Una
alumna me preguntó hace unos días cómo saber cuál es la voluntad de Dios por una
decisión que tenía que tomar en su vida. Con mucha pobreza me animé a escribirle esto que hoy os comparto también, por si ayuda:
Es
cierto que a veces no es fácil conocer la voluntad de Dios. Justo por
lo que decías: ¿cómo saber si es cosa mía o de Él? Pero es importante
que en el fondo de nuestro corazón esté esta certeza: Dios no juega con
nosotros al escondite. Él SIEMPRE quiere lo mejor para nosotros y se
busca las maneras para salir a nuestro encuentro. Y nunca deja de
responder a aquellos que buscan hacer su voluntad de todo corazón.
Hay algunas claves que se pueden aplicar:
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La más importante: cuando tienes que tomar una decisión, ¿te pones en
oración e invocas al Espíritu Santo para que te ilumine? ¿Pides con
humildad a Dios su luz y sabiduría para hacer lo más acorde a su
voluntad? Cuando acabas la oración, ¿le das gracias por ese momento y le
dices que te ayude para que esa decisión, sea o no equivocada, sea
siempre para su Gloria?
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La segunda más importante: imagínate que tienes un colador y vuelvas en
él un líquido con "grumitos" que tienes en un vaso. Los grumitos se
quedarían en el colador, ¿verdad? Vale. Pues ahora imagínate que vuelcas
tu decisión sobre el colador del Amor de Dios. ¿Eso que estás pensando
pasaría o se quedaría "enganchado"? Es decir, ¿has pasado tu decisión
por el filtro del amor? ¿La decisión pasa por el filtro de intentar que
sea lo más bueno posible, lo más honrado posible, lo más justo
posible... siempre desde el amor? Si presentas tu decisión delante de
Dios, ¿Él qué pensaría? ¿La miraría con agrado o no? Esa decisión, ¿me
hace más parecido a Jesús o a la Virgen? ¿Qué harían Jesús o María en mi
lugar?
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Imagínate que tomas esa decisión en firme. ¿Te da paz? ¿Qué
consecuencias se producen? ¿Ves que son buenas? Imagínate que tomas la
decisión contraria y hazte las mismas preguntas. ¿Ves si cada una de
esas opciones es factible, es decir, que realmente se pueden llevar a
cabo?
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La voluntad de Dios pasa por nuestras obligaciones "de estado". Es
decir, mis obligaciones del presente, lo que ahora me toca vivir. Esa
decisión que tienes que tomar, ¿te separa de tus obligaciones y
responsabilidades? ¿Te hace mejor o peor persona?
También es importante tener en cuenta otras cosillas:
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Preguntar a muchas personas al final te va a dar muchas soluciones. Es
mejor confiar en el criterio de una, dos o tres como sumo. Eso sí,
intenta no buscar a personas de tu "mismo nivel". Es decir, que si
necesitas claridad sobre una situación no busques ayuda en alguien de tu
misma edad que pueda estar pasando por lo mismo. Es mejor buscar
consejo en alguien más maduro, que ya lo haya vivido... que te pueda dar
otras perspectivas a las que recibirías de personas que lo miran con
tus mismos ojos. Ya hemos hablado de la figura del director o
acompañante espiritual. Es bueno buscar uno en quien confiar y a quien
abrir el corazón y pedir consejo.
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A veces es bueno preguntar a alguien que esté "metido en el ajo" como
tú, pero también a alguien que no, para que te dé un punto de vista
desde fuera, algo más imparcial y no tan influenciado por la situación
que sea.
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Y, por último... a veces solo toca esperar con paciencia. Dios tiene
sus tiempos, que no siempre coinciden con nuestras prisas. Hay que
presentarle al Señor las cosas, dejarlas en sus manos y esperar con
confianza a que hable. Eso no quiere decir olvidar el tema sin más
(aunque a veces es lo más recomendable: confiarlo a las manos de Dios o a
las manos de la Virgen y dejarlo estar, porque si le damos demasiadas
vueltas podemos emborronarlo todo), sino que hay que dejarlo con
confianza en sus manos y, de vez en cuando, decirle: "Señor, te recuerdo
que tenemos este tema pendiente. Y si ya me estás dando una respuesta,
por favor, hazlo más claro que no me entero, porque quiero cumplir tu
voluntad". Pero hacerlo sin agobios, sin prisas... con confianza y
descansando en el saber que Él quiere lo mejor para nosotros.
Y
si ves que lleva mucho tiempo sin contestar... la opción de la "puerta
trasera" que han usado muchos santos: "¿¡a que se lo digo a tu Madre!?",
jeje.
Pero nunca, nunca, nunca olvides la cita de Romanos 8, 28: "Todo sucede para bien de los que ama el Señor".
Y si es todo, es todo. Incluso si al final tomas una decisión que
después se considera equivocada, Dios proveerá para que al final se
pueda sacar algo bueno desde su Amor. Además, a veces equivocarnos nos
puede venir bien, para crecer en humildad y en la certeza de que no
somos perfectos. No hay nada como darse cuenta de un error y disculparse
para crecer en madurez y sabiduría de vida. No hay que tener miedo a
equivocarse. Es peor quedarse estancado por no intentarlo, porque así no
sabemos lo que realmente nos estamos perdiendo (lo que vendría después)
y no crecemos.
Así
que... tomes la decisión que tomes... tómala y deja de darle vueltas.
Descansa y deja que Él se haga cargo si te has equivocado. Y si no,
descansa en saber que lo has hecho bien. Sea como sea... ¡las "ralladas"
no son buenas!
Espero haber sido capaz de dar un poco más de luz...
Canción: Quiero hacer tu voluntad
Autor: Nana Angarita