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12 abril 2020

DOMINGO DE RESURRECCIÓN - ¡Cristo Vive!

 ¡Cristo ha resucitado, aleluya, aleluya! 🕯🎉
¡Verdaderamente ha resucitado, aleluya, aleluya! 🕯🎉

¡Que toda la creación alabe al Padre porque Cristo ha resucitado! 

¡Que todas las familias se unan para entonar un canto de alabanza 
a Aquel que ha vencido a la muerte! 

¡Cristo ha muerto y resucitado para nuestra salvación!

Que nadie calle ante tan gran noticia, 
que todos anuncien que el Cordero ha vencido. 
Que ya la muerte no tiene poder, 
que se nos han abierto las puertas eternas del Cielo.

Déjale vivir en ti, déjale que fluya esa vida nueva que tiene para ti.

¡Muestra que Cristo vive en tu corazón! 
¡Anúncialo!  
¡Él vive hoy!


Canción: Cristo Vive
Autor: Verbum Dei


11 abril 2020

SÁBADO SANTO - Como en Nazaret… he aquí a tu esclava

Se ha ido, Madre. Se ha ido.
Un silencio cubre la Tierra.
María, Madre, te acompañamos en este día y aprendemos de tu Inmaculado Corazón a esperar como tú.
Recorremos contigo esta preciosa historia de amor que comenzó cuando le dijiste sí al Padre. Aprendemos de ti a preguntar aquello que no entendemos y después a entregarnos sin miedo, sin medida, hasta el final.
Aprendemos de tu Corazón a hacer silencio ante los designios del Padre, a buscar la voluntad de Dios por encima de todo. Viéndote vivir comprendemos por qué Dios te eligió para ser su Madre. Nadie más hermosa que tú, Madre.
Tus hijos acudimos a ti, Madre. Enséñanos a esperar y amar en el silencio como tú. Prepara nuestros corazones para esa vida nueva que ya llega desde nuestros sepulcros.
Enséñanos a escuchar al Padre como tú, a acoger el Espíritu como tú, para que demos a Cristo a luz en el mundo... como tú.

Canción: El Diario de María.
Autor: anónimo, interpretado por Mónica Arroyo con Martín Valverde Rojas.

10 abril 2020

VIERNES SANTO - Crucificado

¿A quién buscas? ¿A Jesús? Mírale ahí, crucificado, por Amor a ti. Sin apariencia, sin presencia, desfigurado que no parece hombre, “sin aspecto humano, sin aspecto atrayente, despreciado y evitado de los hombres, como un hombre de dolores, acostumbrado a sufrimientos, ante el cual se ocultan los rostros, despreciado y desestimado”. 
Él carga sobre sí tus sufrimientos, tus dolores; ha sido traspasado por tus rebeliones, triturado por tus crímenes. Aceptó ser triturado con el sufrimiento, entregar su vida como expiación, por ti. 
Por ti, por ti…
Y sus cicatrices te han curado...

Canción: Crucificado
Intérprete: Ana María Moya.

 

09 abril 2020

Qué celebramos el Jueves Santo (2ª parte)

Teniendo presente lo que reflexionábamos ayer del dolor profundo que tenía Jesús en su Corazón, vamos a ver los gestos que realiza y que celebramos en la liturgia de este día.
 
Es importante no quedarnos como simples espectadores. Jesús nos ha invitado a sentarnos a la mesa con Él. Quiere que compartamos con Él el peso que lleva su Corazón, escuchando de sus labios su testamento vital (Juan 14-17). Quiere que nos dejemos amar hasta el extremo, lavándonos los pies, porque es el único modo en que aprenderemos a amar. Quiere que le acompañemos durante su oración estremecedora en el Huerto de los Olivos, clamando, suplicando al Padre.
 
En esta eterna noche pascual, Jesús se entrega a nosotros hasta hacerse sacramento permanente quedando instituida la Eucaristía. Celebramos la Cena del Señor en la cual Jesús, un día como hoy, la víspera de su Pasión, “mientras cenaba con sus discípulos tomó pan…” (Mateo 28, 26). Antes de ser entregado, Cristo se entrega como alimento, como anuncio profético y ofrecimiento anticipado y real de su muerte antes de su Pasión. Por eso “cuando comemos de ese pan y bebemos de esa copa, proclamamos la muerte del Señor hasta que vuelva” (1 Corintios 11, 26). De aquí que podamos decir que la Eucaristía es memorial no tanto de la Última Cena, sino de la Muerte y Resurrección de Cristo que es Señor y “Señor de la Muerte”, es decir, el Resucitado cuyo regreso esperamos según lo prometió Él mismo en su despedida: “un poco y ya no me veréis y otro poco y me volveréis a ver” (Juan 16, 16). 
 
Para poder celebrar la Eucaristía es necesario el sacramento del Orden, para que in persona Christi el pan y el vino se conviertan, por la acción del Espíritu Santo, en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Jesús les otorga el gran don del sacerdocio a los apóstoles y la potestad de continuarlo por la imposición de manos y la oración.
 
Este mismo día (salvo cambio por razones pastorales), los obispos celebran la Misa Crismal. En ella los sacerdotes renuevan las promesas realizadas el día de su ordenación, el día que, como María, dijeron sí para ser otro Cristo en este mundo, colaborando con Él en la salvación de los hombres. Crito Ungido renueva su llamada y su Amor para con sus ungidos. Oremos especialmente por ellos en este día: por su fidelidad a esta llamada y a este Amor preferencial de Cristo por ellos; porque se dejen hacer verdaderamente otros Cristos a semejanza de su Esposo.
 
Hoy celebramos la alegría de saber que esa muerte del Señor, que no terminó en el fracaso sino en el éxito, tuvo un por qué y un para qué: fue una entrega, un darse por “nosotros y por nuestra salvación” (Credo). “Nadie me quita la vida - había dicho Jesús -, sino que Yo la entrego libremente. Yo tengo poder para entregarla.” (Juan 10,16). Hoy se inicia la lucha entre la muerte y la vida de Aquel que lleva la victoria porque su arma es el amor.
 
Porque el amor es lo tercero que celebramos este día: con el gesto del lavatorio de los pies, que Jesús realizó a los discípulos, nos deja el mandato del amor y nos recuerda que el servicio y el amor entregado a los hermanos es la mejor manera de servirle y de ser hijos de Dios, pues Él no ha venido a ser servido sino a servir siendo Dios hecho hombre. La humildad, el servicio y el amor se entrelazan y nos invitan a amar como Él nos ama, con su mismo Amor.
 
Tras la Última Cena Jesús va a Getsemaní a orar junto con los 11 (Judas había abandonado el Cenáculo para ir a entregarlo). Allí reza para pedir fuerzas al Padre y poder cumplir su voluntad, que exigirá su entrega total. Aquella noche Jesús sintió el abandono de sus discípulos, que no pudieron estar en vela ni una sola hora. Esta noche se nos invita a unirnos profundamente a Él en el Monumento, durante la Hora Santa o durante toda la noche, acompañándole en su agonía y oración en Getsemaní y el posterior encarcelamiento.
 
Cristo se nos entrega todo y del todo. ¿Qué haremos nosotros? ¿Nos seguiremos reservando la vida? ¿Seguiremos midiendo nuestro amor?
 
Canción: Milagro de Amor
Autor: Betsaida 
 

 

JUEVES SANTO - Amar hasta el extremo

“Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo (…) «¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis «el Maestro» y «el Señor», y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros; os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis» (Juan 13,1-15)

Mi Jesús, mi Amado… ya no queda más que decir… solo aprender a amar como Tú, viendo cómo me amas Tú… Amar con tu mismo Amor, actualizando tu entrega por mí, por tus sacerdotes, por todos.

Canción: Amando hasta el extremo
Autora: Maite López
https://youtu.be/hxCelg9G4h8


08 abril 2020

Qué celebramos el Jueves Santo (1ª parte)

La liturgia del Jueves Santo es una invitación a profundizar en el misterio de la Pasión que comenzó en el Corazón de Cristo. Porque todo lo que vendrá después (los latigazos, los clavos, los golpes…) ya los vivió Cristo en su Corazón durante los acontecimientos que celebramos el Jueves Santo, enmarcados en la Última Cena y en el Huerto de Getsemaní. 

Para poder comprenderlo es importante conocer algunos detalles de la cena pascual de los judíos: aunque en occidente tendemos a imaginarnos la Última Cena como el cuadro de Miguel Ángel, realmente los judíos se sentaban en forma de U. Y no sentados en sillas, sino acostados, reclinados, sobre triclinios (como divanes). El invitado de honor no se sentaba en el centro, sino el segundo empezando por la izquierda, sobre un triclinio un poco más alto. Y, a ambos lados, tenía siempre a las personas a las que él deseaba mostrar más afecto y cercanía durante esa cena.

Si Juan se reclinó en su Corazón, significa que estaría recostado al lado derecho de Jesús, es decir, en la esquina. Y Judas se encontraría en el otro lado de Jesús, pues el evangelio nos dice que Jesús le dio a comer un trozo de pan untado, gesto también de las comidas de los judíos que hablaba de deferencia. Es decir, que Jesús mostró hasta el final a Judas su cariño y predilección. 

Pedro no sabemos con certeza dónde estaba, pero es muy probable que estuviera justo al otro lado, en la esquina contraria, pues el texto nos indica que le hizo gestos a Juan para que preguntara a Jesús quién le iba a negar. Y, conociendo el fuerte carácter de Pedro, es muy probable que le hubiera molestado que Jesús hubiera escogido a Juan y a Judas, en lugar de a él, para estar a su derecha y a su izquierda. Así que, enfadado, se iría al último lugar. Ese lugar era el más cercano a la puerta para ayudar a ir a por agua o vino si hacía falta. Y, por lo tanto, Pedro estaría al lado de la jofaina con la que se lavaron los pies. Por eso Pedro se negó, porque era algo que debía hacer por estar él en el último lugar.  

Y entre Pedro, Judas y los demás apóstoles, que cenaban sin darse cuenta de lo que ocurría en el interior del Maestro, tenemos a Juan, el discípulo amado, reclinado, apoyándose en su pecho. Él, quizá, podía intuir, por esa sintonía con el Señor, lo que estaba pasando en lo recóndito de su Corazón. 

“En aquel tiempo, Jesús profundamente conmovido, dijo: «En verdad, en verdad os digo: uno de vosotros me va a entregar». Releer el momento de la Última Cena en el capítulo 13 de San Juan nos ayuda a entender la conciencia con la que Jesús iba luego a consumar el sacrificio en la cruz. Él anticipa en sus gestos, de alguna forma, de un modo incruento, lo que luego sucederá cruentamente. A veces nos quedamos, en los relatos de la Pasión, en aquello que es externamente más cruel: el prendimiento, la flagelación, la corona de espinas, la crucifixión… y es verdad que todo esto produce un gran dolor al Señor. Pero este dolor físico viene precedido por un dolor espiritual, de su Corazón. Así como en la tormenta el relámpago precede al trueno, en la vida de Jesús todo aquello que sufrió físicamente vino precedido por un sufrimiento del Corazón que no se ve, pero que se puede intuir. Es un signo de todo lo que Él estaba viviendo internamente. 

Juan comienza diciendo que Jesús estaba profundamente conmovido. Es decir, estaba revuelto, estaba mal interiormente, no podía más. Y la razón por la que se encontraba así es porque, de aquellos que Él había elegido con amor, con cariño, uno de los más cercanos le iba a entregar; y a aquel que había nombrado como “príncipe de los apóstoles”, como “piedra” de su Iglesia, le anuncia que le va a negar; que, al final, todos le iban a dejar solo… y que iba a cargar sobre sí todo el pecado de la humanidad esa noche. Tu pecado y el mío. Todo ello produce en el Corazón de Jesús estar profundamente conmovido. Al Señor le duele que los más cercanos le dejen, y le duelen nuestras negaciones y nuestras traiciones. Porque, aunque desearíamos ser ese Juan que esté cerca del Señor, sintonizando con su Corazón, intentando consolarle… tantas veces somos Pedro, tantas veces somos Judas… 

Señor, te pido tu Gracia porque quisiera ser siempre como Juan, pero a veces te traiciono como Judas y me voy con otros ídolos. O soy Pedro y, por pudor, por respetos humanos, te niego. Te pido, Señor, la Gracia de la intimidad contigo. Que viva estos días santos tan unida a tu Corazón que sienta tu conmoción interna en mí. Que quiera corresponder a tu Amor entregado, como hicieron María de Betania y el apóstol Juan los días previos a tu Pasión, con gestos sencillos, pero llenos de intimidad, amor y ternura hacia Ti, Jesús. 

Canción: Graba en mi corazón
Autor: Miguel Horacio
https://youtu.be/csqRMutx30Y


07 abril 2020

MIÉRCOLES SANTO – Hasta el final


“El Maestro dice: Mi momento está cerca; 
deseo celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos.” (Mateo 26,14-25)

Sí, el momento está cerca, y hemos sido invitados a compartir contigo la mesa. Hemos sido invitados por Ti, a celebrar la Pascua contigo. A ser partícipes y testigos de tu entrega hasta el final. 

Ser partícipes y testigos de tu Amor hasta morir por nosotros… y a vivir después nosotros lo mismo, contigo, con los demás… hasta la eternidad… 

¿Estoy dispuesto a aceptar la invitación? ¿O le voy a dejar solo ir hacia la cruz...?

Canción: Hasta el final
Autor: Estación Cero




06 abril 2020

MARTES SANTO – Hasta la locura

"Simón Pedro le dijo: - «Señor, ¿a dónde vas?».
Jesús le respondió: - «Adonde yo voy no me puedes seguir ahora, me seguirás más tarde».
Pedro replicó: - «Señor, ¿por qué no puedo seguirte ahora? Daré mi vida por ti».
Jesús le contestó: - «¿Con que darás tu vida por mí? En verdad, en verdad te digo: no cantará el gallo antes de que me hayas negado tres veces»." (Juan 13, 21-33.36-38)

¿Cuántas veces te hemos negado, Jesús? ¿Cuántas veces nos has llamado y estábamos sordos? ¿Cuántas veces te nos has mostrado y estábamos ciegos? ¿Cuántas veces te hemos crucificado con nuestros pecados?
Y aun así nos invitas a seguir adelante, detrás de ti, contigo. A entregarte lo que somos y tenemos, contigo, por la redención del mundo. Y solo hay una respuesta que podemos darte: te amamos, Señor, ya no hay dudas en nuestro corazón. 
Por todas esas veces que te hemos negado, hoy queremos darnos a Ti, sin reservas, hasta el final.

Canción: Hasta la locura
Autor: Pablo Martínez.

 

Lunes Santo - Te entrego mi vida

“María tomó una libra de perfume de nardo, auténtico y costoso, le ungió a Jesús los pies y se los enjugó con su cabellera. Y la casa se llenó de la fragancia del perfume.” (Juan 12, 1-11)
Jesús avanza hacia la Pascua. Hacia su Pascua y hacia la nuestra. Y María, que en su corazón de mujer intuye el dolor en el Corazón del Maestro, toma una libra de nardo, auténtico y costoso, y hace un precioso gesto de amor y adoración. 
Fíjate que dice el texto que era nardo auténtico. Ella lo entrega todo y de verdad. Sin reservas, sin guardarse nada. 
¿Y yo? ¿Le entrego de verdad todo al Señor, toda mi vida, con todo mi amor y con plena adoración?
"Ama totalmente a quien totalmente se entregó por tu amor" (Sta. Clara de Asís) 
Despojémonos, entreguémonos sin medida al Señor, a Aquel que nos lo ha dado todo en Él, y toda la casa, la Iglesia, el mundo entero, se llenará de perfume de amor y santidad.

Canción: Te entrego mi vida
Autor:Kiki Troia, interpretado con MaryCarmen