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03 mayo 2019

Mes de mayo, mes de María

Os comparto una colaboración en la página de los Misioneros Digitales Católicos.

Las expresiones de religiosidad popular son un regalo dentro de nuestra Iglesia cuando son bien vividas. Y una de ellas es vivir el mes de mayo dedicado a nuestra Madre. 

Algunos autores ven en esta manifestación de religiosidad popular una cristianización de una celebración pagana: la costumbre nació en la antigua Grecia. El mes mayo era dedicado a Artemisa, la diosa de la fecundidad. Algo similar sucedía en la antigua Roma pues mayo era dedicado a Flora, la diosa de la vegetación. En aquella época celebraban los ludi florals o los juegos florales a finales de abril y pedían su intercesión. De hecho, mayo debe su nombre a la diosa de la primavera Maia.

En la época medieval abundaron costumbres similares, todo centrado en la llegada del buen tiempo y el alejamiento del invierno. El 1 de mayo era considerado como el apogeo de la primavera en Europa.
Durante este período, antes del siglo XII, entró en vigor la tradición de Tricesimum o "La devoción de treinta días a María". Estas celebraciones se llevaban a cabo del 15 de agosto al 14 de septiembre y todavía puede observarse en algunas áreas. Con su poesía Ben vennas Mayo de las Cantigas de Santa María, Alfonso X el Sabio nos revela que ya existía en la Edad Media, al menos en España.

La idea de un mes dedicado específicamente a María se remonta al siglo XVII. Fue en esta época que el mes de mayo y de María se combinaron, haciendo que esta celebración cuente con devociones especiales organizadas cada día durante todo el mes. Esta costumbre se extendió sobre todo durante el siglo XIX y se practica hasta hoy.

La Iglesia la ha alentado, por ejemplo concediendo indulgencias plenarias especiales y con referencias en algunos documentos del Magisterio, como la encíclia Mense Mayo de Pablo VI en 1965. San Juan Pablo II afirmó en una audiencia general al empezar el mes de mayo en 1979: “El mes de mayo nos estimula a pensar y a hablar de modo particular de Ella. En efecto, este es su mes. Así pues, el período del año litúrgico, [Resurrección], y el corriente mes llaman e invitan nuestros corazones a abrirse de manera singular a María”.

La Iglesia nos alienta en este tiempo a no dejar que pase en balde. Es una oportunidad maravillosa para reflexionar en las principales virtudes de nuestra Madre: María era una mujer de profunda vida de oración, vivía siempre cerca de Dios. Era una mujer humilde, es decir, sencilla; era generosa, se olvidaba de sí misma para darse a los demás; tenía gran caridad, amaba y ayudaba a todos por igual; era servicial, atendía a José y a Jesús con amor; vivía con alegría; era paciente con su familia; sabía aceptar la voluntad de Dios en su vida.

Sea cual sea su origen, la celebración de este mes de mayo es más que una tradición entre los cristianos, es un homenaje y una acción de gracias hacia quien es nuestra Madre. Como "regalos" para ella, se suelen hacer muchas cosas:

*Mirar a María como una Madre. Confiarle todo lo que nos pasa: lo bueno y lo malo. Saber acudir a ella en todo momento.

*Demostrarle nuestro cariño: hacer lo que ella espera de nosotros como hijos suyos que somos y recordarla a lo largo del día.

*Confiar plenamente en ella: muchas de las Gracias que Jesús nos da pasan por las manos de María y es ella quien intercede ante su Hijo por nuestras dificultades.

 *Imitar sus virtudes: esta es la mejor manera de demostrarle nuestro amor, dejándonos hacer como ella se dejó hacer por Dios.

*Rezar en familia las oraciones especialmente dedicadas a María. La Iglesia nos ofrece bellas oraciones como el Ángelus o el Regina Caeli (en el Tiempo Pascual) a mediodía, la Consagración a María y el Rosario.


Aprovechemos cada minuto de estos 31 días para abrir nuestro corazón a María. Para pedirle que haga nuestro corazón semejante a su Inmaculado Corazón. Que por su intercesión nos conceda el Señor la Gracia de vivir amando con su misma delicadeza, dulzura y ternura. Y que, algún día, nos conduzca a su lado para vivir la Pascua eterna en una bienaventuranza sin fin contemplando el rostro amado de Dios.


Canción: ¿No estoy yo aquí que soy tu Madre?
Autor: Martín Valverde


09 mayo 2018

“Madre, qué alivio es saber que no hay alma que esté fuera de la esperanza..."

Os comparto este texto que he recibido de Agustín Cobos, un hermano laico de Sevilla. Me ha parecido realmente hermoso...

Después de la tormenta llegó la calma y aprovecho para asomarme en la azotea y ver la belleza de la creación. El cielo azul en una preciosa mañana de primavera… a lo lejos, cada árbol, cada flor, cada pájaro, cada piedra del camino… ¡todo habla de Dios! Y, como siempre, pregunto desde mi corazón a María. Y me susurras que todo fue creado por Amor al hombre, todo bello, para nuestro bien. Y entre suspiros te respondo que la más hermosa eres tú. Más pura que el agua cristalina, más delicada que la suave pluma del pájaro y tu perfume es infinitamente más exquisito que el que exhalan las rosas en primavera... y me veo tan pequeño, tan pobre, ¡tan miserable!, a tu lado. Tan salpicado de suciedad y pecado… y te suplico que me agarres de tu mano y no me sueltes nunca.

“Los días donde me veneráis y salgo a la calle para bendeciros, os preparáis, os vestís de gala, dejáis impecables las casas, adornáis con flores los jardines, pintáis las paredes de las casas… ¿y vuestras almas, cómo están? Hermoso por fuera, más, por dentro… si tan solo imaginaras cuán extraordinaria capacidad de resplandecer te ha sido dada, no dudarías en hacer lo que esté de tu parte para conservar tu alma en Gracia… ¿No te das cuenta que Dios cambia los paisajes?, así puede cambiar tu alma, de una tormenta, a brillar como un arcoíris. Esta es la maravilla de la Misericordia de Dios. Todo fue creado hermoso y perfecto, pero el pecado del hombre desluce la Gloria del Señor. El pecado puede ensuciar, pero jamás puede modificar lo que es tu alma, ni para qué ha sido creada, que es Dios mismo…. has sido creado para Amar, y no importa cuánto el pecado se esfuerce en deformar y querer torcer el alma, no podrá alterar su esencia. El alma siempre conservará intacta la capacidad de arrepentimiento que te permitirá esperar con esperanza el momento en que volverá a ver brillar sus flores, que son sus dones, renacerán sus manantiales, que son las gracias y virtudes que la adornan…”

Me quedo sobrecogido y emocionado con tu respuesta, Madre. Sin palabras…

“Madre, qué alivio es saber que no hay alma que esté fuera de la esperanza… jamás nadie podrá comprender la Misericordia de Dios… pero, Madre, ¿cuánta distancia ha de recorrer mi alma llena de pecados para recuperar su frescura y pureza original?”. Pregunto como un niño con dudas a su mamá.

“Muy simple, hijo, la distancia que te separa del confesionario… no sólo te son perdonados tus pecados, en un acto de amor generosísimo, sino que te es dada la Gracia de fortalecer tu alma para vencer las tentaciones… tu alma sale nueva, pura, bella, limpia, perfumada, lista para que Jesús viva en ella… no juzgues al sacerdote porque es el mismo Señor quien está delante de ti… y no temas porque yo iré a tu lado siempre acompañándote en silencio…”

El cielo parece más azul, tengo el alma llena de gozo por este momento compartido contigo, Madre, y hasta corren lágrimas por mis mejillas de emoción…
¡Gracias Madre, por enseñarme a través de las cosas simples, por acompañarme en el camino de la vida!

Hermano mío que me acompañas mientras lees este relato, no te asusten los paisajes tristes que puedas hallar… recuerda que Jesús nos ha dejado un Sacramento que devuelve al alma su frescura… y que María te acompañe a disfrutar todos los abrazos de amor que Jesús tiene para ti, esperando, en el confesionario de tu parroquia…