "tesoro escondido" del Cerro...y que no está tan escondido. Unos, en la tienda (esa pequeña casetita con tejado verde); otros, ayudándote para que el tráfico con tu coche y el de los demás sea fluido; otros, mostrándote como buenos guías las bellezas que todos los rincones del Cerro atesoran (en la Ermita de Ntra. Sra. de los Ángeles, en el convento de las Carmelitas, en el antiguo monumento, en la Basílica bajo el nuevo... y alguna sorpresita más); otros, acompañándote durante las celebraciones eucarísticas; otros... (es que hacemos muchas más cosas...)

Y todas esas señales te llevarán al Tesoro...

Por pura Misericordia soy voluntaria del Cerro desde la primera convocatoria que se nos hizo de cara a la preparación del Centenario en el año 2019. Y solo puedo decir que he recibido bendición tras bendición en todas las tareas que se me han encomendado, y que han sido y son de lo más variado. En todas ellas he encontrado el TESORO... EL CORAZÓN DE CRISTO, que late con un Amor que le llevó a la locura de la cruz por mi Salvación... Y por la tuya... Y allí, en el Cerro, se experimenta este latir de una forma muy especial. Porque el Cerro de los Ángeles es uno de los hogares que el Corazón de Cristo ha escogido para sí.

Este año, entre otras labores, tengo el regado de acompañar una misa semanal. Somos casi siempre los mismos los que acudimos a esa cita y me resulta entrañable ir conociendo sus rostros. En especial el de un hombrecillo mayor que, a pesar de sus dificultades físicas para andar, es fiel semana tras semana. Y si no le veo me preocupo...

Porque en el Cerro de los Ángeles uno vive en familia: la familia de los voluntarios y la familia de aquellos a los que servimos por amor a ellos y al Corazón de Cristo.

El próximo 26 de marzo tendremos un ENCUENTRO DE VOLUNTARIOS del Cerro... en el Cerro, no podía ser en otro lugar mejor. Os invito a acompañarnos en esta jornada mañanera y conocer a nuestra familia. Y si no puedes ir, acércate cualquier otro día y pregunta a uno de los voluntarios. O contacta a través del teléfono del cartel. El Corazón de Cristo no cesa de llamar a su servicio. La recompensa es enorme: ÉL MISMO, Él es el TESORO que te espera en cada rincón. ¿Seguro que no te llama a ti?

Y si piensas que no tienes mucha experiencia o capacidades, ¡déjate sorprender! Hay tal variedad de tareas que seguro encontrarás tu sitio.

Atrévete a decirle "sí" al Corazón de Jesús. ¡No te arrepentirás!

30 enero 2022

Y tú, ¿por qué no? Él te está esperando (2ª parte)

 Testimonios de adoradoras de la capilla de adoración perpetua de Alcorcón

«Si me preguntas por qué voy a adorar al Señor, te diré que porque quiero ir al cielo. Y para eso tengo que cuidar mi mayor tesoro, que es el alma. El alma tiene que llenarse de luz, de luz de Dios para un día estar con Jesús, nuestro verdadero Amor eterno.

Ahora, cuando voy a la capilla, ya estoy ante Él, cara a cara. Y, como dice en el evangelio, “salía de Él una fuerza” (Lc 6, 19) que te cura. Y por eso voy, para que me cure, para que me sane heridas, preocupaciones, inquietud, angustias, tristezas… y estar con Él. Y al estar con Él todo se pone en su sitio. Todo pasa en esta vida del hombre. Esta vida del hombre es muy limitada y el tiempo humano se agota. La adoración al Señor es comprender quién es Él y quiénes somos nosotros: sus criaturas pequeñas, muy miserables. Si no adoras a Dios te adoras a ti mismo. 

Estar con Dios es estar con el que todo lo puede. Es estar con el vencedor. Es no tener miedo de nada. Estando con Él, pasando largos ratos con el Señor, entiendes que si crees en Él tienes que confiar en Él. Y confiar en Él es amarle. Y el amor solo nace de la confianza y encuentras la felicidad, esa felicidad que el hombre busca y que solo está en Dios, aunque plena solo estará en el cielo.

El Señor te va quitando esas caretas que el ser humano se va poniendo en esta vida. Te hace ser libre, porque sabes que solo a Él tienes que rendir cuentas, que solo le perteneces a Él, que no somos posesión de nadie. Te enseña a vivir el momento presente, el momento en el que respiras y lo notas, sin mirar el pasado ni el mañana. Todo está en sus manos. Todo lo sabe, todo lo puede. Nosotros no sabemos.

Nos ama sin medida. En la adoración no es lo que uno hace, es lo que Él hace: estar en el cielo y ahí solo cabe la alegría. Así confío en Él, tengo que pedir con alegría, con confianza. Con una confianza que sé que lleva un tiempo de espera para que me dé aquello que yo anhelo y que es bueno para mí. Pero me enseña a esperar y a confiar.

Y, para ganar el cielo, hay que gastar la vida ganando la vida eterna. Hay que ser buenos, ser santos, y eso sin Dios es imposible. Solo con Él, en la adoración, adorándole luego en la santa misa, tiene uno fuerzas para combatir, luchar, para perdonar, volver a empezar, olvidar rencores, curar heridas… todo y así hasta el final.

A veces pienso, cuando voy a la capilla a rezar, que yo elijo el momento y la hora. Personalmente me gusta ir en la madrugada, pero un día será Él el que elija ese momento y esa hora en que me encuentre con Él cara a cara para siempre» (Paloma)

«Primeramente hay un encuentro con Jesús vivo. Este encuentro se da con una Persona viva. Vives una realidad, una relación, y eso hace que te enamores de Él. Y cuando te enamoras de una persona quieres estar con esa persona el mayor tiempo posible y hacer cosas que le puedan agradar.

Y entre esas cosas está el apuntarse cuando se va a inaugurar la capilla de adoración, donde se encuentra Dios vivo, mi Jesús, para estar una hora semanal con Él, creyendo que yo iba a hacer algo o iba a dar algo, cuando en el fondo la que recibía era yo.

Es el ejemplo que se pone muchas veces: es como estar delante del sol. Aunque no tienes consciencia de que esté pasando algo, sí está pasando. Es el Sol el que penetra dentro de uno, todos sus dones, sus Gracias, y en el fondo recibimos más de lo que damos, su paz.

En mi caso es una necesidad creada, no puedo pasar sin ello. Es una sed que viene del Señor, que Él pone en mí, y que solo estando con Él, en la capilla de adoración, se apaga, se mitiga. Te apetece, quieres y necesitas estar con Él, y nada más. No tienes que hacer nada más. A veces rezas, otras lees, otras le cuentas las penas o necesidades, o le cuentas tus preocupaciones, alegrías; y otras, la mayoría, no dices nada y te callas, le adoras, le miras y le contemplas. Es un contacto directo, una relación directa con una persona. Y cuando quieres estar con una persona quedas con ella, estás con ella porque te produce alegría el encuentro.

Y es evidente que esa sed que tengo no viene de mí, sino que Él la pone en mi interior; y después Él te sacia y te apaga esa sed cuando estás con Él, y te va transformando por dentro. Y, aunque tú no lo notas, van cambiando muchas cosas y ya se te queda corto ir solamente una hora a la semana y necesitas más, pues es tan grande el gozo, la paz y la tranquilidad que recibes que, al igual que necesitas comer y beber a diario, también de esa manera necesitas ir a diario a estar con Él. Ya no basta con un ratito a la semana, sino que lo necesitas a diario».

Como compartía al inicio, a veces, cuando estoy ante Él y veo bancos vacíos, pienso en ti… Sí, en ti que me estás leyendo. Porque ese espacio del banco que ahora está vacío es el que Jesús te ha reservado, en el que te espera, en el que te anhela. ¿Le dirás que sí?

Te invito a acercarte un ratito a la capilla de Alcorcón. Y, ante Él, mirándoos cara a cara, Corazón a corazón, dejar que te susurre lo mucho que te ama y te necesita a su lado. Si aceptas su invitación, entra en esta página: https://www.adoracionalcorcon.com/ Me atrevo a asegurarte que acabarás descubriendo que Él te estaba esperando hace mucho tiempo… y que eres tú quien realmente le necesita…

En la pestaña “Apúntate”, bajo el formulario, verás los turnos que hay y en los que son precisos más adoradores.

Y tú, ¿por qué no ser uno de ellos? Él te está esperando. ¿Le dirás que sí?

06 octubre 2021

Una preciosa conversión

Un hombre de cuarenta y siete años, devorado por una sórdida avaricia, se contagia de sarampión. Solicita un lugar entre los pobres de un hospital. Pronto la religiosa encargada de la sala donde se encuentra, lo visita y le pregunta si es buen cristiano.

– Poco importa, contesta con rudeza, con tal que sea un hombre honesto. – Pero ser un hombre honesto no basta para ir al cielo.– Yo asisto a Misa todos los domingos. – Hace falta más aún; un buen cristiano tiene otros deberes.

El enfermo, molesto por esta conversación, se vuelve del lado de la pared y permanece mudo. La religiosa se retira, y como no hay indicios de estado grave, decide esperar una ocasión mejor. Hasta difiere el regalarle una medalla de san José, aunque este pensamiento le viene varias veces a la mente.

Sin embargo, el estado del enfermo se agrava, la fiebre sube, queda afectado el pecho. El capellán acude, y se esfuerza por inspirar sentimientos cristianos en ese pobre hombre. El desdichado responde con groserías a sus expresiones caritativas y vomita toda clase de invectivas contra los sacerdotes. La religiosa encargada de la sala de los hombres encomienda ese pecador a san José y logra, si bien no sin esfuerzo, ponerle su medalla al cuello. Pronto el moribundo, feliz de poseer este objeto de piedad, pide conservarlo siempre y hasta llevarlo consigo si un día tiene que salir del hospital. Desde ese instante una transformación se opera en él. A esa rudeza que lo hacía inabordable, la sustituyen modales respetuosos; y cuando de nuevo le hablan de confesión, no opone ninguna resistencia y se confiesa con los sentimientos del más vivo arrepentimiento.

– iOh!, mi buena hermana, decía a la religiosa que lo cuidaba, después de su entrevista con el capellán. ¡Qué feliz soy! Esta vez, he confesado todos mis pecados; me ha costado mucho, es cierto, pero no he pagado demasiado caro la alegría que siento. ¡Cuánto me arrepiento de haber cumplido tan mal mis deberes en el pasado! Si sano, con la protección de san José, viviré de modo muy distinto.

La enfermedad avanzaba rápidamente; se creyó necesario darle los sacramentos, que recibió con las disposiciones más consoladoras. Hasta el final de su vida, edificó a sus allegados por sus sentimientos verdaderamente cristianos. «Morir después de haber hecho tanto mal y tan poco bien; es terrible», decía. Media hora antes de entregar su alma a Dios, tenía aún todo su conocimiento y repetía con un acento que emocionaba a los que lo rodeaban: «¡Dios mío, tened misericordia de mí!... ¡Santa María, rogad por mí, pobre pecador!... ¡San José, ayudadme a bien morir!». Y expiró sin agonía.

(del libro "Id a José" de la Abadía San José de Clairval: https://www.clairval.com/index.php/es/)


30 junio 2021

San José era tan pobre como yo

Sucedió en medio de una epidemia que devoraba toda una región y que hacía estragos de modo especial entre los pobres. Un sacerdote caritativo entra en una caballeriza baja y húmeda donde sufría una víctima del contagio. ¿Qué ve? Un anciano moribundo tendido sobre harapos asquerosos. Estaba solo, un haz de heno le servía de cama. Ni un mueble, ni una silla; había vendido todo los primeros días de su enfermedad para procurarse algunas gotas de caldo. De las paredes negras y desnudas pendían un hacha y dos sierras: ahí estaba toda su fortuna junto con sus brazos, cuando podía moverlos. Pero en ese momento no tenía ya fuerzas para levantarlos.

- Valor, amigo mío, le dice el confesor, es una gran gracia la que el Señor os hace hoy: usted va a salir pronto de este mundo donde no tiene más que penas.

- ¡Penas!, replicó el moribundo con voz apagada, usted se equivoca: yo tomé a san José por mi patrono y mi modelo y, como él, nunca me quejé de mi suerte. No he conocido ni el odio, ni la envidia; mi sueño era tranquilo. Me cansaba de día, pero descansaba de noche. Las herramientas que usted ve me procuraban el pan que comía con deleite. Era pobre, en verdad, pero san José lo era tanto como yo y estuve bastante bien hasta hoy. Si recupero la salud, lo que no creo, iré al taller y continuaré bendiciendo la mano de Dios que me ha cuidado hasta el presente.

El sacerdote, sorprendido, no sabía qué responder a semejante enfermo. Sin embargo, le habló así: - Amigo mío, puesto que la vida no os ha sido penosa, no debe por eso dejar de disponerse a dejarla, porque hay que someterse a la voluntad de Dios.

-He sabido vivir, prosiguió el moribundo con voz firme, sabré morir. Doy gracias a Dios por haberme dado la vida y por hacerme pasar por la muerte para llegar a Él; noto que llega el momento, aquí está... ¡Adiós, hermano mío!

Así vivió y murió, lleno de paz, este piadoso obrero, este hombre justo, que había tomado a san José por su patrono y su modelo. Seamos nosotros también siempre los imitadores de este gran santo.

(del libro "Id a José" de la Abadía San José de Clairval: https://www.clairval.com/index.php/es/)

 


 

24 marzo 2021

“Alguien que os quiere bien”

Acudamos a san José con confianza en nuestras necesidades. Un par de historias que nos ayudarán a hacerlo.

«A comienzos de febrero, cuenta una comunidad de religiosas de Estados Unidos, nosotras habíamos colocado junto a la estatua de san José, en el vestíbulo de la entrada, la foto de un pequeño coche con una nota explicativa de nuestra necesidad. Llegó marzo sin traer respuesta... pero el miércoles de la última semana un señor llamó por teléfono, diciendo que quería regalarnos un coche. Preguntaba si una hermana podía acompañarlo al comercio, a fin de traérselo a nuestro convento. Cuando el vendedor presentó el coche en cuestión, era exactamente el modelo representado en la foto: ¡un pequeño Ford azul oscuro!

La bendición del vehículo tuvo lugar algunos días más tarde y vamos a hacer celebrar una Santa Misa de acción de gracias en honor de san José. ¿No había sido él, en cierto modo, el que había "firmado" su respuesta?»

***

«La colecta habitual del mes de septiembre en Kerala debió ser suspendida ese año, cuentan las Hermanitas de los Pobres de una casa del sur de la India. Ellas acudieron a san José con gran fervor, y esa inmensa confianza que comparten todas las Hermanas de la Congregación, pidiéndole que les solucionara ese problema, porque la gente de este Estado aprecia la obra en favor de las personas de edad y es muy generosa.

Apenas había sido tomada la decisión, nuestro buen santo comenzó a enviarles sorpresas. Una de las más inesperadas fue una ofrenda de 1.500 dólares, de parte de una persona desconocida de las religiosas.

Algún tiempo después, otra persona, que no había oído hablar jamás de la Congregación, realizó la venta de un terreno en condiciones ventajosas. Hablando con un funcionario de Kotagir, ciudad bastante alejada de la de las Hermanas, expresó su deseo de hacer algo por los pobres. Este funcionario, que antes había trabajado en la ciudad de las religiosas, le dijo que conocía una institución en la cual su contribución sería bien utilizada. El bienhechor las visitó sin dar razón de su presencia allí. Muy impresionado por los residentes y por todo lo que había visto, puso en manos de la Madre Superiora, en el momento de despedirse, un cheque de 750 dólares. Como ella le preguntaba a nombre de quién debía hacer el recibo, él respondió: “Alguien que os quiere bien”».

(del libro "Id a José" de la Abadía San José de Clairval: https://www.clairval.com/index.php/es/)


 

24 febrero 2021

La Trinidad en la tierra

Hoy vamos a hablar de “La Trinidad en la tierra” de la mano de San Leonardo de Puerto Mauricio:

«No está en el poder de una lengua mortal expresar el sumo honor al cual fue elevado nuestro Santo, recibiendo por esposa a Aquella que apareció en el mundo como aurora naciente, y que, creciendo siempre de virtud en virtud, se hizo una rica dote que entregó a San José su esposo... La augusta Virgen no quiso otras condiciones en el contrato matrimonial sino que su esposo fuera en todo y para todo semejante a Ella, y en la pureza de costumbres y por la pureza del alma. Y si el contrato pasó en cierto modo por las manos del mismo Espíritu Santo, ¿quién podría creer que la Santísima Virgen no haya sido escuchada y que San José no haya sido enriquecido con dones, cualidades y virtudes semejantes en todo a las de María? “Dios, dice San Bernardino de Siena, no pudo unir al alma de una Virgen tan grande más que una operación y una virtud muy semejantes a ella”.

La más bella prerrogativa de José, como Esposo de María, es que, por esa razón, es considerado y honrado como jefe de esta Santa Familia, que un autor no temió en llamar trinidad terrestre. “Yo querría, os diré con el piadoso Gerson, ser lo suficientemente elocuente como para describiros aquí esta admirable trinidad de Jesús, José y María…”

¡Jesús, María, José! Eran tres, y sin embargo parece que no eran más que uno: uno en una unidad tan maravillosa, unidad que de tres no hacía sino uno, y que sin embargo, permanecían tres...

¡Honrad pues con frecuencia a esta trinidad que fue visible para nosotros sobre la tierra: ¡Jesús, José, María! Grabad en vuestro corazón, en letras de oro, esos tres nombres celestiales, pronunciadlos a menudo, escribidlos en todos lados: ¡Jesús, José, María!...

¡Repetid muchas veces al día esos nombres sagrados y que estén también en vuestros labios en el último suspiro!».

(del libro "Id a José" de la Abadía San José de Clairval: https://www.clairval.com/index.php/es/)

 


17 febrero 2021

Himno de súplica a san José

Salve, José, guardián piadoso,

Esposo de la Virgen María,

Maestro sin igual.

 

Por tu oración, obtenga la salvación,

y alcance el perdón de sus pecados

el alma pecadora.

 

Que seamos librados por ti,

de todas las penas tan merecidas

por tantos crímenes culpables.

 

Que obtengas

todas las gracias que te suplicamos,

sobre todo, la salvación de nuestra alma.

 

Que tu intercesión un día una

nuestras almas a los espíritus bienaventurados

en la patria eterna.

 

Que todos los corazones turbados

sean librados por tu oración

de todas sus angustias.

 

Que tu intercesión ante Cristo

procure al universo la paz,

a los enfermos la salud.

 

José, hijo excelso del Rey David

iAy! Piensa en el día del juicio,

en los que creen en Cristo.

 

Suplica al único Salvador de todos

que venga a librarnos

en el momento de nuestra muerte.

 

Protégenos en esta vida

y haz gozar a los difuntos

del cielo de los bienaventurados. Amén.

 

(del libro "Id a José" de la Abadía San José de Clairval: https://www.clairval.com/index.php/es/)



 

19 octubre 2020

Solo 24 horas...

El evangelio de hoy me ha recordado mucho a una reflexión que escuché a un sacerdote hace unos días. 

Nos invitaba a los oyentes a pensar sobre qué es lo importante en nuestra vida, las cosas que tenemos que cuidar. A imaginarnos que nos quedan 24 horas de vida y escribir lo que haríamos en esas 24 horas. Así veríamos las cosas realmente importantes de nuestra vida, aquellas que nos urgiría hacer, dejando fuera aquellas otras menos importantes (como acumular dinero o fama) al no quedarnos tiempo para ello.

La verdad es que es impresionante cuando Jesús se pone serio en el evangelio. Siempre pienso en el dolor que para Él supondría tener que hacerlo por el Amor que nos tiene. Pero, ¿qué padre no corrige a sus hijos? (cfr. Proverbios 3, 12; 13, 24). Y Dios es Padre, muy Padre...

Me impresiona mucho esta frase de la parábola de hoy: 

"Necio, esta noche te van a reclamar el alma"  

(puedes leer el texto completo - Lucas 12, 13-21 - aquí: https://conferenciaepiscopal.es/biblia/)

Es impresionante, ¿verdad? Y me invita a reflexionar sobre lo que el sacerdote decía: "si solo me quedaran 24 horas de vida, ¿qué haría?".

Si esta noche me reclamaran el alma, si fuera al encuentro de Dios Padre, ¿qué haría...?

............................

Y si lo tengo tan claro... ¿por qué no lo vivo ya, sin esperar a que el tiempo se me acabe? Porque, realmente, no sé cuándo se va a acabar... ¿Esperaré a que urja y puede que pierda la oportunidad?

El tiempo que se me concede es un tiempo de Misericordia de Dios, es un kayros... ¿Lo voy a aprovechar?

¿Qué es lo realmente importante en mi vida, aquello o aquellos que quiero cuidar de verdad, aquello que tiene valor de eternidad...?

No esperemos.

 

Canción: Teu proceder

Autor: P. Francys Adao, sj (traducido e interpretado por el P. Cristóbal Fones, sj)

https://youtu.be/5wXCLdnOQj4