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16 mayo 2018

Elena Guerra y el Espíritu Santo (4º parte)

Desafiado por Elena Guerra, un Papa escribe una encíclica sobre el Espíritu Santo y consagra el siglo al Paráclito. Otro Papa, Juan XXIII, beatifica a Elena, habla de una permanente efusión del Espíritu y de la necesidad de un nuevo Pentecostés, y reza en la convocación oficial del Concilio Vaticano II, diciendo:

"Renueva en nuestro tiempo los prodigios como de un nuevo Pentecostés, y concede que la Iglesia santa, reunida en unánime y más intensa oración en torno a María, Madre de Jesús, y guiada por Pedro, propague el reino del Salvador divino, que es reino de verdad, de justicia, de amor y de paz. Así sea”.

La decisión que instituirá una “comisión preparatoria” para el Concilio se hizo pública exactamente el día de Pentecostés, el 17 de mayo de 1959, ocasión en que el Papa incentiva a los obispos del mundo entero a reunirse en un Concilio Ecuménico para un Nuevo Pentecostés, y termina su discurso con la siguiente oración: “Espíritu Santo, vuestra presencia dirige la Iglesia hacia el camino correcto. Nosotros os pedimos, derramad la plenitud de vuestros dones sobre este Concilio Ecuménico. Renovad vuestros milagros en nuestros días, en mira de un nuevo Pentecostés”. (cf. Ata Apostolical Sedis 51, pág. 832)

Sin embargo, antes de esta fiesta de Pentecostés en que él estableció la Comisión Preparatoria para el Concilio, el 26 de abril de 1959, Juan XXIII, preside su primera ceremonia de beatificación: ¡eleva a la honra de los altares a la fundadora de las Oblatas del Espíritu Santo, Elena Guerra!

En su discurso, Juan XXIII destaca que en la vida de Elena, “es notable cómo todo converge al cumplimiento de la misión que de parte de Dios le fue confiada, de ser en nuestros tiempos la apóstol de la devoción al Espíritu Santo”. Y resalta que ese apostolado no permaneció restringido a los muros de su ciudad, al ámbito de su Congregación, sino que tuvo resonancia por toda la Iglesia. Se la compara con Santa Margarita María Alacoque, en su apostolado de propagar el culto al Sagrado Corazón de Jesús.

Y afirma: “A semejanza de María Magdalena que fue la Apóstol de la Resurrección del Señor junto al Príncipe de los Apóstoles, así ella, de su nativa Lucca, escribe filialmente a nuestro Predecesor León XIII para exponerle sus planes”. “Si hoy, pues, se celebra con mayor solemnidad la Novena de Pentecostés, si a tantas almas dóciles al llamado del Pontífice se abrieron nuevos horizontes de santidad y de apostolado, se debe pensar con gratitud de aquella, de quien se sirvió la Providencia para influir en el gesto de nuestro Predecesor, tal como un bramido de vida nueva que impregna a toda la Iglesia”.

El Concilio Vaticano II se instala en octubre de 1962, y de una forma inédita en la historia de los Concilios va a referirse al Espíritu Santo por 258 veces. Se reconoce “reunido y dirigido” por Él. Abre las puertas a la reflexión teológica sobre los carismas (especialmente en 4 documentos: LG 4; 12; AA 3; PO 9; AG 4) y sobre los ministerios.

Al día siguiente de la beatificación de Elena Guerra, el Papa Juan XXIII en su discurso breve dirigido a las religiosas Oblatas del Espíritu Santo y a los peregrinos de Lucca, resumió el perfil de la Apóstol del Espíritu Santo, caracterizando su misión profundamente eclesial en:

Fundó una Congregación de educadoras y misioneras.
Fue maestra y escritora.
Vivió y sufrió con la Iglesia.
Murió destituida de su cargo, humillada y olvidada.
Pero, encima de todo, realizó, en la oración, en el sufrimiento y en el trabajo, su misión específica de ser en nuestros tiempos la APÓSTOL DEL ESPÍRITU SANTO.


Preciosa vida la de los santos, totalmente abiertos a la acción del Espíritu Santo, que les lleva a hacer (en todo momento y a pesar de las dificultades) la voluntad de Dios en sus vidas.

Encomendémonos a la poderosa intercesión de la Beata Elena Guerra y pidamos una nueva efusión del Espíritu Santo para nosotros, nuestras comunidades, para la Iglesia y para toda la humanidad. ¡Ven, Espíritu Santo!


Canción: Espíritu Santo
Autor: Athenas & Tobías Buteler
Intérprete: Athenas


 

14 mayo 2018

Elena Guerra y el Espíritu Santo (3º parte)

De este periodo de correspondencia de cartas con Elena Guerra, León XIII destina a la Iglesia 3 documentos sobre ese asunto relacionado al culto al Espíritu Santo: 1º El Rescripto “Provida Matris Charitate” del 5 de mayo de 1895, donde invitaba a los fieles a invocar al Espíritu Santo, recomendando hacer una novena en ocasión de Pentecostés; 2º La primera encíclica sobre el Espíritu Santo, “Divinum illud munus” del 9 de mayo de 1897, de la cual hablaremos más adelante con más detalles; 3º La Carta a los Obispos, “Ad fovendum in cristiano populo”, en que refuerza las recomendaciones anteriores.

Por su parte, Elena prosigue trabajando intensamente por la difusión de la devoción al Espíritu Santo. Escribe diversos libros sobre el asunto, y envía al Papa León XIII una Novena de Pentecostés de su autoría, titulada “El Nuevo Cenáculo”. Tanto hizo por la devoción al Espíritu Santo que, una vez atacada por una enfermedad mortal, dejó brotar del corazón hacia sus labios esta apasionada y significativa oración: “Señor, te ofrezco mi vida y mi muerte por el triunfo del Espíritu Santo”.

El 18 de octubre de 1897 fue recibida por el Papa en una audiencia especial, recibiendo de él un gran estímulo para continuar en su apostolado por causa del Espíritu Santo. En esa ocasión, también la autorizó a dar a las religiosas de su Congregación el nombre de Oblatas del Espíritu Santo, identificándolas así, de modo más adecuado, al carisma que le es propio en la Iglesia. 

El 20 de junio de 1903 fallece el Papa León XIII. Después de algunos años, grandes sufrimientos se presentan en la vida de la madre fundadora Elena Guerra. Como tantas otras figuras de la historia de la espiritualidad cristiana, Elena también necesitó tomar con coraje su cruz y emprender el camino del calvario. Fue depuesta de su autoridad por vulgar conspiración de algunas personas soberbias, pero sobre todo ingratas. Por imposición de la autoridad eclesial local, tuvo que renunciar públicamente al cargo de Superiora de la Congregación. Vivió los últimos 7 años de su vida en un verdadero desierto, aislada de las actividades y de la compañía de sus hijas. 

Después de su muerte, se reveló la tremenda injusticia cometida contra la superiora y fueron presentadas diversas reparaciones. El Cardenal Lorenzelli, al final de los trabajos y de la tempestad, exclamó: “Encontramos oro donde creíamos que había basura, y basura donde creíamos que había oro…”.

Elena Guerra falleció en Lucca el 11 de abril de 1914 (11 años más tarde del mismo día y mes en que murió su discípula Gemma Galgani, también en un Sábado Santo), habiendo convivido con 4 Papas: Gregorio XVI (1831-1846), Pío IX (1846-1878), León XIII (1878-1903) y Pío X (1903-1914).

En la siguiente entrada veremos la vinculación de la Beata Elena Guerra con el Papa Juan XXIII y la convocatoria del Concilio Vaticano II.

Canción: Dulce Huésped
Autor: Luis Mauricio
Intérprete: Celines & Luis Mauricio







13 mayo 2018

Elena Guerra y el Espíritu Santo (2ª parte)

En los años posteriores a la fundación de la Congregación, Elena siente crecer día a día en su corazón una profunda devoción al Espíritu Santo. Algunas experiencias místicas como locuciones y llamadas interiores, van colocando en su corazón una acentuada inquietud en relación a la condición bastante precaria que se podía notar en la Iglesia, en relación a la devoción y al culto a la persona del Espíritu Santo. El Señor la inspiraba y le pedía tomar alguna iniciativa; pero ella dudaba…

En 1893, un “portavoz”, como diría ella en su diario (E.Guerra, Mss. VI, 242) aumentó su valor profético: “Ermínia Georgetti, una señora muy sencilla, ignorante de los conocimientos del mundo, pero bien cimentada en las virtudes cristianas” (Mss. VI, 244), le revela que hacía una semana después de la comunión, el Señor insistía en que ella hablase con la Madre (Georgetti era ayudante en la cocina) y, como ella no tenía valor para hacerlo, su corazón se encontraba inquieto… Una mañana, el Señor le repetía la orden, pidiéndole obedecer. Georgetti le dijo: “En mi interior la voz de Jesús me dice: Desearía que le digas a la Madre que convocase a mi corazón a todos los fieles en una oración universal por medio de la devoción del Nuevo Cenáculo… El Amor no es conocido… El Amor no es amado… Mi corazón no puede reposar ni incluso en los corazones consagrados a mí… Dile todo esto a la Madre… Dile que escriba una carta al Santo Padre, pidiéndole que reúna a todos los fieles en una continua oración…”

Después de casi dos años, Elena cede a esas llamadas. Monseñor Giovanni Volpi, quien hacía algunos años frecuentaba la Comunidad de las hermanas como Padre espiritual, comenta con el Papa León XIII, en una visita hecha a Roma en 1894 sobre su intención. El Papa no refutó la idea de hacer cualquier cosa en ese sentido y, así el 17 de abril de 1895, Elena envía al Papa León XIII, por medio del Padre Bertini, prior de Santa María del Pueblo – su primera carta (de otras 12 cartas y una pequeña “nota”, por decir así, que seguirían como secuencia) donde manifiesta su agonía por la poca atención dada por la Iglesia a la persona del Espíritu Santo. En un pasaje, dice así:

“Santo Padre, el mundo es perverso, el espíritu de Satanás triunfa en nuestra sociedad pervertida y arranca del Corazón de Jesús una multitud de almas; y en este terrible estado de cosas los cristianos no dedican ningún pensamiento a dirigir súplicas unánimes a Aquel que puede ‘renovar la faz de la tierra’... Las personas recomiendan todo tipo de devociones, pero mantienen silencio sobre esa única devoción que, según el Espíritu Santo de la Iglesia, debería ser la primera y principal. Las personas recitan tantas novenas, pero esa única novena, que por mandato de Nuestro Salvador en persona, fue recitada incluso por la Santísima María y por todos los Apóstoles, está ahora casi olvidada. Los predicadores alaban a todos los santos, pero ¿cuándo escuchamos alguna vez un sermón en honor del Espíritu Santo, Aquel que modela a los santos? … Por lo tanto, oh Santo Padre, sólo usted puede hacer que los cristianos vuelvan al Espíritu Santo, de modo que el Espíritu Santo pueda volver a nosotros; derrote el reino maligno del diablo, y concédanos la largamente ansiada renovación de la faz de la tierra”.

Un momento de gracia, profético, iluminado, en el cual la Iglesia parece reencontrar la capacidad de escuchar la voz del Espíritu que le habla a través de una humilde monja provinciana, insignificante y desconocida, pero preciosa en aquel tiempo y en aquel momento de la historia.

En la siguiente entrada, terminaremos con la preciosa vida de nuestra Beata.

Canción: Muévete en mí
Autor: Koren Axel Ruiz
Intérpretes: Koren & Jessica ft. Athenas & Jonatan Narváez







11 mayo 2018

Elena Guerra y el Espíritu Santo

El siglo XX es considerado como el "siglo del Espíritu Santo". Hoy, que comienza la Novena al Espíritu Santo, vamos a conocer un poco una de las figuras claves en la historia de la Iglesia para que sea así denominado: la Beata Elena Guerra.

Procedente de una familia razonablemente rica, nació en Lucca, Italia, el 23 de junio de 1835. Fue criada en un ambiente profundamente católico. Desde temprana edad, Elena se dedica al estudio de la Palabra de Dios y a la Patrística, manteniéndose siempre envuelta en actividades apostólicas como Dama de la Caridad de San Vicente. Trabajó con valor junto a los pobres, asistiéndolos especialmente durante un brote de cólera que asoló la región donde vivía. También participó de la asociación de las Hijas de María.

En abril de 1870, realiza una peregrinación pascual a la ciudad de Roma, junto a su padre don Antonio Guerra. Al visitar las catacumbas de los Mártires, Elena vive una profunda experiencia de Dios, despertándose así en ella el deseo de una vida enteramente consagrada al Señor. Durante esa peregrinación asiste a una audiencia pública en la Basílica de San Pedro que fue la tercera sesión conciliar del Concilio Vaticano I, en la cual se aprobó la Constitución “Dei Filius”, sobre la Fe. Después de hacer una visita al Papa Pío IX, toma la decisión de ofrecer su vida por el buen éxito del pontificado de dicho Papa. 

Elena, junto a un grupo de amigas, forma una asociación que fue aprobada como “Unión de las Amistades Espirituales bajo la advocación de María Santísima, Madre del Bello Amor”. La validez de la asociación fue confirmada después por su rápida expansión, no solo en la ciudad de Lucca, sino también por los campos de las ciudades vecinas: Viareggio, Castelnuovo, Garfagnana, Florencia, Sena y otras. En 1872, Elena con su grupo de las Amistades Espirituales, comienzan una nueva experiencia de vida religiosa, transformando la Unión en la Congregación de las Hermanas de Santa Zita, cuyo apostolado se concentraba en la educación cultural y religiosa de la juventud femenina. La patrona de la Congregación, la Virgen lucense Santa Zita, mantiene en la actualidad su cuerpo incorrupto expuesto en la Iglesia de San Frediano, en Lucca, donde fue bautizada Elena Guerra. Cabe destacar que Elena tuvo como alumna a Gemma Galgani, hoy santa, cuya catedral en su honor también se encuentra en Lucca. 

En la siguiente entrada, continuamos con un poco más de su vida.

Canción: Ven, Espíritu Santo
Autor: Martín Valverde
https://www.youtube.com/watch?v=q0vUy2yP8Jo



09 marzo 2017

IN SANCTITATE VIVIT - "No soy más que un modesto instrumento de la Providencia..." (3ª y última parte)

Hoy concluimos la vida del venerable Marcello Candia.

Una lógica diferente

En su calidad de industrial, Marcello tiene la costumbre de llevar y de hacer que se lleve una contabilidad rigurosa, pero en las obras de Dios hay que ir, a veces, más lejos: "Poco a poco -dirá-, me di cuenta de que, cuando se trataba de Dios, había que aplicar una lógica diferente. Las cuentas salen enseguida, pues los enfermos que pueden pagar sus cuidados son aproximadamente uno de cada diez, y aquellos que están asegurados en una mutua suponen el 40%. Los demás no pueden aportar nada más que a sí mismos para ser curados. De ese modo aprendí que un hospital para los pobres, para funcionar bien, debía tener siempre déficit.. Os resultará difícil comprender lo que supuso para mí entrar en esa lógica... Y cuando se agotaron mis fondos, empezaron a llegar las aportaciones de mis amigos, de los obreros de las fábricas que me pertenecieron, etc.". Y constata igualmente otra maravilla: la transformación de algunas personas de Macapá, que se muestran dispuestas a ayudarle y hallan de ese modo dignidad y fe.

Un modesto instrumento

A pesar de la numerosa oposición que encuentra, Marcello es alabado y aplaudido ya en vida. En 1975, un periódico brasileño de gran difusión le dedica un largo artículo titulado "El mejor hombre de Brasil". Ante tales cumplidos, él responde: "Para mí, no soy nadie; no soy más que un modesto instrumento de la Providencia... No soy yo quien ha dado algo, sino que son los pobres quienes me dan... Quien ha recibido mucho de la vida, debe dar mucho". Ese mismo año, en consideración a lo que le había dicho el cardenal Montini, Marcello decide confiar la obra a los Religiosos Hospitalarios Camilianos. Al respecto afirmará: "No es cristiano buscarse a sí mismo en una obra, sino que hay que realizarse en Dios... Doy gracias al Señor por haber podido empezar la obra con los medios que me dio, pero después tenía que considerarme inútil. Era también necesario que quienes han venido después de mí pudieran contribuir con su iniciativa... Así pues, me he retirado, y ahora me contento con buscar dinero para que puedan continuar la tarea".

La causa de los leprosos siempre conmovió su corazón. A partir de 1967, organizó para ellos la
leprosería de Marituba, perdida en la selva virgen a 400 km al sur de Macapá. Hasta entonces, esos enfermos estaban recluidos en un perímetro prohibido a los no leprosos. La colonia estaba formada por un millar de enfermos que sobrevivían en unas condiciones más que miserables, donde la solidaridad y la higiene eran desconocidas. Cuando visita por primera vez esos lugares, gracias a un permiso especial, Marcello comprende que lo primero es inyectar la esperanza en el corazón de aquellos marginados, implantando entre ellos una comunidad de personas consagradas, con un sacerdote. Marcello establece entonces un centro urbano con casas individuales, agua corriente, drenaje mediante alcantarillas, dispensario, centro social gestionado por los propios enfermos, etc. También se fundan otras leproserías y centros de oración en otras localidades (dos de ellos carmelitas, donde gusta acudir a rezar cada día..). En 1980, el Papa Juan Pablo II visitará sus obras, que le causarán gran impresión y le llevarán a erigir la fundación "Doctor Marcello Candia". Es una gran alegría para todos los colaboradores de Marcello, pero éste lamenta que hayan puesto su nombre a la Fundación.

En 1983, regresa a Milán gravemente enfermo. Desde 1967, ha padecido cuatro crisis cardíacas, pero lo vence un cáncer de piel con metástasis en el hígado, falleciendo el 31 de agosto. El 9 de julio de 2014, el Papa Francisco reconoció la heroicidad de sus virtudes, concediéndole por ello el título de "venerable". Su proceso de beatificación está en curso.


Preciosa vida, gran ejemplo para todos nosotros de cómo vivir la santidad en lo sencillo de cada día. ¡Ojalá el Señor tenga a bien agregarle pronto al número de sus santos!

Que el venerable Marcello Candia nos conceda la Gracia de seguir a Cristo consagrándonos a aliviar a aquellos y aquellas que sufren, teniendo siempre presente que "la primera pobreza de los pueblos es no conocer a Cristo" (Madre Teresa de Calcuta)

Más información: http://www.fondazionecandia.org/ y http://www.clairval.com/index.es.html


07 marzo 2017

IN SANCTITATE VIVIT - "No soy más que un modesto instrumento de la Providencia..." (2ª parte)

Seguimos con la vida de Marcello Candia:

"¡Ven!" y "¡ve!"

En 1950, a sus treinta y cuatro años de edad, Marcello hereda la empresa de su padre. Poco a poco madura en él la idea de abandonarlo todo para convertirse en misionero laico a tiempo completo. Sin embargo, para realizarla deberá esperar al año 1961, pues su presencia en las fábricas es útil, incluso necesaria, con motivo de la difícil situación de los obreros durante el período de la postguerra. Además, su director espiritual se opone a dicho proyecto.

En 1955, la explosión accidental de un depósito de 60.000 litros de ácido carbónico en estado líquido mata a dos personas y destruye una fábrica que acaba de ser completamente renovada. Marcello ve en ese accidente un obstáculo para emprender su proyecto de abandonarlo todo. Ayuda de su bolsillo a las dos familias de las víctimas y asume la reconstrucción y las entregas, a fin de que ningún obrero o cliente se vea perjudicado por el desastre. No obstante, se interesa especialmente por los pobres de Brasil, tras conocer al padre Alberto Beretta, capuchino, hermano de Santa Gianna Beretta Molla, que se preparaba para partir hacia Brasil. En 1957, Marcello realiza su primera visita a Macapá, al norte del delta del Amazonas. Esa pequeña ciudad cuenta entonces con 18.000 habitantes, parte de los cuales viven en la miseria, sin ninguna asistencia material ni espiritual. Con el obispo de la diócesis, Monseñor Aristide Pirovano, de las Misiones Extranjeras de Milán, estudia los problemas locales. Manda construir una hermosa iglesia para la parroquia de San Benito, y luego le llega la inspiración para edificar un vasto hospital, desproporcionado con respecto a la talla de la ciudad en aquel momento. El futuro le dará la razón, pues la población supera en la actualidad los 436.000 habitantes (2015). El centro, previsto para 150 camas, incluirá también una leprosería.

¡Vende cuanto tienes!

Marcello comienza las obras en 1961, con el dinero procedente de la venta de las fábricas heredadas de su padre. Es su deseo que el hospital sea dedicado a los santos Camilo y Luis, para honrar la memoria de sus padres. En aquella época, Monseñor Pirovano es reclamado a Milán para tomar las riendas de su Instituto misionero. En 1965, al día siguiente de una audiencia privada que les ha concedido el beato Pablo VI, el prelado entrega a Marcello la cruz de misionero. En junio de ese mismo año, Marcello Candia se instala en Macapá. Después de haber ejercido durante varios años el cargo de director de fábricas, en una época de gran prosperidad económica, está próximo a la cincuentena. Su cambio de vida es radical: de una vida cómoda, pasa a una vida pobre en medio de los pobres. En un auténtico proceso de fe, lo abandona todo por Dios y responde a los que le ponen objeciones que "no solamente hay que dar a los pobres ayuda económica. Debemos compartir su vida en la medida de lo posible. Me resulta demasiado fácil permanecer aquí en medio de una vida apacible y confortable, y luego decir que envío allá lo superfluo. Soy llamado a vivir con ellos".

No obstante, Marcello se expone a incomprensiones y contradicciones en los propios ambientes misioneros, lo que le afecta grandemente. "¿Para qué construir un hospital tan grande en ese lugar -se preguntan algunos-, si con el mismo gasto se habría podido establecer una decena de centros de asistencia sanitaria? ¿Sabrá realmente perseverar ese patrón milanés y quedarse -murmuran otros-, o bien, después de iniciar una obra colosal, se marchará dejando la obra inacabada?". En ausencia de Monseñor Pirovano, Marcello se siente aislado espiritualmente. La administración, influenciada por la desconfianza, le rechaza los permisos necesarios. Varios años después, cuando su perseverancia le consiga un mínimo de benevolencia, un funcionario dirá acerca de él: "Hace ya años que estudio a ese Candia y no consigo entenderlo. Debe de estar algo loco, aunque parece cuerdo". La locura de la Cruz siempre será un misterio para quienes carecen de la fe. Pero él no se da por vencido: "¡Dios quiere que haga algo de penitencia!" -confiesa. De hecho, el aprendizaje de la pobreza le cuesta muchos esfuerzos, pues debe aceptar las privaciones de comodidad, el alimento de los pobres o la promiscuidad con gente inculta en locales miserables. Uno de sus amigos italianos cuenta lo siguiente: "Candia era dinámico, seguro de sí mismo, acostumbrado a mandar y a hablar como patrón..., pero cada vez que regresaba de Amazonia lo encontraba cambiado. Se daba cuenta de que necesitaba la ayuda de los demás para llevar a cabo sus grandes proyectos, cosa a la que no estaba acostumbrado". Efectivamente, pues Marcello era testarudo por naturaleza, impaciente, perfeccionista, exigente en exceso y persuadido de tener siempre razón. Sin embargo, su espíritu misionero y su dedicación le ayudan a corregir poco a poco esos defectos.

No ser ya necesario


En 1967, sufre un infarto y su salud empieza a decaer. Sin embargo, tras recuperarse prosigue valerosamente con su trabajo. En 1969, se inaugura el hospital de Macapá, que dispone en un principio de un servicio de pediatría y, algunos meses después, de un centro de investigación sobre las enfermedades tropicales, con especial atención a la lepra, así como de un centro social y otro de acogida. Marcello lo ha ideado todo, financiado casi solo y realizado contra viento y marea. No obstante, la intuición inicial se la debe al cardenal Montini: "Si funda un hospital en Brasil, hágalo realmente brasileño. Evite cualquier forma de paternalismo, no imponga sus ideas a los demás, incluso si es con las mejores intenciones. Haga el hospital no solamente para los brasileños sino con los brasileños, y propóngase como objetivo final no ser ya necesario. Cuando llegue el momento en que se sienta inútil porque el centro pueda funcionar sin usted, entonces podrá decirse que habrá realizado una verdadera obra de solidaridad humana".

Esas opiniones suponen para Marcello una gran dosis de paciencia, ya que, en ese país, la mayor parte del personal estable que emplea en el hospital siente inclinación por la apatía y la irresponsabilidad. El cardenal le había recomendado igualmente construir un hospital escuela, ya que, en los países donde hay misiones, es importante curar a los enfermos, pero es más importante aún enseñar seriamente cómo curarlos. Y había añadido: "Debe ser un centro que no rechace nunca a nadie". Marcello aplica con gran precisión esa recomendación, estableciendo que el personal del hospital no preguntará jamás a un paciente, en el momento de la admisión, si está en condiciones de asumir los gastos.

"En el mundo tendréis tribulación", nos previno Jesús (Juan 16, 33). En 1973, el gobierno federal convoca al generoso amigo de los pobres para que responda a la acusación de importación ilegal de medicamentos a Brasil. También debe vigilar incesantemente para que el hospital siga al servicio de los más menesterosos. Afortunadamente, su experiencia como jefe de empresa le ayuda mucho a gestionar con acierto los bienes; de hecho, no basta con ser generoso, sino que hay que actuar también de manera competente y prudente.


El próximo día terminanos...


05 marzo 2017

IN SANCTITATE VIVIT - "No soy más que un modesto instrumento de la Providencia..." (1ª parte)

El Papa Francisco nos invita, en su mensaje para la Cuaresma de este año 2017, a ver en el otro un don. Sobre todo en el otro pobre y necesitado.

Hoy quiero comenzar la NUEVA SECCIÓN "In sanctitate vivit", que recoge testimonios de personas que son ejemplos de fe, con el venerable Marcello Candia. Su vida ilustra muy bien las palabras del Papa en su mensaje: después de haber vivido en el seno de una familia acomodada de la alta burguesía milanesa, se comprometió como laico en las misiones y construyó, gracias a la venta de sus bienes, un hospital para los pobres en Brasil.

Seguiremos su apasionante vida a través de tres capítulos (extraídos de la Carta Espiritual de la Abadía de San José de Clairval, Francia)

Comenzamos...

VENERABLE MARCELLO CANDIA

Marcello Candia nace en 1916 en Portici (Campania, Itlaia), tercero de cinco hijos. Su padre, Camillo, es industrial y ha fundado en Milán, y después en Nápoles, Pisa y Aquilea, una serie de fábricas de ácido carbónico. Si bien no practica la religión, ha conservado de su educación católica un sentido elevado de la rectitud, del respeto por las personas y de la justicia profesional y social. Es un entregado cabeza de familia y un dedicado jefe de empresa, con gran sentido del deber y de la responsabilidad. Se opone al fascismo desde sus inicios, confiando a sus hijos a escuelas privadas para que no les alcance la ideología totalitaria dominante.

Pasión por los pobres

Marcello aprende de su madre, Luigia Bice Mussato, los primeros rudimentos de la fe. Es una mujer culta y dotada de grandes cualidades humanas, que se consagra por entero a los suyos así como a los pobres mediante obras caritativas, en especial en la Sociedad de San Vicente de Paúl. Marcello acompaña con gusto a su madre, con quien visita a los pobres, pero pasando previamente por una iglesia para encontrar a Jesús en la Eucaristía. En su corazón se desarrolla una verdadera pasión por los desheredados y los que sufren, lo que representará la principal orientación de su vida. A partir de los doce años de edad, ayuda a los pobres capuchinos de la vía Piave de Roma a distribuir sopa a los pobres. Pero su madre fallece el 7 de febrero de 1933, a los 42 años de edad. Marcello tiene entonces diecisiete años, y su pena es tan profunda que cae enfermo. A partir de ese día, sufrirá frecuentes dolores de cabezas e insomnios.

La profunda devoción de Marcello impresiona a sus allegados, que le acusan de llevar una "doble vida", pues se muestra, por una parte, como un joven rico, elegante y seductor, alumno brillante y buen compañero, mientras que, por otra parte, todos constatan que se halla inmerso en un incesante diálogo con Dios. En 1939, Marcello obtiene el doctorado en química. A principios de la Segunda Guerra Mundial, ocupa por un tiempo un puesto de químico en una fábrica de explosivos, siendo luego desmovilizado. Prosigue entonces sus estudios, trabajando profesionalmente con su padre. En 1943, obtiene los doctorados en biología y en farmacia. Durante esos tiempos de guerra, participa en la resistencia contra el ocupante alemán, poniendo en riesgo varias veces su libertad e incluso su vida, y se compromete con los padres capuchinos en la ayuda a los judíos amenazados de deportación. Al final de la guerra, asiste a los deportados y prisioneros que regresan al país, Junto con tres amigos, organiza una acogida a la vez médica y humanitaria en las estaciones, además de mandar instalar en el parque del palacio Sormani, en gran parte asumiendo él los gastos, refugios provisionales prefabricados. En una ocasión, un capellán capitán autoritario anuncia: "La Misa va a empezar; quienes no vengan, no tendrán comida". Marcello se apodera del micrófono y rectifica: "¡No, todos tendrán comida!".

Con objeto de poder dedicar todo su tiempo a aliviar los sufrimientos de los demás, Marcello renuncia a casarse. Con Elda Scarsella Marzocchi, funda el "Pueblo de la madre y el niño" para asistir a las madres solteras en dificultades. Al principio, esconde esta iniciativa a su padre, sabiendo que no se mostrará favorable a ella, pero éste será consciente, después, de todo el bien realizado por su hijo y lo aprobará. El señor Candia es exigente, pero respeta las decisiones de su hijo; aunque considera que su vida devota y su apego a la Misa diaria son exagerados, no pone objeción alguna. Sin embargo, el director espiritual de Marcello se muestra desfavorable a la colaboración con Elda Marzocchi, pues el ambiente de una casa de madres solteras no conviene a un joven que ha elegido el celibato para el Reino de Dios.

Por ese motivo, y por obediencia, Marcello pone fin a ese compromiso y se lanza a ayudar a las misiones, primeramente mediante el envío de medicamentos a países pobres y fundando la revista titulada La Misión. Junto a Monseñor J. B. Montini, el futuro Papa Pablo VI, por entonces arzobispo de Milán, funda un colegio para los estudiantes procedentes de ultramar. En efecto, los obispos de los países de misión comienzan a enviar a Italia sacerdotes para completar su formación sacerdotal, y el destino de esos estudiantes es convertirse en profesores en los seminarios de África, Asia y América Latina. Con frecuencia, el primer contacto se establece directamente entre el obispo del país y Marcello para concertar el alojamiento, conseguir una beca de estudios, etc. El joven participa igualmente en la fundación de varias obras y asociaciones en favor de las misiones.


El próximo día continuamos...