domingo, 24 de marzo de 2019

Dejándose "atufar" por Dios (III Domingo de Cuaresma)

Me encanta cuando el Señor me sorprende. Y la verdad es que suele ser muy a menudo. Cuanto más nos acercamos al Señor y a su Amor, más nos damos cuenta del abismo de Misericordia que hay detrás y todo se convierte en una continua novedad y sorpresa. Y como este abismo es insoldable, infinito, inabarcable desde nuestra pobreza... pero puesto a nuestro alcance por su parte con profunda ternura y delicadeza... no hay palabras para expresar tanta gratitud.

Y hoy el Señor me ha sorprendido de nuevo. En miles de pequeños detalles. Me quedo con uno: la lectura del evangelio de hoy (que os invito a rezar con profundidad pues, como siempre, no tiene desperdicio. Aquí lo podéis encontrar: https://www.vaticannews.va/es/evangelio-de-hoy.html)

Como si lo escuchara/rezara por primera vez, me he quedado "enganchada" en la palabra estiércol. Desde hace unos días, en mi ciudad se nota el comienzo de la primavera. Andar por las calles se convierte en toda una maravillosa aventura llena de disparidad de olores, mezclando el aroma de las incipientes flores con el profundo "tufillo" del estiércol.

Y hoy el evangelio me dice que, para que mi vida dé fruto, el Señor ve necesario echar estiércol en ella. Huele mal, está creado con excrementos de animales, si lo pisas vas dejando una huella negruzca... pero es necesario. Para Dios es necesario porque para mí es necesario.

Y en esa imagen del estiércol cada uno de nosotros puede poner tantas cosas... Nuestras pobrezas, nuestros pecados, todo aquello que nos hace sufrir y temblar, nuestras cruces... 

A mí me encantaría ser una eterna primavera: siempre llena de luz a raudales, de flores hermosas y aromáticas, de frutos frescos de colores vivos... Pero para ello necesito el estiércol en mi vida... Y si Dios lo ve necesario, ¿por qué me asusto cuando llega?

¿O por qué me asusto cuando llega a la vida de los demás? Creo que a veces "atufamos" cuando el Señor nos está arando, cavando y fertilizando con el estiércol. Nadie más interesado que Él en que demos fruto, así que lo hace a conciencia. Y que cave en nosotros para sacar las malas hierbas duele, claro. Y nos surge la queja, la tristeza, la frustración, la desesperanza o incluso el grito de dolor. Y queremos que Dios y que todo el mundo a nuestro alrededor se compadezca de nosotros y que nos tenga paciencia. ¿Pero somos nosotros pacientes y misericordiosos con el "tufillo" de estiércol de los demás? ¿Acaso nosotros no somos tan pecadores como ellos? (cfr. Lucas 13, 2). O más, mucho más...

Yo hoy le pido al Señor la Gracia de acercarme al hermano como tierra sagrada (cfr. Éxodo 3, 1-8a.13-15) en la que el Señor está trabajando. Sin juicio, sin queja, con profundo respeto por la obra maestra que Dios está haciendo en su alma. Porque, aunque ahora "me atufe", Dios está escavando en su vida para dar como fruto a un santo. Igual que lo está haciendo conmigo, porque mi alma también es tierra sagrada que Dios ama y que Dios trabaja para hacerme santa. Algún día oleremos a la santidad de Cristo, sólo hay que tener paciencia, como Dios la tiene con nosotros.

Quiero dejarme arar por ti, Señor, porque quiero que hagas tu obra en mi vida. Como Tú quieras, al modo que Tú quieras. Como la Virgen María, como los santos.


Canción: En tus manos
Autor: Jesús Cabello
https://youtu.be/YFjQ_fmDmf4


sábado, 16 de marzo de 2019

No te conformes... (II Domingo de Cuaresma)

Hoy el apóstol Pablo, en su carta a los Filipenses, 3, 20, nos dice:

"Nosotros somos ciudadanos del cielo, de donde aguardamos un Salvador: el Señor Jesucristo".

A veces me pregunto si nos creemos estas palabras en serio. Si vamos por la vida con la certeza de nuestra dignidad de hijos de Dios, con la confianza de tener una naturaleza pecadora pero redimida y llamada a la santidad. 

O tal vez, como Pedro y compañía en el evangelio de hoy (cfr. Lucas 9, 28b-36) , nos quedamos "dormidos" en una vida tibia, conformándonos con "lo que nos toca" y sin más expectativas que la vida cotidiana y "rutinaria" de cada día. 

Pues... ¡ya es tiempo de despertar! La Gloria de Cristo está ante nosotros, en esa vida cotidiana que no por ello deja de ser preciosa y llamada a la santidad. Sí, ¡a la santidad! Porque...¿para qué crees que la Iglesia nos regala este tiempo de Cuaresma? ¿Para quedarte más o menos igual, con algún pecadillo y algún kilo de menos? ¡Pues no sólo eso! Es un tiempo de purificación, de cambio, de dejarse hacer...¡santos! ¡Esa es la vida nueva pascual: la santidad!

No te conformes con "las tres tiendas". No te conformes con mirar al cielo y contar las estrellas, como Abraham (cfr. Génesis 15, 5-12.17-18). CREE. Cree y verás la Gloria de Dios actuando en ti, pasando en medio del pueblo con el que caminas (ya sea parroquia, grupo, comunidad, movimiento... o tu mismo barrio o ciudad) y manifestándose en lo más profundo de tu ser, donde escucharás su voz llamándote mi hijo amado, mi hija amada.

Estamos llamados a una alta vocación, a una vida muy grande, a ser santos... No nos conformemos con menos...


Canción: Pablo Collazo
Autor: Reflejo de tu Amor
https://youtu.be/TYpIbx8USEA


sábado, 9 de marzo de 2019

Hay que tomárselo en serio... (I Domingo de Cuaresma)

Hace poco fui a visitar a un anciano religioso claretiano. Después de una vida religiosa de unos 70 años, el compartir fue un regalo. 

En un momento dado, entramos en "profundidades espirituales". Y me animé a hacerle una pregunta: "desde tu experiencia espiritual, ¿qué me dirías para ayudarme a luchar contra el orgullo y la soberbia?"

Su respuesta me impactó. Sinceramente, esperaba las "típicas" respuestas, los "típicos" consejillos que se suelen decir en estos casos. Pero su respuesta fue bien clara. Bueno, realmente me contestó con una pregunta: "¿tú qué opinas del demonio y su falta de respeto absoluta a Dios?".

Me quedé a cuadros. Y la verdad es que tiene toda la razón del mundo. La soberbia y el orgullo son reflejo del acto de desobediencia del demonio hacia Dios. Y lo mismo podemos decir de todo lo demás: la pereza, la ira, la mentira, la gula, la vanidad... El maligno sabe muy bien por dónde tentarnos.

Cada uno tiene su "piedra de toque", aquella o aquellas que nos hacen caer... Es importante identificarlas, ponerles nombre, para poder enfrentarlas y presentarlas al Señor para que las sane y para que infunda la Gracia de su Santidad en cada una de ellas.

Y la Cuaresma, como tiempo fuerte, es un momento privilegiado para poner nombre a la tentación y enfrentarla. Hoy Jesús, en el Evangelio (Lucas 4, 1-13), nos da muy buenas claves para esto segundo. Os dejo tres, a la luz del Evangelio de hoy, por si os ayudan. Pero os invito a leerlo y dejar que Dios os muestre las claves para vuestra propia vida:

1. Responder con la Palabra de Dios. Y para poder hacerlo... hay que conocerla. La invitación de la Madre Iglesia a la oración durante este tiempo puede ser vivida con más tiempo orando la Escritura.

2. Poner a Dios en el centro de nuestra vida. Y con Él ahí, en el trono que le pertenece, todo lo demás de nuestra vida estará colocado en su lugar.

3. Aceptando la voluntad de Dios, que se manifiesta de los modos más insospechados y no siempre como la esperamos. Pero siempre, eso sí, como más nos ayuda aunque inicialmente no lo veamos.

Jesús ya ha vencido. Por ti y por mí. Agarrémonos a su victoria, a la firmeza de su Amor y Misericordia. Nosotros somos débiles, pero Él no. En Cristo se encuentra nuestra victoria.


Canción: Firme
Autor: Miguel Horacio
https://youtu.be/L5D-8jP-68M



lunes, 4 de marzo de 2019

Es hora de quedarse en manga corta

El otro día vi a una persona con ropa de verano. Era un caballero con camiseta de manga corta y pantalón playero.

Es cierto que estos días ha hecho calorcillo pero, más allá de la reflexión sobre el cambio climático, no pude evitar pensar que era demasiado pronto. ¡Ni siquiera ha empezado la Cuaresma!

Y de repente caí: en nada es Miércoles de Ceniza. ¡Qué rápido pasa el tiempo! Va a ser que el caballero tiene razón... Ya es tiempo de "despojarse", de quitarnos todo lo que nos sobra y preparar el corazón para la Pascua.

Por fuera, este clima loco me habla de temperaturas altas para esta época del año.  Los almendros están preciosos, llenos de flores, dóciles al calor del sol. Pero me pregunto... ¿y por dentro? ¿Está mi corazón caldeado? ¿Está mi corazón preparado para florecer?

Yo no sé tú, pero yo necesito ponerme, largo y tendido, delante del Sol de Amor (cfr. Santa Teresita del Niño Jesús) para que mi corazón comience a ponerse "a tono". Por pura Misericordia el Señor me espera, todos los días, en la capilla de mi parroquia. Humilde, paciente, amoroso...anhelante de mi presencia ante Él.

Y poco más queda por hacer. Él ya se encarga del resto, se encarga de irme "tostando": amándome, mostrándome de qué debo despojarme en el sacramento de la Penitencia, preparándome poco a poco durante la Cuaresma para morir con Él el Viernes Santo y resucitar en su Vida Nueva en la Vigilia de Resurrección.

Sí, el caballero tiene razón: comienza la Cuaresma, el tiempo del Amor. Es hora de quedarse en "manga corta".

Canción: Esfuérzate
Autor: Jonatan Narváez
Intérpretes: Dos y Él
https://youtu.be/kETiwAq-yWA





domingo, 24 de febrero de 2019

Qué significa la señal de la cruz en frente, labios y corazón

Os comparto un artículo que me han pedido como colaboración en la página Misioneros Digitales Católicos (https://misionerosdigitales.com/)

¿Qué significa la señal de la cruz sobre frente, labios y corazón 
que se hace en la Eucaristía antes del Evangelio?

Los cristianos hacemos con frecuencia la señal de la cruz sobre nuestras personas o nos la hacen otros ministros, como en el caso de los sacramentos o en las bendiciones. La señal de la cruz es una confesión de nuestra fe: Dios nos ha salvado en la cruz de Cristo. Es un signo de pertenencia, de posesión. Al hacer sobre nuestra persona esta señal es como si dijéramos: estoy bautizado, pertenezco a Cristo, él es mi Salvador, la cruz de Cristo es el origen y la razón de ser de mi existencia cristiana.

Durante las Eucaristías realizamos la señal de la cruz sobre nosotros en tres momentos:

1.    Al comienzo de la celebración: nos santiguamos, es decir, hacemos una gran cruz desde la frente al pecho y desde el hombro izquierdo al derecho cuando el celebrante dice: “En el nombre del Padre (tocar la frente), del Hijo (tocar el pecho) y del Espíritu (tocar el hombro izquierdo) Santo (tocar el hombro derecho)”.
2.    Antes de la lectura del Evangelio: nos signamos, realizamos una triple cruz pequeña en la frente, en la boca y el pecho, al oír las palabras: “Lectura del Santo Evangelio...”. El sacerdote o diácono que va a proclamar la Palabra también hace la señal de la cruz sobre el Evangelio y después se signa él. 
3.   Al finalizar la celebración, cuando el celebrante nos da la bendición, inclinamos suavemente la cabeza y nos santiguamos de nuevo, como al comienzo (también hay que inclinarse para recibir la bendición cuando el obispo la da con el evangeliario, libro que contiene únicamente las lecturas de los 4 Evangelios, en los días solemnes tras su lectura por un diácono o sacerdote concelebrante)

El signarnos antes de la escucha del Evangelio es una fuerte llamada que la Iglesia nos quiere hacer para subrayar la gran importancia que se le debe dar. “Somos llamados a ser un “Evangelio ilustrado”, “el quinto Evangelio”, no escrito con tinta, sino con nuestra propia vida. Acojamos con la mente, anunciemos con los labios, conservemos en el corazón, el tesoro de la Palabra y, a lo largo de este camino, confiémonos al Señor para ser reflejo de la verdadera luz en medio de las tinieblas del mundo de hoy” (Padre Antonio, monje en el Monasterio de San Benito de Monte Subiaco - Italia)

Es un acto hermoso con profundas raíces bíblicas. Por ejemplo, Dios explica al pueblo de Israel que recite una frase particular (“Escucha, Israel…”) de forma diaria, pero también que pongan esa frase “como una marca sobre tu frente” (Deuteronomio 6, 4ss). En segundo lugar, la oración evoca a cuando el profeta Isaías recibió una visión en la que un ángel purificó sus labios con carbón ardiendo (cfr. Isaías 6). Por último, la oración hace referencia a las palabras de la Carta a los hebreos, donde el autor escribe: “La Palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que cualquier espada de doble filo: ella penetra hasta la raíz del alma y del espíritu, de las articulaciones y de la médula, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón” (Hebreos 4,12)

Por tanto, cuando hacemos este gesto en Misa, es verdaderamente una oración profunda que nos abre a las palabras de Jesucristo. Cada vez que escuchamos el Evangelio, Jesús llama a las puertas de nuestro corazón, esperando a poder entrar. 

Solamente tenemos que abrirle la puerta y permitir que su Palabra, llena de Amor por nosotros, transforme nuestra mente para tener los pensamientos de Cristo y mirar a los demás con su misma mirada; 

que llene nuestros labios de Espíritu Santo, para que siempre digamos palabras llenas de amor, ternura y consuelo, nunca de juicio y maldad, y para que proclamemos al mundo entero las maravillas de Dios; 

y que su mismo Corazón se haga carne en el nuestro, para que tengamos sus mismos sentimientos, que amemos como Él nos ama y ama a todos, que seamos otros Jesús en este mundo y construyamos, junto con Él, su Reino de Amor.


Canción: Tu Palabra es mi delicia
Autor: Jésed (Letra: Andrés Degollado. Música: Hugo Oviedo)
https://youtu.be/Hx76XBS9hWg


lunes, 18 de febrero de 2019

Rostros de luz

Hace unos días me encontré por casualidad con una vieja amiga. Una amiga de esas de peregrinaciones diocesanas y risas compartidas. Yo andaba por una parte de Madrid por la que no suelo ir y ella estaba allí trabajando en un centro comercial.

Me encantó el encuentro. Y sobre todo lo que compartí con ella. Su trabajo es cara al público y no parece muy fácil. Sin embargo, no perdía la sonrisa y la amabilidad en ningún momento. 

Hablamos de ello y me dijo que otras personas le habían comentado lo mismo. Incluso un sacerdote que solía pasar por allí una vez le preguntó si era cristiana, pues con su sonrisa "tenía algo distinto, pues mostraba un rostro de luz".

Cuando volvía hacia mi casa pensaba en ello y daba muchas gracias por el regalo de estos "santos de la puerta de al lado" (cfr. Papa Francisco en la Exhortación Apostólica Gaudete et exultate, que puedes leer entera aquí: GAUDETE ET EXSULTATE). Son los rostros visibles del inmenso regalo de la fe y fruto de los dones del Espíritu Santo que recibimos en nuestro Bautismo.

Y me llevó a otro recuerdo, esta vez más cercano: en Navidad tuve ocasión de acercarme a la parroquia donde fui bautizada. Hacía algún tiempo que no iba y me sorprendió ver que habían hecho obras, arreglándola. Empujé la puerta del templo, observando los cambios realizados en la entrada. Y al mirar hacia dentro, con la iglesia en penumbras y el corazón dando gracias por el regalo del Bautismo que allí recibí, mi mirada se quedó clavada en lo que unos focos de luz querían destacar: el imponente Cristo crucificado del presbiterio y una hermosa frase. 

 ERES UN REGALO PARA MÍ

Sí, eso es lo que dijo el Padre sobre nosotros el día de nuestro Bautismo: "Y una voz que salía de los cielos decía: Este es mi Hijo amado (Cristo y tú y yo, hijos amados en Él), en quien me complazco" (Mateo 3, 17)

Es la frase que latía en el Corazón de Cristo cuando daba la vida por nosotros en la cruz, sin mirar nada más que el inmenso Amor que nos tiene y su anhelo por compartir la vida eterna con Él.

Es la frase que dice el Espíritu en nosotros cada vez que dejamos que el regalo del Bautismo se manifieste y somos testigos de su Amor derramado, viviendo como otros Cristos en medio del mundo.

Soy un regalo para Dios. Eres un regalo para Dios. Somos un regalo para Dios. Mi amiga lo es para todos los que diariamente se cruzan con ella, por ser reflejo de todo lo recibido por Él en su vida a través de la fe. Su rostro de luz es reflejo del rostro de Dios. 

"Lo que hemos visto y oído, os lo anunciamos, para que también vosotros estéis en comunión con nosotros. Y nosotros estamos en comunión con el Padre y con su Hijo Jesucristo. Os escribimos esto para que nuestro gozo sea completo. Y este es el mensaje que hemos oídos de él y que os anunciamos: Dios es Luz, en él no hay tiniebla alguna. Si decimos que estamos en comunión con él, y caminamos en tinieblas, mentimos y no obramos la verdad. Pero si caminamos en la luz, como él mismo está en la luz, estamos en comunión unos con otros, y la sangre de su Hijo Jesús nos purifica de todo pecado" (1 Juan 1, 3-7)

Seamos testigos. Seamos luz.


Canción: Hija de Dios
Autora: Verónica Sanfilippo
https://youtu.be/Gje5M8wbctI




domingo, 10 de febrero de 2019

Globo, sé lo que eres

Esta mañana caminaba hacia la parroquia y me encontré con esto:


Justo ayer había leído de pasada una denuncia donde se hablaba de lo malos que son los globos para el medio ambiente. En especial para los animales marinos, pues al caer al agua se creen que son comida y se los tragan. Tal vez por eso, al ver el globo me he fijado más en él y, al seguir mi camino, se me ocurrió una reflexión que ahora traigo a este blog.

Por un instante pensé en su historia. Me pregunté quién sería el dueño de ese globo que no había acabado en el mar, sino enganchado a una valla de mi ciudad. Posiblemente un niño. Es Domingo, así que tal vez era fruto de un paseo familiar la tarde anterior. O de un cumpleaños, o de una fiesta en un establecimiento de comidas cercano...

Pasé a algo un poco más profundo: cómo estaba ese globo. Aún conservaba algo del aire interior que les hace levantarse hacia lo alto, pero en la parte baja había comenzado a deshincharse. Tal vez estaba pinchado, tal vez por donde el hilo lo ata se había desaflojado y se escapaba el aire... Fuera como fuera, la parte más visible se veía inflada y la parte posterior, más oculta, desinflada. 

Y en seguida me fui a lo espiritual, típico en mí. Instantáneamente pensé en cuántas veces somos así ante los demás. O cuántas veces se nos presentan así las personas. En su cara más visible, nos dan una imagen "hinchada", buena, atrayente. Pero por detrás, en lo más oculto, están "desinchados", "desinflados", heridos, tristes, sin rumbo; necesitados de una palabra de aliento, consuelo, esperanza, luz...

Y sentí la invitación del Señor a no quedarme en las apariencias. A ir siempre más allá. A no juzgar cuando otra persona me muestre un rostro "desinflado", o una palabra fuera de tono, o un gesto que me cueste entender porque parezca que "no viene a cuento". ¿Quién soy yo para juzgar, si no conozco el "aire" que le pueda faltar detrás? 

Al volver de la parroquia, se había levantado un fuerte viento. Y me encontré de nuevo el globo. Esta vez, alguien lo había atado a la papelera junto a la valla donde yo lo había visto anteriormente. Y el viento lo hacía "volar":


Sí, este globo ha sido creado para volar alto, bien alto. Como nosotros, hijos de Dios: también estamos llamados, hemos sido creados para volar alto, muy alto, con las alas del Espíritu Santo. Pero a veces nos dejamos enganchar por un frágil hilo que nos esclaviza, nos inmoviliza, nos hace olvidar para qué estamos hechos y nos sumerge en tristezas, desesperanzas, envidias, iras, agobios, desconciertos... Al final nos desinfla...

Sólo Cristo puede liberarnos de nuestras ataduras y cadenas. Sólo Él puede llenar nuestras almas y que sean colmadas de amor, alegría, paz, fortaleza, esperanza... libertad... de todo aquello que suspiramos y anhelamos, porque hemos sido creados para gozar de ello ya aquí y por toda la eternidad.

Entre globo y globo yo encontré el lugar de encuentro con este Dios nuestro que nos hace plenos: la adoración, la Eucaristía comunitaria, el encuentro con los hermanos, el perdón en la confesión... la confianza de poner mi vida, una y otra vez, en sus manos, incluso en aquello que no entiendo o que me hace sufrir. 

Y a ti, ¿cuáles son los "hilos" que te esclavizan, que te impiden volar, y que necesitas dejar a los pies del Señor, entregar a su Misericordia?

El viento sigue soplando: el de la calle y el del Espíritu. Déjate arrastrar, pequeño "globo" de Dios. Levanta las alas de tu corazón y echa a volar. Sé lo que eres, aquello para lo que has sido creado.

¡Vuelta alto, con las alas del Espíritu Santo!

Canción: Llena mi vida
Autor: Yohan Rosario



domingo, 20 de enero de 2019

Anhelos de Dios...

"Hacia la luz excelsa, donde reina mi Dios,
se lanza mi alma,
aspira mi corazón
y todo mi ser se eleva hacia Ti.

Aspiro al más allá, a Dios Mismo,
a la luz inconcebible, el ardor mismo del amor,
porque mi alma y mi corazón han sido creados para Él
y mi corazón lo ha amado desde la primera juventud.

Allá, en los destellos de la luz de Tu rostro
descansará mi amor lleno de añoranza.
Realmente, una virgen en destierro agoniza por Ti,
porque ella vive cuando está unida a ti"

(Diario ~ 1653, Santa Faustina Kowalska)


miércoles, 9 de enero de 2019

La cosa es que es cosa suya

"En aquel tiempo, Jesús vio una multitud y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles con calma. Cuando se hizo tarde se acercaron sus discípulos a decirle: Estamos en despoblado, y ya es muy tarde. Despídelos, que vayan a los cortijos y aldeas de alrededor y se compren de comer. Él les replicó: Dadles vosotros de comer. Ellos le preguntaron: ¿Vamos a ir a comprar doscientos denarios de pan para darles de comer? Él les dijo: ¿Cuántos panes tenéis? Id a ver." (Marcos 6, 34-38)

Las lecturas del Evangelio de estos días me están gustando especialmente. Del evangelio del lunes me quedo con el "Convertíos" de Jesús (cfr. Mateo 4, 12-17. 23-25). Creo no equivocarme si digo que todos tenemos una necesidad permanente de conversión, de dejarnos hacer por el Espíritu Santo para "estar a la altura" de la maravillosa vocación a la que hemos sido llamados como cristianos.

Del Evangelio de ayer día 8 me gusta especialmente la pregunta del Señor: "¿Cuántos panes tenéis? Id a ver". Creo que a veces no somos conscientes de lo que tenemos, de los dones y talentos que nos da el Señor. Y Él nos invita a descubrirlos con su "id a ver". Bajo la luz de su mirada es cuando descubrimos la inmensa riqueza de su obra en nosotros y a través de nosotros.

Tal vez si viviéramos más pendientes de los demás y con la certeza de que no son para nosotros sino para ellos, estaríamos más atentos para descubrirlos, desarrollarlos y ponerlos al servicio en lo más pequeño y cotidiano. En lo común, en lo que surja día a día.

"Cuando lo averiguaron le dijeron: `Cinco, y dos peces´. Él les mandó que hicieran recostarse a la gente sobre la hierba en grupos. Ellos se acomodaron por grupos de cien y de cincuenta. Y tomando los cinco panes y los dos peces, alzando la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos para que se los sirvieran. Y repartió entre todos los dos peces. Comieron todos y se saciaron, y recogieron las sobras: doce cestos de pan y de peces. Los que comieron eran cinco mil hombres" (Marcos 6, 39-44)

Y en la frase "alzando la mirada al cielo" creo que está la clave del servicio: realizarlo para la Gloria de Dios y para devolverle los dones y talentos que nos ha dado sirviendo a los demás con ellos. 

Partiéndonos y repartiéndonos. Sin necesidad de llevar cuentas. Al fin y al cabo... que se multipliquen es cosa del Señor. Que se multiplique nuestra vida en su servicio, que el fruto final sea la sobreabundancia... es cosa suya... y nada más que suya... 

A nosotros nos toca acoger la bendición que Dios nos da y dejarnos hacer mientras trabajamos para su Reino. Y a Él le toca saciar nuestras vidas, nuestras almas, nuestros corazones según la medida de su Corazón. Qué descanso para nuestra vida saber que es así...

"Dadles vosotros de comer". Es tremenda la invitación y el envío que Jesús nos hace... Hoy me pregunto y te pregunto...
¿qué les vamos a dar?

Canción: Quiero servirte
Autor: Celinés Díaz
https://youtu.be/BYxHvDCVkXo