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22 abril 2022

Gracias, Señor, por "El beso de Dios"

A veces el Señor nos tiene preparadas sorpresas. Así fue ayer para mí: tarde más o menos programada, y Él sale a mi encuentro con un mensaje y me cambia los planes.

Y el mensaje era un regalo muy grande: una invitación para ver uno de los preestrenos del documental sobre la Eucaristía «El beso de Dios», del director Pietro Ditano.

¿Y qué puedo decir sobre él?

Que lloré porque me tocó hondo.

Que me fue llevando de tal manera que, en un momento determinado, anhelaba ponerme de rodillas y adorar al Señor que daba la vida por nuestra salvación.

Que su belleza plástica es impresionante.

Que su profundidad teológica es grande, aunque explicada con palabras sencillas y entendibles.

Que los testimonios, algunos en un lenguaje muy actual y divertido, tocan el corazón.

Y hay más cosas, pero esas quedan entre el Señor y yo 😊

Sí tengo dos cosas en el corazón que compartiros:

La primera, animaros a ir al cine a verla (ya sabéis aquello de que el primer fin de semana es importante y hoy es el estreno). Y que luego contéis vuestra experiencia (al menos la parte que se pueda contar), porque el Señor seguro os saldrá al encuentro.

La segunda, orar por Pietro y todo el equipo maravilloso que le ha rodeado, para que sigan adelante, deleitándonos con nuevos proyectos llenos de Espíritu Santo.

Gracias, amigo Pietro, por la invitación. Y, ya sabes, «El Señor siempre hace "lo que le da la gana"». Y Él ha querido esto. Gracias por tu sí. Enhorabuena por tu trabajo. Gracias por dejarte hacer.

Link del trailer: https://youtu.be/_VnrC2BKCmk

Página web oficial: EL BESO DE DIOS. El documental de la Misa | Película (2022)






01 septiembre 2021

Director de la Sabiduría encarnada

«¿No es el hijo de ese obrero?, decían los judíos refiriéndose a Jesús. Sí, responde san Pedro Crisólogo, es el hijo de un obrero, pero ¿de qué obrero? Del que construyó el mundo, no con el martillo, sino por una orden de su voluntad; el que combinó los elementos, no por un efecto del ingenio, sino por un simple mandato; el que iluminó al sol, no con un fuego terrenal, sino con un calor superior; esta es la labor de un obrero, cuya palabra creó todo de la nada. Tenéis razón, santo Doctor; porque, en efecto, Jesús es el Hijo del gran Obrero que construyó el universo. Pero permitid que, para gloria de José, digamos también que es el hijo de ese pobre artesano, que en su pequeño taller maneja la sierra y la garlopa: y, puesto que la misma Santísima Virgen da a José ese hermoso título de padre de Jesús... decid también que es el hijo de este humilde carpintero, y que, como tal, le está sumiso, y que es el compañero de sus trabajos. ¡Oh! ¡Qué maravilla con solo pensar en ello!

Jesús ayudó a este artesano a trabajar la madera, como ayudó al Creador a edificar el mundo. ¡Oh maravillosa dignidad de José!, exclama Gerson. ¡Sublime grandeza que nos presenta a José como el émulo del mismo Dios!

¡Un pobre carpintero, que trabaja la madera, convertido en émulo de Aquel que ha creado el mundo! ¡Qué más queréis para proclamar a José como el más grande de todos los hombres, como padre, si el mismo Dios no puede hacer un padre más grande que el que tiene a Dios por hijo!

Hay tres cosas, dice el Doctor Angélico, que son tan grandes que Dios no puede hacer otras mayores, a saber: la humanidad de Nuestro Señor Jesucristo, causa de su unión hipostática con el Verbo; la gloria de los elegidos, en su género, a causa de su objeto principal, que es la esencia infinita de Dios; y la Madre incomparable de Dios, de la cual se ha dicho: “Majorem quam Matrem Dei non potest facere Deus”: Dios no puede honrar más a una persona que convirtiéndola en su propia Madre.

Podéis agregar, para gloria de José, que Dios no puede hacer un padre más grande que el que tiene a Dios por hijo» (san Leonardo de Puerto Mauricio )

 (del libro "Id a José" de la Abadía San José de Clairval: https://www.clairval.com/index.php/es/)

04 agosto 2021

Primacía de la vida interior

«El clima de silencio que acompaña todo lo que se refiere a la figura de san José se extiende también a su trabajo de carpintero en la casa de Nazaret. Sin embargo, es un silencio el que revela de una manera especial el perfil interior de esta figura. Los Evangelios hablan exclusivamente de lo que "hizo" san José, pero permiten descubrir en sus acciones, rodeadas de silencio, un clima de profunda contemplación. José estaba tan diariamente en contacto con el misterio escondido desde hacía siglos, que estableció su morada bajo su techo. Eso explica, por ejemplo, por qué santa Teresa de Jesús, la gran reformadora del Carmelo contemplativo, se hizo la promotora de la renovación del culto a san José en la cristiandad occidental.

El sacrificio absoluto que san José hizo de toda su existencia ante las exigencias de la venida del Mesías a su casa, encuentra su justo motivo en su insondable vida interior, de donde le vienen las órdenes y los consuelos completamente especiales y de donde fluyen para él la lógica y la fuerza, propias de las almas simples y transparentes, las grandes decisiones, como la de poner inmediatamente a disposición de los designios divinos su libertad, su vocación humana legítima, su felicidad conyugal, aceptando la condición, la responsabilidad y el peso de la familia y renunciando, en beneficio de un amor virginal incomparable, al amor conyugal natural que la constituye y alimenta.

Esta sumisión a Dios, que es prontitud de la voluntad para consagrarse a todo lo que concierne a su servicio, no es otra cosa que el ejercicio de la devoción que constituye una de las expresiones de la virtud de religión.

La comunión de vida entre José y Jesús nos lleva a considerar también el misterio de la Encarnación precisamente bajo el aspecto de la humanidad de Cristo, instrumento eficaz de la divinidad para la santificación de los hombres: en virtud de la divinidad, las acciones humanas de Cristo han sido salvadoras para nosotros, al producir en nosotros la gracia tanto en razón del mérito como por su eficacia verdadera.

Entre las acciones, los evangelistas resaltan las que conciernen al misterio pascual, pero no omiten el subrayar la importancia del contacto físico con Jesús a propósito de las curaciones (Mc 1, 41) y la influencia que ejerce sobre Juan Bautista cuando ambos estaban en el seno materno (Lc 1, 41-44)

El testimonio apostólico no dejó de narrar el nacimiento de Jesús, la circuncisión, la presentación en el Templo, la huida a Egipto y la vida escondida en Nazaret, y ello en razón del " misterio" de gracia contenido en tales "gestos", todos salvíficos, porque participan de la misma fuente de amor: la divinidad de Cristo.

Si este amor a su humanidad irradiaba sobre todos los hombres, los primeros beneficiarios eran evidentemente aquellos que la voluntad divina había colocado en su intimidad más cercana: María, su madre, y José, su padre nutricio.

Puesto que el amor "paternal" de José no podía dejar de influir sobre el amor "filial" de Jesús y puesto que, recíprocamente, el amor "filial" de Jesús no podía dejar de influir sobre el amor paternal de José, ¿cómo llegar a conocer en profundidad esta relación totalmente singular? Las almas más sensibles a los impulsos del amor divino ven con justo título en José un ejemplo luminoso de vida interior.

Además, la aparente contradicción entre la vida activa y la vida contemplativa es superada en él de manera ideal, como ocurre en el que posee la perfección de la caridad. Según la distinción bien conocida entre el amor de la verdad (caritas veritatis) y la exigencia del amor (necessitas caritatis), podemos decir que José experimentó tanto el amor de la verdad, es decir, el puro amor de contemplación de la Verdad divina que irradiaba de la humanidad de Cristo, como la exigencia del amor, es decir el amor, puro también, de servicio, requerido por la protección y el desarrollo de esta misma humanidad» (Papa san Juan Pablo II)

(del libro "Id a José" de la Abadía San José de Clairval: https://www.clairval.com/index.php/es/)

21 julio 2021

No hay amor más grande que dar la vida

Sucedió en Shanghái en 1934. El abogado Lo Pa Hong, cristiano ferviente y padre de nueve hijos vuelve a su casa. Es casi de noche. Ve a un chino acostado en el suelo. ¿Borracho? iNo! El pobre hombre se desplomó agotado, abandonado. Lo Pa Hong llama a un culí para trasladarlo al hospital más próximo. ¡Allí, rechazo! Después de eso, el culí deja su carga y desaparece. Entonces el buen samaritano carga al enfermo sobre sus hombros y lo lleva a su casa. Allí, lo cuidará y lo sanará.

Esa noche, Lo Pa Hong no podrá dormir. Un pensamiento le obsesiona. ¡Si pudiera construir un hospital de unas cuarenta camas, algunos pobres enfermos podrían sanar! Conoce un cementerio abandonado que actualmente sirve para depurar aguas residuales. Es allí donde, a la caída la noche, las mujeres sin corazón dejan sus bebés, que, tras la noche, serán despedazados y devorados por los perros. Entonces compra el terreno. El consejo municipal se muestra generoso cediéndole las piedras de un muro de ciudad. Apenas Lo Pa Hong comenzó las primeras construcciones debe interrumpir las obras por falta de dinero. No quedan más que 80$. ¿Qué hacer? Compra una estatua de san José y la coloca en el medio del terreno. Luego se dirige al gran santo: “Querido san José, si quieres que allí se levante una casa de caridad y misericordia, ¡ayúdame, no tengo nada más!”.

Y se pone a pedir. ¿Encontrará manos y corazones abiertos?... ¡Ciertamente se diría que san José le acompaña! Lo Pa Hong recibe tanto dinero que puede acabar su primera construcción. ¡Más aún! Construye otros dieciséis grandes edificios, entre ellos varios hospitales, un orfanato para niños abandonados, un hogar para albergar a las mujeres perdidas, un centro para ciegos, otro para inválidos, una escuela profesional para jovencitas, una escuela de artes y oficios. Luego treinta y tres iglesias o capillas para la región. Todo esto se transformó en una pequeña ciudad, obra de Cáritas... En cinco meses, Lo Pa Hong bautizó doscientas personas, entre ellas algunos condenados a muerte, bautizados justo antes de la ejecución.

Lo Pa Hong habló, pidió, rezó y se sacrificó hasta el 30 de diciembre de 1937. A los 64 años, murió mártir de la caridad. Dos hombres a sueldo le asesinaron.

¡Un santo de nuestro tiempo! San José le permitió realizar una obra de caridad sin igual. No hay amor más grande que dar la vida por sus amigos (Jn 15, 13).

(del libro "Id a José" de la Abadía San José de Clairval: https://www.clairval.com/index.php/es/)

 


 

26 mayo 2021

La huida a Egipto

«Cuando los santos Magos informaron a Herodes que el Rey de los Judíos acababa de nacer, este príncipe bárbaro ordenó matar a todos los niños que se encontraban entonces en los alrededores de Belén. Ahora bien, como Dios quería preservar, de momento, a su Hijo de la muerte, envió a un ángel para advertir a José que tomara al Niño y a su Madre y que huyera a Egipto.

Considerad aquí la pronta obediencia de José, quien, tinque el ángel no le prescribiera el instante de la parada, no opuso ninguna dificultad, ni en cuanto al tiempo, ni en cuanto al modo de realizar semejante viaje, ni en cuanto al lugar en donde podrían establecerse en Egipto, sino que se dispuso a partir. Así, pues, en el mismo instante, se lo comunicó a María.

¡Cuánta debió de ser la pena de san José en ese viaje cuando veía sufrir así a su querida esposa, poco acostumbrada a los caminos, llevando en sus brazos al querido Niño que, mientras huían, se pasaban el uno al otro, con el temor constante de encontrar a cada paso a los soldados de Herodes, y todo eso en el más riguroso tiempo de invierno, con la incomodidad del viento y de la nieve!

¿Con qué podrían alimentarse durante ese viaje, como no fuera con un pedazo de pan que habían traído de su casa o que habían recibido de limosna?

De noche, ¿dónde podrían descansar como no fuera en alguna mala choza, o al campo raso, o a lo sumo, bajo algún árbol? José estaba muy resignado a la voluntad del Padre Eterno que quería que su Hijo comenzara a sufrir desde su infancia para expiar los pecados de los hombres; pero el corazón tierno y amante de san José no podía dejar de sentir una pena muy viva oyendo a Jesús llorar a causa del frío y de las otras incomodidades que experimentaba.

Considerad, finalmente, cuánto debió sufrir José durante su estancia de siete años en Egipto, en medio de una nación idólatra, bárbara y desconocida, puesto que no tenía allí ni parientes, ni amigos que pudieran ayudarlo. Por eso, san Bernardo decía que, para alimentar a su esposa y a ese Divino Niño que provee el alimento a todos los hombres y a todos los animales de la tierra, el Santo Patriarca estaba obligado a trabajar día y noche» (San Alfonso de Ligorio)

(del libro "Id a José" de la Abadía San José de Clairval: https://www.clairval.com/index.php/es/)


14 abril 2021

El justo san José

«El ángel le ordenó partir rápidamente y llevar a Nuestra Señora y a su Hijo muy querido a Egipto; inmediatamente José parte sin decir palabra.

No pregunta: ¿A dónde iré? ¿Qué camino tomaré? ¿Con qué nos alimentaremos? ¿Quién nos recibirá? Parte sin planes, con sus herramientas al hombro, a fin de ganar su pobre sustento y el de su familia con el sudor de su frente. ¡Oh! ¡Cuánta pesadumbre le tenía que causar esta preocupación de la que hablamos, teniendo en cuenta que el ángel no le había dicho el tiempo que deberían quedarse allí!; no podía instalar ninguna morada estable puesto que no sabía cuándo le ordenaría el ángel regresar. El ángel no le dijo hasta cuándo se quedaría en Egipto y san José no se lo preguntó. Allí se quedó mucho tiempo, sin preguntar sobre su vuelta, seguro de que Aquel que le había mandado que partiera, le ordenaría nuevamente cuándo tendría que regresar, a lo cual estaba siempre dispuesto a obedecer. Estaba en tierra no solamente extranjera, sino enemiga de los israelitas; tanto que los egipcios estaban aún resentidos porque se habían ido, y habían sido la causa de que una gran parte de ellos murieran ahogados, cuando los perseguían.

Pensad qué deseos tendría san José de volver a causa de los continuos temores que padecería entre los egipcios. El disgusto de no saber cuándo saldría de allí, sin duda debía afligir enormemente y atormentar su pobre corazón; sin embargo, siempre es el mismo, siempre manso, tranquilo y perseverando en su total sumisión a la voluntad de Dios, por la que se dejaba conducir plenamente; porque, como es llamado justo, tenía siempre su voluntad ajustada, adaptada y conforme a la de Dios.

Ser justo no es otra cosa que estar unido perfectamente a la voluntad de Dios, y estar siempre conforme con ella en toda clase de acontecimientos, sean prósperos o adversos. Que san José haya estado en toda ocasión siempre perfectamente sometido a la voluntad divina, nadie puede ponerlo en duda. Pero ¿es que no os dais cuenta? Mirad cómo el ángel lo pone a prueba sin temor. Le dice que hay que ir a Egipto, y parte; le ordena que regrese, y vuelve» (San Francisco de Sales)

(del libro "Id a José" de la Abadía San José de Clairval: https://www.clairval.com/index.php/es/)


 

18 octubre 2020

Tu Gracia me sostiene

No soy experta en Biblia y es muy posible que me equivoque, pero hoy al orar con el evangelio me he quedado con una frase distinta a otras veces. Y es una frase que me ha "rechinado" mucho.

 "Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad, sin que te importe nadie, porque no te fijas en apariencias" (cfr. Mateo 22, 15-21)

¿Habéis visto a qué me refiero, dónde está el "tufillo" a rancio? Exacto: "sin que te importe nadie".

Creo que todas las demás frases se mueven en la verdad de cómo es nuestro Señor: es sincero (Él es la Verdad), enseña el camino de Dios conforme a la verdad (Él es el Camino, el rostro de Dios entre nosotros), no se fija en apariencias (pues conoce bien nuestro corazón, que Él ha creado, y no se queda en lo exterior)

Pero lo de que no le importe nadie.... Cierto que podemos verlo desde el punto de vista de que es profundamente libre y vive en la verdad de Dios por encima de componendas, sin acepción de personas, sin importarle jugarse la vida por presentar la verdad sin tapujos.

Pero me ha "rechinado" la frase porque le importamos tanto ¡que dio la vida por nosotros! Nos ama tanto que no dudó en entregarse a la terrible muerte de cruz... 

Y le importamos tanto que no puede dejarnos vivir en la mentira ni en una mediocridad que nos hace vivir una vida arrastrada mientras ponemos "caretas" delante de los demás. Me impresionó muchísimo el evangelio de hace unos días donde Jesús afirmaba:

"¡Ay de vosotros, que sois como tumbas no señaladas, que la gente pisa sin saberlo!" (cfr. Lucas 11, 42-46)

No puedo dejar de pensar en tantas ocasiones que escucho alabanzas y pienso por dentro "si tú supieras la verdad de cómo soy y cómo vivo"... Cuántas veces vivo un evangelio hecho a mi medida, donde justifico constantemente mis decisiones basándome en excusas y autojustificaciones, y no en la realidad del evangelio hecha vida. Donde olvido que, aunque eres Misericordia, también eres justo y me invitas a vivir en la verdad. En tu Verdad, no en la mía.

Señor, no me dejes vivir como tumba no señalada que la gente pisa sin saberlo... No me dejes vivir en apariencias y con caretas... Que tu Espíritu abrase de tal modo mi vida que solo pueda vivir en tu Verdad, siguiéndote a ti fielmente que eres el único Camino- Que mi Corazón sea semejante al tuyo para que vivas tu Vida en mí y a través de mí. Que de verdad el evangelio sea mi mas profunda regla de vida, hasta que se haga totalmente vida en mí. Jesús, confío en Ti, en tu Gracia que me sostiene y en la fuerza de tu Resurrección que puede transformar totalmente cualquier vida. Amén+


Canción: Tu Gracia me sostiene

Autor: Marcos Witt

https://youtu.be/zV6d0ez5OdY



13 octubre 2020

"Peazo" mes de octubre

Sí, "peazo" mes, aunque la verdad es que podríamos decir lo mismo de cualquier mes del año sabiendo a qué me refiero: los santos.

Sí, es increíble lo "plagadito" que está este mes de octubre. ¡Rebosa santidad por los cuatro costados! Para empezar, es un mes dedicado al rosario, oración que ama y nos ha recomendado "la Santa" por excelencia: nuestra Madre, la Virgen María. Ya eso dice mucho de este mes...

Casi todos los días celebramos algún santo de esos "grandes", de los más conocidos, y que han movido a millones de corazones a ser más de Dios. 

Y, casi empezando el mes, el Señor nos ha regalado la beatificación de un chaval que está llamado a cosas grandes desde el Cielo y que ya ha comenzado a remover mucho: Carlo Acutis. Él, que no conseguía entender por qué los estadios estaban llenos de gente y las iglesias vacías, repetía: "tienen que ver, tienen que entender", nos cuenta su madre. Gracias, Carlo, porque muchos verán y entenderán gracias a ti...

Me encanta leer vidas de santos. Es un impulso para crecer, para mirar siempre hacia arriba. Para tirar cada vez más alto, más alto...

Estos días no puedo evitar pensar que si un chico de 15 años ya es beato, yo estoy perdiendo el tiempo. Se me escapa la vida y aquí ando, con mis mediocridades. 

El Domingo pasado invitaba a los seminaristas de mi parroquia a que cada día que les viera y les preguntara "¿qué tal?" me respondieran: "creciendo en santidad". Porque solo eso vale la pena al final. 

Para vivirlo tenemos la abundante Gracia derramada en los sacramentos; el inmenso regalo del encuentro con Dios en la oración, donde podemos dialogar con Él corazón a Corazón; tenemos la Palabra de Dios, y los textos del Magisterio, y la Tradición, tantas cosas...

Y tenemos muchos testigos que nos ha dejado nuestra madre Iglesia para seguir sus pasos. Cada día más de uno: los santos. Podemos leer sus testimonios de vida, encomendarnos a ellos, dejar que sean los "hermanos mayores" que nos amen y guíen como ellos anhelan, crecer en la esperanza de que si el Señor pudo con su "materia prima" hacer grandes cosas también lo logrará con nosotros si le dejamos obrar... 

Santa Teresita del Niño Jesús (que también celebramos este mes) decía: "No me arrepiento de haberme entregado al Amor". Si nos entregamos a Dios por entero, Él se entregará a nosotros. Sin reservas. Y nos conducirá por caminos de santidad.

Con nuestras virtudes y defectos, no hacen falta grandes heroicidades. Vivir en un proceso de conversión continua, donde demos cada día un poquito más de lo mejor de nosotros mismos en Cristo. Luchar, como los santos, por poner a Dios en el primer lugar en lo sencillo y cotidiano, con un amor apasionado por Él. Y que al final en nuestro corazón encuentren eco las palabras de Santa Teresa de Jesús (otra santa de octubre) y de tantos santos: solo Dios, "solo Dios basta"...

"La tristeza es dirigir la mirada hacia uno mismo, la felicidad es dirigir la mirada hacia Dios. La conversión no es otra cosa que desviar la mirada desde abajo hacia lo alto. Basta un simple movimiento de ojos" (Beato Carlo Acutis)

Lo tenemos todo. ¿A qué estamos esperando? La Gracia está dada. Podemos ser santos, lo importante es quererlo y dejar a Dios ser Dios. Caminemos.

 

Canción: Tuyo soy

Intérprete: Estación Cero, junto con Ana Bolivar.

https://youtu.be/pCT_49mCgAo


09 octubre 2020

¿Acción de gracias en el 2020? Pues sí. Y alabanza, por Inés

Llevaba varios días pensando en retomar el blog bajo el título "¿Acción de gracias en el 2020?". Acabo de saber que una hermana en Cristo ha fallecido por COVID. Y, a pesar del dolor, me lanzo a esta acción de gracias. Y sí, también, a la alabanza al Señor.

Conocí a Inés cuando me incorporé por primera vez a un grupo de oración de la Renovación Carismática. De ella aprendí cómo es una persona carismática de pura cepa, cómo vivir anclada en la alabanza y en la Palabra de Dios. Aprendí de su ejemplo el servicio entregado, sin mirarse a uno mismo, y mantener la alabanza en todo momento a pesar del cansancio. Pude poner en práctica los conocimientos que tenía de liturgia sirviendo a su lado en las asambleas, pero el amor que tenía por todo lo que "tocaba" al Señor es algo que no se aprende en las clases. Su amor por el Señor Eucaristía era... tan grande... 

Y aprendí a interceder a base de orar con ella. Recuerdo nuestras largas charlas telefónicas que siempre acababan con Inés orando por mí y abriendo la Biblia para darme una Palabra. Otro de sus grandes amores: la Palabra se hacía vida en sus manos y en sus labios en todo momento. Me encantaba ver aquella Biblia viejita, super usada y subrayada suya. Y pensaba: yo quiero estar tan enamorada como ella de tu Palabra, Señor. Y orar tanto con ella que sea parte de mi lenguaje. Porque lo suyo no era fruto de estudios, sino de vida y oración.

Hace unos días celebramos las Témporas de acción de gracias y de petición, un regalo como todo lo que nos propone nuestra Madre Iglesia (si quieres conocer un poco más sobre el origen y sentido, puedes consultar este enlace: Las Témporas)

Con todo lo que estamos viviendo, para muchos puede ser difícil encontrar motivos para dar gracias. Tal vez sí para pedir, ¿pero dar gracias también, con la que está cayendo...? 

Creo que todos, de un modo u otro, hemos sufrido (y algunos mucho) en este 2020. Y aún no ha acabado, dirán algunos... Pero no puedo evitar que algo se "revuelva" en mí cada vez que veo un mensaje en el que se dicen cosas como:

"Querido Dios, ¿podrías, por favor, desinstalar y volver a instalar el 2020? ¡Tiene un virus!"

"Yo del 2020 quiero ver el trailer primero"

"Una cosa buena que me ha pasado en el 2020... no recuerdo ninguna..."

Cierto que algunos son graciosos, pero cuando los veo me pregunto: si soy cristiana, ¿dónde está mi fe en Dios y su mano providente en todo lo que ocurre? Porque en ellos no veo más que queja por lo que llevamos vivido este año. 

¿Y la acción de gracias? Porque el Señor no ha dejado de obrar en nosotros y en los que nos rodean (si le hemos dejado)

Estamos en octubre. Aún quedan unos meses para acabar este 2020. ¿Cómo los vamos a vivir: desde la queja o desde la acción de gracias viendo la mano de Dios sosteniéndonos en todo momento?

Yo me quedo con lo segundo. Inés me enseñó a vivirlo así y quiero ser digna de las enseñanzas de mi maestra y madre en la Renovación. Porque ella "me dio a luz" para la Renovación. Con su ejemplo vivo y con todos los retiros a los que me mandaba ir cuando era mi servidora para que me formase, de cara a servir yo también algún día.

Gracias, Señor, por la vida de Inés. Para todos los que la hemos conocido, sabemos que ha sido un regalo de tu Misericordia. Te alabo y te bendigo por ella, por su vida, por sus enseñanzas, por su servicio, por su testimonio, por su anhelo de evangelizar para que todos te conocieran, por su apasionado amor por Ti, Señor... y por su alabanza, siempre su alabanza, y ahora por toda la eternidad.

Gracias, Inés, por tanto. El Amado te ha llevado con Él. Qué feliz estarás...




26 abril 2020

Tarde te amé...

Hoy Domingo, al exponer el Santísimo, mi párroco ha puesto la canción que pongo más abajo en el enlace y después ha leído, como siempre hace, el evangelio del día (Lucas 24, 13-35)

Y yo no he podido evitar unir el versículo "Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo" (v.16) con el estribillo de la canción (basada en un texto de san Agustín): "Tarde te amé"...

Sí, Señor, tarde te amé. Tantas y tantas veces mi corazón se queda enganchado a las cosas de este mundo y olvido levantar la mirada a Ti. 

Creo que a veces nos puede ocurrir como a los discípulos de Emaús: que no sabemos reconocer a Jesús que pasa a nuestro lado.

Como decía mi párroco, cuando el sufrimiento llega a nuestra vida, cuando nos cuesta mucho entender alguna situación, nos puede ocurrir que nuestro corazón y nuestra mente se queden ahí enganchados. Como a ellos, que solo eran capaces de ver con tristeza ese momento de su historia: "Nosotros esperábamos..." (v.21). 

Es como si solo viéramos un trocito de una película.

Jesús ayudó a los discípulos de Emaús a mirar la vida desde los ojos de Dios. Él conoce toda la "película" de nuestra vida, desde el principio hasta el final. Y sabe que, incluso esos momentos que no entendemos y nos hacen sufrir, forman parte de una historia de Amor mucho más grande.

Necesitamos levantar la mirada más a menudo para ver nuestra vida, los acontecimientos que nos rodean, nuestra historia, con los ojos de Dios. Recordar una y otra vez que Él es Amor y Misericordia, que todo está en sus manos amorosas y que algún día entenderemos el por qué de lo que acontece, pero que ya desde ahora lo podemos vivir con fe y esperanza. 

Oremos con el texto de san Agustín hecho canción. Yo hoy le pido a este santo que me ayude a recorrer el camino de conversión que Él recorrió. Que me enseñe a no quedarme solo con las cosas de fuera, con lo meramente humano, sino a tener una mirada de fe sobrenatural sobre mi historia y la historia de los demás. 

Canción: Tarde te amé
Texto: san Agustín
Música: Antonio Valdoni
Intérprete: Ana Moya
https://youtu.be/_pkCCIEuQEY

10 abril 2020

VIERNES SANTO - Crucificado

¿A quién buscas? ¿A Jesús? Mírale ahí, crucificado, por Amor a ti. Sin apariencia, sin presencia, desfigurado que no parece hombre, “sin aspecto humano, sin aspecto atrayente, despreciado y evitado de los hombres, como un hombre de dolores, acostumbrado a sufrimientos, ante el cual se ocultan los rostros, despreciado y desestimado”. 
Él carga sobre sí tus sufrimientos, tus dolores; ha sido traspasado por tus rebeliones, triturado por tus crímenes. Aceptó ser triturado con el sufrimiento, entregar su vida como expiación, por ti. 
Por ti, por ti…
Y sus cicatrices te han curado...

Canción: Crucificado
Intérprete: Ana María Moya.

 

09 abril 2020

Qué celebramos el Jueves Santo (2ª parte)

Teniendo presente lo que reflexionábamos ayer del dolor profundo que tenía Jesús en su Corazón, vamos a ver los gestos que realiza y que celebramos en la liturgia de este día.
 
Es importante no quedarnos como simples espectadores. Jesús nos ha invitado a sentarnos a la mesa con Él. Quiere que compartamos con Él el peso que lleva su Corazón, escuchando de sus labios su testamento vital (Juan 14-17). Quiere que nos dejemos amar hasta el extremo, lavándonos los pies, porque es el único modo en que aprenderemos a amar. Quiere que le acompañemos durante su oración estremecedora en el Huerto de los Olivos, clamando, suplicando al Padre.
 
En esta eterna noche pascual, Jesús se entrega a nosotros hasta hacerse sacramento permanente quedando instituida la Eucaristía. Celebramos la Cena del Señor en la cual Jesús, un día como hoy, la víspera de su Pasión, “mientras cenaba con sus discípulos tomó pan…” (Mateo 28, 26). Antes de ser entregado, Cristo se entrega como alimento, como anuncio profético y ofrecimiento anticipado y real de su muerte antes de su Pasión. Por eso “cuando comemos de ese pan y bebemos de esa copa, proclamamos la muerte del Señor hasta que vuelva” (1 Corintios 11, 26). De aquí que podamos decir que la Eucaristía es memorial no tanto de la Última Cena, sino de la Muerte y Resurrección de Cristo que es Señor y “Señor de la Muerte”, es decir, el Resucitado cuyo regreso esperamos según lo prometió Él mismo en su despedida: “un poco y ya no me veréis y otro poco y me volveréis a ver” (Juan 16, 16). 
 
Para poder celebrar la Eucaristía es necesario el sacramento del Orden, para que in persona Christi el pan y el vino se conviertan, por la acción del Espíritu Santo, en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Jesús les otorga el gran don del sacerdocio a los apóstoles y la potestad de continuarlo por la imposición de manos y la oración.
 
Este mismo día (salvo cambio por razones pastorales), los obispos celebran la Misa Crismal. En ella los sacerdotes renuevan las promesas realizadas el día de su ordenación, el día que, como María, dijeron sí para ser otro Cristo en este mundo, colaborando con Él en la salvación de los hombres. Crito Ungido renueva su llamada y su Amor para con sus ungidos. Oremos especialmente por ellos en este día: por su fidelidad a esta llamada y a este Amor preferencial de Cristo por ellos; porque se dejen hacer verdaderamente otros Cristos a semejanza de su Esposo.
 
Hoy celebramos la alegría de saber que esa muerte del Señor, que no terminó en el fracaso sino en el éxito, tuvo un por qué y un para qué: fue una entrega, un darse por “nosotros y por nuestra salvación” (Credo). “Nadie me quita la vida - había dicho Jesús -, sino que Yo la entrego libremente. Yo tengo poder para entregarla.” (Juan 10,16). Hoy se inicia la lucha entre la muerte y la vida de Aquel que lleva la victoria porque su arma es el amor.
 
Porque el amor es lo tercero que celebramos este día: con el gesto del lavatorio de los pies, que Jesús realizó a los discípulos, nos deja el mandato del amor y nos recuerda que el servicio y el amor entregado a los hermanos es la mejor manera de servirle y de ser hijos de Dios, pues Él no ha venido a ser servido sino a servir siendo Dios hecho hombre. La humildad, el servicio y el amor se entrelazan y nos invitan a amar como Él nos ama, con su mismo Amor.
 
Tras la Última Cena Jesús va a Getsemaní a orar junto con los 11 (Judas había abandonado el Cenáculo para ir a entregarlo). Allí reza para pedir fuerzas al Padre y poder cumplir su voluntad, que exigirá su entrega total. Aquella noche Jesús sintió el abandono de sus discípulos, que no pudieron estar en vela ni una sola hora. Esta noche se nos invita a unirnos profundamente a Él en el Monumento, durante la Hora Santa o durante toda la noche, acompañándole en su agonía y oración en Getsemaní y el posterior encarcelamiento.
 
Cristo se nos entrega todo y del todo. ¿Qué haremos nosotros? ¿Nos seguiremos reservando la vida? ¿Seguiremos midiendo nuestro amor?
 
Canción: Milagro de Amor
Autor: Betsaida 
 

 

JUEVES SANTO - Amar hasta el extremo

“Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo (…) «¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis «el Maestro» y «el Señor», y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros; os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis» (Juan 13,1-15)

Mi Jesús, mi Amado… ya no queda más que decir… solo aprender a amar como Tú, viendo cómo me amas Tú… Amar con tu mismo Amor, actualizando tu entrega por mí, por tus sacerdotes, por todos.

Canción: Amando hasta el extremo
Autora: Maite López
https://youtu.be/hxCelg9G4h8