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10 noviembre 2021

Gracias sean dadas a san José

Gracias a la amabilidad de los bienhechores que prestan sus camiones por turno, las Hermanitas de los Pobres de la casa de Amiens (Francia) hacen colectas abundantes en el campo. Un miércoles, día dedicado a san José, previenen a la Superiora que su gira será más larga y probablemente no volverán antes de las seis de la tarde. He aquí que al mediodía están de vuelta. Desde la segunda granja el camión se ha llenado: hay que descargar rápido y volver a salir sin tardanza hacia otras granjas donde los están esperando.

«Está bien – dice el chófer – pero mi patrón no contaba con dos viajes de ida y vuelta y no cargué el combustible necesario.

– No se preocupe, responde la Hermanita, voy a buscar un bidón, mida por favor para ver cuánto necesita.»

El chófer introduce la varilla en el tanque y se queda estupefacto: está lleno como al partir, a pesar de los km ya recorridos. Este prodigio lo emocionó hasta tal punto que rechazó cargar el bidón de gasóleo que le proponían llevar por precaución. Efectivamente, el contenido del tanque aseguró sin inconveniente alguno el segundo trayecto. ¡Gracias sean dadas a san José!

(del libro "Id a José" de la Abadía San José de Clairval: https://www.clairval.com/index.php/es/)


 

03 noviembre 2021

La bondad de san José

Por doquier el querido san José manifiesta su bondad.

Una pequeña árabe que había perdido a sus padres, había crecido como una hierba silvestre, sin encontrar afecto alguno. Las personas que la habían recogido la hacían trabajar sin darle mucho alimento. Era golpeada constantemente, por lo que se ponía más insoportable. Varias veces se había escapado, pero la habían atrapado. Llegó un día en que, no aguantando más, decidió arrojarse a un pozo en pleno campo.

Tiró sus sandalias al agua, para no dejar rastros. En el momento en que iba a tirarse, oyó unos pasos detrás de ella. Se dio la vuelta y vio a un hombre que le dijo: "¡Aun con todo, eso jamás!". Le devolvió sus sandalias y le dijo: "Ve, yo te ayudaré ", luego desapareció. La niña partió a la aventura. Cerca de una ciudad, fue acogida por un grupo de jóvenes que trabajaban en un campo. Le dieron de comer porque estaba hambrienta.

Al visitar su casa, la pequeña se detuvo emocionada delante de una estatua diciendo: "Es el Señor que me dijo: "¡Ve, yo te ayudaré!". Era una estatua de san José, y la casa era la del Buen Pastor. La niña quiso conocer quién era ese señor que ella había visto y que volvía a encontrar en ese momento. Después de san José, y con él, descubrió a la Santísima Virgen María, y luego a Jesucristo y a la Iglesia.

Al Bautismo le siguió la vocación religiosa y la toma de hábito con el nombre de hermana Magdalena de san José. Fue a reunirse con su Protector después de muchos años de vida feliz en la verdadera fe.

(del libro "Id a José" de la Abadía San José de Clairval: https://www.clairval.com/index.php/es/)


 

27 octubre 2021

San José, patrón de la buena muerte

Un hombre indiferente, incrédulo, iba a morir con la blasfemia en los labios y la desesperación en el corazón. Su mujer rezaba y lloraba y Dios parecía no oírla. Sin embargo, la muerte llegaba a grandes pasos.

Apresúrese, dijo el ministro de la Iglesia a la esposa del enfermo, vaya a buscar a un pobre y dele limosna en nombre de San José por la conversión de su marido.

Ella corrió por las calles y encontró a un anciano cubierto de harapos, le dio una limosna generosa, diciéndole que rezara por la conversión de un pecador... En ese momento, el moribundo había tomado la mano del sacer dote, se la había besado bañado en lágrimas y había pedido perdón con arrepentimiento de sus pecados. La conversión fue sincera y edificante. Algunas horas después, este hombre entraba en la eternidad, salvado por la limosna dada en nombre de san José y por la oración del pobre...

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Una joven, educada en una casa del Sagrado Corazón, fue elegida por Dios para una gran obra. Desde la más tierna edad, se hacía a menudo esta pregunta: "Dios es nuestra Providencia, ¿cómo podemos nosotros llegar a ser su instrumento?" Y la gracia puso en su corazón esta respuesta: "Pagando la deuda del Purgatorio".

El 2 de noviembre de 1853, se concibió el proyecto de establecer una congregación religiosa; su principal finalidad será acudir en auxilio de estas pobres almas, mediante el trabajo, la oración y el sufrimiento. El santo Cura de Ars, maravillado por la idea, aportó toda su ayuda a la obra, dando a menudo consejos y avisos a esta piadosa fundadora.

Prometieron a san José, si la obra se establecía, que la primera estatua colocada en la primera casa de las personas que iban a consagrarse enteramente al alivio de las almas del Purgatorio, sería la suya. San José tuvo cuidado de no olvidar esta promesa. La Providencia les proporcionó el adquirir una casa en París; y las religiosas tomaron el nombre de Auxiliadoras de las almas del Purgatorio. Al día siguiente, un empleado llega y deposita una estatua del santo, de parte de una persona que desconoce todo, tanto el piadoso deseo como la misma adquisición. San José había querido de este modo declararse protector de esta obra heroica que, en medio de la gran ciudad de París, se ocupa de un ministerio escondido.

(del libro "Id a José" de la Abadía San José de Clairval: https://www.clairval.com/index.php/es/)


 

28 julio 2021

Pequeños y hermosos testimonios

En una casa de Hermanitas de los Pobres, la hermana cocinera apenas tenía manzanas, escasas y caras este año. En un gesto de humilde confianza, deposita una a los pies de san José. Pocos días después, otra casa de la misma congregación recibía una llamada telefónica y se les comunicaba que un camión de manzanas había volcado en un accidente su carga en la carretera. Se les rogaba que fueran a buscar manzanas... y la comunidad de las Hermanas recibía una camioneta llena.

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Un joven hacía sus estudios en la casa del cura de su pueblo, como aspirante al sacerdocio. Deseaba  consagrar  su  vida  al  servicio  de  Dios  y  a  la  salvación  de  las  almas.

Desgraciadamente, tenía tantas dificultades con la lengua latina, que su generoso maestro perdió la paciencia y temió de momento por su éxito. Las lágrimas del estudiante, su aplicación y su piedad contribuyeron, sin embargo, a prolongar la prueba. "Mi querido hijo, dijo el venerable pastor, no veo más que un medio para salir de esta situación: es ponerte bajo la protección de san José, rogarle y suplicarle ardientemente que te conceda los talentos que no tienes; de otra manera nos quedaremos en el camino. Vamos, anímate, yo uniré mis oraciones a las tuyas y tengo la firme confianza de que seremos escuchados, porque todo lo consigue la oración perseverante".

El estudiante se arrojó en los brazos de san José y rogó con tanto fervor, que el buen Patriarca lo tomó bajo su amparo de una manera maravillosa. La inteligencia del joven se abrió poco a poco, sus talentos se desarrollaron y terminó sus clases con éxito. Cuando entró en el seminario mayor, se distinguió por sus luces tanto como por sus virtudes, y recibió el sacerdocio con honor. Nombrado sucesivamente profesor de teología dogmática y de teología moral, superior y finalmente vicario general, fue durante muchos años la luz y el consejo de la mayoría de los sacerdotes que dirigió a su vez. Lo que se notaba por encima de todo en este hombre de Dios era su confianza y su reconocimiento hacia san José, su generoso bienhechor.

 

Aprendamos de estos testimonios cuán poderosa es ante el Corazón de Dios la oración humilde y perseverante que se le dirige por intercesión del santo esposo de María.

(del libro "Id a José" de la Abadía San José de Clairval: https://www.clairval.com/index.php/es/)

 


 

14 julio 2021

Humildad y virginidad

«Si san José tenía cuidado de mantener guardadas sus virtudes bajo el amparo de la santísima humildad, tenía una solicitud particular para esconder la preciosa perla de su virginidad; es por eso por lo que consintió en casarse, a fin de que nadie pudiera saberlo, y para que bajo el santo velo del matrimonio pudiera vivir más oculto.

De ahí se desprende que las vírgenes y aquellos que quieran vivir castamente conocen que no es suficiente ser vírgenes, si no son humildes y no encierran su pureza en el vaso precioso de la humildad, porque de otra manera, les sucederá como a las vírgenes necias, las cuales, faltas de humildad y de caridad misericordiosa, fueron expulsadas de las bodas del Esposo, y al partir fueron obligadas a ir a las bodas del mundo, donde no se observa el consejo del Esposo celestial que dice que hay que ser humilde para entrar a las bodas, quiero decir, que hay que practicar la humildad: “Y así nos lo indica, al ir a las bodas, o al ser invitados a las bodas, ocupad el último lugar”.

En consecuencia, vemos cuán necesaria es la humildad para la conservación de la virginidad, puesto que indudablemente nadie entrará en el banquete celestial y en el festín nupcial que Dios prepara a las vírgenes en la morada celestial, si no viene acompañado de esta virtud de la humildad.

No se tienen los objetos preciosos, sobre todo los ungüentos fragantes, al aire; porque además de que los ornas se disiparían, las moscas los dañarían, y les harían arder su precio y su valor. Lo mismo ocurre con las almas santas, las cuales, por temer perder el precio y el valor de las buenas obras, las encierran ordinariamente en un vaso pero no en un vaso común como sucede con los ungüentos celosos, las ponen en un vaso de alabastro (como el que santa Magdalena derramó o vació sobre la cabeza sagrada, Nuestro Señor).

Ese vaso de alabastro es, pues, la humildad, en la cual debemos, a imitación de Nuestra Señora y de san José, guardar nuestras virtudes y todo lo que nos hace dignos de la estima de los hombres, contentándonos con agradar a Dios, y permaneciendo bajo el velo sagrado del aprecio de nosotros mismos, esperando que Dios, al venir a llevarnos al lugar seguro, que es la gloria, haga Él mismo brillar nuestras virtudes para su honor y gloria.

Pensemos hasta qué grado de virtud llegó san José en virginidad, en esta virtud que nos asemeja a los ángeles, si la Santísima Virgen no fue solamente virgen completamente pura y totalmente blanca, sino que Ella era la virginidad misma. Pensemos que aquel que fue desinado por el Padre Eterno como guardián de su virginidad, o, mejor dicho, como compañero, puesto que Ella necesitaba ser protegida por nadie que no fuese Ella misma, debía ser muy grande en esta virtud.

Los dos habían hecho voto de guardar la virginidad durante toda su vida, y he aquí que Dios quiere que estén unidos por el lazo de un santo matrimonio, no para hacerlos desdecirse ni para que se arrepientan de su voto, sino para volver a confirmarlos y fortalecerse el uno al otro en la perseverancia de su santa empresa; es por eso por lo que hicieron nuevamente el voto de vivir virginalmente juntos todo el resto de sus vidas.

Así, pues, muy al contrario de que José fuera puesto más alto que Nuestra Señora para hacerle romper su voto de virginidad, él le fue dado a ella por compañero, y para que la pureza de Nuestra Señora pudiera ser preservada más admirablemente en su integridad bajo el velo y la sombra del santo matrimonio y de la santa unión en que vivían.

Si la Santísima Virgen es una puerta, dice el Padre Eterno, nosotros no queremos que sea abierta; porque es una puerta Oriental, por la cual nadie puede entrar ni salir: al contrario, hay que protegerla y reforzarla con madera incorruptible, es decir, darle un compañero en su pureza, que es el gran san José, el cual para tal misión debía aventajar a todos los santos, aun a los mismos Ángeles y Querubines, en esta virtud tan recomendable de la virginidad (San Francisco de Sales)».

(del libro "Id a José" de la Abadía San José de Clairval: https://www.clairval.com/index.php/es/)

 


 

07 julio 2021

El santo más querido por la Virgen

Una buena religiosa, cuenta el P. de Barry, era atormentada por tentaciones violentas e importunas, sobre todo durante la oración. Estaba tanto más turbada cuanto que la pusilanimidad y la desconfianza se adueñaban de su corazón. Ella se persuadía de que nunca podría llegar a esa preciosa libertad de espíritu que es, aquí abajo, el celestial atributo de los hijos de Dios. Sumida en esas angustias, recorrió a María, como a su buena Madre, a fin de encontrar de nuevo la calma y la paz. «¡Oh Virgen! – exclamó –, si vos misma juzgáis que no os concierne el darme esta gracia, dignaos al menos indicarme de entre los santos que os son más queridos un protector al cual pueda acudir con fianza y éxito».

Apenas hubo terminado esta oración, se sintió inundada de consolaciones. San José apareció a los ojos de su alma como el santo más querido de la Virgen, tanto en su calidad de esposo como en razón de sus eminentes virtudes. Sin dejar un solo instante se puso en manos de este augusto protector. San José le hizo sentir, en el mismo instante, la eficacia de su intercesión librándola de sus penas. A partir de ese momento, tan pronto como era asaltada por el demonio, recurría al digno esposo de la Virgen María y recuperaba inmediatamente la paz del corazón y la libertad de conversar apaciblemente con Dios...

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Una joven había hecho el voto de castidad. Habiendo tenido la desgracia de ser infiel a este compromiso, no tuvo la valentía de confesarse de su pecado. Desde entonces, con la profanación de los sacramentos, comenzó para ella una vida remordimientos y tormentos.

Se le ocurrió acudir a san José. Durante nueve días recitó devotamente el himno y la oración del santo. Terminada la novena la falsa vergüenza apareció y, como lo escribió ella misma al P. Barry rogándole que publicara este favor de san José, lejos de costarle, la confesión fue para ella una verdadera felicidad.

«Convencida de esta experiencia del poder y de la bondad de san José, llevo siempre su imagen sobre mi pecho con la resolución de no separarme de ella ni de día ni de noche. A partir de ese momento, he podido vencer las tentaciones impuras y he recibido tantas gracias que no sé cómo agradecerlas».

(del libro "Id a José" de la Abadía San José de Clairval: https://www.clairval.com/index.php/es/)


 

 

23 junio 2021

San José "constructor"

El terremoto de 1985 en Chile destruyó el gran establecimiento de las Hermanitas de los Pobres de Santiago, ubicado cerca de la basílica de Nuestra Señora de Lourdes. Poco tiempo después, la Madre General visitaba Chile.

Las personas mayores evacuadas de la casa siniestrada estaban, una parte, en una segunda casa de Santiago y un gran número repartidas en diversas instituciones. Ellas rezaban encarecidamente para que la casa de Santiago "Nuestra Señora" se reconstruyese. Sufrían por su situación y una numerosa delegación había ido a suplicar a la Madre General que la hiciera reconstruir a fin de poder regresar a "su" casa. El Cardenal de Santiago, por su parte, abogó ardientemente en favor de la reconstrucción.

Después de oraciones y consultas al Consejo General, se tomó la decisión de reconstruir la casa, haciendo un acto de total confianza en san José, agente de la Providencia, porque las Hermanitas no tenían dinero. Dos meses después, por una vía no habitual completamente inesperada, les fue brindado un donativo muy importante para una casa pobre (fundación o reconstrucción). Esta suma imprevista permitió enfrentarse a las obras y el 30 de agosto de 1992 la casa fue inaugurada.

 

(del libro "Id a José" de la Abadía San José de Clairval: https://www.clairval.com/index.php/es/)


 

24 marzo 2021

“Alguien que os quiere bien”

Acudamos a san José con confianza en nuestras necesidades. Un par de historias que nos ayudarán a hacerlo.

«A comienzos de febrero, cuenta una comunidad de religiosas de Estados Unidos, nosotras habíamos colocado junto a la estatua de san José, en el vestíbulo de la entrada, la foto de un pequeño coche con una nota explicativa de nuestra necesidad. Llegó marzo sin traer respuesta... pero el miércoles de la última semana un señor llamó por teléfono, diciendo que quería regalarnos un coche. Preguntaba si una hermana podía acompañarlo al comercio, a fin de traérselo a nuestro convento. Cuando el vendedor presentó el coche en cuestión, era exactamente el modelo representado en la foto: ¡un pequeño Ford azul oscuro!

La bendición del vehículo tuvo lugar algunos días más tarde y vamos a hacer celebrar una Santa Misa de acción de gracias en honor de san José. ¿No había sido él, en cierto modo, el que había "firmado" su respuesta?»

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«La colecta habitual del mes de septiembre en Kerala debió ser suspendida ese año, cuentan las Hermanitas de los Pobres de una casa del sur de la India. Ellas acudieron a san José con gran fervor, y esa inmensa confianza que comparten todas las Hermanas de la Congregación, pidiéndole que les solucionara ese problema, porque la gente de este Estado aprecia la obra en favor de las personas de edad y es muy generosa.

Apenas había sido tomada la decisión, nuestro buen santo comenzó a enviarles sorpresas. Una de las más inesperadas fue una ofrenda de 1.500 dólares, de parte de una persona desconocida de las religiosas.

Algún tiempo después, otra persona, que no había oído hablar jamás de la Congregación, realizó la venta de un terreno en condiciones ventajosas. Hablando con un funcionario de Kotagir, ciudad bastante alejada de la de las Hermanas, expresó su deseo de hacer algo por los pobres. Este funcionario, que antes había trabajado en la ciudad de las religiosas, le dijo que conocía una institución en la cual su contribución sería bien utilizada. El bienhechor las visitó sin dar razón de su presencia allí. Muy impresionado por los residentes y por todo lo que había visto, puso en manos de la Madre Superiora, en el momento de despedirse, un cheque de 750 dólares. Como ella le preguntaba a nombre de quién debía hacer el recibo, él respondió: “Alguien que os quiere bien”».

(del libro "Id a José" de la Abadía San José de Clairval: https://www.clairval.com/index.php/es/)


 

03 mayo 2020

Pastores frágiles... pero elegidos

Hoy celebramos el Domingo del Buen Pastor.

Hace un par de días, como todos estos días de confinamiento, estaba de rodillas ante mi ordenador viendo cómo uno de los sacerdotes de mi parroquia exponía el Santísimo online. El Señor me ha concedido la Gracia de tener una mirada que ve la belleza de lo sagrado de un modo en que otros no siempre lo ven. Y este día fue un momento muy especial, más que otros.

Había una belleza extraordinaria en lo que estaba viendo en la pantalla. Una canción hermosa de adoración y entrega al Señor, un sacerdote-pastor arrodillado ante el Santísimo, el humo del incienso subiendo las oraciones de todos nosotros a la presencia del Padre...

Había tanta, tanta belleza... En seguida vino a mi memoria la celebración del Buen Pastor de hoy. Y miré al sacerdote.

Por pura Misericordia, he tenido el regalo de conocer personalmente a muchos. Algunos con cierta profundidad. En ese sacerdote veía a todos, en especial a los que llevo con más cariño en el corazón, y en todos veo siempre lo mismo: una excelsa vocación en una inmensa fragilidad. 

Siempre tienen mucha necesidad de nuestra oración y de la entrega generosa de nuestra vida por la suya y por su vocación. Y doy muchas gracias a nuestra Madre Iglesia por ponernos distintos momentos en el año donde se nos recuerda de forma especial esta necesidad. Hoy es uno de ellos.

Oremos por nuestros pastores. Malos tiempos son estos para ellos. Hay demasiada relatividad en todo, que lleva a algunos hasta a llegar a vivir con una profunda mediocridad su ministerio. Y el problema es que los que viven así muchas veces no lo ven, no son conscientes de ello... La ceguera ha entrado de tal modo que ya no ven y creen que van bien... Quizá han olvidado la exhortación del apóstol Pablo: "Cuida de ti mismo y de la enseñanza" (1 Timoteo 4, 16)

Solo son hombres, frágiles como tú y yo, que han escuchado una hermosa llamada en su corazón. Han visto la mirada de Jesús que se posaba sobre sus ojos.... y se aventuraron a decirle que sí enamorados por esa mirada.

Oremos por nuestros pastores. Por todos, por los que nos parecen buenos y por los que ahora no lo son tanto. Todos necesitan nuestra oración, la oveja perdida aún más. No los juzguemos. Solo oremos, en el silencio. "Ama hasta que duela", nos invitaba la Madre Teresa de Calcuta. Que nos duela su vida, que nos duela su santidad. 

Ofrezcamos nuestras vidas por ellos y que el Señor les conceda la inmensa Gracia de dejarse hacer imagen y semejanza del Buen Pastor que los eligió, que los llamó, que anhela completar la obra buena en ellos, hasta hacer su corazón a imagen del Suyo.

Canción: Y tú, ¿no has pensado alguna vez?
Autor: P. Gonzalo Mazarrasa


28 junio 2017

TESTIMONIO - Me gusta ser misionero, consagrado, sacerdote, servidor...

Hoy nos comparte su testimonio el padre Abel, sacerdote claretiano, padre espiritual y amigo. Ya nos escribió hace un tiempito la preciosa "Historia de una bufanda". Hoy el testimonio es más personal aún, vinculado a la hermosa historia de Amor de Dios en su vida. 


ME GUSTA SER MISIONERO, CONSAGRADO, SACERDOTE, SERVIDOR...


He venido a la playa para iniciar la escritura del testimonio de mi vida, asumiendo la invitación de Elena. Al observar el horizonte mi primera constatación es que mi vida es un continuo encuentro de mundos que no desean ser conquistados sino amados y, muchas veces, también sanados y/o reconciliados. Soy misionero y vivo en España, soy bautizado y ejerzo como presbítero en la Congregación de Misioneros Claretianos, me siento lleno de vitalidad y a la vez muy necesitado de mis hermanos y hermanas.

Me encontré con Dios antes de nacer, ya que desde el vientre materno mi madre me ha tenido que proteger tanto de personas como de acontecimientos que me podían haber privado de la vida que hoy gozo. Mi madre me ha enseñado a decir que sí a Dios y a la vida. Por gracia del Altísimo, nací en Colombia, en donde he aprendido a buscarle en todo tipo de personas y situaciones: en mi familia, en el colegio Claret de la ciudad de Cali, en los amigos de infancia, en los de la adolescencia y en los de la juventud. Con los scouts aprendí a encontrar a Dios en la naturaleza; en la parroquia de mi barrio aprendí a encontrarlo en la fe de la comunidad; en los pobres aprendí a encontrarlo en los sufrientes y necesitados; en la Vida Consagrada y en mi Congregación Claretiana he aprendido a encontrarlo en infinidad de respuestas (“Sí”, “hágase”)… Pero donde más siento que se hace presente es en la familia, la de sangre y la carismática, la humana, la que sufre y se acompaña mutuamente, la que lucha y se supera, la que cada día tiene que volver a levantarse y perdonarse, la de la comunidad, la de los que se aman siendo distintos.

Fui bautizado con 9 meses de vida, hice la primera comunión con 8 años, hice mi primera profesión como Misionero Claretiano con 21 años y fui ordenado presbítero con 27. A lo largo de este proceso, el Dios con el que me he ido encontrando nunca ha sido estático, ni ha estado encerrado, ni es unipersonal ni mucho menos separatista, siempre se deja reconocer en comunión con otros. El Dios con el que me he ido encontrando no se deja atrapar, encerrar o manipular, aunque por amor se conmueve en sus entrañas y lo da todo para que tengamos vida abundante (Cf. Jn 10, 10b)

El Dios con el que me he ido encontrando es más grande y profundo que el mismo océano que contemplan mis ojos, pero por amor se hace pequeño y resalta su sencillez dejándose reconocer en los que son como niños. Su palabra se escucha en todos los idiomas y en todos los rincones del mundo, así que todos Le podemos escuchar. Esto me anima a ser misionero, pues sé que quiere hablar, ser escuchado y acogido en el corazón de todo hombre y mujer. El Dios con el que me he ido encontrando va a la escuela con los estudiantes, al trabajo con los currantes, a la playa con los de espíritu libre, a la montaña con los que se esfuerzan, al desierto con los que buscan intimidad, al parque con los que se relacionan… y a la vez no le gusta salir de casa si hay alguien enfermo, en prisión o se ha encerrado en sí mismo, pues es en nuestro corazón donde quiere habitar por siempre.

Delante del sagrario también te digo que el Dios con el que me voy encontrado es misericordia, compasión, silencio, escucha, luz, abrazo, caricia, beso, amor sin límites, cuenco que recoge las lágrimas de los corazones afligidos...
El Dios con el que me voy encontrando es muy relacional, cercano, de todos los colores, condición social, nacionalidad, edad, religión…
El Dios con el que me voy encontrando y que cada vez me cautiva más, es sobre todo Corazón traspasado, herido de amor, entregado, hecho pobre y en total obediencia el Padre. Es un Dios de brazos abiertos y manos con callos de tanto trabajar trayendo la paz. Es un Dios con los pies llenos de polvo al salir a los caminos para acoger a los peregrinos e inmigrantes. Es un Dios comunidad (común-unidad), de personas distintas y ninguna se consigue sentir ni más ni menos que los demás, porque los une el amor y el reconocimiento de que sin los otros desaparecemos.

Me gusta ser misionero, consagrado, sacerdote, servidor de los que buscan a Dios y con sencillez de corazón se dejan encontrar, sorprender, animar, se dejan ayudar a vivir. Y por ello mismo me duele la indiferencia y el estar acomodados “en lo de siempre” y “con los de siempre”, que no siempre son los más necesitados, los que desde las periferias estiran sus manos anhelando sentir nuestras manos de hermanos y convencidos creyentes.

Del Dios con el que me voy encontrando aún me queda mucho por conocer, amar, servir, y alabar… Confío que con su gracia pueda seguir en el camino que me lleve a llegar, de la mano de otros, a su Reino, que quiere hacerse presente aquí en la Tierra. Amén.


13 junio 2017

TESTIMONIO - La hora del milagro

Hoy os comparto el testimonio que me envió Adrián, misionero claretiano y, desde el pasado sábado 10 de junio, sacerdote de Jesucristo. Este testimonio lo compartió antes de su ordenación, así que ya asoma en él esa flor que florece con toda su vitalidad nueva y expande la fragancia de Cristo a todo aquel que se acerca.

Como nos dijo en la homilía de su primera Misa, con palabras del poeta Miguel Hernández, oramos para que su vida sea siempre: "Querer, querer, querer. Esa fue mi corona, esa es".

LA HORA DEL MILAGRO

Últimamente pienso que sería maravilloso asistir al momento exacto en que la flor, que lleva todo un invierno gestándose en el silencio y la paciencia de lo escondido, hace estallar su cubierta y comienza a abrir sus puntas hacia el mundo. Ese momento inasible en que la planta, vencida de riqueza, sobreabundada de la savia que ha ido tomando de la tierra y del agua y del sol, empieza a mostrar a todos sus perfiles esmaltados y va anunciando en ellos la cosecha futura. El instante del milagro insospechado en que todo se hace nuevo, habiendo germinado desde antiguo... Últimamente lo pienso, porque lo siento cerca.

Los misioneros claretianos abrieron para mí la cancela de su jardín hace ya más de una década. He pasado la mayor parte de estos años formándome para la vida misionera: aquilatando los sueños, tentando las fuerzas, agrandando la alcuza. Aprendiendo a reconocer la voz del Buen Pastor, a transitar sus oteros, a descansar en sus majadas. He sido regalado con la intimidad amorosa de Dios pasando muchas horas delante de un Cristo crucificado cuya madera parecía lumbre encendida. He escuchado Su nombre en muchos nombres y he sufrido con quienes no aciertan a pronunciarlo, ni siquiera como deseo. He sabido —y nunca lo agradeceré suficientemente— lo que es la compañía y el abrazo de un padre y un amigo en el Espíritu. He batallado contra mis miras estrechas para vivir en fe el discipulado de la comunidad y la mistagogía de la Iglesia. He implorado que mis días conozcan la hondura, la compasión y la fecundidad. Que mi esperanza sea más grande que mis fracasos. Y que al cruzarse conmigo, los hombres vean algo —a Alguien— más allá de mí. No son muchos mis años de vida religiosa, pero ya he llorado la muerte de algún hermano a quien echo de menos más de lo que quisiera admitir. Y ahora, pobre como me sé, estoy a un paso de ser ordenado presbítero, aguardando que la raíz se torne tronco, el tronco despegue en ramas, las ramas cuajen en brotes y los brotes se ofrezcan en fruto.

Paso este tiempo peregrinando como un hombre creyente entre universitarios que me desconciertan y que me invitan por igual a la gratitud por lo recibido y a la pasión por lo prometido. Al mismo tiempo, soy como ellos joven y estudiante. En su día, lo fui de la literatura, a la que sigo acudiendo como postigo franco desde el que avistar la entraña humana, a veces tan opaca, otras tan visitada por la luz divina. Hoy soy más bien un torpe y asombrado lector de teología, que va tratando de conocer y amar y servir mejor a Dios a través de quienes lo han pensado y orado y vivido antes y más santamente, habitando el hontanar de las verdades últimas. Y en medio del jornal cotidiano —el alma vuelta a Dios aun en la noche—, intuyo que sí, que no está lejos la savia de las yemas. Miro por mi ventana la fronda en la ciudad. Y rezo con cadencia castellana: «Antes que te derribe, olmo del Duero, / el leñador, (...) / quiero anotar en mi cartera / la gracia de tu rama verdecida. / Mi corazón espera / también, hacia la luz y hacia la vida / otro milagro de la primavera» (A. Machado).

Canción: I look to you
Intérprete: Whitney Houston
https://youtu.be/5Pze_mdbOK8?list=PLIquW9Q_oS0AO0zgv5MK2_C1q_4mSB_Dd