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22 abril 2022

Gracias, Señor, por "El beso de Dios"

A veces el Señor nos tiene preparadas sorpresas. Así fue ayer para mí: tarde más o menos programada, y Él sale a mi encuentro con un mensaje y me cambia los planes.

Y el mensaje era un regalo muy grande: una invitación para ver uno de los preestrenos del documental sobre la Eucaristía «El beso de Dios», del director Pietro Ditano.

¿Y qué puedo decir sobre él?

Que lloré porque me tocó hondo.

Que me fue llevando de tal manera que, en un momento determinado, anhelaba ponerme de rodillas y adorar al Señor que daba la vida por nuestra salvación.

Que su belleza plástica es impresionante.

Que su profundidad teológica es grande, aunque explicada con palabras sencillas y entendibles.

Que los testimonios, algunos en un lenguaje muy actual y divertido, tocan el corazón.

Y hay más cosas, pero esas quedan entre el Señor y yo 😊

Sí tengo dos cosas en el corazón que compartiros:

La primera, animaros a ir al cine a verla (ya sabéis aquello de que el primer fin de semana es importante y hoy es el estreno). Y que luego contéis vuestra experiencia (al menos la parte que se pueda contar), porque el Señor seguro os saldrá al encuentro.

La segunda, orar por Pietro y todo el equipo maravilloso que le ha rodeado, para que sigan adelante, deleitándonos con nuevos proyectos llenos de Espíritu Santo.

Gracias, amigo Pietro, por la invitación. Y, ya sabes, «El Señor siempre hace "lo que le da la gana"». Y Él ha querido esto. Gracias por tu sí. Enhorabuena por tu trabajo. Gracias por dejarte hacer.

Link del trailer: https://youtu.be/_VnrC2BKCmk

Página web oficial: EL BESO DE DIOS. El documental de la Misa | Película (2022)






07 marzo 2022

El tesoro escondido del Cerro de los Ángeles

¿Te has enterado? Sí, sí, hay un "tesoro escondido" en el Cerro de los Ángeles. 

¿Y dónde?, te preguntarás. -Solo tienes que seguir las señales...

¿Y quién me puede indicar dónde están las señales? -¡Justo, esa es la pregunta clave!

Algunos te dirán: "Los chalecos rojos". Otros: "Los del cartelito colgado al cuello". Otros: "Acércate a la tienda, que seguro te lo dicen".

Y todos tienen razón, porque bajo nombres tan dispares se reúnen LOS VOLUNTARIOS DEL CERRO DE LOS ÁNGELES.

Ellos te mostrarán las señales para encontrar el "tesoro escondido" del Cerro...y que no está tan escondido. Unos, en la tienda (esa pequeña casetita con tejado verde); otros, ayudándote para que el tráfico con tu coche y el de los demás sea fluido; otros, mostrándote como buenos guías las bellezas que todos los rincones del Cerro atesoran (en la Ermita de Ntra. Sra. de los Ángeles, en el convento de las Carmelitas, en el antiguo monumento, en la Basílica bajo el nuevo... y alguna sorpresita más); otros, acompañándote durante las celebraciones eucarísticas; otros... (es que hacemos muchas más cosas...)

Y todas esas señales te llevarán al Tesoro...

Por pura Misericordia soy voluntaria del Cerro desde la primera convocatoria que se nos hizo de cara a la preparación del Centenario en el año 2019. Y solo puedo decir que he recibido bendición tras bendición en todas las tareas que se me han encomendado, y que han sido y son de lo más variado. En todas ellas he encontrado el TESORO... EL CORAZÓN DE CRISTO, que late con un Amor que le llevó a la locura de la cruz por mi Salvación... Y por la tuya... Y allí, en el Cerro, se experimenta este latir de una forma muy especial. Porque el Cerro de los Ángeles es uno de los hogares que el Corazón de Cristo ha escogido para sí.

Este año, entre otras labores, tengo el regado de acompañar una misa semanal. Somos casi siempre los mismos los que acudimos a esa cita y me resulta entrañable ir conociendo sus rostros. En especial el de un hombrecillo mayor que, a pesar de sus dificultades físicas para andar, es fiel semana tras semana. Y si no le veo me preocupo...

Porque en el Cerro de los Ángeles uno vive en familia: la familia de los voluntarios y la familia de aquellos a los que servimos por amor a ellos y al Corazón de Cristo.

El próximo 26 de marzo tendremos un ENCUENTRO DE VOLUNTARIOS del Cerro... en el Cerro, no podía ser en otro lugar mejor. Os invito a acompañarnos en esta jornada mañanera y conocer a nuestra familia. Y si no puedes ir, acércate cualquier otro día y pregunta a uno de los voluntarios. O contacta a través del teléfono del cartel. El Corazón de Cristo no cesa de llamar a su servicio. La recompensa es enorme: ÉL MISMO, Él es el TESORO que te espera en cada rincón. ¿Seguro que no te llama a ti?

Y si piensas que no tienes mucha experiencia o capacidades, ¡déjate sorprender! Hay tal variedad de tareas que seguro encontrarás tu sitio.

Atrévete a decirle "sí" al Corazón de Jesús. ¡No te arrepentirás!

24 noviembre 2021

Beato Hermano Andrés, del Oratorio San José de Montreal

Homilía de Juan Pablo II, con ocasión de la beatificación del Hermano Andrés, el 23 de mayo de 1982 (AAS, 74, P. 825)

Veneramos en el beato Hermano Andrés Bessette a un hombre de oración y a un amigo de los pobres, pero de un estilo, a decir verdad, sorprendente.

La obra de toda su vida, su larga vida de noventa y un años, es la de un servidor pobre y humilde: Pauper, ser vus et humilis, como se escribió sobre su tumba. Trabajador manual hasta los veinticinco años, en la granja, en el taller, en la fábrica, entra luego en los Hermanos de la Santa Cruz que le confían, durante casi cuarenta años, el cargo de portero en su colegio de Montreal, y finalmente, durante casi otros treinta años, permanece como custodio del Oratorio san José en las proximidades del colegio...

¿De dónde le viene entonces su prestigio inaudito, su renombre ante millones de personas? Diariamente una multitud de enfermos, afligidos, pobres de toda clase, discapacitados o heridos por la vida, encontraban en él, en el locutorio del colegio, en el Oratorio, acogida, escucha, consuelo y fe en Dios, confianza en la intercesión de san José, en suma, el camino de la oración y de los sacramentos y con ello la esperanza y a menudo el alivio manifiesto del cuerpo y del alma. De igual modo ¿los pobres de hoy no tendrían necesidad de un amor semejante, de una esperanza igual y de una similar educación en la oración? Pero ¿qué es lo que le capacitaba para esto al Hermano Andrés?

Dios se complació en dotar de un atractivo y un poder maravillosos a este hombre sencillo, que, en sí mismo, había conocido la miseria de ser huérfano entre doce hermanos y hermanas, se había quedado sin dinero, sin instrucción, con una salud precaria, en una palabra, des provisto de todo, menos de una gran confianza en Dios. No es sorprendente que se haya sentido muy próximo a la vida de san José, el trabajador pobre y desterrado, tan familiar del Salvador, que Canadá y especialmente la Congregación de la Santa Cruz siempre han honrado mucho. El Hermano Andrés debió soportar la incomprensión y la burla a causa del éxito de su apostolado. Pero él se mantenía sencillo y jovial. Acudiendo a san José y delante del Santísimo Sacramento, él mismo practicaba, durante largos ratos y con fervor, en nombre de los enfermos, la oración que les enseñaba. ¿Su confianza en la virtud de la oración no es una de las enseñanzas más preciosas para los hombres y las mujeres de nuestro tiempo, tentados de resolver sus problemas sin Dios?

(del libro "Id a José" de la Abadía San José de Clairval: https://www.clairval.com/index.php/es/)


30 junio 2021

San José era tan pobre como yo

Sucedió en medio de una epidemia que devoraba toda una región y que hacía estragos de modo especial entre los pobres. Un sacerdote caritativo entra en una caballeriza baja y húmeda donde sufría una víctima del contagio. ¿Qué ve? Un anciano moribundo tendido sobre harapos asquerosos. Estaba solo, un haz de heno le servía de cama. Ni un mueble, ni una silla; había vendido todo los primeros días de su enfermedad para procurarse algunas gotas de caldo. De las paredes negras y desnudas pendían un hacha y dos sierras: ahí estaba toda su fortuna junto con sus brazos, cuando podía moverlos. Pero en ese momento no tenía ya fuerzas para levantarlos.

- Valor, amigo mío, le dice el confesor, es una gran gracia la que el Señor os hace hoy: usted va a salir pronto de este mundo donde no tiene más que penas.

- ¡Penas!, replicó el moribundo con voz apagada, usted se equivoca: yo tomé a san José por mi patrono y mi modelo y, como él, nunca me quejé de mi suerte. No he conocido ni el odio, ni la envidia; mi sueño era tranquilo. Me cansaba de día, pero descansaba de noche. Las herramientas que usted ve me procuraban el pan que comía con deleite. Era pobre, en verdad, pero san José lo era tanto como yo y estuve bastante bien hasta hoy. Si recupero la salud, lo que no creo, iré al taller y continuaré bendiciendo la mano de Dios que me ha cuidado hasta el presente.

El sacerdote, sorprendido, no sabía qué responder a semejante enfermo. Sin embargo, le habló así: - Amigo mío, puesto que la vida no os ha sido penosa, no debe por eso dejar de disponerse a dejarla, porque hay que someterse a la voluntad de Dios.

-He sabido vivir, prosiguió el moribundo con voz firme, sabré morir. Doy gracias a Dios por haberme dado la vida y por hacerme pasar por la muerte para llegar a Él; noto que llega el momento, aquí está... ¡Adiós, hermano mío!

Así vivió y murió, lleno de paz, este piadoso obrero, este hombre justo, que había tomado a san José por su patrono y su modelo. Seamos nosotros también siempre los imitadores de este gran santo.

(del libro "Id a José" de la Abadía San José de Clairval: https://www.clairval.com/index.php/es/)

 


 

31 marzo 2021

La obediencia de san José

«José se levantó enseguida, y, siguiendo la orden que había recibido, tomó al niño y a su madre durante la noche y partió a Egipto. Consideraré aquí la obediencia de este hombre justo y me propondré imitarlo, porque tal obediencia encierra los cuatro grados que constituyen la perfección de esta virtud.

José obedece con entera sumisión de juicio. A la primera palabra del ángel, acepta sin discutir la orden divina. Él podría decirle al Señor que hay vías más fáciles y más suaves para librar a su Hijo; que si la huida es necesaria, al menos le ordene ir a Arabia, o a Samaria, y no a Egipto. Pero, lejos de este corazón recto el pensamiento de una objeción aun plausible. San José se somete respetuosamente y calla. El embajador celestial cumplió su misión ante él y no tiene la curiosidad de saber más. No le hace, pues, ninguna pregunta, y así cumple al pie de la letra el consejo que nos da el Espíritu Santo en el libro del Eclesiástico: “No busquéis lo que está por encima de vosotros: no tratéis de penetrar lo que sobrepasa vuestras fuerzas, sino pensad siempre en lo que Dios os ha ordenado hacer y no examinéis curiosamente todas sus obras”.

José obedece con valor y magnanimidad. La ejecución del mandato es difícil. Se trata de abandonar su casa y su país, renunciar a todo trato con los suyos, ir al exilio en una región lejana y desconocida, y todo ello sin ningún auxilio humano. Pero el deseo que tiene de cumplir la voluntad divina le hace sacrificar generosamente la suya. ¿Osaré decirlo? Su obediencia supera a la de Abraham, porque este santo patriarca salió, es cierto, de su país y olvidó la casa de su padre para ir adonde Dios lo llamaba; pero llevaba con él inmensas riquezas y lo acompañaban gran número de servidores.

San José obedece puntualmente y sin dilación. No prolonga su sueño hasta la mañana; no se queda en la cama el resto de la noche, sino que se levanta inmediatamente, manifiesta a su santa esposa la revelación del Ángel y, en el mismo momento, parten sin preocuparse de llevar nada consigo. Están, pues, en camino antes del amanecer, para cumplir exactamente la orden que les ha sido dada, huir en secreto, y eso lo pueden hacer gracias a las sombras de la noche.

María y José obedecen con satisfacción y alegría. Las jornadas son largas y penosas; están desprovistos de todos los recursos que podrían aliviar el cansancio del viaje. Pero ellos casi no piensan en esas privaciones; la alegría interior que sienten les quita todo sentimiento de pesar; dos pensamientos ocupan su mente: Dios quiere que sufran, y la voluntad divina es para ellos el más sólido consuelo; además, tienen con ellos al divino Niño. Su dulce compañía es más que suficiente para llenar de encanto su soledad; esta ocupa para ellos el lugar de todo, en medio del más completo abandono. Por eso, no buscan fuera de él los auxilios y las distracciones que se procuran comúnmente con tanta diligencia los otros viajeros.

¡Oh Dios todopoderoso!, que inspiráis a María y a José los sentimientos de una obediencia tan perfecta, os suplico, por sus méritos, me los concedáis a mí, a fin de que os obedezca como ellos, con una total sumisión de juicio, con valor, prontitud, alegría, animado del único deseo de hacer vuestra voluntad, y lleno de confianza en que vuestra Providencia no me abandonará jamás, mientras yo ponga todos mis cuidados en conformar mis deseos con los vuestros» (Venerable Luis de la Puente)

(del libro "Id a José" de la Abadía San José de Clairval: https://www.clairval.com/index.php/es/)

 


24 marzo 2021

“Alguien que os quiere bien”

Acudamos a san José con confianza en nuestras necesidades. Un par de historias que nos ayudarán a hacerlo.

«A comienzos de febrero, cuenta una comunidad de religiosas de Estados Unidos, nosotras habíamos colocado junto a la estatua de san José, en el vestíbulo de la entrada, la foto de un pequeño coche con una nota explicativa de nuestra necesidad. Llegó marzo sin traer respuesta... pero el miércoles de la última semana un señor llamó por teléfono, diciendo que quería regalarnos un coche. Preguntaba si una hermana podía acompañarlo al comercio, a fin de traérselo a nuestro convento. Cuando el vendedor presentó el coche en cuestión, era exactamente el modelo representado en la foto: ¡un pequeño Ford azul oscuro!

La bendición del vehículo tuvo lugar algunos días más tarde y vamos a hacer celebrar una Santa Misa de acción de gracias en honor de san José. ¿No había sido él, en cierto modo, el que había "firmado" su respuesta?»

***

«La colecta habitual del mes de septiembre en Kerala debió ser suspendida ese año, cuentan las Hermanitas de los Pobres de una casa del sur de la India. Ellas acudieron a san José con gran fervor, y esa inmensa confianza que comparten todas las Hermanas de la Congregación, pidiéndole que les solucionara ese problema, porque la gente de este Estado aprecia la obra en favor de las personas de edad y es muy generosa.

Apenas había sido tomada la decisión, nuestro buen santo comenzó a enviarles sorpresas. Una de las más inesperadas fue una ofrenda de 1.500 dólares, de parte de una persona desconocida de las religiosas.

Algún tiempo después, otra persona, que no había oído hablar jamás de la Congregación, realizó la venta de un terreno en condiciones ventajosas. Hablando con un funcionario de Kotagir, ciudad bastante alejada de la de las Hermanas, expresó su deseo de hacer algo por los pobres. Este funcionario, que antes había trabajado en la ciudad de las religiosas, le dijo que conocía una institución en la cual su contribución sería bien utilizada. El bienhechor las visitó sin dar razón de su presencia allí. Muy impresionado por los residentes y por todo lo que había visto, puso en manos de la Madre Superiora, en el momento de despedirse, un cheque de 750 dólares. Como ella le preguntaba a nombre de quién debía hacer el recibo, él respondió: “Alguien que os quiere bien”».

(del libro "Id a José" de la Abadía San José de Clairval: https://www.clairval.com/index.php/es/)


 

17 marzo 2021

Tentación de san José

«José, su esposo, como era justo y no quería denunciar a María, se propuso dejarla en secreto. Con toda razón José no quiso acusarla, puesto que era justo. En efecto, no habría sido justo si hubiera disimulado el adulterio. Así mismo, ¿podría ser justo condenando a aquella cuya inocencia conocía? Siendo pues justo y no queriendo exponer a María al oprobio, prefirió abandonarla en secreto.

¿Por qué quiso dejarla? Escuchad esto, que no es mi pensamiento, sino el de los Padres. La razón por la cual José quiso separarse de María es la que alegaba el mismo san Pedro para alejar de él al Señor: “Apártate de mí, Señor, porque soy un pecador”, así como también el centurión para alejarlo de su casa: “Señor, yo no soy digno de que entres en mi casa”. Lo mismo ocurría con san José quien, juzgándose él también indigno y pecador, se decía en su fuero íntimo: “Ella es tan perfecta y tan grande que no merezco que me conceda por más tiempo compartir su intimidad; su dignidad admirable me supera y me atemoriza”. Con temor religioso, percibía que ella llevaba la señal muy nítida de la presencia divina y, como no podía penetrar el misterio, prefería abandonarla. El miedo se apoderó de Pedro ante la grandeza del poder, el miedo se apoderó del centurión ante la majestad de la presencia. Un temor muy natural se apodera de José, como de todo hombre, ante el carácter inaudito de ese milagro extraordinario, ante la profundidad del misterio: y he aquí por qué quiso dejarla en secreto.

¿Puede uno sorprenderse de que José se considerara indigno de vivir en comunidad con la Santísima Virgen, cuando se nos dice que la misma santa Isabel no pudo permanecer en su presencia sino con temblor y respeto? He aquí sus palabras: “¿De dónde a mí que la Madre de mi Señor venga a mi casa?”. He ahí por qué san José quiso abandonarla. Pero ¿por qué en secreto y no a la luz del día? Para evitar toda averiguación sobre el motivo de la separación y eludir la obligación de rendir cuenta. Si él hubiera expresado su sentir y la prueba que tenía de la pureza de María, los judíos ¿no hubieran ido al instante a zaherirlo y apedrear a María? Esos judíos, ¿cómo hubieran creído en la Verdad aún silenciosa en el seno maternal, siendo así que más tarde despreciaron sus clamores en el templo? ¿Qué habrían hecho a Cristo aún invisible, ellos que después pondrían sobre él sus manos sacrílegas cuando brillaba por la grandiosidad de sus milagros? Es, pues, con mucha razón que José, el hombre justo, para no verse obligado a mentir o a exponer al vituperio a una inocente, quiso separarse de Nuestra Señora en secreto» (San Bernardo)

Tengamos gran confianza en la bondad paternal de san José y pidámosle su profunda humildad y buen discernimiento.

(del libro "Id a José" de la Abadía San José de Clairval: https://www.clairval.com/index.php/es/)


10 marzo 2021

Acordaos, san José...

«Dos padres franciscanos navegaban cerca de las costas de Flandes, cuando se levantó una furiosa tempestad que hizo naufragar al navío con trescientos pasajeros. Los dos religiosos se sujetaron a uno de los restos del barco y se sostuvieron así sobre las olas. En esta situación tan angustiosa, se encomendaron a san José y permanecieron tres días entre la vida y la muerte. Por fin, al tercer día, el santo vino en su auxilio. Se les apareció de pie, sobre la tabla que los sostenía, bajo el aspecto de un joven lleno de gracia y majestad.

Los saludó de manera más amable, lo que bastó para llenar sus corazones de un consuelo indecible y comunicar a sus miembros un vigor milagroso. Después, desempeñando el oficio de piloto, los guio a través de las aguas y los dejó en la costa.

“Yo soy San José, les dijo. Si queréis agradarme, recitad siete veces el Padre nuestro y el Ave María en memoria de los siete Dolores y Gozos que experimenté mientras vivía en la tierra, en compañía de Jesús y de María”.

Dicho esto desapareció, dejando a los dos religiosos rebosantes de alegría y reconocimiento».

 

Oremos el “Acordaos de san José” del Papa Pío IX (1863)

“Acordaos, oh castísimo esposo de la Virgen María,

mi amable protector, san José,

que jamás se oyó decir que ninguno que haya invocado vuestra protección

y pedido vuestro auxilio, haya sido abandonado de vos”.

 

(del libro "Id a José" de la Abadía San José de Clairval: https://www.clairval.com/index.php/es/)