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12 abril 2020

DOMINGO DE RESURRECCIÓN - ¡Cristo Vive!

 ¡Cristo ha resucitado, aleluya, aleluya! 🕯🎉
¡Verdaderamente ha resucitado, aleluya, aleluya! 🕯🎉

¡Que toda la creación alabe al Padre porque Cristo ha resucitado! 

¡Que todas las familias se unan para entonar un canto de alabanza 
a Aquel que ha vencido a la muerte! 

¡Cristo ha muerto y resucitado para nuestra salvación!

Que nadie calle ante tan gran noticia, 
que todos anuncien que el Cordero ha vencido. 
Que ya la muerte no tiene poder, 
que se nos han abierto las puertas eternas del Cielo.

Déjale vivir en ti, déjale que fluya esa vida nueva que tiene para ti.

¡Muestra que Cristo vive en tu corazón! 
¡Anúncialo!  
¡Él vive hoy!


Canción: Cristo Vive
Autor: Verbum Dei


11 abril 2020

SÁBADO SANTO - Como en Nazaret… he aquí a tu esclava

Se ha ido, Madre. Se ha ido.
Un silencio cubre la Tierra.
María, Madre, te acompañamos en este día y aprendemos de tu Inmaculado Corazón a esperar como tú.
Recorremos contigo esta preciosa historia de amor que comenzó cuando le dijiste sí al Padre. Aprendemos de ti a preguntar aquello que no entendemos y después a entregarnos sin miedo, sin medida, hasta el final.
Aprendemos de tu Corazón a hacer silencio ante los designios del Padre, a buscar la voluntad de Dios por encima de todo. Viéndote vivir comprendemos por qué Dios te eligió para ser su Madre. Nadie más hermosa que tú, Madre.
Tus hijos acudimos a ti, Madre. Enséñanos a esperar y amar en el silencio como tú. Prepara nuestros corazones para esa vida nueva que ya llega desde nuestros sepulcros.
Enséñanos a escuchar al Padre como tú, a acoger el Espíritu como tú, para que demos a Cristo a luz en el mundo... como tú.

Canción: El Diario de María.
Autor: anónimo, interpretado por Mónica Arroyo con Martín Valverde Rojas.

10 abril 2020

VIERNES SANTO - Crucificado

¿A quién buscas? ¿A Jesús? Mírale ahí, crucificado, por Amor a ti. Sin apariencia, sin presencia, desfigurado que no parece hombre, “sin aspecto humano, sin aspecto atrayente, despreciado y evitado de los hombres, como un hombre de dolores, acostumbrado a sufrimientos, ante el cual se ocultan los rostros, despreciado y desestimado”. 
Él carga sobre sí tus sufrimientos, tus dolores; ha sido traspasado por tus rebeliones, triturado por tus crímenes. Aceptó ser triturado con el sufrimiento, entregar su vida como expiación, por ti. 
Por ti, por ti…
Y sus cicatrices te han curado...

Canción: Crucificado
Intérprete: Ana María Moya.

 

09 abril 2020

Qué celebramos el Jueves Santo (2ª parte)

Teniendo presente lo que reflexionábamos ayer del dolor profundo que tenía Jesús en su Corazón, vamos a ver los gestos que realiza y que celebramos en la liturgia de este día.
 
Es importante no quedarnos como simples espectadores. Jesús nos ha invitado a sentarnos a la mesa con Él. Quiere que compartamos con Él el peso que lleva su Corazón, escuchando de sus labios su testamento vital (Juan 14-17). Quiere que nos dejemos amar hasta el extremo, lavándonos los pies, porque es el único modo en que aprenderemos a amar. Quiere que le acompañemos durante su oración estremecedora en el Huerto de los Olivos, clamando, suplicando al Padre.
 
En esta eterna noche pascual, Jesús se entrega a nosotros hasta hacerse sacramento permanente quedando instituida la Eucaristía. Celebramos la Cena del Señor en la cual Jesús, un día como hoy, la víspera de su Pasión, “mientras cenaba con sus discípulos tomó pan…” (Mateo 28, 26). Antes de ser entregado, Cristo se entrega como alimento, como anuncio profético y ofrecimiento anticipado y real de su muerte antes de su Pasión. Por eso “cuando comemos de ese pan y bebemos de esa copa, proclamamos la muerte del Señor hasta que vuelva” (1 Corintios 11, 26). De aquí que podamos decir que la Eucaristía es memorial no tanto de la Última Cena, sino de la Muerte y Resurrección de Cristo que es Señor y “Señor de la Muerte”, es decir, el Resucitado cuyo regreso esperamos según lo prometió Él mismo en su despedida: “un poco y ya no me veréis y otro poco y me volveréis a ver” (Juan 16, 16). 
 
Para poder celebrar la Eucaristía es necesario el sacramento del Orden, para que in persona Christi el pan y el vino se conviertan, por la acción del Espíritu Santo, en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Jesús les otorga el gran don del sacerdocio a los apóstoles y la potestad de continuarlo por la imposición de manos y la oración.
 
Este mismo día (salvo cambio por razones pastorales), los obispos celebran la Misa Crismal. En ella los sacerdotes renuevan las promesas realizadas el día de su ordenación, el día que, como María, dijeron sí para ser otro Cristo en este mundo, colaborando con Él en la salvación de los hombres. Crito Ungido renueva su llamada y su Amor para con sus ungidos. Oremos especialmente por ellos en este día: por su fidelidad a esta llamada y a este Amor preferencial de Cristo por ellos; porque se dejen hacer verdaderamente otros Cristos a semejanza de su Esposo.
 
Hoy celebramos la alegría de saber que esa muerte del Señor, que no terminó en el fracaso sino en el éxito, tuvo un por qué y un para qué: fue una entrega, un darse por “nosotros y por nuestra salvación” (Credo). “Nadie me quita la vida - había dicho Jesús -, sino que Yo la entrego libremente. Yo tengo poder para entregarla.” (Juan 10,16). Hoy se inicia la lucha entre la muerte y la vida de Aquel que lleva la victoria porque su arma es el amor.
 
Porque el amor es lo tercero que celebramos este día: con el gesto del lavatorio de los pies, que Jesús realizó a los discípulos, nos deja el mandato del amor y nos recuerda que el servicio y el amor entregado a los hermanos es la mejor manera de servirle y de ser hijos de Dios, pues Él no ha venido a ser servido sino a servir siendo Dios hecho hombre. La humildad, el servicio y el amor se entrelazan y nos invitan a amar como Él nos ama, con su mismo Amor.
 
Tras la Última Cena Jesús va a Getsemaní a orar junto con los 11 (Judas había abandonado el Cenáculo para ir a entregarlo). Allí reza para pedir fuerzas al Padre y poder cumplir su voluntad, que exigirá su entrega total. Aquella noche Jesús sintió el abandono de sus discípulos, que no pudieron estar en vela ni una sola hora. Esta noche se nos invita a unirnos profundamente a Él en el Monumento, durante la Hora Santa o durante toda la noche, acompañándole en su agonía y oración en Getsemaní y el posterior encarcelamiento.
 
Cristo se nos entrega todo y del todo. ¿Qué haremos nosotros? ¿Nos seguiremos reservando la vida? ¿Seguiremos midiendo nuestro amor?
 
Canción: Milagro de Amor
Autor: Betsaida 
 

 

JUEVES SANTO - Amar hasta el extremo

“Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo (…) «¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis «el Maestro» y «el Señor», y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros; os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis» (Juan 13,1-15)

Mi Jesús, mi Amado… ya no queda más que decir… solo aprender a amar como Tú, viendo cómo me amas Tú… Amar con tu mismo Amor, actualizando tu entrega por mí, por tus sacerdotes, por todos.

Canción: Amando hasta el extremo
Autora: Maite López
https://youtu.be/hxCelg9G4h8


08 abril 2020

Qué celebramos el Jueves Santo (1ª parte)

La liturgia del Jueves Santo es una invitación a profundizar en el misterio de la Pasión que comenzó en el Corazón de Cristo. Porque todo lo que vendrá después (los latigazos, los clavos, los golpes…) ya los vivió Cristo en su Corazón durante los acontecimientos que celebramos el Jueves Santo, enmarcados en la Última Cena y en el Huerto de Getsemaní. 

Para poder comprenderlo es importante conocer algunos detalles de la cena pascual de los judíos: aunque en occidente tendemos a imaginarnos la Última Cena como el cuadro de Miguel Ángel, realmente los judíos se sentaban en forma de U. Y no sentados en sillas, sino acostados, reclinados, sobre triclinios (como divanes). El invitado de honor no se sentaba en el centro, sino el segundo empezando por la izquierda, sobre un triclinio un poco más alto. Y, a ambos lados, tenía siempre a las personas a las que él deseaba mostrar más afecto y cercanía durante esa cena.

Si Juan se reclinó en su Corazón, significa que estaría recostado al lado derecho de Jesús, es decir, en la esquina. Y Judas se encontraría en el otro lado de Jesús, pues el evangelio nos dice que Jesús le dio a comer un trozo de pan untado, gesto también de las comidas de los judíos que hablaba de deferencia. Es decir, que Jesús mostró hasta el final a Judas su cariño y predilección. 

Pedro no sabemos con certeza dónde estaba, pero es muy probable que estuviera justo al otro lado, en la esquina contraria, pues el texto nos indica que le hizo gestos a Juan para que preguntara a Jesús quién le iba a negar. Y, conociendo el fuerte carácter de Pedro, es muy probable que le hubiera molestado que Jesús hubiera escogido a Juan y a Judas, en lugar de a él, para estar a su derecha y a su izquierda. Así que, enfadado, se iría al último lugar. Ese lugar era el más cercano a la puerta para ayudar a ir a por agua o vino si hacía falta. Y, por lo tanto, Pedro estaría al lado de la jofaina con la que se lavaron los pies. Por eso Pedro se negó, porque era algo que debía hacer por estar él en el último lugar.  

Y entre Pedro, Judas y los demás apóstoles, que cenaban sin darse cuenta de lo que ocurría en el interior del Maestro, tenemos a Juan, el discípulo amado, reclinado, apoyándose en su pecho. Él, quizá, podía intuir, por esa sintonía con el Señor, lo que estaba pasando en lo recóndito de su Corazón. 

“En aquel tiempo, Jesús profundamente conmovido, dijo: «En verdad, en verdad os digo: uno de vosotros me va a entregar». Releer el momento de la Última Cena en el capítulo 13 de San Juan nos ayuda a entender la conciencia con la que Jesús iba luego a consumar el sacrificio en la cruz. Él anticipa en sus gestos, de alguna forma, de un modo incruento, lo que luego sucederá cruentamente. A veces nos quedamos, en los relatos de la Pasión, en aquello que es externamente más cruel: el prendimiento, la flagelación, la corona de espinas, la crucifixión… y es verdad que todo esto produce un gran dolor al Señor. Pero este dolor físico viene precedido por un dolor espiritual, de su Corazón. Así como en la tormenta el relámpago precede al trueno, en la vida de Jesús todo aquello que sufrió físicamente vino precedido por un sufrimiento del Corazón que no se ve, pero que se puede intuir. Es un signo de todo lo que Él estaba viviendo internamente. 

Juan comienza diciendo que Jesús estaba profundamente conmovido. Es decir, estaba revuelto, estaba mal interiormente, no podía más. Y la razón por la que se encontraba así es porque, de aquellos que Él había elegido con amor, con cariño, uno de los más cercanos le iba a entregar; y a aquel que había nombrado como “príncipe de los apóstoles”, como “piedra” de su Iglesia, le anuncia que le va a negar; que, al final, todos le iban a dejar solo… y que iba a cargar sobre sí todo el pecado de la humanidad esa noche. Tu pecado y el mío. Todo ello produce en el Corazón de Jesús estar profundamente conmovido. Al Señor le duele que los más cercanos le dejen, y le duelen nuestras negaciones y nuestras traiciones. Porque, aunque desearíamos ser ese Juan que esté cerca del Señor, sintonizando con su Corazón, intentando consolarle… tantas veces somos Pedro, tantas veces somos Judas… 

Señor, te pido tu Gracia porque quisiera ser siempre como Juan, pero a veces te traiciono como Judas y me voy con otros ídolos. O soy Pedro y, por pudor, por respetos humanos, te niego. Te pido, Señor, la Gracia de la intimidad contigo. Que viva estos días santos tan unida a tu Corazón que sienta tu conmoción interna en mí. Que quiera corresponder a tu Amor entregado, como hicieron María de Betania y el apóstol Juan los días previos a tu Pasión, con gestos sencillos, pero llenos de intimidad, amor y ternura hacia Ti, Jesús. 

Canción: Graba en mi corazón
Autor: Miguel Horacio
https://youtu.be/csqRMutx30Y


13 abril 2019

Es tiempo de estar con Dios (Domingo de Ramos)

Muchas veces he escuchado o leído aquello de que, cuando uno está más cerca de Dios, su Luz intensa provoca que no lo puedas en ocasiones ver. Es la experiencia de la oscuridad de los santos, por ejemplo.

Pero hasta hace poco no ha surgido en mi corazón pensar en ello de forma espontánea. Y ha sido, una vez más, frente al mar.

Caminaba hacia un lugar conocido, en lo alto, donde sabía que podía ver el mar en el horizonte. Había algunas nubes pero el sol brillaba. Según subía, en un determinado lugar, miré entre las copas de los árboles, pues sabía que desde allí también podía verse.

Sin embargo, sólo vi blanco. Un blanco brillante.

Por un instante surgió la duda y la queja en mi corazón: ¿acaso las nubes o la neblina marítima me impedirían ver el mar cuando llegara a lo alto, como ahora parecía que estaba ocurriendo entre los árboles?

Y entonces comprendí: no es la niebla, es la luz del sol reflejando en el mar lo que hace que brille y no lo puedas ver con claridad.

Efectivamente: al subir del todo, la belleza del mar se extendía ante mis ojos en el vasto horizonte.

Comenzamos la Semana Santa. Y puede que nos ocurra lo mismo: los misterios de la vida de Cristo se van a mostrar ante nuestros ojos en su más profunda belleza. Los misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección nos hablarán con una inmensa claridad de quién es Dios, quiénes somos nosotros, para qué hemos sido creados, la necesidad de nuestra redención para alcanzar el regalo de una vida gloriosa y eterna junto al Corazón de nuestro Amado Creador.

Se nos va a mostrar tan cerca y tan radiante su vasta Misericordia que puede que quedemos cegados, o que creamos que lo estamos, y nos perdamos en oscuridades y tinieblas.

Hoy en mi corazón brota una oración: que no sea así, Señor. Que me deje deslumbrar por tu Luz insondable y admirable. Que me deje amar, perdonar, redimir. Que me deje hacer. Que ni por un segundo me quede mirando mis tinieblas, sino que me deje penetrar por la inmensidad de tu Misericordiosa Luz. Que no olvide ni por un instante quién eres Tú y quién soy yo: el Todo y la nada. Y que no me pierda por mis naderías las maravillas de tu Todo.

Comienza la "semana grande". Es tiempo de estar con Dios, de estar solo con Él. Nos vemos a la vuelta.

Feliz y santa Semana Santa.

Canción: Todo es tuyo
Autor: Athenas
https://youtu.be/Haj7OJRS8Y4
 

14 abril 2017

Meditación para el Viernes Santo: enséñame, mi Señor...

Por el padre Miguel José Cano (sacerdote diocesano de Jaén - España)

¡Jesús, permíteme acompañarte y enséñame a servir con amor, sin caretas ni prejuicios! Das cada gota de tu sangre por salvarme y, ¡cuánto me cuesta a mí responder siempre con amor! ¡Enséñame, Señor, a amar como Tú amas, a dar mi vida como Tú la das, a entregarme como lo haces Tú!

¡Qué gran enseñanza la tuya, Maestro, porque me doy cuenta de las veces que me agobio cuando no salen los planes como estaban previstos! ¡Enséñame a ser obediente hasta la muerte, confiando en la voluntad del Padre! ¡Déjame acompañarte en los momentos de soledad, dolor y agonía! Sí, ya sabes que me distraigo y quedo dormido. ¡María, acompáñame, enséñame a orar desde el corazón!

¡Enséñame a ser santo, a obrar por amor, a caminar hasta llegar al Paraíso! ¡Quiero seguir tu ejemplo, Cristo mío, quiero seguir tus huellas! ¡Quiero, oh Cordero inmolado, que mi sangre se mezcle con la que tuya en la Santa Cruz! ¡Por eso pido al Espíritu Santo que me capacite para el amor, para seguirte siempre, para imitarte siempre, para vivir como Tú nos has enseñado, para ponerme siempre en manos del Padre Creador! ¡Que sienta de verdad que tu muerte me da la libertad, la vida! ¡Quiero ser santo y hacer de mi vida una vida auténtica, de verdadero discípulo! ¡Hazme entender que el dolor y el sufrimiento no son cosas estériles sino que me unen más a Ti cada día! ¡Y te pido en este día por la humanidad entera, por mi familia y mis amigos, por la Iglesia, por tu pueblo santo, por la unidad de los cristianos, por los que no creen, por los gobernantes, por los enfermos, por los atribulados!

¡Ábrenos los ojos y el corazón, guía cada una de nuestras palabras y nuestros pensamientos, dale sabiduría a cada una de nuestras acciones y decisiones, y repara en nosotros toda nuestra debilidad! ¡Te miro y no puedo más que darte infinitas gracias por tu amor infinito y generoso, por tu inagotable misericordia, por tu sangre derramada, por tu paz, por tus enseñanzas, por tu perdón, por tu paciencia!

¡Hoy, quiero vivir, experimentar, sentir, celebrar e interiorizar la grandeza del amor! ¡Alabarte y bendecirte en este día triste pero también lleno de esperanza! ¡Te pido, Señor, que me hagas pequeño y humilde, despojándome del orgullo y del egoísmo, para amar y perdonar a todos! Amén.



13 abril 2017

Meditación para el Jueves Santo: ser sagrario vacío y abierto para Dios

Por el padre Miguel José Cano (sacerdote diocesano de Jaén)

La liturgia vespertina del Jueves Santo se celebra en la hora de las primeras Vísperas del Triduo Pascual, como pórtico solemne que abre e ilumina los misterios que se celebrarán en los tres días siguientes. Tiene, por tanto, carácter anticipatorio: de la misma forma que Cristo anticipó ritualmente en la última Cena lo que iba a realizar históricamente en la Cruz y Resurrección, así también se anticipa en la Eucaristía vespertina de este día lo que se celebrará más propiamente del Viernes Santo al Domingo de Resurrección. Junto con la institución de la Eucaristía y del sacerdocio, el mandato del Señor del amor fraterno es el gran misterio en que insiste la liturgia del Jueves Santo.

El sagrario vacío que contemplamos hoy en tantas iglesias recuerda aquella nada primordial, a partir de la cual Dios dio inicio al ser de toda la creación material, inaugurando así la historia de la salvación. Una nada en la que “el Espíritu de Dios aleteaba por encima de las aguas” (Gn 1,2). Ahora, una nueva nada, simbolizada en el sagrario abierto y vacío, preludia una nueva creación y anuncia el momento culminante de esa historia de salvación que es el misterio pascual que se va a celebrar en los días del Triduo Santo. A partir de la obra de Cristo, el Espíritu Santo da inicio a su obra, recreando por la gracia, de forma nueva y más plena, todo lo que el pecado había desordenado.

También la virginidad de María se asemeja a aquella primera ‘nada’ primordial de la que surgió la creación material. Ahora, en esa nueva ‘nada’ virginal, comienza, por la encarnación del Verbo, una nueva creación, la recreación del hombre y de todas las cosas. La fecundidad divina hizo salir del seno del Padre toda la creación del principio; esa misma fecundidad hizo salir del seno virginal de María esta nueva creación y este nuevo principio.

Así has de ponerte hoy tú también ante el Señor, como ese sagrario vacío y abierto, pronto y dispuesto para que entre en él esa gracia nueva con la que el Espíritu recrea y renueva tu vida y todas las cosas.



27 marzo 2016

Domingo de Resurrección... Y CRISTO PASÓ

Quiero desearos a todos una ¡¡MUY FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN!!

He elegido esta imagen para un día tan hermoso como hoy porque espero que todos hayáis tenido el inmenso regalo de experimentar el paso de Cristo por vuestras vidas en estos días de Semana Santa, especialmente durante el Triduo Pascual.

Ahora tenemos cincuenta días gloriosos para seguir profundizando en esta VERDAD de que CRISTO ha bajado a nuestros infiernos y HA RESUCITADO, hasta que podamos realmente clamar desde lo profundo: ¡¡verdaderamente ha resucitado, aleluya!! Porque ya no hay oscuridad, ni pecado, ni tristeza, ni soledad, ni muerte... que Cristo no haya visitado e iluminado en nuestras vidas. Esa es su PROMESA y su anhelo. Por nuestra parte sólo queda abrirse, consentir a su acción y vivir con un constante y agradecido "hágase" en el corazón.

Gracias, Cristo, por haber pasado por mi vida :-)

Muy unida a vosotros en oración. Que Dios os bendiga+


Canción: Secuencia de Pascua
Intérpretes: Oblatas de Cristo Sacerdote
https://www.youtube.com/watch?v=p4gYSrGI2-E






26 marzo 2016

Sábado Santo... SILENCIO

“Es el día del silencio de Dios”. “Debemos hacer todo lo posible para que sea un día de silencio, como aquel Día, que fue el día del silencio de Dios”. “Jesús depuesto en el sepulcro comparte con toda la humanidad el drama de la muerte. Es un silencio que habla y expresa el amor como solidaridad con los abandonados desde siempre, que el Hijo de Dios reúne colmando el vacío que solo la misericordia infinita del Padre Dios puede llenar” (Papa Francisco)





25 marzo 2016

Viernes Santo... POR MÍ

Meditación sobre el VIERNES SANTO, ciclo C - 2016 (P. Alfonso Sánchez-Rey López de Pablo)

Hoy 25 de Marzo, se da una feliz coincidencia que no es nada frecuente: es Viernes Santo y es también la fecha en la que habitualmente se conmemora la Encarnación del Señor. Se cumple lo que se dice, con rigor, en algún villancico: que el Hijo de Dios vino al mundo para padecer. El Verbo de Dios que se ha hecho carne en las purísimas entrañas de María, no por el mundo, no por la humanidad, por cada uno de nosotros, viene para obedecer al Padre, viene para entregarse por nosotros en la Cruz.

Hoy es el Día del Gran Perdón: un día para mirar, dolerse y cambiar.

1. Mirar a Jesús. Hemos seguido a Jesús en su Pasión y nos preguntamos ¿cómo es posible? El hombre que pasa haciendo el bien, el hombre que habla como no ha hablado nadie, el hombre que brilla en su humanidad, es ahora un despojo más que un hombre. "No hay en Él parecer, no hay hermosura". Hemos de aprender a mirar a Jesús. Y mirarlo no de cualquier manera sino tal cual está ahora: Mirarlo en su soledad, mirarlo en su abandono. Mirarlo insultado, mirarlo ridiculizado. Mirarlo escupido, mirarlo herido hasta la extenuación. Sin nada en Él que esté sano. Lleno de oprobio. No apartes tu vista, no mires para otro lado. Es Jesús el que hace milagros, el que habla como nadie. ¿Puedes mantener la mirada? Perdón Señor, perdón, he sido yo. Gracias porque te entregas por mí.

2. Dolerme de Jesús. ¿No me conmueve? ¿Acaso puedo quedarme indiferente al verlo así? ¿Puedo quedarme acaso impasible ante tanto sufrimiento? ¿No siento en mi interior algo que hiere mi corazón en lo más profundo? Yo que me quejo con tanta facilidad, que cualquier cosa me cuesta tanto, ¿no me quedo parado ante tanto dolor? Hay falta de fe en el mundo, en muchos corazones que parecen secos y tristes, pero cuando veo la sequedad y la tristeza de todo un Dios que se ofrece por mí, ¿cómo puedo echárselo en cara? Solo puedo asociarme a María y, con ella, dejar que esa espada de dolor que atraviesa su corazón me recuerde que sus heridas son las que curan las mías. Y pedirle que las convierta en amor. Perdón, Señor, perdón, he sido yo. Dame fuerzas para convertir mi dolor en amor.

3. Cambiar por Jesús. Jesús mío, después de ver y dolerme ¿podré seguir igual? Yo que a veces estoy tan seguro de mí mismo... "Si rompe cercos y cuestiona seguridades es para abrir una brecha al torrente de la Misericordia que, con el Padre y el Espíritu, desea derramar sobre la tierra". Lo recordaba el Papa. No puedo seguir indiferente. ¿No habrá algo dentro de mí que me lleve a pensar que algo tengo que cambiar? Señor mío y Dios mío, que hay en mi interior mucha amargura, muchos resentimientos, muchos dolores, muchas decepciones, mucho desamparo y desesperanzas, y se van quedando ahí como enconados. No quiero quedarme a solas conmigo mismo. Mi soledad es solo vacío: quiero llenarla de tu amor y presencia entregada. Perdón, Señor, perdón. He sido yo. Hazme cambiar.

Que te mire, que no deje de mirarte, tengo tanto que aprender de Ti. Que me duela con tu dolor: es el único dolor que sana mis heridas, y me hará olvidarme de mi dolor tan pobre. Que cambie esa actitud interior tantas veces prepotente y egoísta, para llenarme de esa sencillez y humildad con la que te has entregado a la muerte por mí, para salvarme. Que mire, me duela y cambie de la mano de María Virgen Dolorosa.


Canción: Nadie te ama como Yo
Autor: Dios
Intérprete: Martín Valverde
https://www.youtube.com/watch?v=yymM1iZOgSk





24 marzo 2016

Jueves Santo... AMOR


Meditación sobre el JUEVES SANTO, ciclo C - 2016 (P. Alfonso Sánchez-Rey López de Pablo)

"Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo los amó hasta el extremo". Hasta el final, hasta las últimas consecuencias… El amor de Dios no es un amor ideal, no es un amor imposible, es un amor encarnado, para los que están en el mundo. Y desea que ese amor cale, hasta los “huesos” del alma. El Jueves Santo, Jesús quiere resumirlo todo. Todo su Evangelio, la Buena Noticia que ha traído a los hombres, es explicarnos las dimensiones del amor. Un amor real que se arrodilla, y se vuelca no sólo en palabras. Quería dejarlo claro: Que echáramos fuera de nosotros el egoísmo. Distinguir el amor verdadero de otras cosas que se llaman amor pero no lo son, por ejemplo el interés, el deseo, el dominio.

En esa tarde que está llena de confidencias y de cariño, Jesús se desborda mostrando lo que es amar:

1. Dejarnos amar por Dios. Hay una primera cosa de la que nos cuesta convencernos: Dios me ama, me ama con una singularidad tan arrolladora que resulta desconcertante. Dios es así, no puede dejar de querer, está en su esencia, lo lleva en las entrañas. Pero ese amor es tan limpio, es tan puro, que no quiere, por nada del mundo, imponerse, quiere darse por completo y para eso ha de ser aceptado en libertad. Si tú no lo aceptas, si no le abres las puertas de par en par, Dios estará a tu puerta, a la puerta de tu alma llamando, con la mano tendida mendigando tu amor. Tú puedes abrir las puertas y dejar que te llene. O cerrarlas. Está en ti.

2. Amar a Dios. Hay gente a la que no le sale amar a Dios. Y quizá tiene con Dios otras cosas: le tiene respeto, le tiene temor o incluso miedo porque lo ve estricto y justiciero. Unas veces lo ignora y otras lo evita, pero amarle de verdad y con cercanía, con sencillez, con naturalidad, les sale menos. Son como esos niños pequeños, cautelosos cuando están con un desconocido: saben que está allí delante, lo observan, les parece que en principio no les van a hacer daño, pero hay recelo. Que te quiera, Dios mío, que te ame sin reservas y de verdad, con toda el alma. Que sienta por Ti un amor real y práctico con detalles de cariño concretos, fiándome de Ti.

3. Amar a los demás. Cuando el Señor les dice a sus discípulos: "a vosotros os he llamado amigos" no lo dice por compromiso, sino comprometiéndose. Así he de querer yo a los demás. Decirle a alguien: "tu vida me importa" es una cosa muy grande. Cerrarse y no tener a nadie a quien decirle eso es muy triste. Necesitamos a los demás, incluso para ser más nosotros mismos necesitamos expresarles nuestro amor, porque estamos hechos a imagen y semejanza de Dios y también nuestra esencia es esa: querer. Una persona que no ama no es una persona completa. Lo que hiere más a una persona es no dejar espacio en el corazón para los demás.

4. Amarnos a nosotros mismos. Hay también una dimensión del amor que se va fraguando hacia adentro. Y no es menos importante, porque todo bien se forja en la intimidad del corazón y brota de ahí como una fuente que Dios alimenta porque enseña a quien se deja. No hay que confundirlo con el egoísmo. Y eso cómo se concreta: consiste en tratarse bien, sin hacerse la víctima, sin despreciarse, o anularse, porque somos queridos por Dios, instrumentos en sus manos para hacerlo presente. Sin juzgarse a uno mismo. Sin compararse con los demás. Sin mimarse a sí mismo. Dándolo todo, porque todo lo hemos recibido de Dios. Eso es quererse.
Jesús nos enseña a amar. Aprender a amar no es fácil. Pero es el gran secreto de nuestra vida, el secreto de la felicidad. Lo que más libera al hombre de sus pesos es el amor. El amor verdadero, auténtico, el amor que se recibe y se da como un don, como un regalo, de forma gratuita, sin esperar nada a cambio.

El amor se hace entonces tan ardiente que se entiende mejor a Dios que es Padre y es misericordia, que es Hijo y es entrega en la Cruz, es Espíritu Santo y es Consuelo y Paz y Alegría. Ese amor que sintió por Jesús, entrañablemente, Nuestra Madre la Virgen y ahora nos da a nosotros. Ojalá que aprendamos a amar con ese amor tan ardiente que quema todo lo que hay a su alrededor, convirtiéndolo en fuego.

Canción: Servidores sed
Autor: Agustín Sánchez
https://www.youtube.com/watch?v=Q7lv59VAlw8