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03 mayo 2020

Pastores frágiles... pero elegidos

Hoy celebramos el Domingo del Buen Pastor.

Hace un par de días, como todos estos días de confinamiento, estaba de rodillas ante mi ordenador viendo cómo uno de los sacerdotes de mi parroquia exponía el Santísimo online. El Señor me ha concedido la Gracia de tener una mirada que ve la belleza de lo sagrado de un modo en que otros no siempre lo ven. Y este día fue un momento muy especial, más que otros.

Había una belleza extraordinaria en lo que estaba viendo en la pantalla. Una canción hermosa de adoración y entrega al Señor, un sacerdote-pastor arrodillado ante el Santísimo, el humo del incienso subiendo las oraciones de todos nosotros a la presencia del Padre...

Había tanta, tanta belleza... En seguida vino a mi memoria la celebración del Buen Pastor de hoy. Y miré al sacerdote.

Por pura Misericordia, he tenido el regalo de conocer personalmente a muchos. Algunos con cierta profundidad. En ese sacerdote veía a todos, en especial a los que llevo con más cariño en el corazón, y en todos veo siempre lo mismo: una excelsa vocación en una inmensa fragilidad. 

Siempre tienen mucha necesidad de nuestra oración y de la entrega generosa de nuestra vida por la suya y por su vocación. Y doy muchas gracias a nuestra Madre Iglesia por ponernos distintos momentos en el año donde se nos recuerda de forma especial esta necesidad. Hoy es uno de ellos.

Oremos por nuestros pastores. Malos tiempos son estos para ellos. Hay demasiada relatividad en todo, que lleva a algunos hasta a llegar a vivir con una profunda mediocridad su ministerio. Y el problema es que los que viven así muchas veces no lo ven, no son conscientes de ello... La ceguera ha entrado de tal modo que ya no ven y creen que van bien... Quizá han olvidado la exhortación del apóstol Pablo: "Cuida de ti mismo y de la enseñanza" (1 Timoteo 4, 16)

Solo son hombres, frágiles como tú y yo, que han escuchado una hermosa llamada en su corazón. Han visto la mirada de Jesús que se posaba sobre sus ojos.... y se aventuraron a decirle que sí enamorados por esa mirada.

Oremos por nuestros pastores. Por todos, por los que nos parecen buenos y por los que ahora no lo son tanto. Todos necesitan nuestra oración, la oveja perdida aún más. No los juzguemos. Solo oremos, en el silencio. "Ama hasta que duela", nos invitaba la Madre Teresa de Calcuta. Que nos duela su vida, que nos duela su santidad. 

Ofrezcamos nuestras vidas por ellos y que el Señor les conceda la inmensa Gracia de dejarse hacer imagen y semejanza del Buen Pastor que los eligió, que los llamó, que anhela completar la obra buena en ellos, hasta hacer su corazón a imagen del Suyo.

Canción: Y tú, ¿no has pensado alguna vez?
Autor: P. Gonzalo Mazarrasa


26 abril 2020

Tarde te amé...

Hoy Domingo, al exponer el Santísimo, mi párroco ha puesto la canción que pongo más abajo en el enlace y después ha leído, como siempre hace, el evangelio del día (Lucas 24, 13-35)

Y yo no he podido evitar unir el versículo "Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo" (v.16) con el estribillo de la canción (basada en un texto de san Agustín): "Tarde te amé"...

Sí, Señor, tarde te amé. Tantas y tantas veces mi corazón se queda enganchado a las cosas de este mundo y olvido levantar la mirada a Ti. 

Creo que a veces nos puede ocurrir como a los discípulos de Emaús: que no sabemos reconocer a Jesús que pasa a nuestro lado.

Como decía mi párroco, cuando el sufrimiento llega a nuestra vida, cuando nos cuesta mucho entender alguna situación, nos puede ocurrir que nuestro corazón y nuestra mente se queden ahí enganchados. Como a ellos, que solo eran capaces de ver con tristeza ese momento de su historia: "Nosotros esperábamos..." (v.21). 

Es como si solo viéramos un trocito de una película.

Jesús ayudó a los discípulos de Emaús a mirar la vida desde los ojos de Dios. Él conoce toda la "película" de nuestra vida, desde el principio hasta el final. Y sabe que, incluso esos momentos que no entendemos y nos hacen sufrir, forman parte de una historia de Amor mucho más grande.

Necesitamos levantar la mirada más a menudo para ver nuestra vida, los acontecimientos que nos rodean, nuestra historia, con los ojos de Dios. Recordar una y otra vez que Él es Amor y Misericordia, que todo está en sus manos amorosas y que algún día entenderemos el por qué de lo que acontece, pero que ya desde ahora lo podemos vivir con fe y esperanza. 

Oremos con el texto de san Agustín hecho canción. Yo hoy le pido a este santo que me ayude a recorrer el camino de conversión que Él recorrió. Que me enseñe a no quedarme solo con las cosas de fuera, con lo meramente humano, sino a tener una mirada de fe sobrenatural sobre mi historia y la historia de los demás. 

Canción: Tarde te amé
Texto: san Agustín
Música: Antonio Valdoni
Intérprete: Ana Moya
https://youtu.be/_pkCCIEuQEY

21 abril 2020

Decálogo sobre el amor

A raíz de la cercana celebración del Domingo de la Divina Misericordia, quiero compartiros un resumen del Decálogo sobre el Amor del difunto padre Carlos Valverde, sj, del que tuve el regalo de ser alumna en las últimas clases que dio antes de fallecer. 

Con estas DIEZ PALABRAS, el p. Valverde expresaba en qué consiste amar. Pueden ayudarnos a hacer un examen de conciencia para ver si de veras amamos a los demás:

1. RESPETAR: cuando uno quiere a otra persona, la respeta. Y si no la respeta, es que no la quiere. Es preferible molestarme a mí mismo antes que molestar a otros. Es preferible ser prudente con las cosas que uno hace o dice, antes que faltar al respeto o herir a otra persona.

2. ACOMPAÑAR: ser cercano y no distante. Si digo que quiero mucho a los demás pero estoy situado como en una tribuna, como en una tarima que me hace mirar a los demás por encima del hombro, y a los demás los asusta, es que no los quiero suficientemente. Porque el que ama se aproxima, se hace cercano a los demás.

3. CALLAR: cuando uno ama mucho a los demás, no dice siempre lo primero que se le pasa por la cabeza. Querer mucho a los demás requiere muchas veces morderse la lengua, aceptar, olvidar. Requiere muchas veces callar, en una palabra. Requiere muchas veces no ser tan espontáneo que terminas siendo un maleducado, un insolente. Querer a los demás es saber callar.

4. ACORDARME DE LOS DEMÁS: en latín, corazón se dice cor, cordis. De ahí la palabra recordar, que es volver a pasar por el corazón. Cuando se quiere a los demás te acuerdas de ellos, les llevas en el corazón. Cuando quieres de verdad a alguien, te acuerdas de felicitar, de dar el pésame, de preguntar por su salud y sus cosas... En el fondo, los llevas en el corazón, no dejas que pase mucho tiempo sin "darles un toque".

5. SERVIR: como dice el Papa Francisco, "Quien no vive para servir, no sirve para vivir". Es decir, que una persona que está aprovechando bien la vida, que sabe vivir, es una persona que se acostumbra a servir, a echar una mano, a colaborar, a estar disponible.

6. ACEPTAR A LOS DEMÁS COMO SON: es muy difícil porque nos hacemos un patrón mental de cómo deben ser los demás. Nos cuesta mucho acoger a los demás como son, respetarles como son, aceptarles como son. Querer a alguien es no pretender que el otro sea como a mí me gustaría que fuera, sino aceptarle como es. Y aceptarle es quererle y llevarle en el corazón tal y como es, sin pretender y sin exigir que él sea como a mí me gustaría.

7. SONREÍR: el lenguaje no verbal, el lenguaje corporal, expresa muchas cosas. Aunque no lo pretendamos, con nuestro cuerpo estamos diciendo a la gente si les apreciamos sinceramente o si, por el contrario, les estamos juzgando. Tratar de ser agradable, ayudar y colaborar, no herir con mi cuerpo, con mis gestos, con mi mirada. Una persona que quiere mucho a los demás, es una persona que también corporalmente trata de ser agradable, y trata de ayudar y colaborar. Y que la sonrisa no sea una mueca forzada, sino que exprese lo que llevo en lo profundo del corazón, esa paz y alegría en el trato con el otro.

8. CUIDAR ESPECIALMENTE A LOS QUE ME NECESITAN MÁS: no buscar solo a los que me hacen estar bien y me proporcionan un beneficio, porque realmente no les estoy amando, sino que me acerco porque me interesan. Realmente me estaría amando a mí mismo, buscando estar yo bien y pasarlo bien con personas que me proporcionen un beneficio. Uno sabe amar cuando sabe dar, no solo pedir. Sabes amar si te haces cercano a aquellos que no te pueden aportar nada. ¿Con quiénes te juntas y de quiénes huyes porque te resultan más pesados? Una persona que tiene un corazón capaz de amar, es una persona que no huye de nadie. Que quiere a todos y especialmente a aquellos que le necesitan más.

9. PERDONAR: no quiere decir que no te duelan las cosas que te han hecho, que han significado una herida en tu corazón. Perdonar quiere decir que esa herida no sea para siempre, que estás dispuesto a pasar página. A superarlo, a olvidarlo, a hablar de otro asunto, a dar el tema por zanjado. Uno es capaz de perdonar cuando no guarda rencor. Cuando, a pesar de las cosas que le han podido hacer, no conserva amargura en el corazón, sino paz y alegría.

10. NO HABLAR NUNCA MAL DE NADIE: de todas las personas podemos alabar algunas cosas. Por ejemplo, de unos podemos decir que son muy buenos deportistas; de otros, que tienen muy buena voz, que han tenido mucho éxito en los negocios, que tienen unos hijos preciosos... Procura siempre hablar bien de los demás y contar esas cosas buenas que tienen. Y de las cosas malas, es mejor no hablar. De modo que todo lo que digamos de los demás sea siempre constructivo y positivo. Como decía san José María Escrivá, "De quien no se puede alabar, es mejor callar". 

Menudo repasito, ¿verdad? 


Canción: Si yo no tengo amor
Interpretada por: Verónica Sanfilippo y Jonatan Narvaez


*Tomado parcialmente de las charlas de Ejercicios Espirituales personalizados de la Vicaría para el Cerro de la Diócesis de Getafe.

03 mayo 2019

Mes de mayo, mes de María

Os comparto una colaboración en la página de los Misioneros Digitales Católicos.

Las expresiones de religiosidad popular son un regalo dentro de nuestra Iglesia cuando son bien vividas. Y una de ellas es vivir el mes de mayo dedicado a nuestra Madre. 

Algunos autores ven en esta manifestación de religiosidad popular una cristianización de una celebración pagana: la costumbre nació en la antigua Grecia. El mes mayo era dedicado a Artemisa, la diosa de la fecundidad. Algo similar sucedía en la antigua Roma pues mayo era dedicado a Flora, la diosa de la vegetación. En aquella época celebraban los ludi florals o los juegos florales a finales de abril y pedían su intercesión. De hecho, mayo debe su nombre a la diosa de la primavera Maia.

En la época medieval abundaron costumbres similares, todo centrado en la llegada del buen tiempo y el alejamiento del invierno. El 1 de mayo era considerado como el apogeo de la primavera en Europa.
Durante este período, antes del siglo XII, entró en vigor la tradición de Tricesimum o "La devoción de treinta días a María". Estas celebraciones se llevaban a cabo del 15 de agosto al 14 de septiembre y todavía puede observarse en algunas áreas. Con su poesía Ben vennas Mayo de las Cantigas de Santa María, Alfonso X el Sabio nos revela que ya existía en la Edad Media, al menos en España.

La idea de un mes dedicado específicamente a María se remonta al siglo XVII. Fue en esta época que el mes de mayo y de María se combinaron, haciendo que esta celebración cuente con devociones especiales organizadas cada día durante todo el mes. Esta costumbre se extendió sobre todo durante el siglo XIX y se practica hasta hoy.

La Iglesia la ha alentado, por ejemplo concediendo indulgencias plenarias especiales y con referencias en algunos documentos del Magisterio, como la encíclia Mense Mayo de Pablo VI en 1965. San Juan Pablo II afirmó en una audiencia general al empezar el mes de mayo en 1979: “El mes de mayo nos estimula a pensar y a hablar de modo particular de Ella. En efecto, este es su mes. Así pues, el período del año litúrgico, [Resurrección], y el corriente mes llaman e invitan nuestros corazones a abrirse de manera singular a María”.

La Iglesia nos alienta en este tiempo a no dejar que pase en balde. Es una oportunidad maravillosa para reflexionar en las principales virtudes de nuestra Madre: María era una mujer de profunda vida de oración, vivía siempre cerca de Dios. Era una mujer humilde, es decir, sencilla; era generosa, se olvidaba de sí misma para darse a los demás; tenía gran caridad, amaba y ayudaba a todos por igual; era servicial, atendía a José y a Jesús con amor; vivía con alegría; era paciente con su familia; sabía aceptar la voluntad de Dios en su vida.

Sea cual sea su origen, la celebración de este mes de mayo es más que una tradición entre los cristianos, es un homenaje y una acción de gracias hacia quien es nuestra Madre. Como "regalos" para ella, se suelen hacer muchas cosas:

*Mirar a María como una Madre. Confiarle todo lo que nos pasa: lo bueno y lo malo. Saber acudir a ella en todo momento.

*Demostrarle nuestro cariño: hacer lo que ella espera de nosotros como hijos suyos que somos y recordarla a lo largo del día.

*Confiar plenamente en ella: muchas de las Gracias que Jesús nos da pasan por las manos de María y es ella quien intercede ante su Hijo por nuestras dificultades.

 *Imitar sus virtudes: esta es la mejor manera de demostrarle nuestro amor, dejándonos hacer como ella se dejó hacer por Dios.

*Rezar en familia las oraciones especialmente dedicadas a María. La Iglesia nos ofrece bellas oraciones como el Ángelus o el Regina Caeli (en el Tiempo Pascual) a mediodía, la Consagración a María y el Rosario.


Aprovechemos cada minuto de estos 31 días para abrir nuestro corazón a María. Para pedirle que haga nuestro corazón semejante a su Inmaculado Corazón. Que por su intercesión nos conceda el Señor la Gracia de vivir amando con su misma delicadeza, dulzura y ternura. Y que, algún día, nos conduzca a su lado para vivir la Pascua eterna en una bienaventuranza sin fin contemplando el rostro amado de Dios.


Canción: ¿No estoy yo aquí que soy tu Madre?
Autor: Martín Valverde


16 mayo 2018

Elena Guerra y el Espíritu Santo (4º parte)

Desafiado por Elena Guerra, un Papa escribe una encíclica sobre el Espíritu Santo y consagra el siglo al Paráclito. Otro Papa, Juan XXIII, beatifica a Elena, habla de una permanente efusión del Espíritu y de la necesidad de un nuevo Pentecostés, y reza en la convocación oficial del Concilio Vaticano II, diciendo:

"Renueva en nuestro tiempo los prodigios como de un nuevo Pentecostés, y concede que la Iglesia santa, reunida en unánime y más intensa oración en torno a María, Madre de Jesús, y guiada por Pedro, propague el reino del Salvador divino, que es reino de verdad, de justicia, de amor y de paz. Así sea”.

La decisión que instituirá una “comisión preparatoria” para el Concilio se hizo pública exactamente el día de Pentecostés, el 17 de mayo de 1959, ocasión en que el Papa incentiva a los obispos del mundo entero a reunirse en un Concilio Ecuménico para un Nuevo Pentecostés, y termina su discurso con la siguiente oración: “Espíritu Santo, vuestra presencia dirige la Iglesia hacia el camino correcto. Nosotros os pedimos, derramad la plenitud de vuestros dones sobre este Concilio Ecuménico. Renovad vuestros milagros en nuestros días, en mira de un nuevo Pentecostés”. (cf. Ata Apostolical Sedis 51, pág. 832)

Sin embargo, antes de esta fiesta de Pentecostés en que él estableció la Comisión Preparatoria para el Concilio, el 26 de abril de 1959, Juan XXIII, preside su primera ceremonia de beatificación: ¡eleva a la honra de los altares a la fundadora de las Oblatas del Espíritu Santo, Elena Guerra!

En su discurso, Juan XXIII destaca que en la vida de Elena, “es notable cómo todo converge al cumplimiento de la misión que de parte de Dios le fue confiada, de ser en nuestros tiempos la apóstol de la devoción al Espíritu Santo”. Y resalta que ese apostolado no permaneció restringido a los muros de su ciudad, al ámbito de su Congregación, sino que tuvo resonancia por toda la Iglesia. Se la compara con Santa Margarita María Alacoque, en su apostolado de propagar el culto al Sagrado Corazón de Jesús.

Y afirma: “A semejanza de María Magdalena que fue la Apóstol de la Resurrección del Señor junto al Príncipe de los Apóstoles, así ella, de su nativa Lucca, escribe filialmente a nuestro Predecesor León XIII para exponerle sus planes”. “Si hoy, pues, se celebra con mayor solemnidad la Novena de Pentecostés, si a tantas almas dóciles al llamado del Pontífice se abrieron nuevos horizontes de santidad y de apostolado, se debe pensar con gratitud de aquella, de quien se sirvió la Providencia para influir en el gesto de nuestro Predecesor, tal como un bramido de vida nueva que impregna a toda la Iglesia”.

El Concilio Vaticano II se instala en octubre de 1962, y de una forma inédita en la historia de los Concilios va a referirse al Espíritu Santo por 258 veces. Se reconoce “reunido y dirigido” por Él. Abre las puertas a la reflexión teológica sobre los carismas (especialmente en 4 documentos: LG 4; 12; AA 3; PO 9; AG 4) y sobre los ministerios.

Al día siguiente de la beatificación de Elena Guerra, el Papa Juan XXIII en su discurso breve dirigido a las religiosas Oblatas del Espíritu Santo y a los peregrinos de Lucca, resumió el perfil de la Apóstol del Espíritu Santo, caracterizando su misión profundamente eclesial en:

Fundó una Congregación de educadoras y misioneras.
Fue maestra y escritora.
Vivió y sufrió con la Iglesia.
Murió destituida de su cargo, humillada y olvidada.
Pero, encima de todo, realizó, en la oración, en el sufrimiento y en el trabajo, su misión específica de ser en nuestros tiempos la APÓSTOL DEL ESPÍRITU SANTO.


Preciosa vida la de los santos, totalmente abiertos a la acción del Espíritu Santo, que les lleva a hacer (en todo momento y a pesar de las dificultades) la voluntad de Dios en sus vidas.

Encomendémonos a la poderosa intercesión de la Beata Elena Guerra y pidamos una nueva efusión del Espíritu Santo para nosotros, nuestras comunidades, para la Iglesia y para toda la humanidad. ¡Ven, Espíritu Santo!


Canción: Espíritu Santo
Autor: Athenas & Tobías Buteler
Intérprete: Athenas


 

14 mayo 2018

Elena Guerra y el Espíritu Santo (3º parte)

De este periodo de correspondencia de cartas con Elena Guerra, León XIII destina a la Iglesia 3 documentos sobre ese asunto relacionado al culto al Espíritu Santo: 1º El Rescripto “Provida Matris Charitate” del 5 de mayo de 1895, donde invitaba a los fieles a invocar al Espíritu Santo, recomendando hacer una novena en ocasión de Pentecostés; 2º La primera encíclica sobre el Espíritu Santo, “Divinum illud munus” del 9 de mayo de 1897, de la cual hablaremos más adelante con más detalles; 3º La Carta a los Obispos, “Ad fovendum in cristiano populo”, en que refuerza las recomendaciones anteriores.

Por su parte, Elena prosigue trabajando intensamente por la difusión de la devoción al Espíritu Santo. Escribe diversos libros sobre el asunto, y envía al Papa León XIII una Novena de Pentecostés de su autoría, titulada “El Nuevo Cenáculo”. Tanto hizo por la devoción al Espíritu Santo que, una vez atacada por una enfermedad mortal, dejó brotar del corazón hacia sus labios esta apasionada y significativa oración: “Señor, te ofrezco mi vida y mi muerte por el triunfo del Espíritu Santo”.

El 18 de octubre de 1897 fue recibida por el Papa en una audiencia especial, recibiendo de él un gran estímulo para continuar en su apostolado por causa del Espíritu Santo. En esa ocasión, también la autorizó a dar a las religiosas de su Congregación el nombre de Oblatas del Espíritu Santo, identificándolas así, de modo más adecuado, al carisma que le es propio en la Iglesia. 

El 20 de junio de 1903 fallece el Papa León XIII. Después de algunos años, grandes sufrimientos se presentan en la vida de la madre fundadora Elena Guerra. Como tantas otras figuras de la historia de la espiritualidad cristiana, Elena también necesitó tomar con coraje su cruz y emprender el camino del calvario. Fue depuesta de su autoridad por vulgar conspiración de algunas personas soberbias, pero sobre todo ingratas. Por imposición de la autoridad eclesial local, tuvo que renunciar públicamente al cargo de Superiora de la Congregación. Vivió los últimos 7 años de su vida en un verdadero desierto, aislada de las actividades y de la compañía de sus hijas. 

Después de su muerte, se reveló la tremenda injusticia cometida contra la superiora y fueron presentadas diversas reparaciones. El Cardenal Lorenzelli, al final de los trabajos y de la tempestad, exclamó: “Encontramos oro donde creíamos que había basura, y basura donde creíamos que había oro…”.

Elena Guerra falleció en Lucca el 11 de abril de 1914 (11 años más tarde del mismo día y mes en que murió su discípula Gemma Galgani, también en un Sábado Santo), habiendo convivido con 4 Papas: Gregorio XVI (1831-1846), Pío IX (1846-1878), León XIII (1878-1903) y Pío X (1903-1914).

En la siguiente entrada veremos la vinculación de la Beata Elena Guerra con el Papa Juan XXIII y la convocatoria del Concilio Vaticano II.

Canción: Dulce Huésped
Autor: Luis Mauricio
Intérprete: Celines & Luis Mauricio







13 mayo 2018

Elena Guerra y el Espíritu Santo (2ª parte)

En los años posteriores a la fundación de la Congregación, Elena siente crecer día a día en su corazón una profunda devoción al Espíritu Santo. Algunas experiencias místicas como locuciones y llamadas interiores, van colocando en su corazón una acentuada inquietud en relación a la condición bastante precaria que se podía notar en la Iglesia, en relación a la devoción y al culto a la persona del Espíritu Santo. El Señor la inspiraba y le pedía tomar alguna iniciativa; pero ella dudaba…

En 1893, un “portavoz”, como diría ella en su diario (E.Guerra, Mss. VI, 242) aumentó su valor profético: “Ermínia Georgetti, una señora muy sencilla, ignorante de los conocimientos del mundo, pero bien cimentada en las virtudes cristianas” (Mss. VI, 244), le revela que hacía una semana después de la comunión, el Señor insistía en que ella hablase con la Madre (Georgetti era ayudante en la cocina) y, como ella no tenía valor para hacerlo, su corazón se encontraba inquieto… Una mañana, el Señor le repetía la orden, pidiéndole obedecer. Georgetti le dijo: “En mi interior la voz de Jesús me dice: Desearía que le digas a la Madre que convocase a mi corazón a todos los fieles en una oración universal por medio de la devoción del Nuevo Cenáculo… El Amor no es conocido… El Amor no es amado… Mi corazón no puede reposar ni incluso en los corazones consagrados a mí… Dile todo esto a la Madre… Dile que escriba una carta al Santo Padre, pidiéndole que reúna a todos los fieles en una continua oración…”

Después de casi dos años, Elena cede a esas llamadas. Monseñor Giovanni Volpi, quien hacía algunos años frecuentaba la Comunidad de las hermanas como Padre espiritual, comenta con el Papa León XIII, en una visita hecha a Roma en 1894 sobre su intención. El Papa no refutó la idea de hacer cualquier cosa en ese sentido y, así el 17 de abril de 1895, Elena envía al Papa León XIII, por medio del Padre Bertini, prior de Santa María del Pueblo – su primera carta (de otras 12 cartas y una pequeña “nota”, por decir así, que seguirían como secuencia) donde manifiesta su agonía por la poca atención dada por la Iglesia a la persona del Espíritu Santo. En un pasaje, dice así:

“Santo Padre, el mundo es perverso, el espíritu de Satanás triunfa en nuestra sociedad pervertida y arranca del Corazón de Jesús una multitud de almas; y en este terrible estado de cosas los cristianos no dedican ningún pensamiento a dirigir súplicas unánimes a Aquel que puede ‘renovar la faz de la tierra’... Las personas recomiendan todo tipo de devociones, pero mantienen silencio sobre esa única devoción que, según el Espíritu Santo de la Iglesia, debería ser la primera y principal. Las personas recitan tantas novenas, pero esa única novena, que por mandato de Nuestro Salvador en persona, fue recitada incluso por la Santísima María y por todos los Apóstoles, está ahora casi olvidada. Los predicadores alaban a todos los santos, pero ¿cuándo escuchamos alguna vez un sermón en honor del Espíritu Santo, Aquel que modela a los santos? … Por lo tanto, oh Santo Padre, sólo usted puede hacer que los cristianos vuelvan al Espíritu Santo, de modo que el Espíritu Santo pueda volver a nosotros; derrote el reino maligno del diablo, y concédanos la largamente ansiada renovación de la faz de la tierra”.

Un momento de gracia, profético, iluminado, en el cual la Iglesia parece reencontrar la capacidad de escuchar la voz del Espíritu que le habla a través de una humilde monja provinciana, insignificante y desconocida, pero preciosa en aquel tiempo y en aquel momento de la historia.

En la siguiente entrada, terminaremos con la preciosa vida de nuestra Beata.

Canción: Muévete en mí
Autor: Koren Axel Ruiz
Intérpretes: Koren & Jessica ft. Athenas & Jonatan Narváez







11 mayo 2018

Elena Guerra y el Espíritu Santo

El siglo XX es considerado como el "siglo del Espíritu Santo". Hoy, que comienza la Novena al Espíritu Santo, vamos a conocer un poco una de las figuras claves en la historia de la Iglesia para que sea así denominado: la Beata Elena Guerra.

Procedente de una familia razonablemente rica, nació en Lucca, Italia, el 23 de junio de 1835. Fue criada en un ambiente profundamente católico. Desde temprana edad, Elena se dedica al estudio de la Palabra de Dios y a la Patrística, manteniéndose siempre envuelta en actividades apostólicas como Dama de la Caridad de San Vicente. Trabajó con valor junto a los pobres, asistiéndolos especialmente durante un brote de cólera que asoló la región donde vivía. También participó de la asociación de las Hijas de María.

En abril de 1870, realiza una peregrinación pascual a la ciudad de Roma, junto a su padre don Antonio Guerra. Al visitar las catacumbas de los Mártires, Elena vive una profunda experiencia de Dios, despertándose así en ella el deseo de una vida enteramente consagrada al Señor. Durante esa peregrinación asiste a una audiencia pública en la Basílica de San Pedro que fue la tercera sesión conciliar del Concilio Vaticano I, en la cual se aprobó la Constitución “Dei Filius”, sobre la Fe. Después de hacer una visita al Papa Pío IX, toma la decisión de ofrecer su vida por el buen éxito del pontificado de dicho Papa. 

Elena, junto a un grupo de amigas, forma una asociación que fue aprobada como “Unión de las Amistades Espirituales bajo la advocación de María Santísima, Madre del Bello Amor”. La validez de la asociación fue confirmada después por su rápida expansión, no solo en la ciudad de Lucca, sino también por los campos de las ciudades vecinas: Viareggio, Castelnuovo, Garfagnana, Florencia, Sena y otras. En 1872, Elena con su grupo de las Amistades Espirituales, comienzan una nueva experiencia de vida religiosa, transformando la Unión en la Congregación de las Hermanas de Santa Zita, cuyo apostolado se concentraba en la educación cultural y religiosa de la juventud femenina. La patrona de la Congregación, la Virgen lucense Santa Zita, mantiene en la actualidad su cuerpo incorrupto expuesto en la Iglesia de San Frediano, en Lucca, donde fue bautizada Elena Guerra. Cabe destacar que Elena tuvo como alumna a Gemma Galgani, hoy santa, cuya catedral en su honor también se encuentra en Lucca. 

En la siguiente entrada, continuamos con un poco más de su vida.

Canción: Ven, Espíritu Santo
Autor: Martín Valverde
https://www.youtube.com/watch?v=q0vUy2yP8Jo



06 mayo 2018

¿De veras crees que vale la pena?

"Llegan a Jericó. Y cuando salía de Jericó, acompañado de sus discípulos y de una gran muchedumbre, el hijo de Timeo (Bartimeo), un mendigo ciego, estaba sentado junto al camino. 
Al enterarse de que era Jesús de Nazaret, se puso a gritar: «¡Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí!». Muchos le increpaban para que se callara. Pero él gritaba mucho más: «¡Hijo de David, ten compasión de mí!»
Jesús se detuvo y dijo: «Llamadle.» Llaman al ciego, diciéndole: «¡Animo, levántate! Te llama.»
Y él, arrojando su manto, dio un brinco y vino donde Jesús.
Jesús, dirigiéndose a él, le dijo: «¿Qué quieres que te haga?» El ciego le dijo: «Rabbuní, ¡que vea!»
Jesús le dijo: «Vete, tu fe te ha salvado.» Y al instante, recobró la vista y le seguía por el camino." (Marcos 10, 46-52)

Los días pasan. El precioso Tiempo Pascual sigue avanzando. Puede parecer que el Triduo ha quedado muy lejano en medio de la vorágine del ritmo de cada día.

Puede que veamos muy lejana la obra que hizo el Señor en nosotros entonces, matando nuestras muertes, resucitándonos a una vida nueva.

Pero no fue un sueño: como con el ciego Bartimeo, el Señor ha pasado a nuestro lado, se ha detenido y nos ha llamado a una vida nueva y resucitada.

Pero Bartimeo, para vivir esta vida nueva sanada, resucitada, en seguimiento del Señor, tuvo que soltar su manto. Es decir, tuvo que soltar su pasado, aquello que le servía de seguridad para pedir limosna. Confió plenamente en la Palabra de Jesús, en su llamada, y dejó atrás su pasado (tiró el manto) incluso antes de ser sanado. Confió. Tuvo fe. Y esa fe le trajo la Salvación de Dios.

Creo que a veces nos puede pasar que, con el paso del tiempo tras la Pascua, volvamos a coger el manto. Es decir, que tengamos la tentación de pensar que nuestra vida no ha cambiado, que el Señor no ha pasado, porque veamos en nuestro ser tendencias y tristezas del "hombre viejo".

No cojamos de nuevo el manto. ¡No lo hagamos! Esa vida caduca ya no está, ¡ya no existe! Cristo ha resucitado, SÍ ha pasado a nuestro lado y nos ha dado una vida nueva. Dejemos que, con paciencia y esperanza (por su parte y por la nuestra), siga limpiando la ceguera de nuestros ojos para contemplar un presente y un futuro resucitado.

Tal vez haya que gritar un poco más, con profunda humildad: ¡Hijo de David, ten compasión de mí!. O, tal vez, hacer más silencio orante y escuchar en lo profundo de nuestro corazón a Jesús, que no deja de repetirnos: ¿Qué quieres que te haga?. Tal vez confiar en que nuestros ojos ya están abiertos y aceptar la invitación del Señor a levantar con fuerza la mirada y mirar más allá de "nuestro ombligo", de nuestras historias y esquemas... hacia un horizonte nuevo.

¿De veras crees que vale la pena coger el manto de nuevo?


Canción: Una palabra tuya
Autora: Nana Angarita
http://musiccatolica.com/escuchar-nana-angarita-grande-es-su-amor.html







24 abril 2018

¿Aún vives con la losa del sepulcro?

Hace no muchos días tuve la oportunidad de participar en una conversación en la que, en un momento dado, una de las personas dijo dirigiéndose a otra: "Si a estas alturas todavía no has aprendido a amarlo (una situación), ya no podrás hacerlo".

Conociendo a la persona que lo dijo y sabiendo lo mucho que quiere a quien se dirigió, sé que lo dijo sin ninguna intención de herir y con cariño. Y, aunque aún no haya sido capaz de descubrirlo, seguro que tenía un propósito.

Pero aquella frase retumbó en mi corazón como el ruido que hace una losa al caer sobre una tumba. No sé si habéis tenido oportunidad de oírlo. Yo sí, y pone los pelos de punta...

Cuando la losa cae, parece que ya no queda esperanza, pues lo que hay debajo (lo muerto) ya ha quedado sepultado y bien tapado.

Pero, ¿sabéis?, Cristo no ha muerto y ha resucitado para que sigamos viviendo con "muertes" y "losas" encima, en nuestro corazón y en nuestra vida. Ni las que nos empeñemos en ponernos (qué absurdos somos a veces...) ni las que otros nos pongan (qué dolorosa esa mirada en la que ya no se espera nada del otro...)

Él tiene poder: Cristo tiene el poder de resucitar de entre los muertos y tiene el poder de resucitar "nuestras muertes". Tiene poder para cambiar y transformar todo lo que haga falta en nuestra vida. ¡Cristo jamás tira la toalla, jamás pierde la esperanza sobre la más mínima cosa que vivimos!

¿Somos capaces de vivir desde el amor algo que hasta ahora nos ha costado amar? ¡Claro que sí! Porque cuando lo vivimos desde nuestras fuerzas, sí sentimos el peso de la losa, de nuestra incapacidad, de nuestro pecado. Pero si dejamos que Cristo resucitado viva en nosotros y sea su Amor el que brille y actúe... ¡oh, sí, entonces es otra cosa!

La belleza del Tiempo Pascual nos recuerda una y otra vez que Cristo está vivo. Y si nuestra muerte ya ha sido vencida por Cristo... ¡todo lo demás no es nada comparado con eso! ¡No te dejes engañar, la losa ya ha sido retirada de tu sepulcro!

Así que... ¡adelante! ¿Con qué te quedas: con la losa o con la vida nueva y resucitada que Jesús te da ya?

Canción: El Dios de la Vida
Autor: Daniel Poli
https://youtu.be/PXm0HGP5qJ8



18 abril 2018

Dios cumple su promesa en ti

Cuando como en el colegio siempre procuro hacerlo mirando hacia la ventana. Me gusta mirar los espacios abiertos, sobre todo si en ellos se ve naturaleza, y ando siempre en su busca en la ciudad, donde es más difícil encontrarlos.

Al fondo de las vistas del comedor del colegio hay un parque, con sus estanques y algún que otro pato. Y mis ojos tienden a perderse imaginándome allí, disfrutando de su belleza.

Mirar por la ventana me ha hecho fijarme mucho también en los árboles que rodean el colegio. Y hoy me he dado cuenta del cambio que han dado de un día para otro: ¡han aparecido los primeros brotes de primavera!

Durante meses he observado sus ramas, que parecían secas, donde colgaba alguna que otra hoja marrón y muerta. Pero hoy esas mismas ramas tienen pequeños y hermosos brotes verdes que, en unos días, se abrirán radiantes bajo el Sol.

Y he pensado que así ocurre también en nosotros: puede que pensemos que hay algo muerto e imposible de resucitar en nuestras vidas; o que no sabemos vivir algo y que jamás podrá cambiar; o que nuestra miseria y pecado son demasiado grandes para salir de ellos y vivir una vida nueva; o... tantas cosas...

Pero si nos abrimos al Señor, el Sol de Amor, y le dejamos que obre en nosotros, nuestra vida renacerá en una radiante primavera. Porque la misma fidelidad que el Señor muestra haciendo que cada año vuelvan los brotes nuevos allí donde parecía que sólo había naturaleza muerta, así el Señor hará brotar en nosotros una nueva y radiante vida en Él, por medio de su Espíritu Santo. Dios nos lo ha prometido y Dios siempre cumple su Palabra. Siempre.

En mi vida ya hay muchos brotes nuevos porque Dios está cumpliendo su promesa en mí. Y tú, ¿qué necesitas presentarle en esta Pascua para que Él lo llene de nueva y radiante VIDA? En ti también cumple su promesa.

Canción: Yo creo en las promesas
Autor: Daniel Poli
https://youtu.be/8dnXds9iYpU



10 abril 2018

Mis manos, las de Jesús. Mis pies, los de Jesús

Jesús resucitado se aparece a sus discípulos y, ante sus dudas, miedo e inseguridad, les invita a mirar sus manos y sus pies:

"¿Por qué os turbáis? ¿Por qué se suscitan dudas en vuestro corazón? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y ved... (...) Y, diciendo esto, les mostró las manos y los pies". (cfr. Lucas 24, 38-40)

Siempre he escuchado que, al mostrarle las huellas de su Pasión, Jesús les enseñaba que no era un fantasma; que era el mismo que había sido crucificado y que ahora se mostraba resucitado y glorioso.

Orando esta Palabra, me he quedado con esta frase: "Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona", y me he preguntado por qué precisamente las manos y los pies. Podía haber dicho: "Mirad mi rostro, mis ojos; escuchad mi voz, soy yo". Pero no... les invita a mirar sus manos y pies.

Jesús había recorrido los caminos con sus discípulos. Cuántas horas de cansancio, subiendo y bajando; de conversación compartida, de camino hecho oración gozosa y dolorida ante el trabajo por el Reino...durante largos y largos días, meses, años... Sí, los discípulos conocían bien los pies de Jesús. Le habían visto gastarse y desgastarse por Amor en el camino, saliendo al encuentro del necesitado, del que le buscaba, del que anhelaba recibir de Él el agua que se convertiría en fuente que brota para la vida eterna (cfr. Juan 4, 13-14)

Los discípulos conocían también muy bien las manos de Jesús: manos sanadoras, suaves, que acarician, que abrazan, que curan, que consuelan, que sostienen con fuerza, que levantan, que restauran...

Mirar los pies y las manos de Jesús es mirar el Amor de Dios hecho Carne, hecho Palabra, hecho Vida eterna por mí, por ti, por todos.

Y siento la invitación a que los pies de Jesús sean los míos: a tener pies embarrados, cansados, doloridos, pero siempre prestos a salir al encuentro del que tiene hambre y sed de Dios, por muy lejos que esté, por muy malo o largo que sea el camino.

Y siento el anhelo de que las manos de Jesús sean las mías, dejando que Él acaricie, sostenga, ame, apriete fuerte o dulcemente las manos del hermano, el rostro del hermano, el cuerpo del hermano necesitado del consuelo y del abrazo de Cristo.

Jesús nos lavó los pies, a nosotros, a sus discípulos en la Cena del Jueves Santo. Sí, Señor, creo que empiezo a comprender...

"Después que les lavó los pies, tomó sus vestidos, volvió a la mesa, y les dijo: ¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? (...) Pues si yo, el Señor y el Maestro, os he lavado los pies, vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros. Porque os he dado ejemplo, para que también vosotros hagáis como yo he hecho con vosotros" (Juan 13, 12-15)


Canción: Servidores sed
Autor: Agustín Sánchez
https://youtu.be/Q7lv59VAlw8




05 abril 2018

Venid a ver...

Una de las antífonas que rezamos en las vísperas del Domingo de Resurrección, y durante toda la Octava de Pascua, dice: "Venid a ver el sitio donde yacía el Señor".

De vez en cuando es bueno recordar este lugar y, con ello, al mismo tiempo volver atrás en nuestra vida.

El sitio donde yacía el Señor es el lugar de los muertos, allí donde Cristo bajó para sepultar nuestro pecado y nuestras "muertes", y darnos en su lugar una nueva vida, bella, hermosa, santa, resucitada.

Hacer memoria de nuestra historia nos ayuda a recordar de dónde nos ha rescatado el Señor. Y volver a escuchar de sus labios, como la pecadora perdonada, "vete y no peques más" (Juan 8, 11)

Nos ayuda a vivir con un corazón agradecido, humilde, que se sabe rescatado, que se sabe mendigo de la Misericordia de Dios que se dona sin medida. Y nos ayuda a vivir con una actitud de súplica constante, para recibir la Gracia del Espíritu Santo que nos lance a vivir en esa vida nueva que ya ha sido dada, pero en la que tantas veces olvidamos vivir, superados por nuestro pecado y por los afanes de la vida.

La Gracia está dada... ¡vivamos! ¡No volvamos a nuestras muertes!

Y la Iglesia, como madre y maestra, nos recuerda las herramientas que Dios nos da para ayudarnos en este camino, como los sacramentos (sobre todo la Eucaristía), la vida comunitaria y el acompañamiento (donde los hermanos nos lanzan a seguir las huellas de Cristo), la formación, la lectura espiritual, la oración...

Uno de las maneras de orar es con la Liturgia de las Horas, a la cual pertenece la oración de Vísperas a la que me refería antes. La Liturgia de las Horas es rezar con la misma oración de Jesús. Él, como buen judío, recitaba los salmos varias veces al día.

A mí me ayuda mucho orar con ella, pues siento que me uno a los mismos sentimientos que Jesús tendría al orar con los salmos. Además, es una ayuda en medio de tanta actividad como siempre tenemos: me centra en ofrecer y dar gracias por el día que comienza (con Laudes), profundizar en la Palabra y en nuestra fe (con el Oficio de Lecturas), volver a poner al Señor en el centro de mi día y de mi trabajo de la tarde (con las Vísperas) y dejar por la noche en sus manos misericordiosas todo lo vivido (en Completas)

"Venid a ver el sitio...", pero no nos quedemos ahí. Vivamos, ¡vivamos!, en la Vida que ya nos ha sido dada. ¡Dejémonos inundar por esta vida que se hace nueva con la fuerza del Amor!

Canción: Resurrección
Autor: Nico Montero
https://youtu.be/d7luBgJweno


Si quieres saber más sobre qué es la Liturgia de las Horas y lanzarte a orar con ella, te comparto algunos links que pueden ser de tu interés:

¿Qué es la Liturgia de las Horas? ¿Cuál es su finalidad? ¿Cómo orar con Laudes y Vísperas?

Para orar con la Liturgia de las Horas

IbreviaryWeb Pro Terra Sancta



03 abril 2018

La Gracia está dada, ¡vive!

¡CRISTO HA RESUCITADO! 
¡VERDADERAMENTE HA RESUCITADO! ¡ALELUYA!

¡FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN A TODOS!

Dice la Secuencia de Pascua que se recita en la Misa del Domingo de Resurrección y durante toda la Octava de Pascua: "Venid a Galilea, allí el Señor aguarda. Allí veréis los suyos la Gloria de la Pascua".

Esta semana muchos hemos vuelto a nuestra "Galilea", a esa vida cotidiana donde el Señor nos espera. Y, en ella, veremos la Gloria del Señor, la misma vida de Cristo resucitada en nosotros.

Atrás quedó el hombre viejo, sepultado con Cristo. No volvamos a nuestras "muertes", ¡vivamos la vida nueva resucitada y santa que ya nos ha sido dada con su Resurrección!

La Gracia está dada, ¡vive! Amén+

Canción: Sólo quiero decir que te quiero
Grupo: La Voz del Desierto
https://youtu.be/ZW842Aup6u4


04 abril 2016

A ti me rindo... ¡hágase!

Hoy celebramos en la Iglesia la Anunciación, litúrgicamente atrasada por haber caído este año en Viernes Santo. Y hoy pienso en el "Hágase" de la Virgen María a los planes de Dios para su vida y que nos marcó maravillosamente a toda la humanidad...

Hágase es rendir el corazón, aceptar la voluntad de Dios en lo pequeño y cotidiano de cada día. Sin quejas cuando no salen las cosas como yo quiero.

Hágase es rendir el corazón y hacer lo pequeño de forma extraordinaria, llenando de amor las pequeñas cosas cotidianas. Pero no de un amor cualquiera, sino del Amor de Dios, dejando que Él ame en mí.

Hágase es aceptar que mi vida no es mía, sino que el Señor tiene un plan para ella y con un fin que siempre será glorioso: la Resurrección y la vida eterna en el Cielo.

Hágase es mirar a Jesús: un Corazón dócil al querer del Padre, en constante escucha a su voluntad, que se mantiene sereno y elegante en su Pasión.

Hágase es mirar a María, que va aceptando los planes de Dios para su vida y la de su Hijo sin quejas ni amarguras, y que nos susurra a cada instante al corazón: "Haced lo que Él os diga".

Hágase es dejarse lavar los pies, como Pedro en la Última Cena. Dejar que Cristo abrace, lave y bese mis miserias, y las redima, y pueda encontrar su Rostro cuando abrazo las de mis hermanos y me pongo a su servicio.

Hágase es reconocer mi pobreza, como el Buen Ladrón en la cruz, y, a pesar de una vida de pecado, dejarme salvar como él gratuitamente por la Misericordia de Cristo. Sin méritos, sin hacer nada, más que reconocer mi necesidad de Salvación. Es reconocer que todo es Gracia.

Hágase es una actitud de vida, de corazón y de mente. No algo de sólo un momento "de subidón" en la oración y olvidarlo. El voluntarismo, el hacer las cosas "por puños", normalmente nunca tiene buen término. Es rendirse, abandonarse, que el decirle sí a Dios forme parte de cada latido de mi corazón, de cada respiración. Eso sí da frutos de paz, de amor, de santidad.

Esto es lo que te pido y anhelo, Señor. Que nunca más ande poniendo parches ni tiritas. Que mi vida siempre esté abierta ante ti. Sin excusas, sin mentiras, sin caretas ni dobles caras. Quiero una vida limpia ante ti, con una mirada limpia que me permita descubrir tu Rostro a cada instante: en lo que me gusta y en lo que no. Porque, ya sea con Rostro de Viernes Santo, doliente y crucificado, ya sea con Rostro transfigurado en la Resurrección, eres Tú el que me sale al encuentro, ofreciéndome una vida más plena, más hermosa, más digna, más llena de belleza de lo que jamás podría imaginar. Tú me la ofreces y yo debo acogerla desde mi sí, desde mi hágase, pobre y humilde, y seguro que lleno de errores, pero sincero y fiel.

¡Hágase, Señor! ¡Haz Tú en mí según tu voluntad! ¡A ti me rindo!


Canción: A ti me rindo
Intérprete: Hillsong
https://www.youtube.com/watch?v=Leyc6u9ynmM

(existe una versión en castellano del propio Hillsong aquí: https://www.youtube.com/watch?v=YPs-akTj_P0 )