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20 octubre 2021

San José devolvió la alegría a un hogar

Una familia de Lyon tenía un hijo que parecía iba a ser su corona a los ojos de los hombres y a los ojos de Dios. Ese joven piadoso se sintió llamado a dejar el mundo y a consagrarse al Señor en la vida religiosa. Contrariados por esta determinación, sus padres se arrojaron a su cuello, derramaron tantas lágrimas y le pusieron tantos reparos que lograron debilitar su resolución; obtuvieron al menos una demora.

Ellos lo lanzaron entonces al mundo para modificar sus gustos y el joven se dejó caer en la trampa demasiado fácilmente. Pronto despreció sus prácticas de piedad, se alejó de los sacramentos y se entregó a todos los desórdenes.

Para escapar a la vergüenza de los escándalos y a los reproches de sus padres, se alejó de su tierra y se alistó en el ejército. Su padre y su madre estaban desolados, abrumados por los remordimientos y la pena; casi no se animaban a dirigirse a Dios, después de haberle arrebatado su hijo para entregarlo al demonio. Pensaron en dirigirse a san José para obtener a la vez su perdón y la conversión de su hijo.

Comenzaron entonces una novena con varias personas piadosas y rogaron con el fervor más intenso.

Apenas llevaban unos días rezando, cuando el pródigo llamó a la puerta de la casa paterna y se arrojó humillado y llorando a los pies de sus padres. Estaba completamente cambiado. El padre y la madre estallaron en sollozos y abrazaron y perdonaron a este hijo ingrato, que de nuevo quería vivir como verdadero cristiano, y la alegría volvió con él al hogar. Se lo debían a san José y le rindieron solemnes acciones de gracias.

Aprendamos con este ejemplo qué importante es escuchar la voz de Dios y responder a la gracia de nuestra vocación. Dirijámonos a san José, él nos dará la fuerza para vencer todas las aversiones de la naturaleza.

(del libro "Id a José" de la Abadía San José de Clairval: https://www.clairval.com/index.php/es/)


 

19 octubre 2020

Solo 24 horas...

El evangelio de hoy me ha recordado mucho a una reflexión que escuché a un sacerdote hace unos días. 

Nos invitaba a los oyentes a pensar sobre qué es lo importante en nuestra vida, las cosas que tenemos que cuidar. A imaginarnos que nos quedan 24 horas de vida y escribir lo que haríamos en esas 24 horas. Así veríamos las cosas realmente importantes de nuestra vida, aquellas que nos urgiría hacer, dejando fuera aquellas otras menos importantes (como acumular dinero o fama) al no quedarnos tiempo para ello.

La verdad es que es impresionante cuando Jesús se pone serio en el evangelio. Siempre pienso en el dolor que para Él supondría tener que hacerlo por el Amor que nos tiene. Pero, ¿qué padre no corrige a sus hijos? (cfr. Proverbios 3, 12; 13, 24). Y Dios es Padre, muy Padre...

Me impresiona mucho esta frase de la parábola de hoy: 

"Necio, esta noche te van a reclamar el alma"  

(puedes leer el texto completo - Lucas 12, 13-21 - aquí: https://conferenciaepiscopal.es/biblia/)

Es impresionante, ¿verdad? Y me invita a reflexionar sobre lo que el sacerdote decía: "si solo me quedaran 24 horas de vida, ¿qué haría?".

Si esta noche me reclamaran el alma, si fuera al encuentro de Dios Padre, ¿qué haría...?

............................

Y si lo tengo tan claro... ¿por qué no lo vivo ya, sin esperar a que el tiempo se me acabe? Porque, realmente, no sé cuándo se va a acabar... ¿Esperaré a que urja y puede que pierda la oportunidad?

El tiempo que se me concede es un tiempo de Misericordia de Dios, es un kayros... ¿Lo voy a aprovechar?

¿Qué es lo realmente importante en mi vida, aquello o aquellos que quiero cuidar de verdad, aquello que tiene valor de eternidad...?

No esperemos.

 

Canción: Teu proceder

Autor: P. Francys Adao, sj (traducido e interpretado por el P. Cristóbal Fones, sj)

https://youtu.be/5wXCLdnOQj4

 

 

21 abril 2020

Decálogo sobre el amor

A raíz de la cercana celebración del Domingo de la Divina Misericordia, quiero compartiros un resumen del Decálogo sobre el Amor del difunto padre Carlos Valverde, sj, del que tuve el regalo de ser alumna en las últimas clases que dio antes de fallecer. 

Con estas DIEZ PALABRAS, el p. Valverde expresaba en qué consiste amar. Pueden ayudarnos a hacer un examen de conciencia para ver si de veras amamos a los demás:

1. RESPETAR: cuando uno quiere a otra persona, la respeta. Y si no la respeta, es que no la quiere. Es preferible molestarme a mí mismo antes que molestar a otros. Es preferible ser prudente con las cosas que uno hace o dice, antes que faltar al respeto o herir a otra persona.

2. ACOMPAÑAR: ser cercano y no distante. Si digo que quiero mucho a los demás pero estoy situado como en una tribuna, como en una tarima que me hace mirar a los demás por encima del hombro, y a los demás los asusta, es que no los quiero suficientemente. Porque el que ama se aproxima, se hace cercano a los demás.

3. CALLAR: cuando uno ama mucho a los demás, no dice siempre lo primero que se le pasa por la cabeza. Querer mucho a los demás requiere muchas veces morderse la lengua, aceptar, olvidar. Requiere muchas veces callar, en una palabra. Requiere muchas veces no ser tan espontáneo que terminas siendo un maleducado, un insolente. Querer a los demás es saber callar.

4. ACORDARME DE LOS DEMÁS: en latín, corazón se dice cor, cordis. De ahí la palabra recordar, que es volver a pasar por el corazón. Cuando se quiere a los demás te acuerdas de ellos, les llevas en el corazón. Cuando quieres de verdad a alguien, te acuerdas de felicitar, de dar el pésame, de preguntar por su salud y sus cosas... En el fondo, los llevas en el corazón, no dejas que pase mucho tiempo sin "darles un toque".

5. SERVIR: como dice el Papa Francisco, "Quien no vive para servir, no sirve para vivir". Es decir, que una persona que está aprovechando bien la vida, que sabe vivir, es una persona que se acostumbra a servir, a echar una mano, a colaborar, a estar disponible.

6. ACEPTAR A LOS DEMÁS COMO SON: es muy difícil porque nos hacemos un patrón mental de cómo deben ser los demás. Nos cuesta mucho acoger a los demás como son, respetarles como son, aceptarles como son. Querer a alguien es no pretender que el otro sea como a mí me gustaría que fuera, sino aceptarle como es. Y aceptarle es quererle y llevarle en el corazón tal y como es, sin pretender y sin exigir que él sea como a mí me gustaría.

7. SONREÍR: el lenguaje no verbal, el lenguaje corporal, expresa muchas cosas. Aunque no lo pretendamos, con nuestro cuerpo estamos diciendo a la gente si les apreciamos sinceramente o si, por el contrario, les estamos juzgando. Tratar de ser agradable, ayudar y colaborar, no herir con mi cuerpo, con mis gestos, con mi mirada. Una persona que quiere mucho a los demás, es una persona que también corporalmente trata de ser agradable, y trata de ayudar y colaborar. Y que la sonrisa no sea una mueca forzada, sino que exprese lo que llevo en lo profundo del corazón, esa paz y alegría en el trato con el otro.

8. CUIDAR ESPECIALMENTE A LOS QUE ME NECESITAN MÁS: no buscar solo a los que me hacen estar bien y me proporcionan un beneficio, porque realmente no les estoy amando, sino que me acerco porque me interesan. Realmente me estaría amando a mí mismo, buscando estar yo bien y pasarlo bien con personas que me proporcionen un beneficio. Uno sabe amar cuando sabe dar, no solo pedir. Sabes amar si te haces cercano a aquellos que no te pueden aportar nada. ¿Con quiénes te juntas y de quiénes huyes porque te resultan más pesados? Una persona que tiene un corazón capaz de amar, es una persona que no huye de nadie. Que quiere a todos y especialmente a aquellos que le necesitan más.

9. PERDONAR: no quiere decir que no te duelan las cosas que te han hecho, que han significado una herida en tu corazón. Perdonar quiere decir que esa herida no sea para siempre, que estás dispuesto a pasar página. A superarlo, a olvidarlo, a hablar de otro asunto, a dar el tema por zanjado. Uno es capaz de perdonar cuando no guarda rencor. Cuando, a pesar de las cosas que le han podido hacer, no conserva amargura en el corazón, sino paz y alegría.

10. NO HABLAR NUNCA MAL DE NADIE: de todas las personas podemos alabar algunas cosas. Por ejemplo, de unos podemos decir que son muy buenos deportistas; de otros, que tienen muy buena voz, que han tenido mucho éxito en los negocios, que tienen unos hijos preciosos... Procura siempre hablar bien de los demás y contar esas cosas buenas que tienen. Y de las cosas malas, es mejor no hablar. De modo que todo lo que digamos de los demás sea siempre constructivo y positivo. Como decía san José María Escrivá, "De quien no se puede alabar, es mejor callar". 

Menudo repasito, ¿verdad? 


Canción: Si yo no tengo amor
Interpretada por: Verónica Sanfilippo y Jonatan Narvaez


*Tomado parcialmente de las charlas de Ejercicios Espirituales personalizados de la Vicaría para el Cerro de la Diócesis de Getafe.

10 abril 2020

VIERNES SANTO - Crucificado

¿A quién buscas? ¿A Jesús? Mírale ahí, crucificado, por Amor a ti. Sin apariencia, sin presencia, desfigurado que no parece hombre, “sin aspecto humano, sin aspecto atrayente, despreciado y evitado de los hombres, como un hombre de dolores, acostumbrado a sufrimientos, ante el cual se ocultan los rostros, despreciado y desestimado”. 
Él carga sobre sí tus sufrimientos, tus dolores; ha sido traspasado por tus rebeliones, triturado por tus crímenes. Aceptó ser triturado con el sufrimiento, entregar su vida como expiación, por ti. 
Por ti, por ti…
Y sus cicatrices te han curado...

Canción: Crucificado
Intérprete: Ana María Moya.

 

06 abril 2020

MARTES SANTO – Hasta la locura

"Simón Pedro le dijo: - «Señor, ¿a dónde vas?».
Jesús le respondió: - «Adonde yo voy no me puedes seguir ahora, me seguirás más tarde».
Pedro replicó: - «Señor, ¿por qué no puedo seguirte ahora? Daré mi vida por ti».
Jesús le contestó: - «¿Con que darás tu vida por mí? En verdad, en verdad te digo: no cantará el gallo antes de que me hayas negado tres veces»." (Juan 13, 21-33.36-38)

¿Cuántas veces te hemos negado, Jesús? ¿Cuántas veces nos has llamado y estábamos sordos? ¿Cuántas veces te nos has mostrado y estábamos ciegos? ¿Cuántas veces te hemos crucificado con nuestros pecados?
Y aun así nos invitas a seguir adelante, detrás de ti, contigo. A entregarte lo que somos y tenemos, contigo, por la redención del mundo. Y solo hay una respuesta que podemos darte: te amamos, Señor, ya no hay dudas en nuestro corazón. 
Por todas esas veces que te hemos negado, hoy queremos darnos a Ti, sin reservas, hasta el final.

Canción: Hasta la locura
Autor: Pablo Martínez.

 

03 marzo 2020

Caminar...

Cuando alguien es perfeccionista como yo, equivocarse se convierte habitualmente en un disgusto grande, disgustos que se dan a menudo. Pero cuando la vida está llena de errores... se corre el riesgo de hundirse y de convertir, incluso, la vida en una tragedia para uno mismo y para los demás. Os aseguro que para una mente perfeccionista lo que digo no es exagerado, aunque os lo parezca.

Llevo un programa como voluntaria en Radio María España. Tal y como iban las cosas, para mí el Señor estaba derramando su Misericordia en abundancia y todo iba saliendo muy bien, no perfecto...pero casi... Se veía la mano de Dios por esas "Diosidencias" en las que Él llevaba a cabo la "cuadratura del círculo". 

Hasta que he "metido la pata", equivocándome en las fechas y realizando un programa que habla del Aleluya ya comenzada la Cuaresma... En fin... qué mal rato cuando me he dado cuenta...

Y ojalá fuera el único error de mi vida. De veras que no soy exagerada cuando digo que llevo un buen historial a mis espaldas. Claro, también jalonado por algún que otro éxito... que siempre ha venido de la mano de Dios...

Porque esto es lo que aprendo con cada error: que cuando me empeño en llevar las riendas de mi vida, no suele acabar muy bien. Pero que cuando me abandono... es Dios quien vive su vida en mí y todo sale "como Dios quiere"... Y, desde luego, Dios sigue derramando su Misericordia en abundancia aunque yo me equivoque en los programas...

Hoy me venía a la memoria el título de una entrada de este blog que escribí hace tres años, titulada "Necesito más Cuaresma" (aquí tenéis el enlace, por si queréis leerlo: https://poverella.blogspot.com/2017/03/necesito-mas-cuaresma.html). Así me siento hoy de nuevo: que necesito este tiempo precioso de Cuaresma. Creo que en el fondo todos los necesitamos vitalmente.  

Entrar en el desierto, de la mano de Dios, despojándonos de lo que nos pesa, de lo que nos sobra, de aquellas cadenas que vamos arrastrando, de aquellos errores del pasado que siguen dejando huella en el presente, de esos apegos a este mundo que nos quitan la vida, de esos "costumbrismos" que nos han alejado de la frescura y novedad del evangelio, de esos egoísmos que nos han recluido en nosotros mismos y no nos han dejado abrirnos a la donación al otro y del otro, de nuestra soberbia, de nuestro orgullo... 

... y caminar. Caminar. Adentrarnos en el Corazón de Cristo y dejar que Él, poco a poco, nos vaya calentando el alma, sanando heridas, restaurando brechas, quitándonos máscaras y armaduras que (por la vida, los demás o por nosotros mismos) nos hemos ido colocando, poniendo luz en medio de nuestras tinieblas, claridad en medio de nuestra oscuridad, valentía en medio de nuestras cobardías, sensatez en medio de nuestros desvaríos, dejarnos hacer por su humildad, su sencillez, su caridad, su entrega... 

Caminar, caminar... libres, despojados de todo, solo con Cristo... 

Hay un desierto largo delante de nosotros. Caminemos confiados, que Él viene a nuestro lado, y al final nos espera una vida nueva en Cristo y con Cristo.

Sí, Tú eres el Rey de mi vida, Señor... A Ti yo te rindo todo lo que soy...

Canción: El Rey de mi vida
Autor: Joan Sánchez y Río Todopoderoso Band





02 enero 2020

Mi sobrino ya sabe decir grúa

Sí, sí, mi sobrino ya sabe decir grúa. El otro día, recién levantado de la siesta en mi casa, medio dormido, al mirar con él por la ventana señaló con su pequeño dedito hacia unas obras y dijo claramente: "grúa". Y yo, claro, "aluciné" por verle capaz de decir con tal limpieza y seguridad esa palabra, señalando tan claramente el objeto de su atención. 

Si es que los pequeños crecen... Se abren a un mundo nuevo que poco a poco van asimilando y haciéndose partícipe de él. Todavía desde su pequeñez, pero ya inmersos en él.

No, ahora no estoy escribiendo un blog sobre infancia. Como dice el tema de este blog, son "pequeñas reflexiones, al soplo del Espíritu, desde la vida diaria". Y este pequeño detalle de mi vida diaria me ha llevado a reflexionar, una vez más, sobre nuestra vida espiritual.

Creo que, humanamente hablando, nunca dejamos de llevar al niño que hemos sido en nosotros. Algunos expertos afirman que es así. Y yo no soy experta, pero cuando veo en mí o en otros reacciones profundamente infantiles o adolescentes (estoy hablando de adultos), reconozco que tienen razón. 

Y en la vida espiritual creo que también es así: crecemos, pero siempre llevamos en nosotros esos inicios. Ya sea por las heridas que hemos recibido y nos han marcado (en un lado), ya sea por ese entusiasmo del amor primero al comenzar el camino de la fe (en el otro). Y, en medio, un montón de posibilidades.

Hoy me quiero quedar en la primera palabra: crecemos. Aunque sea lentamente y con muchos tropiezos, como en mi caso, pero crecemos. Y eso me tiene que colmar de esperanza. Y también me invita a mirar con ojos de Misericordia a mis hermanos cuando veo en ellos al niño que fueron. 

No siempre sé vivirlo así, lo reconozco, pero cuando me paro a pensar en cómo me mira Dios cuando sale mi niña en lugar de la adulta que soy, y cómo Él me perdona una y otra vez en la confesión... reconozco esa invitación que Él me hace: "recuerda que tú también tienes un pasado que afecta a tu presente, que tienes tus heridas, tus miedos, tu no saber cómo enfrentar a veces las cosas y que Yo siempre estoy a tu lado, acompañándote, queriéndote, esperando... ves y haz tú lo mismo (Lucas 10, 37). Él, ella también está creciendo, como tú. Crecéis".

Estamos comenzando un año nuevo. Aunque sea a nivel civil y aunque cambiar el número del calendario no sea algo "mágico" que de repente nos haga cumplir todos aquellos propósitos que nos hacemos, creo que algo de mirada nueva trae y un anhelo nuevo de recomenzar. Siempre les digo a mis alumnos que no duden en que siempre, siempre, se puede empezar de nuevo. A cada instante. Y si me vuelvo a equivocar, pido perdón y vuelvo a empezar. 

En este año nuevo el Señor nos regala la invitación de mirar con mirada nueva, sobre nuestra vida y sobre la de los demás. Y pone en nuestro corazón Su esperanza, que quiero hacer mía: crecemos.

Canción: Tu instrumento
Autor: Mariola Alcocer y Raquel Testón



11 junio 2019

¿Tengo aquello que tengo que dar gratis?

"Id y proclamad que el reino de los cielos está cerca. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad demonios. Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis" 
(Mateo 10, 7-8)

Hoy me han resonado con fuerza estas palabras de Jesús en el Evangelio: "Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis". 

Creo que a todos nos puede pasar que, de tanto escuchar un Evangelio o pensando aquello de "ya me lo sé", sin querer "desconectemos" durante su lectura en la Eucaristía o en cualquier otro ámbito. 

Tengo que reconocer que mí me pasa a veces. Y hoy me ha pasado tras escuchar aquello de "Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis". Me he "perdido" el resto del Evangelio. Menos mal que luego tenemos mil y una formas de volver a leerlo y rezarlo...

Y me lo he "perdido" porque me he quedado enganchada en esa frase. Instantáneamente me ha venido esta pregunta con fuerza: y tú, Elena, ¿en verdad has recibido aquello que tienes que dar gratuitamente?

Porque, ¿cómo voy a vivir en mi ser y ser portadora para otros de los signos del reino de Dios si no he dejado que primero se manifiesten en mi vida?

¿Dejo que el Señor cure mis enfermedades, físicas y del alma?

¿Dejo que el Señor resucite en mí aquello que está herido de muerte o a punto de morir?

¿Dejo que el Señor, en su infinita Misericordia, vaya limpiando mis lepras, esas por donde se me escapa la vida a pedazos?

¿Dejo que, poco a poco, triunfen la Bondad y el Bien de Dios en mi vida y se manifieste su victoria sobre mis pecados y sobre la influencia que pueda tener el mal a través de tentaciones, engaños, mentiras... del enemigo?

Acabamos de vivir Pentecostés y nos encontramos de lleno inmersos en el mes del Corazón de Jesús. Ante estas preguntas sólo me queda desnudar con simplicidad y humildad mi pobreza ante Dios, suplicar que el Espíritu Santo siga obrando en mí y orar con constancia para que el Señor en su bondad haga mi corazón semejante a su Corazón.

Creo que sólo así, dejándome hacer por Él, realmente seré portadora de los signos del reino.

Y tú, ¿te dejas hacer?

Canción: Quema mi vida
Artista: Jon Carlo

 

06 abril 2019

Lo que ves no es lo que hay. Hay más (V Domingo de Cuaresma)

"Lo que ves no es lo que hay. Hay más"

Esta frase pertenece al anuncio publicitario de un móvil, cuya marca ahora no recuerdo, y que vi en la parada de un autobús. Inmediatamente la relacioné con nuestro Dios.

Él siempre nos mira así: lo que nosotros vemos no es lo que hay, hay más. Y Jesucrito siempre lo ve. Siempre. Él nos mira como nadie nos mira. Con profundidad, con Misericordia, con sanación... con perdón...

Como en el evangelio de hoy: Jesús no ve a una mujer adúltera. Ve a la hija de su Amor. Ve a su hija amada, llamada a ser redimida, sanada, perdonada... Una mirada que se inclina, se abaja y se pone a nuestra altura, para que, estemos como estemos, podamos encontrarnos con sus ojos y sentirnos inmensamente amados (cfr. Juan 8, 6. 8)

Exactamente igual que aquellos que la juzgaban y pretendían apedrearla. Exactamente igual, porque ellos también eran mirados por su Corazón como amados y llamados a la redención y el perdón. Por ellos también moriría en la cruz.

Porque el evangelio de este Domingo es eso: un precioso anticipio del Viernes Santo. Es la Misericordia de Dios llenándonos de su perdón. Es el Corazón de Cristo que sale a nuestro encuentro, abierto de par en par (como en la cruz) mostrándonos su Amor infinito. Redimiendo nuestro ser y devolviéndonos nuestra inmensa dignidad de hijos de Dios, llamados a una vida en plenitud. Ya aquí y ahora, y por toda la eternidad. 

Ante una mirada así, ante el Corazón de nuestro Dios que se nos entrega así, cómo no exclamar como San Pablo: "Juzgo que todo es pérdida ante la sublimidad del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por quien perdí todas las cosas, y las tengo por basura por ganar a Cristo" (Filipenses 3, 8)

Dejémonos mirar así. Dejemos que Dios realice su plan sobre nosotros. Escuchemos su Palabra sobre nuestra vida:

"No recordéis lo de antaño, no penséis en lo antiguo;
mirad que realizo algo nuevo;
ya está brotando, ¿no lo notáis?" (Isaías 43, 18-19)


Canción: Quién me quita
Autor: Kiki Troia
https://youtu.be/WVJ4yU2l2oc


30 marzo 2019

A ganar o morir... (IV Domingo de Cuaresma)

"...y nadie le daba de comer" (cfr. Lucas 15, 16)

Nadie le daba de comer... Al hijo pródigo, que contemplamos en el evangelio de hoy (Lucas 15, 1-3. 11-32), nadie le daba de comer. En otra versión, el evangelio dice "nadie le daba nada" (Lucas 15, 1-3.11-32)

Nadie. El hombre de hoy, lejos de Dios, tiene hambre y sed. Pero no encuentra en este mundo nada ni nadie que le colme esa hambre y esa sed. Nada ni nadie. 

¿Y nosotros? ¿Nos encuentra a nosotros? ¿Encuentra en nosotros ese "ministerio de la reconciliación" del que habla San Pablo en la segunda lectura?

 "Todo esto proviene de Dios, que nos reconcilió consigo por medio de Cristo 
y que nos confirió el ministerio de la reconciliación." (2 Corintios 5, 18)

El Señor, una vez más, en su infinita Misericordia, nos hace partícipes de su plan de Amor y Redención de la humanidad. Quiere contar con nosotros, no quiere hacer nada sin nosotros. Nos invita a dejarnos hacer por el Espíritu Santo a imagen de su Corazón y, como Él (cfr. Lucas 15, 20), salir al encuentro del hijo de sus entrañas que está perdido en medio de este mundo que no puede llenar el corazón del hombre.

Nosotros hemos encontrado en su Corazón aquello que nos colma, aquello que nos convierte en criaturas nuevas:

 "El que vive según Cristo es una criatura nueva. Para él todo lo viejo ha pasado, 
ya todo es nuevo" (cfr. 2 Corintios 5, 17)

Yo hoy miro mi vida y me pregunto: ¿me lo creo? ¿Me creo que soy una criatura nueva en Cristo? Y si me lo creo... ¿se me nota? Y si me lo creo... ¿lo comparto con este mundo que muere de hambre y sed como lo que es, el mayor tesoro que he encontrado, aquello que da sentido a mi vida? ¿Ejerzo el ministerio de la reconciliación, como embajadora suya (cfr. 2 Corintios 5), a imagen de Cristo, dejando que por mi medio Dios exhorte a aquellos que realmente no le conocen, aquellos que vagan buscando aquello que sólo Cristo puede darles? ¿Tengo compasión del Corazón herido de Dios, que sigue esperando cada día la vuelta de sus hijos, y colaboro con Él para que sus hijos vuelvan a casa? ¿Soy consciente de que esto es una guerra sin tregua, en el "campo de juego" del mundo, contra el mal y por la salvación de las almas?

"Somos embajadores de Cristo, como si Dios mismo os exhortara por medio de nosotros. En nombre de Cristo os suplicamos: ¡reconciliaos con Dios!" (cfr. 2 Corintios 5, 20)

¿O me estoy reservando la vida...? 

Canción: A ganar o morir
Autor: Kiki Troia

 

04 marzo 2019

Es hora de quedarse en manga corta

El otro día vi a una persona con ropa de verano. Era un caballero con camiseta de manga corta y pantalón playero.

Es cierto que estos días ha hecho calorcillo pero, más allá de la reflexión sobre el cambio climático, no pude evitar pensar que era demasiado pronto. ¡Ni siquiera ha empezado la Cuaresma!

Y de repente caí: en nada es Miércoles de Ceniza. ¡Qué rápido pasa el tiempo! Va a ser que el caballero tiene razón... Ya es tiempo de "despojarse", de quitarnos todo lo que nos sobra y preparar el corazón para la Pascua.

Por fuera, este clima loco me habla de temperaturas altas para esta época del año.  Los almendros están preciosos, llenos de flores, dóciles al calor del sol. Pero me pregunto... ¿y por dentro? ¿Está mi corazón caldeado? ¿Está mi corazón preparado para florecer?

Yo no sé tú, pero yo necesito ponerme, largo y tendido, delante del Sol de Amor (cfr. Santa Teresita del Niño Jesús) para que mi corazón comience a ponerse "a tono". Por pura Misericordia el Señor me espera, todos los días, en la capilla de mi parroquia. Humilde, paciente, amoroso...anhelante de mi presencia ante Él.

Y poco más queda por hacer. Él ya se encarga del resto, se encarga de irme "tostando": amándome, mostrándome de qué debo despojarme en el sacramento de la Penitencia, preparándome poco a poco durante la Cuaresma para morir con Él el Viernes Santo y resucitar en su Vida Nueva en la Vigilia de Resurrección.

Sí, el caballero tiene razón: comienza la Cuaresma, el tiempo del Amor. Es hora de quedarse en "manga corta".

Canción: Esfuérzate
Autor: Jonatan Narváez
Intérpretes: Dos y Él
https://youtu.be/kETiwAq-yWA





10 febrero 2019

Globo, sé lo que eres

Esta mañana caminaba hacia la parroquia y me encontré con esto:


Justo ayer había leído de pasada una denuncia donde se hablaba de lo malos que son los globos para el medio ambiente. En especial para los animales marinos, pues al caer al agua se creen que son comida y se los tragan. Tal vez por eso, al ver el globo me he fijado más en él y, al seguir mi camino, se me ocurrió una reflexión que ahora traigo a este blog.

Por un instante pensé en su historia. Me pregunté quién sería el dueño de ese globo que no había acabado en el mar, sino enganchado a una valla de mi ciudad. Posiblemente un niño. Es Domingo, así que tal vez era fruto de un paseo familiar la tarde anterior. O de un cumpleaños, o de una fiesta en un establecimiento de comidas cercano...

Pasé a algo un poco más profundo: cómo estaba ese globo. Aún conservaba algo del aire interior que les hace levantarse hacia lo alto, pero en la parte baja había comenzado a deshincharse. Tal vez estaba pinchado, tal vez por donde el hilo lo ata se había desaflojado y se escapaba el aire... Fuera como fuera, la parte más visible se veía inflada y la parte posterior, más oculta, desinflada. 

Y en seguida me fui a lo espiritual, típico en mí. Instantáneamente pensé en cuántas veces somos así ante los demás. O cuántas veces se nos presentan así las personas. En su cara más visible, nos dan una imagen "hinchada", buena, atrayente. Pero por detrás, en lo más oculto, están "desinchados", "desinflados", heridos, tristes, sin rumbo; necesitados de una palabra de aliento, consuelo, esperanza, luz...

Y sentí la invitación del Señor a no quedarme en las apariencias. A ir siempre más allá. A no juzgar cuando otra persona me muestre un rostro "desinflado", o una palabra fuera de tono, o un gesto que me cueste entender porque parezca que "no viene a cuento". ¿Quién soy yo para juzgar, si no conozco el "aire" que le pueda faltar detrás? 

Al volver de la parroquia, se había levantado un fuerte viento. Y me encontré de nuevo el globo. Esta vez, alguien lo había atado a la papelera junto a la valla donde yo lo había visto anteriormente. Y el viento lo hacía "volar":


Sí, este globo ha sido creado para volar alto, bien alto. Como nosotros, hijos de Dios: también estamos llamados, hemos sido creados para volar alto, muy alto, con las alas del Espíritu Santo. Pero a veces nos dejamos enganchar por un frágil hilo que nos esclaviza, nos inmoviliza, nos hace olvidar para qué estamos hechos y nos sumerge en tristezas, desesperanzas, envidias, iras, agobios, desconciertos... Al final nos desinfla...

Sólo Cristo puede liberarnos de nuestras ataduras y cadenas. Sólo Él puede llenar nuestras almas y que sean colmadas de amor, alegría, paz, fortaleza, esperanza... libertad... de todo aquello que suspiramos y anhelamos, porque hemos sido creados para gozar de ello ya aquí y por toda la eternidad.

Entre globo y globo yo encontré el lugar de encuentro con este Dios nuestro que nos hace plenos: la adoración, la Eucaristía comunitaria, el encuentro con los hermanos, el perdón en la confesión... la confianza de poner mi vida, una y otra vez, en sus manos, incluso en aquello que no entiendo o que me hace sufrir. 

Y a ti, ¿cuáles son los "hilos" que te esclavizan, que te impiden volar, y que necesitas dejar a los pies del Señor, entregar a su Misericordia?

El viento sigue soplando: el de la calle y el del Espíritu. Déjate arrastrar, pequeño "globo" de Dios. Levanta las alas de tu corazón y echa a volar. Sé lo que eres, aquello para lo que has sido creado.

¡Vuelta alto, con las alas del Espíritu Santo!

Canción: Llena mi vida
Autor: Yohan Rosario