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07 marzo 2022

El tesoro escondido del Cerro de los Ángeles

¿Te has enterado? Sí, sí, hay un "tesoro escondido" en el Cerro de los Ángeles. 

¿Y dónde?, te preguntarás. -Solo tienes que seguir las señales...

¿Y quién me puede indicar dónde están las señales? -¡Justo, esa es la pregunta clave!

Algunos te dirán: "Los chalecos rojos". Otros: "Los del cartelito colgado al cuello". Otros: "Acércate a la tienda, que seguro te lo dicen".

Y todos tienen razón, porque bajo nombres tan dispares se reúnen LOS VOLUNTARIOS DEL CERRO DE LOS ÁNGELES.

Ellos te mostrarán las señales para encontrar el "tesoro escondido" del Cerro...y que no está tan escondido. Unos, en la tienda (esa pequeña casetita con tejado verde); otros, ayudándote para que el tráfico con tu coche y el de los demás sea fluido; otros, mostrándote como buenos guías las bellezas que todos los rincones del Cerro atesoran (en la Ermita de Ntra. Sra. de los Ángeles, en el convento de las Carmelitas, en el antiguo monumento, en la Basílica bajo el nuevo... y alguna sorpresita más); otros, acompañándote durante las celebraciones eucarísticas; otros... (es que hacemos muchas más cosas...)

Y todas esas señales te llevarán al Tesoro...

Por pura Misericordia soy voluntaria del Cerro desde la primera convocatoria que se nos hizo de cara a la preparación del Centenario en el año 2019. Y solo puedo decir que he recibido bendición tras bendición en todas las tareas que se me han encomendado, y que han sido y son de lo más variado. En todas ellas he encontrado el TESORO... EL CORAZÓN DE CRISTO, que late con un Amor que le llevó a la locura de la cruz por mi Salvación... Y por la tuya... Y allí, en el Cerro, se experimenta este latir de una forma muy especial. Porque el Cerro de los Ángeles es uno de los hogares que el Corazón de Cristo ha escogido para sí.

Este año, entre otras labores, tengo el regado de acompañar una misa semanal. Somos casi siempre los mismos los que acudimos a esa cita y me resulta entrañable ir conociendo sus rostros. En especial el de un hombrecillo mayor que, a pesar de sus dificultades físicas para andar, es fiel semana tras semana. Y si no le veo me preocupo...

Porque en el Cerro de los Ángeles uno vive en familia: la familia de los voluntarios y la familia de aquellos a los que servimos por amor a ellos y al Corazón de Cristo.

El próximo 26 de marzo tendremos un ENCUENTRO DE VOLUNTARIOS del Cerro... en el Cerro, no podía ser en otro lugar mejor. Os invito a acompañarnos en esta jornada mañanera y conocer a nuestra familia. Y si no puedes ir, acércate cualquier otro día y pregunta a uno de los voluntarios. O contacta a través del teléfono del cartel. El Corazón de Cristo no cesa de llamar a su servicio. La recompensa es enorme: ÉL MISMO, Él es el TESORO que te espera en cada rincón. ¿Seguro que no te llama a ti?

Y si piensas que no tienes mucha experiencia o capacidades, ¡déjate sorprender! Hay tal variedad de tareas que seguro encontrarás tu sitio.

Atrévete a decirle "sí" al Corazón de Jesús. ¡No te arrepentirás!

02 noviembre 2020

Canción "Nómadas del Espíritu"

Mi muy querido amigo y hermano en Cristo Javier Salvado ha compuesto esta preciosa canción inspirada en este blog y en el carisma de San Francisco Javier. 

Y no ha podido poner mejor y más amado fondo para mí en su vídeo...

Mil gracias, Javier, es muy hermosa. Me emociona... Tu padre, a quien se la dedicas, la estará gozando, seguro. Que Dios te bendiga abundantemente.
 
Os comparto esta hermosa canción que seguro vais a disfrutar.
 
Canción: Nómadas del Espíritu.
Autor: Javier Salvado (de Chiclana, Cádiz)
 
 

 

13 febrero 2020

La hora de los laicos

Hace unos días hablaba con un amigo sobre su parroquia. Me contaba algunas dificultades, algunas ilusiones... 

En especial me habló, con dolor, de su párroco que, por un tema de salud, no termina de encontrarse al 100% aunque intenta disimularlo. Y esta situación le ha cambiado el carácter. Sus parroquianos se han dado cuenta y, para dolor de mi corazón, escuchaba las murmuraciones a las que mi amigo hacía frente casi todos los días hablando del párroco.

Reconozco que, aunque el Señor va trabajando mi carácter, muchas veces me puede el genio (me arrepiento al instante). Sobre todo con cosas como estas. 

Me pregunto a qué estamos esperando los laicos para hacer realidad el llamamiento que nos hizo nuestra Madre Iglesia en el Concilio Vaticano II. Se nos llena la boca diciendo que es la hora de los laicos, que por qué los curas son tan clericales y acaparan todo el "poder" y a los laicos no se les deja... y tontunas (con perdón de la expresión) semejantes. 

Me refiero, evidentemente, a lo último, porque sí que es la hora de los laicos. Pero no es la hora de criticar, sino de tomar las riendas seriamente. Y tampoco es la hora de tomar estas riendas únicamente buscando ese supuesto "poder", sino en la responsabilidad profunda que tenemos nosotros también como Iglesia. 

Y le preguntaba a mi amigo: ante lo que les escuchas decir, ¿les preguntas si oran por su párroco? ¿Oran por sus sacerdotes? ¿Se ofrecen y sacrifican por ellos? ¿Piden por sus necesidades e intenciones? ¿Piden por las necesidades de la parroquia y sus feligreses, que son sus hermanos en Cristo? ¿Tienen ratos de oración largos en comunidad donde se rece especialmente por la parroquia y todos sus miembros? Pues... ¿a qué están esperando? 

¿Se ofrecen o se "ponen a tiro" por si hay que necesitarles para algún servicio? ¿Lo realizan con humildad, agradecimiento, en equipo y sencillez, o buscando que les vean y por vanagloria? ¿O seguimos tirando del cura para todo? Porque es muy fácil criticar y que se nos llene la boca de cosas, pero cuando toca remangarse y limpiar el barro que se nos pueda haber ido colando en casa... 

Aún no he tenido oportunidad de leer el último documento del Papa Francisco sobre la Amazonía, pero por algún comentario que he oído creo que va en esta línea. Porque no, no es cuestión de que los curas se casen o las mujeres seamos ordenadas. Que no. Que es cuestión de asumir con profundidad y responsabilidad el maravilloso puesto que el Señor nos ha asignado (vocación) a cada uno en el seno de la Iglesia. Saberse parte de ella, amarla en sus fragilidades, entregarse por ella como Cristo lo hizo (porque somos cristianos, ¿no?, por el bautismo somos sacerdotes, profetas y reyes como Él, así que hay que vivir como Él), y luchar cada día para que nuestra Madre muestre a través de nosotros su mejor rostro. Es decir, ser santos... en el hermoso lugar que se nos ha asignado, estando siempre Cristo en el medio.

"Tan importante es el puesto que Dios les ha asignado, del que no les es lícito desertar" 
(de la Carta a Diogneto)

Tal vez esta es una buena ocasión para releer esta hermosa carta, rezar con ella, asumirla en nuestras vidas. Porque somos parte de este cuerpo, que es la Iglesia. Somos miembros, ¡miembros!, no vivamos como si lo que ocurre en ella no fuera con nosotros. 

Aquí os dejo el enlace por si queréis leerla: http://www.vatican.va/spirit/documents/spirit_20010522_diogneto_sp.html

Que nuestra vida, con toda su pobreza, dé siempre Gloria al Señor. 

Canción: Háganlo todo
Autor: Jonatan Narváez
Intérprete: Athenas



12 enero 2017

Y tú... ¿de qué tipo eres?

Hoy quiero compartiros un texto que he recibido del padre Miguel José Cano, un amigo sacerdote de Jaén.

Te invito a añadir otras características que se te ocurran y que él puede que no haya recogido :-)

Creo que se pueden aplicar tanto a comunidades parroquiales como a otro tipo de comunidades como grupos de vida, de oración...

Comenzamos:

"En todas las parroquias contamos, gracias sean dadas al Altísimo, con un buen número de personas que dan su tiempo, su dinero y su vida entera a la comunidad. Como pueden imaginarse, he tenido de todo, y en su inmensa mayoría no digo bueno, sino óptimo. Algunos, fíjense en ellos, llevan años y años con tareas de responsabilidad en sus parroquias. Cambian los sacerdotes y ahí siguen. Siempre queridos y valorados. Por algo será.

Fijándome en ellos, hoy se me ha ocurrido apuntarles algunas de las más valiosas características del buen colaborador parroquial.

La primera y principal: el buen colaborador parroquial es un creyente en Cristo, que se esfuerza por vivir su fe como católico y que confía en su iglesia y ama a su iglesia. No es una persona simplemente voluntariosa o generosa con su tiempo. Es colaborador de Cristo, de la Iglesia y de su parroquia. Por tanto todo lo que hace es para la parroquia, para su comunidad, nunca para sí mismo.

Es discreto. Los mejores y mayores colaboradores son esos de los que la gente apenas conoce ni el nombre. Un buen colaborador jamás es protagonista. También es discreto hacia fuera. No cuenta, no chismorrea, no anda con dimes y diretes.

Su tarea está por encima de quién sea el sacerdote correspondiente. Los he conocido que llevan en su parroquia treinta, cuarenta, sesenta años... Cambia el sacerdote y siguen ofreciendo su disponibilidad.

No considera su oficio suyo. Mala cosa que una persona que ayuda se crea en posesión de algo.

Disponibilidad para aceptar responsabilidad. La misma para dejarlas si así se le pide.

El buen colaborador nada pide para sí, ni privilegios, ni consideraciones. Todo lo contrario: es el que renuncia específicamente a cualquier cosa justo para que nadie pueda decir que recibe un trato de favor.

Jamás hablará mal de los sacerdotes, aunque sepa que tienen sus fallos. Sabe que hacerlo es escandalizar y alejar a la gente de la Iglesia.

Es leal y sincero. Sabe transmitir a los sacerdotes lo que hay y tiene la confianza suficiente para decir esto sí, o esto no me parece.

Responsable. Porque una cosa es ser voluntario y otra no tomarse las cosas en serio.

Trabajador en equipo, porque en la parroquia hay muchos como él y tienen que colaborar todos, aceptándose y queriéndose.

Visto esto, imaginen lo que sería un colaborador problemático. Ya saben. Hoy viene, mañana no aparece, habla mal de los demás, crea mal ambiente, con el cura Fulano sí, pero con Mengano ya no, ahora me enfado y me voy, ahora me contento y vuelvo..."

Y tú que lees estas líneas... ¿qué tipo de colaborador eres?