Mostrando entradas con la etiqueta Espíritu Santo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Espíritu Santo. Mostrar todas las entradas

22 abril 2022

Gracias, Señor, por "El beso de Dios"

A veces el Señor nos tiene preparadas sorpresas. Así fue ayer para mí: tarde más o menos programada, y Él sale a mi encuentro con un mensaje y me cambia los planes.

Y el mensaje era un regalo muy grande: una invitación para ver uno de los preestrenos del documental sobre la Eucaristía «El beso de Dios», del director Pietro Ditano.

¿Y qué puedo decir sobre él?

Que lloré porque me tocó hondo.

Que me fue llevando de tal manera que, en un momento determinado, anhelaba ponerme de rodillas y adorar al Señor que daba la vida por nuestra salvación.

Que su belleza plástica es impresionante.

Que su profundidad teológica es grande, aunque explicada con palabras sencillas y entendibles.

Que los testimonios, algunos en un lenguaje muy actual y divertido, tocan el corazón.

Y hay más cosas, pero esas quedan entre el Señor y yo 😊

Sí tengo dos cosas en el corazón que compartiros:

La primera, animaros a ir al cine a verla (ya sabéis aquello de que el primer fin de semana es importante y hoy es el estreno). Y que luego contéis vuestra experiencia (al menos la parte que se pueda contar), porque el Señor seguro os saldrá al encuentro.

La segunda, orar por Pietro y todo el equipo maravilloso que le ha rodeado, para que sigan adelante, deleitándonos con nuevos proyectos llenos de Espíritu Santo.

Gracias, amigo Pietro, por la invitación. Y, ya sabes, «El Señor siempre hace "lo que le da la gana"». Y Él ha querido esto. Gracias por tu sí. Enhorabuena por tu trabajo. Gracias por dejarte hacer.

Link del trailer: https://youtu.be/_VnrC2BKCmk

Página web oficial: EL BESO DE DIOS. El documental de la Misa | Película (2022)






02 noviembre 2020

Canción "Nómadas del Espíritu"

Mi muy querido amigo y hermano en Cristo Javier Salvado ha compuesto esta preciosa canción inspirada en este blog y en el carisma de San Francisco Javier. 

Y no ha podido poner mejor y más amado fondo para mí en su vídeo...

Mil gracias, Javier, es muy hermosa. Me emociona... Tu padre, a quien se la dedicas, la estará gozando, seguro. Que Dios te bendiga abundantemente.
 
Os comparto esta hermosa canción que seguro vais a disfrutar.
 
Canción: Nómadas del Espíritu.
Autor: Javier Salvado (de Chiclana, Cádiz)
 
 

 

09 octubre 2020

¿Acción de gracias en el 2020? Pues sí. Y alabanza, por Inés

Llevaba varios días pensando en retomar el blog bajo el título "¿Acción de gracias en el 2020?". Acabo de saber que una hermana en Cristo ha fallecido por COVID. Y, a pesar del dolor, me lanzo a esta acción de gracias. Y sí, también, a la alabanza al Señor.

Conocí a Inés cuando me incorporé por primera vez a un grupo de oración de la Renovación Carismática. De ella aprendí cómo es una persona carismática de pura cepa, cómo vivir anclada en la alabanza y en la Palabra de Dios. Aprendí de su ejemplo el servicio entregado, sin mirarse a uno mismo, y mantener la alabanza en todo momento a pesar del cansancio. Pude poner en práctica los conocimientos que tenía de liturgia sirviendo a su lado en las asambleas, pero el amor que tenía por todo lo que "tocaba" al Señor es algo que no se aprende en las clases. Su amor por el Señor Eucaristía era... tan grande... 

Y aprendí a interceder a base de orar con ella. Recuerdo nuestras largas charlas telefónicas que siempre acababan con Inés orando por mí y abriendo la Biblia para darme una Palabra. Otro de sus grandes amores: la Palabra se hacía vida en sus manos y en sus labios en todo momento. Me encantaba ver aquella Biblia viejita, super usada y subrayada suya. Y pensaba: yo quiero estar tan enamorada como ella de tu Palabra, Señor. Y orar tanto con ella que sea parte de mi lenguaje. Porque lo suyo no era fruto de estudios, sino de vida y oración.

Hace unos días celebramos las Témporas de acción de gracias y de petición, un regalo como todo lo que nos propone nuestra Madre Iglesia (si quieres conocer un poco más sobre el origen y sentido, puedes consultar este enlace: Las Témporas)

Con todo lo que estamos viviendo, para muchos puede ser difícil encontrar motivos para dar gracias. Tal vez sí para pedir, ¿pero dar gracias también, con la que está cayendo...? 

Creo que todos, de un modo u otro, hemos sufrido (y algunos mucho) en este 2020. Y aún no ha acabado, dirán algunos... Pero no puedo evitar que algo se "revuelva" en mí cada vez que veo un mensaje en el que se dicen cosas como:

"Querido Dios, ¿podrías, por favor, desinstalar y volver a instalar el 2020? ¡Tiene un virus!"

"Yo del 2020 quiero ver el trailer primero"

"Una cosa buena que me ha pasado en el 2020... no recuerdo ninguna..."

Cierto que algunos son graciosos, pero cuando los veo me pregunto: si soy cristiana, ¿dónde está mi fe en Dios y su mano providente en todo lo que ocurre? Porque en ellos no veo más que queja por lo que llevamos vivido este año. 

¿Y la acción de gracias? Porque el Señor no ha dejado de obrar en nosotros y en los que nos rodean (si le hemos dejado)

Estamos en octubre. Aún quedan unos meses para acabar este 2020. ¿Cómo los vamos a vivir: desde la queja o desde la acción de gracias viendo la mano de Dios sosteniéndonos en todo momento?

Yo me quedo con lo segundo. Inés me enseñó a vivirlo así y quiero ser digna de las enseñanzas de mi maestra y madre en la Renovación. Porque ella "me dio a luz" para la Renovación. Con su ejemplo vivo y con todos los retiros a los que me mandaba ir cuando era mi servidora para que me formase, de cara a servir yo también algún día.

Gracias, Señor, por la vida de Inés. Para todos los que la hemos conocido, sabemos que ha sido un regalo de tu Misericordia. Te alabo y te bendigo por ella, por su vida, por sus enseñanzas, por su servicio, por su testimonio, por su anhelo de evangelizar para que todos te conocieran, por su apasionado amor por Ti, Señor... y por su alabanza, siempre su alabanza, y ahora por toda la eternidad.

Gracias, Inés, por tanto. El Amado te ha llevado con Él. Qué feliz estarás...




11 abril 2020

SÁBADO SANTO - Como en Nazaret… he aquí a tu esclava

Se ha ido, Madre. Se ha ido.
Un silencio cubre la Tierra.
María, Madre, te acompañamos en este día y aprendemos de tu Inmaculado Corazón a esperar como tú.
Recorremos contigo esta preciosa historia de amor que comenzó cuando le dijiste sí al Padre. Aprendemos de ti a preguntar aquello que no entendemos y después a entregarnos sin miedo, sin medida, hasta el final.
Aprendemos de tu Corazón a hacer silencio ante los designios del Padre, a buscar la voluntad de Dios por encima de todo. Viéndote vivir comprendemos por qué Dios te eligió para ser su Madre. Nadie más hermosa que tú, Madre.
Tus hijos acudimos a ti, Madre. Enséñanos a esperar y amar en el silencio como tú. Prepara nuestros corazones para esa vida nueva que ya llega desde nuestros sepulcros.
Enséñanos a escuchar al Padre como tú, a acoger el Espíritu como tú, para que demos a Cristo a luz en el mundo... como tú.

Canción: El Diario de María.
Autor: anónimo, interpretado por Mónica Arroyo con Martín Valverde Rojas.

21 marzo 2020

IV Domingo de Cuaresma - ¿Eres de verdad o solo "respiras"?

Hace unos días estaba de paseo con una amiga y vimos en una tienda de animales la imagen que acompaña esta entrada. 

Fijaos... una tienda de animales donde venden... mascotas de mentira que respiran...

La verdad es que me pareció algo tremendo. Me eché a reír con mi amiga y comentamos lo absurdo de nuestra sociedad actual. Seguimos camino pero, a los pocos segundos, me di la vuelta e hice esta foto. Y le comenté a mi amiga: se me ha ocurrido una entrada para el blog. Y así fue.

Estas mascotas de mentira (que, encima, están tumbadas, sin hacer nada) me hablaron de cuántas veces nos quedamos en las apariencias en nuestra vida. Sí, estas mascotas parecen animales de verdad (no veáis cuánto...) y el cartel anuncia que respiran. Es decir, que aparentan ser de verdad animales vivos. Pero no lo son. No lo son.

Cuántas veces nosotros, por fuera, parece que vivimos una vida cristiana coherente (al menos un poco, jeje), pero en el fondo llevamos puesta una máscara que es la que mostramos a los demás. Parece que "respiramos" a Cristo, que le servimos, dejándonos el pellejo incluso en multitud de actividades de Iglesia, pero en el fondo hemos pactado con la mediocridad y el pecado. 

Decimos ser verdaderos, pero somos de mentira y vivimos en la mentira. 

Parece que somos verdaderos, pero en el fondo solo "respiramos" por fuera y por dentro somos de mentira. Sepulcros blanqueados lo llamaba Cristo...

En el fondo... estamos ciegos...

Pero siempre, siempre, podemos recomenzar. Podemos iniciar un proceso de conversión, sanación y salvación de nuestra vida. Solo hay que, de verdad, tomar la decisión de romper del todo con ese pecado (y con las personas que nos atan a él), volver todo nuestro ser a Cristo (eso es la conversión) y comenzar a caminar. Puede que despacio, puede que los primeros pasitos sean pequeños, pero lo importante es tomar la decisión de convertirse (de verdad, no de palabrita)... y caminar. Caminar... 

En el camino encontraremos hermanos, regalitos del Señor de los que agarrarnos de la mano y sostenernos en los momentos de debilidad, que nos quieren, que se duelen con nosotros y por nosotros. Porque Jesús nunca, nunca nos abandona. Y siempre, siempre, sale una y otra vez a nuestro encuentro. Como con el ciego del evangelio de este Domingo:

"Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo: ¿Crees tú en el Hijo del hombre?
Él contestó: ¿Y quién es, Señor, para que crea en él?
Jesús le dijo: "Lo estás viendo: el que te está hablando, ese es."
Él dijo: "Creo, Señor". Y se postró ante él." (cfr. Juan 9, 1.6-9.13-17.34-38)

Jesús, quiero ver. Jesús, que vea. Creo, Señor, creo. Y me postro ante Ti. Conviérteme, Señor, conviérteme a Ti... ¿Y si hoy te digo que sí... y te dejo hacer en mí...? Seguro que escucharé al Cielo que exulta de alegría conmigo y por mí... (cfr. Lucas 15, 7)

Canción: Y si hoy
Autor: Paola Pablo
https://youtu.be/t93Yuo1hwm4



13 febrero 2020

La hora de los laicos

Hace unos días hablaba con un amigo sobre su parroquia. Me contaba algunas dificultades, algunas ilusiones... 

En especial me habló, con dolor, de su párroco que, por un tema de salud, no termina de encontrarse al 100% aunque intenta disimularlo. Y esta situación le ha cambiado el carácter. Sus parroquianos se han dado cuenta y, para dolor de mi corazón, escuchaba las murmuraciones a las que mi amigo hacía frente casi todos los días hablando del párroco.

Reconozco que, aunque el Señor va trabajando mi carácter, muchas veces me puede el genio (me arrepiento al instante). Sobre todo con cosas como estas. 

Me pregunto a qué estamos esperando los laicos para hacer realidad el llamamiento que nos hizo nuestra Madre Iglesia en el Concilio Vaticano II. Se nos llena la boca diciendo que es la hora de los laicos, que por qué los curas son tan clericales y acaparan todo el "poder" y a los laicos no se les deja... y tontunas (con perdón de la expresión) semejantes. 

Me refiero, evidentemente, a lo último, porque sí que es la hora de los laicos. Pero no es la hora de criticar, sino de tomar las riendas seriamente. Y tampoco es la hora de tomar estas riendas únicamente buscando ese supuesto "poder", sino en la responsabilidad profunda que tenemos nosotros también como Iglesia. 

Y le preguntaba a mi amigo: ante lo que les escuchas decir, ¿les preguntas si oran por su párroco? ¿Oran por sus sacerdotes? ¿Se ofrecen y sacrifican por ellos? ¿Piden por sus necesidades e intenciones? ¿Piden por las necesidades de la parroquia y sus feligreses, que son sus hermanos en Cristo? ¿Tienen ratos de oración largos en comunidad donde se rece especialmente por la parroquia y todos sus miembros? Pues... ¿a qué están esperando? 

¿Se ofrecen o se "ponen a tiro" por si hay que necesitarles para algún servicio? ¿Lo realizan con humildad, agradecimiento, en equipo y sencillez, o buscando que les vean y por vanagloria? ¿O seguimos tirando del cura para todo? Porque es muy fácil criticar y que se nos llene la boca de cosas, pero cuando toca remangarse y limpiar el barro que se nos pueda haber ido colando en casa... 

Aún no he tenido oportunidad de leer el último documento del Papa Francisco sobre la Amazonía, pero por algún comentario que he oído creo que va en esta línea. Porque no, no es cuestión de que los curas se casen o las mujeres seamos ordenadas. Que no. Que es cuestión de asumir con profundidad y responsabilidad el maravilloso puesto que el Señor nos ha asignado (vocación) a cada uno en el seno de la Iglesia. Saberse parte de ella, amarla en sus fragilidades, entregarse por ella como Cristo lo hizo (porque somos cristianos, ¿no?, por el bautismo somos sacerdotes, profetas y reyes como Él, así que hay que vivir como Él), y luchar cada día para que nuestra Madre muestre a través de nosotros su mejor rostro. Es decir, ser santos... en el hermoso lugar que se nos ha asignado, estando siempre Cristo en el medio.

"Tan importante es el puesto que Dios les ha asignado, del que no les es lícito desertar" 
(de la Carta a Diogneto)

Tal vez esta es una buena ocasión para releer esta hermosa carta, rezar con ella, asumirla en nuestras vidas. Porque somos parte de este cuerpo, que es la Iglesia. Somos miembros, ¡miembros!, no vivamos como si lo que ocurre en ella no fuera con nosotros. 

Aquí os dejo el enlace por si queréis leerla: http://www.vatican.va/spirit/documents/spirit_20010522_diogneto_sp.html

Que nuestra vida, con toda su pobreza, dé siempre Gloria al Señor. 

Canción: Háganlo todo
Autor: Jonatan Narváez
Intérprete: Athenas



21 diciembre 2019

¿A qué esperamos? (2ª parte)

Todo es don y tarea. Don del Espíritu Santo, que nos guía y santifica, y tarea por nuestra parte para que lo que Él quiere hacer con nosotros y a través de nosotros se lleve a cabo.

El tema del don no es cosa nuestra: es obra del Espíritu y Él sabe muy bien cuándo y de qué modo obrar.

Pero el tema de la tarea… eso sí que es cosa nuestra y bien nuestra. ¿Cómo me dejo hacer por el Espíritu? ¿Soy dócil a sus inspiraciones? ¿Pongo de mi parte todo lo que está en mi mano para que Él pueda hacer de mí otro Cristo en medio de este mundo?

A lo mejor pensamos que son cosas que no están a nuestro alcance, pues ser santo a veces nos puede parecer eso: que no está a nuestro alcance. Pero si leemos la vida de algún santo veremos que estaban hechos de carne y hueso, virtudes y pecados, como tú y como yo. Sólo que intentaron ser lo más dóciles posible y pusieron de su parte también todo lo posible.

En unos días comenzamos el año nuevo. Y ya sabemos, parece que el día 1 de enero es el “pistoletazo de salida” para muchos propósitos: que si adelgazar todo lo que he acumulado en el año anterior, que si ser más paciente con ese familiar, compañero… con el que me cuesta tanto convivir, ahorrar un poco más para poder irme a ese lugar de vacaciones o pagar esa deuda pendiente…  

Tengo que reconocer que muchas veces me he creado propósitos bastante inalcanzables… porque no me he puesto manos a la obra para que fueran alcanzables. Creo que esta imagen explica muy bien lo que quiero decir:

Ser cristiano no es cuestión de intentar correr los 100 metros en menos de 9 segundos o subir la cima del Everest al primer intento, como los deportistas de élite no ganan medallas en su primera carrera o se lanzan a escalar las cimas más altas sin haberse preparado físicamente para ello durante bastante tiempo. La excelencia deportiva se consigue con días, meses, años de entrenamiento, pequeños y grandes esfuerzos, pequeñas y grandes elecciones que implican pequeñas y grandes renuncias o sacrificios (porque elegir una cosa a veces implica descartar otra), constantes empezar de nuevo, caerse y volverse a levantar… 

La excelencia cristiana, es decir, ser santo se consigue con días, meses, años de entrenamiento, pequeños y grandes esfuerzos, pequeñas y grandes elecciones que implican pequeñas y grandes renuncias o sacrificios (porque elegir una cosa a veces implica descartar otra), constantes empezar de nuevo, caerse y volverse a levantar…

¿Qué te parece si juntos proponemos unas cuantas tareas que sí que están a nuestro alcance para caminar en santidad en este próximo año que comienza? Yo digo unas cuantas y te invito a compartir todas las demás que se te ocurran. Así, entre todos, nos ayudaremos a caminar en el Señor. No están ni mucho menos ordenadas por orden de importancia, todas son necesarias:

*ORACIÓN: “María, por su parte, guardaba todas estas cosas, y las MEDITABA en su corazón.” (Lucas 2, 19). Ya dije en la entrada anterior que no ponía las mayúsculas en este texto por casualidad. La Virgen María custodiaba con cariño los acontecimientos de Dios en su vida y luego los meditaba en su corazón. Es decir, oraba. ¿Un amigo se puede considerar buen amigo si no trata nunca con su amigo? A mí me parece que no. Sin un tiempo diario de compartir con el Señor nuestra vida, no podemos considerarnos verdaderos cristianos ni crecer en las virtudes, en caridad… en santidad.

*SACRAMENTOS: “Los pastores se volvieron GLORIFICANDO Y ALABANDO A DIOS por todo lo que habían oído y visto” (Lucas 2, 20). ¿Queremos dar Gloria a Dios en nuestra vida? Acudamos a su encuentro en los sacramentos. Algunos ejemplos: sin la Eucaristía no podemos vivir, pues es el mismo Cristo quien nos alimenta para vivir de Él y como Él. ¿Si sólo comiéramos los Domingos, mantendríamos las fuerzas para trabajar, estudiar, vivir… toda la semana? ¿Podríamos vivir en una casa que sólo se limpiara una vez al año? ¿Entonces por qué vivimos con nuestra alma llena de la basura del pecado, teniendo tan a mano el regalo de una “buena limpieza” frecuente y que nos ayuda a volver a empezar? 

*LECTURA ORANTE DE LA PALABRA DE DIOS: “«Vayamos, pues, hasta Belén y veamos lo que ha sucedido y el Señor NOS HA MANIFESTADO.»” (Lucas 2, 15). Dios nos sigue hablando a través de su Palabra, pues es Palabra viva que engendra en nosotros su misma Vida. ¿Cómo dices que Dios no te habla si te ha dejado un libro entero donde abre su Corazón? Formado, además, por 73 libros. Con sólo leer los textos que la Madre Iglesia nos propone todos los días en la Misa ya le damos un buen repaso a la Biblia. Y con todos los comentarios que podemos encontrar en libros, internet, redes sociales… podemos alimentar un poco más lo que el Espíritu nos haya comunicado tras orar nosotros esa Palabra.

*ACOMPAÑAMIENTO ESPIRITUAL: “…los pastores se decían unos a otros: «Vayamos, pues, hasta Belén” (Lucas 2, 16). Ya sabemos aquello de que “un ciego no puede guiar a otro ciego”. Un buen acompañante espiritual, que también quiera ser santo, es básico para poder caminar. Qué bien nos hacen los que nos quieren cuando nos animan, nos ayudan a ver lo que nosotros no vemos, nos corrigen para que seamos mejores… Una regla básica del montañismo es nunca adentrarse solo en un monte, por los peligros que eso supone. Entonces, ¿por qué nos empeñamos en caminar solos en la fe?

*INTENTAR VIVIR LAS VIRTUDES CRISTIANAS EN LO PEQUEÑO Y COTIDIANO: “… y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre” (Lucas 2, 16). Todo un Dios se hace un pequeño niño y se deja recostar en un humilde pesebre para nuestra salvación. ¿Hay mayor acto de amor y humildad? Yo no sé tú, pero a mí me resulta imposible vivir a lo grande la caridad y las virtudes cristianas. Cada vez que lo intento, meto la pata casi al instante. Tal vez te ocurre lo mismo y esos grandes propósitos al final se quedan en nada. Pero sí podemos hacer pequeñas cosas que, juntas, van formando un “gran todo”: ceder a otra persona el sitio en la cola de la compra si notamos que tiene prisa, estar atentos a ceder el asiento en un sitio público, sonreír a quien nos alarga la mano para pedir una limosna y no dársela sin mirarle a los ojos, aguantar con paciencia un mal movimiento con el coche de otros conductores, hacer un pequeño sacrificio sin que nadie se dé cuenta… 

*APROVECHAR OTRAS HERRAMIENTAS QUE NOS DA LA TRADICIÓN DE LA IGLESIA Y COMPARTIR CON OTROS EL REGALO QUE HEMOS RECIBIDO: “Al verlo, DIERON A CONOCER lo que les habían dicho acerca de aquel niño; y TODOS LOS QUE LO OYERON se maravillaban” (Lucas 2, 17-18). Los regalos espirituales crecen si los compartimos. En la historia de la Iglesia el Señor y la Virgen, a través de nuestros hermanos en la fe, nos han dejado muchas herramientas para crecer en santidad. La lectura espiritual (el Catecismo, textos del Magisterio, libros sobre nuestra fe, de santos…) y el rezo de oraciones como el Rosario, la Coronilla… son de inmejorable ayuda como alimento de nuestras almas. Y el compartir nuestro testimonio, lo que el Señor está haciendo con nosotros, en lo pequeño y cotidiano, ayudará a otros a poder identificar cómo Dios sigue actuando en la historia de la humanidad y también en sus propias vidas. 

Son algunas ideas. Te invito a compartir las tuyas y así enriquecernos entre todos. Como dice San Pablo: 

“Animaos, por el contrario, los unos a los otros, cada día, mientras dure este hoy, para que ninguno de vosotros se endurezca, engañado por el pecado.” (Hebreos 3, 13)

Hermanos, comencemos este año nuevo con anhelos de santidad. Dios, más que nadie, nos quiere santos. Como María, como los santos, pongamos nuestro pequeño sí en nuestro pequeño hoy. Él se encargará del resto.

Canción: Hágase en mí
Autora: Celinés Díaz





17 diciembre 2019

La intuición de Juan Bautista era correcta

"En aquel tiempo, Juan, que había oído en la cárcel las obras del Mesías, mandó a sus discípulos a preguntarle: ¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?"

Así comenzaba el pasado Domingo día 15, III de Adviento, el evangelio según san Mateo (11, 2-11) que se leía en la Eucaristía.

Escuché y leí varios comentarios-homilías ese día, y en todos ellos se hablaba del dudar, de las faltas de fe, que todos podemos vivir momentos de dudas y oscuridad como el de San Juan Bautista... Todos ellos fueron enriquecedores, pero no encontré en ninguno lo que yo sentí orando este evangelio y que ahora os quiero compartir:

Juan era el precursor, la voz que clamaba en el desierto, quien urgía a la conversión del corazón para preparar la venida del Mesías. Su vida era urgencia porque Aquel que anhelaba su corazón estaba por llegar, pronto, muy pronto.

Y entonces es encarcelado. Como en la imagen que comparto, elegir a Dios y vivir en la verdad nos puede traer muchas veces sufrimiento, incomprensión y lejanía de aquellos que amamos, persecución de aquellos que no nos quieren, soledad, el corazón se nos vuelve a romper... Es profundamente doloroso muchas veces elegirle y elegir vivir en la verdad. ¿Pero qué otra cosa podemos hacer?

Creo que San Juan Bautista vivió esto en la cárcel. No creo que tuviera dudas de fe. Creo que la urgencia de su corazón le hacía clamar por conocer si Jesús era el Mesías que él esperaba. No por dudas, sino porque sabía que su fin, su muerte, estaba cerca y su corazón necesitaba descansar en la certeza de haber cumplido su misión. De no haber fallado al Espíritu de Dios que le movía.

Con profunda humildad hace llegar su pregunta, intentando comprender los designios del Dios Amor al que había entregado su vida y que ahora le había llevado a la cárcel sin saber si la intuición de su corazón era correcta: que Él estaba cerca. 

Y me imagino a Juan descansando, aún en medio de su sufrimiento y soledad, con una media sonrisa al recordar la respuesta que le había mandado traer Jesús: "Id y anunciad a Juan lo que estás viendo y oyendo...".

Sí, Juan, tu intuición era correcta. Tu docilidad al Espíritu Santo te llevó a cumplir la misión para la que habías nacido. Ahora sufres y estás solo, pronto morirás, pero has sido un fiel cumplidor, en lo poco y en lo mucho. ¡Entra en el gozo de tu Señor! (cfr. Mateo 25, 23). Y allí, de sus propios labios, escucharás la hermosa alabanza que quiso que quedara escrita para la posteridad: "En verdad os digo que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan el Bautista".

Querido Juan, enséñanos a amarle, a esperarle y a clamar, como tú, ¡ven, Señor Jesús!


Canción: Enséñame a amarte.
Autor: Juanjo Trujillo
Intérprete: Azeneth González






20 noviembre 2019

Testimonios Familias Invencibles - Teresa y Fernando (2)

¿Cómo ha sido nuestra experiencia al “exportar” Familias Invencibles (FFII) fuera de España?

Hace cinco años, cuando nuestros hijos tenían 15, 13 y 11 años la vida nos llevó a Alemania por circunstancias laborales. Estábamos muy bien en España pero muy estresados. En Alemania vimos una clara oportunidad de mejora laboral. Yo, además, podría permitirme dejar un trabajo y mejorar con ello mi salud que ya se resentía y los niños aprenderían alemán y perfeccionarían su inglés y francés. Todo encajaba como un puzle, porque Dios en Su Providencia divina tiene un plan precioso para cada persona y cada familia, solo hay que escucharle en oración. Y todo nos cuadró muy bien y nos fuimos muy seguros y contentos. Los niños se adaptaron muy bien. La vida en Alemania es genial en muchos aspectos y como encima teníamos más ingresos podíamos mantener nuestra casa de España y venir a menudo. Todo iba perfecto en todos los aspectos: profesional, personal y familiar. 

Al ir allí nos relajamos mucho como familia, pues la vida en Alemania es más tranquila y los niños se han hecho trilingües, pero echábamos de menos una cosa: los grupos de oración, esos ambientes únicos e insustituibles. Pues todo lo demás lo pudimos suplir: el aceite de oliva virgen extra y el jamón ibérico venían por Internet de una cooperativa, todo lo que un español pueda echar de menos allí lo suplimos y mejoramos con creces. La familia venía a vernos a menudo y nosotros también íbamos mucho a España. Aprendimos a esquiar y nos encanta, pero esos grupos de Cruzados de la Virgen…, esos ratos preciosos de oración en familia con las FFII… Esos ratos de tocar la batería y la guitarra en la iglesia (en Alemania imposible meter una batería en nuestra iglesia). Pasamos de tener bastantes actividades religiosas muy buenas a no tener nada… Teníamos miedo de que nuestros hijos se enfriaran en la fe y en los valores cristianos. La fe en Alemania, además, es bastante fría… 

Un día hablé con una amiga de la carrera con la que me había reencontrado en Frankfurt. La vi en misa con sus hijos y le dije: -“Tengo miedo de que mis hijos se enfríen en la fe, podríamos hacer oración juntas con los niños una vez al mes; echamos tanto de menos un grupo de oración en familia que teníamos en España…”. Le hablé del grupo de FFII de Madrid, al que llevábamos yendo 13 años. Ella me contestó literalmente: -“Teresa, te envía Dios, porque mis hijos, especialmente la de 14 está muy rebelde, esto es justo lo que yo buscaba… Mis hijos necesitan hacer ambiente con otros niños, pero a ver cómo convencemos a mi marido…”.

Esta mujer, S., ha dado todo su apoyo con una gran generosidad y entrega, y ha sido clave para la constitución de este grupo de FFII en Frankfurt. Su marido ha tenido una conversión muy bonita y profunda y se nos han ido acercando muchas otras familias del colegio, del trabajo, vecinos… Nuestros hijos han invitado a niños de su colegio que ahora vienen con sus familias. Tenemos una familia que no pisaba la iglesia, el padre era muy reacio a hacer oración, pero mi hijo invitó al suyo y decidieron probar… Están encantados, los niños han aprendido a rezar el Padre Nuestro en nuestro grupo y ¡este padre no falla a una sola reunión!. Le gusta mucho. Hemos celebrado ya el tercer curso juntos reuniéndonos todos los meses y somos unas 50 personas (14 familias).

El esquema que seguimos es el siguiente: nos reunimos en las casas, ponemos una imagen de María en el centro, unas velas y unos cojines en el suelo donde los niños se sientan muy contentos. Primero hacemos un rato de oración juntos: los niños comienzan leyendo unos párrafos de una oración que nos regaló la abuela de mi amiga, que estuvo en la primera reunión, y después cada uno, de cualquier edad, le dice cosas libre y espontáneamente a Dios (oración de alabanza, de acción de gracias, de adoración, de entrega, de invocación al Espíritu Santo…). Después de una media hora hacemos peticiones u oración por alguien que lo necesite: exámenes, temas de salud… y rezamos juntos el Padre Nuestro. Posteriormente contamos un cuento relacionado con el tema que vamos a ver y después un padre o madre expone un tema relativo a un valor cristiano: la solidaridad, el perdón, la oración, la perseverancia, la comunicación, la escucha activa a nuestros hermanos, hijos, esposos, a Dios…, la fuerza de voluntad, el uso de móvil y redes sociales, la humildad (este tema lo dieron dos adolescentes, mis hijos, y ese día la sala estaba llena hasta los topes de adolescentes...). Tras explicar el tema hacemos un pequeño coloquio o debate y nos ponemos deberes para mejorar en ese aspecto durante el mes. Después cenamos juntos de lo que llevamos cada uno. Siempre hacemos también una excursión o salida al año. Este curso nos hemos propuesto hacer juntos el Camino de Santiago con los hijos: caminaremos 5 etapas, 5 días, y tenemos previsto llegar el Viernes Santo a Santiago de Compostela.

Nuestra experiencia exportando FFII fuera es, por tanto, muy positiva. Hemos visto que hay mucha sed e inquietud religiosa, que es muy importante darles valores e ideales altos a los hijos, que a los hijos les gusta participar en los coloquios y ver que sus padres también intentan ser mejores personas. Los hijos se abren bastante, están receptivos y hacen muchas preguntas. Hemos visto también que hay que volver a lo fundamental, a ser conscientes de la importancia de la oración, del sacramento del matrimonio, de trabajar los valores, de nuestra misión como familias, de mejorar como personas. Este formato es muy interesante porque permite llegar a muchas personas, es muy libre y abierto y atrae a otras familias, aunque no sean creyentes, con los temas de valores y educación de los hijos. Hemos visto a tres padres que han empezado a ir a misa y orar. Es muy bonito verlo y ver que Dios te usa como instrumento. Muchas madres nos dicen que esta oración y reflexión juntos les da el “oxígeno necesario” al mes y que lo notan mucho en sus hijos. Igual que nosotros lo notamos en su día en el grupo de Madrid… 

Nosotros acudíamos básicamente porque notábamos el efecto de profundización en la fe en nuestros hijos. FFII nos ha permitido evangelizar y hacerlo juntos como familia, y esto nos ha unido mucho y nos ha traído muchas bendiciones como familia. También hemos visto que es muy importante tener una vida comunitaria, no estar solos. Las familias necesitan de otras familias para escucharse, apoyarse, salir de sí mismas, escuchar a otras y ayudarse entre ellas a superar los retos y crecer espiritualmente. Todos crecemos juntos, aislados nos encerramos en nuestros problemas y nos debilitamos. Aislados y separados los hijos acaban dejando la fe… En FFII nuestros jóvenes y adolescentes trabajan su fe y sus valores cada mes, y dicen que disfrutan más la misa porque ahora la entienden.

Nos llamamos Familias Invencibles de Alemania para el Tercer Milenio (FIAT) y decimos que somos “Invencibles” no porque seamos más listos ni más fuertes, sino porque hemos puesto a Dios y los valores en el centro y a María, que nos ayuda muchísimo, y ninguna enfermedad, paro o división nos apartará de nuestro objetivo que es cumplir la Voluntad de Dios. 

No todo es bonito y de color de rosa, por supuesto nos enfrentamos también a muchos retos y desafíos. Por ejemplo, el grupo crece y ya no cabemos en las casas… Un día nos fuimos a la parroquia porque nos dio la charla el Padre Tobías, un sacerdote alemán encantador, pero este año los bajos se han inundado y lo están renovando todo, van a tirar el edificio entero y no podremos usarlo en muchos meses… Y además este sacerdote está únicamente de paso, no lo destinan de forma permanente… También el idioma es un desafío, pues tenemos familias de varias nacionalidades. Si continuamos en español nos cerramos a crecer, si pasamos a alemán o inglés se nos irían muchas familias que están ahí precisamente porque el grupo es en español y quieren que sus hijos hablen español… 

Un buen día se nos unieron dos familias protestantes: mis vecinos alemanes, los cuales no saben español pero les encantó el grupo. Les pareció una idea genial, dijeron que crearían su propio grupo algún día. En Alemania hay muchos protestantes y pocos católicos, pero bueno, estas cosas no nos tienen que inquietar porque Dios sabe más y Él provee, nosotros únicamente tenemos que orar, ponernos en manos del Señor y de María y ellos nos indican lo que debemos hacer y nos dan la fuerza para cumplirlo. Además, hemos notado que trabajar por el Señor desde FFII, aunque a veces nos agota, nos ha traído innumerables bendiciones para nosotros y nuestros hijos.

Hay grupos de FFII prácticamente en toda España y en Frankfurt Os animo a probarlos si tenéis hijos, son una maravilla y un bien muy necesario para esos años en que los niños son menores y apenas tenemos tiempo de acudir a otros grupos y actividades. De jóvenes y adultos ya elegirán ellos dónde desean implicarse e irán donde Dios les ponga, si es que les hemos enseñado a escucharle y les hemos dado una formación religiosa sólida y alegre. Nuestros hijos son nuestra primera responsabilidad, es de lo primero de lo que se nos va a pedir cuentas y hemos de formarlos muy bien y darles ejemplo y en FFII se nos da la posibilidad de crear esos entornos únicos y originales, alegres y variados, creados por los propios padres, donde el Señor actúa para su Gloria. ¡Todo sea para su Gloria! Amén.


09 noviembre 2019

Testimonios de Familias Invencibles - Teresa y Fernando (1)


Hoy terminamos nuestro recorrido por el testimonio de familias que participan en los Encuentros de Familias Invencibles (FFII) en España con la familia Wagener-Díez. Por distintas circunstancias, tuvieron que ir a vivir a Alemania. Allí han sentido la llamada y la necesidad de “exportar” la realidad de Familias Invencibles a su nuevo hogar. Nos habla Teresa.

Gracias Elena por la posibilidad de reflexionar sobre nuestra experiencia en FFII. Para nosotros ha supuesto confirmar nuestra vocación y misión como familia, una oportunidad de evangelizar a otras familias y, sobre todo, un impulso y apoyo para cuidar la fe de nuestros hijos. Hay un antes y un después de conocer FFII en nuestra vida.

¿Qué nos ha supuesto conocer FFII personalmente, como matrimonio y como familia?

Mi marido, Fernando Wagener, formaba parte de la Renovación Carismática Católica cuando yo lo conocí, teníamos ambos 17 años, él tocaba la guitarra en un grupo de oración carismática los martes por la tarde. Yo era de Schoenstatt desde los 13 años, un movimiento mariano de origen alemán extendido ahora por todo el mundo; había entregado mi vida a la Virgen María y tenía un voluntariado con mi grupo de jóvenes de Schoenstatt en el Hospital Clínico San Carlos en la Plaza de Cristo Rey de Madrid. Hacíamos acompañamiento de pacientes, atención a enfermos solos y necesitados de gestiones varias y compañía, preparábamos las misas con uno de los tres capellanes del hospital, D. Macario, cuidábamos de niños ingresados hasta que llegaban sus padres del trabajo, etc.
A mis 17 años estando en la piscina municipal un día mi madre y mi hermana me sacaron a toda prisa: -“Tere, corre, ven, hemos descubierto un grupo muy curioso en Majadahonda donde la gente reza alabando, cantando y alzando las manos y se parecen a los primeros cristianos, tienes que verlo, ¡te gustará!”. Mi madre tenía una gran inquietud religiosa y siempre se preocupaba por mostrarnos a mí y a mis hermanos distintos grupos, movimientos o corrientes de espiritualidad, pues estaba convencida de que en alguno de ellos encontraríamos nuestro camino. Además, yo sentía que la Virgen me impulsaba muy fuerte a conocer a Dios Padre, a Dios Hijo y ahora me acercaba a Dios Espíritu Santo… Salí chorreando de aquella piscina a conocer el grupo y allí estaba mi futuro marido tocando la guitarra… Nos hicimos muy amigos.

Al hacernos novios al cabo de un año él se implicó en mi voluntariado y en un grupo de jóvenes de Schoenstatt, y yo en el grupo de oración carismático de los martes y en el coro de su parroquia. La devoción mariana y la excelente formación de Schoenstatt casaba a la perfección con la profundidad y la riqueza de oración de la Renovación Carismática. Así que en el terreno personal FFII no nos aportó gran cosa que no conociéramos ya, pues ambos teníamos bastante formación y muchas experiencias de fe y de dejar obrar al Espíritu Santo en nuestras vidas.

Acudimos juntos de novios y de casados a ese grupo carismático que nos unió durante muchos años y fuimos a todas las Asambleas Nacionales. Pero en una familia ocurre que cuando empiezan a llegar los niños, con la conciliación de la vida laboral y los hijos ya no te queda tiempo para más, con los niños pequeños nos era imposible acudir al grupo los martes a las 20.00… Era la hora de la vuelta del trabajo, de los baños y cenas, etc. Dejamos de acudir a ese grupo de oración carismática. A las 20.00 yo salía de impartir clases en la universidad y Fernando bañaba a los niños mientras yo conducía a toda prisa por la autopista para llegar a hacer la cena, cenar juntos y acostarnos agotados. Así es la vida con 3 niños pequeños, es muy absorbente y agotadora, no te queda tiempo para ti. Yo tenía además dos trabajos, así que abandonamos ese grupo semanal sintiendo que traicionábamos nuestras raíces y nuestra historia, pues allí nos unió Dios.

Como sentíamos que nos faltaba la oración comunitaria, aunque hacíamos oración los Domingos en misa, nos apuntamos a un grupo de matrimonios los viernes por la tarde pero íbamos agotados y no nos gustaba dejar a los niños en casa gastando un dinero que no teníamos en una chica que los dejaba a su aire con la Play Station y nosotros mientras tanto viviendo nuestra fe de manera aparte… Sentíamos que debíamos integrarlos, que debíamos hacer algo con ellos, juntos como familia, pues nos preocupaba su formación religiosa y en valores. Desde un principio buscábamos que no tuvieran uno sino varios ambientes sanos donde crecer y desarrollarse, pues luego nunca sabe uno en cuál de ellos deciden quedarse. Así que igual que mis padres hicieron conmigo los llevamos a conocer Schoenstatt, los Focolares, la parroquia (somos del coro desde hace 30 años), todas las Asambleas carismáticas y la Pastoral del colegio. Se implicaron en numerosos ambientes muy sanos y muy buenos. Pero siempre eran ellos por un lado y nosotros por otro. Hasta que mi cuñada Pilar llegó un verano emocionada de un Encuentro en Galicia, y nos dijo que había visto a los padres orar junto con los hijos y hacer actividades juntos, y que le había gustado mucho. Y me preguntó si queríamos hacer lo mismo con ellos en Madrid: formar un grupo de oración y formación en familia un sábado al mes. Nos pareció que era justo lo que buscábamos, ¡esa era nuestra inquietud! Además, en un formato estupendo, que no estresa ni altera la vida familiar, una tarde de sábado al mes, era justo lo que sentíamos que debíamos hacer, integrar a nuestros hijos, trasmitirles la fe, así que empezamos con mis cuñados ese grupo de Familias Invencibles (FFII). Éramos solo 3 familias…

En ese grupo mensual de FFII de Madrid mis hijos han crecido, han tenido experiencias de oración, de fe, de reflexión, de profundización en la fe, una fe viva, donde ven a unos niños, jóvenes y adolescentes que oran, a unos padres que vibran con la oración… Donde hemos vivido tanto y hemos visto el efecto tan bueno en nuestros hijos. Ellos nunca nos han dicho, por ejemplo, que no querían ya ir a misa... como les ocurre a tantas familias, porque hemos tenido la suerte de tener este grupo de FFII y también un excelente párroco que les deja meter todo tipo de instrumentos en la iglesia y mis hijos tocan la batería y la guitarra eléctrica en una iglesia llena de jóvenes.

 Nuestros hijos tenían, por tanto, sus grupos de Schoenstatt quincenales con chavales de su edad, el grupo de FFII de oración en familia un sábado al mes y además ayudábamos en la parroquia con el coro. En FFII trabajábamos la oración espontánea de padres e hijos y también los valores cristianos y temas de fe; por ejemplo, explicar las Bienaventuranzas, el perdón, la alegría cristiana, la oración, etc. Mis hijos han crecido ahí y le deben tanto a este grupo de FFII de Madrid. El grupo creció mucho, ahora lo integran muchas familias.