03 noviembre 2019

Testimonios de Familias Invencibles - Romy y Emilio (2)


EMILIO: Como decía Romy, antes no creía. Más o menos a los 20-21 años realicé un Seminario de Vida y me convertí al Señor. Él cambió mi vida. Dio un giro total: cambié amistades, cambié todo y empecé a servirle. Teníamos un grupo de oración de jóvenes y nos conocimos en una Misa llevando las ofrendas. Con el tiempo nos hicimos novios y pensamos después en casarnos, venir a España para poder tener una vida mejor y todo centrado en el Señor. Pero durante un tiempo no lo vivimos así, hasta que fuimos al Encuentro de Familias Invencibles.

En nuestra familia siempre ha habido momentos de dificultad. Ya estamos cerca del Señor, pero siempre es un combate. Y más aún con los chicos que van creciendo y ahora entrando en la adolescencia. Es complicado y siempre necesitamos que el Señor nos enderece el camino, nos guíe nuevamente, nos ayude, retome nuestra vida, retome nuestra familia. Por ejemplo, con nuestro hijo mayor: fue una Gracia que pudiera entrar en el seminario menor. Primero empezó de forma externa a vivir los retiros. Íbamos un fin de semana cada dos semanas. Y después nos dijo que quería entrar. Nos sorprendió porque fue dejar amigos, dejar su círculo social. A él le costaba mucho hacer amigos y tenía un grupito que era bueno. Para nosotros fue una bendición porque le ayudó mucho en su vida espiritual y en su carácter, le ayudó mucho también a centrarse. Estuvo dos años y lo dejó aunque sigue discerniendo, pero en ese lapso de tiempo entró su hermano. Seguimos buscando la voluntad de Dios, seguimos buscando servirle y lo que Dios nos muestre, lo que Dios haga. Estamos siempre en sus manos y siempre necesitamos de Él. También necesitamos de un grupo de hermanos, hacer comunidad, no estar solos y poder ir caminando.

ROMY: la entrada de nuestro hijo al seminario fue algo muy bueno que nos ocurrió. Abrió un nuevo mundo a nuestros ojos al compartir con otras familias cuyos hijos también están en discernimiento. Ya no pedimos por las vocaciones sin conocer, sino de una manera nueva. Cómo se necesita esa oración para ese día a día de tantos chicos, en este caso adolescentes, que en su vida hacen un alto y buscan ese llamado a lo que el Señor quiera. Eso nos ha permitido también participar más activamente en la parroquia y así nuestros hijos pueden servir de esa manera al Señor. Ellos saben tocar la guitarra y aprovechamos para participar en el coro, han acolitado en la Misa… Si queremos seguir al Señor, tenemos que hacer las cosas para el Señor, ¿no? 

Y en el grupo de familias la bendición es tener un espacio donde reunirse con otras familias. Estamos iniciando todavía, pero es una bendición muy grande. Nuestros hijos también se ven implicados en ella y en algunas oportunidades nos han apoyado con la catequesis. Se animan y lo vemos como una Gracia del Señor especial, pues el servir alienta también en sus vidas ya que para servir hay que entregarle un poquito a Dios y orar, hablar con Él. 

Últimamente algo que nos está ayudando y acercando al Señor es poder reunirnos por la noche. Un día determinado de la semana le toca a un miembro de la familia. Rezamos una decena del rosario pero también nos pedimos perdón por lo que hemos pasado en el día. En pedirse perdón o aclarar algo podemos comprender que el corazón de un adolescente es muy frágil pese a la coraza que se ponen. El sentir un abrazo, una palabra de perdón es muy sanador y une. Y eso para mí es el mayor regalo, porque eso acrecienta mi amor hacia los hijos y hace verlos de otra manera. Siendo humanos pedimos al Señor que nos dé luz y no queremos separarnos de Él. Queremos que esté en nuestras vidas. 

EMILIO: el que se encarga de llevar la oración ese día, lleva la bendición de la mesa, lleva el Ángelus y, al final del día, esta oración en que nos pedimos perdón y damos gracias a Dios por el día. 

ROMY: para quien lea esto, compartirles que es importante que en su oración incluyan la oración por las familias. La necesitan y es donde más el enemigo ataca. Y es donde más se necesita porque es el inicio de un crecimiento en la fe: vivir en la familia con la sencillez de poder hablar de Jesús como si hablaras de algo muy cotidiano, es lo mejor. Es tenerle presente a Él en todo momento. 


27 octubre 2019

Testimonios de Familias Invencibles - Romy y Emilio (1)


Siguiendo nuestro recorrido por el testimonio de familias que participan en los Encuentros de Familias Invencibles en España, hoy contamos con el testimonio de Emilio y Romy. Participan desde el 2007 en estos Encuentros, y supuso un antes y un después en su vida familiar. 

ROMY: somos Emilio Pastor y Romy Jácobo. Somos de Perú, aunque nuestra vida de casados la hemos hecho aquí en España. Concretamente en Valencia. Al Señor le hemos conocido durante nuestra juventud. Sobre todo Emilio tuvo un encuentro especial. A mí en casa desde pequeña me hablaron del Señor y poco a poco fui conociéndolo hasta llegar a la adolescencia, cuando me sentí tocada por el Señor. Cuando fuimos novios teníamos muchos ideales. Hablamos con mucha confianza en cómo podría ser nuestro hogar. Y si el Señor nos había tocado, queríamos que Él estuviera en el centro. Y nos poníamos ideas como orar juntos, que nuestros hijos también oraran, tendríamos un tiempo para tal cosa y para tal otra… 

Emilio llegó primero a España. Volvió a Perú para casarnos y luego vinimos juntos. En la vida ya de casados aquí yo traída muchas ilusiones y fue algo muy especial. Tuvimos pronto a nuestros hijos: Juan Emilio, que ahora tiene 16 años, Cristina con 14 y José Miguel con 13 (que está de externo en el seminario menor). Emilio comenzó a trabajar. Yo no podía hacerlo con los tres niños y pronto nuestra vida se convirtió un poco más en rutina. 

Por el amor de los hijos, nos olvidamos un poco de nosotros: de nuestros tiempos como esposos, de un espacio para Dios… Se llenó todo de preocupación por la salud de los hijos, que estén todos bien, que no les falten las cosas… y llegábamos a la noche muy cansados. Todo ese desvivir poco a poco nos hizo caer en una rutina que nos empezó a generar asperezas en el trato del uno con el otro. Hubo muchas heridas e incluso llegamos a plantearnos la separación. Fue un momento difícil y duro.

En internet Emilio se encontró un día con la página de Familias Invencibles. Al mismo tiempo, en un grupo en que participábamos, también otras personas nos estaban hablando de unos encuentros de familias. No sabíamos que se referían a lo mismo. Al final decidimos ir con nuestros hijos y fue toda una aventura, porque en ese tiempo no teníamos coche. 

 Los tres eran pequeños: Juan Emilio casi con 4 años, Cristina con 3 y José Miguel de 1 año. Pero con ellos cogimos el autobús hasta Victoria. Fue en el verano del 2007. 

El Encuentro tuvo lugar en Nanclares de la Oca y para nosotros fue un regalo de Dios porque, en primer lugar, el Señor comenzó a sanar nuestras heridas. Es como si nos hubiera acercado, unido y construido nuevamente un lugar como debía ser realmente desde un inicio nuestra familia. Pese a que nuestros hijos eran pequeños, vimos también el cambio que tuvieron. Estaban mucho más abiertos que nosotros. Sí hablábamos con ellos sobre Dios, pero de una manera rápida. 

En el Encuentro, al ver que nos reuníamos muchas familias, que cantábamos juntos, en las Eucaristías los niños estaban también juntos, participaban tanto padres como hijos de su edad… fue un ambiente muy propicio para todos. Vimos que eso fue un sello muy especial para nuestra familia. ¡El Señor nos tocó y ya no podemos despegarnos de Él! Ese ha sido el inicio realmente del rescate de nuestra familia por parte del Señor y poco a poco ha ido haciendo su obra.


20 octubre 2019

Testimonios de familias Invencibles - Pilar y Antonio (2)

¿Qué aporta Familias Invencibles a la Iglesia? 

La respuesta que el Señor está ofreciendo al mundo y a la Iglesia por medio nuestro es profética. La mera presencia de una familia cristiana es “una luz en la oscuridad” de nuestro mundo. Es alegría, esperanza y muchas cosas más. Y lo sabemos y procuramos contagiarlo a las familias que se incorporan a Familias Invencibles.

Cuando comenzamos en 2001 en la Iglesia había pocos ámbitos a los que acudir la familia al completo, excepto la eucaristía dominical, peregrinaciones o actividades caritativas. No es sencillo organizar encuentros en los que los padres e hijos puedan participar juntos.

Y seguimos fieles a esa llamada. Nuestros encuentros son muy alegres.

Actualmente ya existen más iniciativas parecidas en la Iglesia, gracias a Dios. Es el Espíritu Santo que no para de actuar.

¿Asiste toda la familia?

Sí, y especialmente en los encuentros hay muchos adolescentes y jóvenes. También abuelos. Ya están asistiendo familias de los hijos que asistieron a los primeros encuentros.

Los adolescentes mayores y jóvenes asisten o no según sus muchos compromisos. Pero todos reconocen que Familias Invencibles les ha servido mucho en sus vidas.

¿Cómo se sigue trabajando después de asistir a los encuentros?

En los encuentros hay sanación y experiencia de Dios. Transforma vidas. Eso repercute irremediablemente en nuestro día a día. Pretendemos vivir de lo aprendido y agarrados a la Cruz de Cristo. 
Insistimos mucho en ser constantes en la oración familiar y/o conyugal, en la eucaristía dominical juntos y en construir familia. 
  
El lema del último encuentro lo dice todo: “Hoy quiero hospedarme en tu casa” (Lc 19, 1-7), nos dice Jesús. Sí, sí, quiere estar en nuestra casa.


12 octubre 2019

Testimonios de familias Invencibles - Pilar y Antonio (1)

Comenzamos un recorrido por el testimonio de familias que participan en los Encuentros de Familias Invencibles en España, una realidad que comenzó hace 19 años y que va creciendo impulsada por las alas del Espíritu Santo, ayudando a sanar y restaurar los lazos familiares y personales de todos aquellos que pasan por sus Encuentros. Este año el Encuentro ha tenido lugar en Castellón, desbordándose el número de participantes: 85 familias de distintos tamaños y más de 300 participantes. Si quieres conocer un poco más la realidad de Familias Invencibles, puedes entrar en su web: Familias Invencibles.

Comenzamos estos testimonios con Pilar Araguás y Antonio Wagener que, junto con sus hijos, participaron en el primer Encuentro y después llevaron esta preciosa realidad a la zona donde viven, surgiendo así los primeros encuentros de familias por zonas geográficas de referencia. 

¿Por qué nos llamamos así y cómo nacimos?

Nos llamamos Familias Invencibles porque creemos en el poder de quien nos ha llamado a ser familias y nos sostiene, nos acompaña, nos fortalece, etc. Ese es Jesucristo. 

¿Debería ser Familias Invencibles en Cristo? Quizá. Lo acortamos por ser más fácil y provocador… y de ese modo lo explicamos y asumimos. Porque nuestro Dios es poderoso, invencible y estamos seguros de Él; nosotros no tememos a ninguna circunstancia, es Él quien vence.

Entre nosotros hay familias que han pasado, o están pasando, por momentos muy duros de enfermedad, muerte de un miembro, de infidelidad, hijos con dificultades, problemas económicos o de relación, de aburrimiento o sin sentido… pero que se han agarrado a Cristo y no se han rendido.

Vamos, familias cristianas normales que saben “de Quién se han fiado”, como dice san Pablo.

Comenzó con una convivencia de familias en Allariz (Orense) en el verano de 2001, en la que descubrimos que era posible el disfrutar todos juntos de unos días con el Señor. Nuestros hijos se integraron muy bien, rezamos juntos, jugamos, cantamos, evangelizamos, aprendimos cosas importantes para nuestra familia, nos divertimos y salimos muy reforzados en nuestra vocación. Salimos tan contentos como aquel de la parábola que se encontró un tesoro en el campo. Recibimos un toque especial del Señor para nuestra familia y una llamada a extenderlo; es el evangelio de la familia.

¿Cómo nos organizamos?

Somos una fraternidad de familias cristianas, no tenemos obligaciones ni cuotas. Redactamos unos principios por los que nos sentimos más identificados y que hemos presentado a las diócesis donde hay grupos o hemos celebrado encuentros. También en algunas diócesis que nos lo han pedido. Cuando nos conocen los obispos y los delegados de pastoral familiar nos reciben muy bien.

Organizamos y participamos en encuentros de familias en distintas zonas de España -y en Frankfurt- y nos reunimos con regularidad las familias de una misma zona (aproximadamente una vez al mes). Cada grupo tiene bastante autonomía y se organiza según su creatividad y capacidades.

Hay mucha participación y servicio por parte de las familias integrantes de cada grupo.

Los grupos son muy abiertos, se reúnen en casas, parroquias, etc. Lo que se aprende y celebra en el grupo se ha de vivir en casa. Nos ayuda mucho a vivir nuestra vocación y a no aislarnos.

En el último año nos integramos en el CHARIS España (Servicio Internacional de Renovación Carismática Católica)

“Familia, sé lo que eres”, decía San Juan Pablo II. No tenemos mayores pretensiones pastorales que vivir como verdaderas familias cristianas allí donde estemos, y con las circunstancias que vivamos. Y así se da la oportunidad de acoger y querer a familias con muchas heridas y cargas. Acogemos y tratamos de acompañarnos unas familias a otras tal y como venimos, con nuestras carencias y talentos.

Para nuestra formación utilizamos todo el Magisterio de la Iglesia sobre el matrimonio y la familia que vamos conociendo, así como la Palabra de Dios.

13 agosto 2019

Vivir el duelo desde la esperanza

Os comparto un artículo que me han pedido para la página Misioneros Digitales Católicos, con la que colaboro. 

Vivir el duelo desde la esperanza

Sé que no es fácil vivir lo que indica el título de este artículo. Es más, realmente es un regalo de la Gracia del Señor poder hacerlo. Y bendito sea Dios porque es así. Si sólo tuviéramos que contar con nuestras fuerzas no sé dónde acabaríamos, como con todo lo que vivimos en nuestra vida cristiana.
Pero el Señor, nuestro Señor, nuestro Dios, es un Dios Misericordioso. Y esto es importante recordárnoslo una y otra vez a lo largo de nuestra vida. Cada instante de ella, cada segundo. Y en especial en los momentos más difíciles, como es el momento de la pérdida de un ser querido. O una pérdida de cualquier tipo: amorosa, laboral, enfermedad, una amistad… en todos ellos debemos vivir el proceso del duelo.  

Así que comencemos recolocando nuestro corazón en Aquel que nos ama con locura, que está siempre con nosotros, que nos acompaña en cada momento, feliz o doloroso. Volvamos a recordar (re-cordar: volver a pasar por el corazón) la certeza de que nuestro Dios es Dios Misericordioso. Que Él es Amor, bondad, ternura, suavidad, gozo, compañía, sostén, consejo… y fiel, profundamente fiel. Y que en esta fidelidad de Dios podemos descansar, pues Él nos ha prometido que la prueba nunca superará a la Gracia que nos da para vivirla (cfr. 2 Corintios 12, 9) y que es un Dios de vivos, no de muertos (cfr. Marcos 12, 27). Y fijaos qué preciosidad nos ha prometido:

«Todo lo que me dé el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré fuera; porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado. Y esta es la voluntad del que me ha enviado; que no pierda nada de lo que él me ha dado, sino que lo resucite el último día. Porque esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que vea al Hijo y crea en él, tenga vida eterna y que yo le resucite el último día.» (Juan 6, 37-40)

Esta es la voluntad del Padre, manifestada y cumplida a través del Hijo, por medio de la Gracia del Espíritu Santo: la resurrección y la vida eterna. ¡Resurrección y vida eterna! La muerte no tiene la última palabra.

Y si ponemos nuestro corazón en estas promesas es cuando podemos realmente descansar. Aún en medio del dolor, aún en medio del sufrimiento, donde Él siempre nos acompaña y nos da su Gracia para vivirlo podemos tener esperanza, como un ancla firme a la que agarrarnos en la tormenta que estamos viviendo.

Y con humildad y sencillez, sabiéndonos hijos amados y predilectos del Padre, abrirle ese corazón dolorido en oración: “Señor, mi Señor y mi Dios, Padre amoroso y compasivo, de cuyas manos he salido, en cuyo regazo me mantengo, en cuyo abrazo podré pasar toda la eternidad. A Ti entrego mi vida y mi corazón herido. Te entrego este momento que estoy viviendo. Te entrego aquello que me duele, depositándolo con confianza en tus amorosas manos. Sé que Tú eres un Dios de vida, de vida eterna, y no de muerte. Sé que tu voluntad brota siempre de tu Corazón lleno de Amor y ternura por mí y por mis seres queridos. Por eso te entrego con confianza y esperanza este momento, esta situación, a esta persona… para que Tú lo llenes de tu Amor, para que recrees lo que está roto, para que restaures lo que está herido, para que lo llenes de nuevo de tu Vida. Espero en Ti, confío en Ti, descanso en Ti”.

"Sabemos que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman" (Romanos 8, 28). Jesús, en Ti confío. 

Canción: Confía
Autora: Andrea Arias


29 julio 2019

"Marta, Marta"... fruto de la ternura de Dios

Me encanta el proceso que se ve en la vida de Santa Marta, a quien celebramos hoy. Y me encanta que la Iglesia católica la celebre como santa en el santoral universal (como tal, la única de los tres hermanos) y la tengamos como modelo y ejemplo para nuestro crecimiento como seguidores de Cristo.

Y para mí lo es, aunque en las conversaciones coloquiales de muchos cristianos y en abundantes homilías se la ponga como la "mala de la película" al compararla con su hermana María. Creo que en su vida se ve muy bien la ternura y Misericordia de Dios, que pacientemente va trabajando el corazón humano para hacerlo a semejanza del suyo.

Os invito a rezar en profundidad con los textos donde aparece esta gran mujer. Por mi parte, os doy algunas pinceladas, por si os anima a entrar más de lleno en su preciosa vida. Y, si queréis, podéis compartir en los comentarios lo que el Espíritu Santo os inspire al orar con los textos.

Marta aparece en dos evangelistas: Lucas 10, 38-42 y Juan (capítulos 11, 1-40 y 12, 1-8). Y en ambos identificada con el hogar y la familia donde Jesús se encontraba entre amigos, reposaba, podía ser Él mismo. 

Hay una confianza tal entre Marta y Jesús que ella sabe que puede abrirle su interior sin sentirse juzgada, aunque lo que haya en ese momento sea queja, cansancio, dolor, incomprensión por lo que ocurre en su vida (cfr. Lucas 10, 40) y Jesús sabe que ella está abierta a ser cariñosamente corregida, pues en el fondo es dócil a las manos del Alfarero Dios que quiere llevarla a vivir en un estadio distinto de su vida (cfr. Lucas 10, 41-42), porque Marta sirve al Señor desde el amor, pero está llamada a vivir y donarse desde el Amor (con mayúsculas) gratuito de Dios.

Esa confianza y amor mutuo eran tan evidentes que Juan (que, como discípulo amado, sabía muy bien qué significaba sentirse amado por Jesús) pudo verlo desde fuera: "Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro" (Juan 11, 5). ¿O tal vez lo escucharía en el Corazón de Jesús? (cfr. Juan 13, 23)

Y por esa confianza y amor mutuo, cuando Marta oye que Jesús viene, sale apresuradamente a su encuentro (cfr. Juan 11, 20) y de nuevo le abre con confianza y cariño todo lo que lleva en su corazón (cfr. Juan 11, 21-24). Y Jesús la lleva más allá, a dar un salto de fe y confianza totales en Él (cfr. Juan 11, 25) y Marta, que ha aprendido que "lo suyo" está bien pero que hay una manera aún mejor (cfr. Lucas 10, 42), comparte con nosotros una preciosa confesión de fe: "Sí, Señor, yo creo que Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que iba a venir al mundo" (Juan 11, 27), tan hermosa como la de San Pedro (cfr. Mateo 16, 16) o la de Santo Tomás (cfr. Juan 20, 28)

Marta vuelve a aparecer en Juan 12. Su corazón ha cambiado. Ya no hay queja, ni mirar a otros. Ya sólo está Él. Su mirada y su corazón le pertenecen a Jesús, ya sólo vive por Él y para Él. Sí, la casa se llenó de perfume (cfr. Juan 12, 3), pero era también la fragancia del perfume de unas vidas entregadas a Cristo, exhalando el suave aroma de la santidad (cfr. 2 Corintios 2, 15), de unos corazones (Marta, María y Lázaro) que ya habían comenzado a vivir la Pascua, el paso de Dios por sus vidas, y a caminar en una vida nueva.

Gracias, Señor, por la vida de Santa Marta. Por el ejemplo de lo que puedes obrar en un corazón dócil. Por mostrarnos con qué ternura, delicadeza y paciencia nos quieres moldear para vivir en una vida nueva en Ti. 

Querida hermana Santa Marta, a ti nos encomendamos y encomendamos a nuestros seres queridos. Enséñanos a vivir para Jesús, a servir a Jesús, a dejarnos hacer por Él como tú. Amén.


Canción: Vaso nuevo (pongo una versión acortada y ligeramente modificada del original)
Autores: Francisco Palazón, Martín Verde Barajas

Y para orar también:

Canción: Way Maker
Autores: Priscilla y Luis Bueno



27 junio 2019

El corazón del voluntario (y del cristiano) a imagen del Corazón de Cristo (3ª parte)

Terminamos nuestro particular "triduo" camino a los actos centrales de la renovación de la Consagración de España al Corazón de Jesús en el Cerro de los Ángeles (Getafe, Madrid)

La renovación de la Consagración se hará en el marco incomparable de una celebración eucarística. Por ello, hoy nos vamos a acercar al corazón eucaristíco del voluntario (y del cristiano), con un texto precioso del Papa Francisco de la catequesis impartida en la audiencia general del 4 de abril del 2018:

"...sabemos que mientras la misa finaliza, se abre el compromiso del testimonio cristiano. Los cristianos no van a misa para hacer una tarea semanal y después se olvidan, no. Los cristianos van a misa para participar en la Pasión y Resurrección del Señor y después vivir más como cristianos: se abre el compromiso del testimonio cristiano. Salimos de la iglesia para «ir en paz» y llevar la bendición de Dios a las actividades cotidianas, a nuestras casas, a los ambientes de trabajo, entre las ocupaciones de la ciudad terrenal, «glorificando al Señor con nuestra vida» (...) Cada vez que salgo de la misa, debo salir mejor de como entré, con más vida, con más fuerza, con más ganas de dar testimonio cristiano. A través de la eucaristía el Señor Jesús entra en nosotros, en nuestro corazón y en nuestra carne, para que podamos «expresar en la vida el sacramento recibido en la fe» (Misal Romano. Colecta del lunes en la Octava Pascua)

De la celebración a la vida, por lo tanto, consciente de que la misa encuentra el término en las elecciones concretas de quien se hace involucrar en primera persona en los misterios de Cristo. No debemos olvidar que celebramos la eucaristía para aprender a convertirnos en hombres y mujeres eucarísticos. ¿Qué significa esto? Significa dejar actuar a Cristo en nuestras obras: que sus pensamientos sean nuestros pensamientos, sus sentimientos los nuestros, sus elecciones nuestras elecciones. Y esto es santidad: hacer como hizo Cristo es santidad cristiana. Lo expresa con precisión san Pablo, hablando de la propia asimilación con Jesús, y dice así: «Con Cristo estoy crucificado: y no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí» (Gálatas 2, 19-20). Este es el testimonio cristiano. La experiencia de Pablo nos ilumina también a nosotros: en la medida en la que mortificamos nuestro egoísmo, es decir, hacemos morir lo que se opone al Evangelio y al amor de Jesús, se crea dentro de nosotros un mayor espacio para la potencia de su Espíritu. Los cristianos son hombres y mujeres que se dejan agrandar el alma con la fuerza del Espíritu Santo, después de haber recibido el Cuerpo y la Sangre de Cristo. ¡Dejaos agrandar el alma! No estas almas tan estrechas y cerradas, pequeñas, egoístas, ¡no! Almas anchas, almas grandes, con grandes horizontes... dejaos alargar el alma con la fuerza del Espíritu, después de haber recibido el Cuerpo y la Sangre de Cristo."

La verdad es que no se puede decir nada más ni mejor... 

Parafraseando al Papa Francisco, el voluntario es hombre y mujer eucarístico, que en su servicio deja actuar a Cristo a través de sus manos, de sus gestos, en lo más pequeño y sencillo y en lo más grande; 

que su mirada y sus oídos están impregnados de Cristo y por ello sus pensamientos son los de Cristo;

que su corazón late al unísono del Corazón de Cristo y por ello sus sentimientos son los de Cristo;

que su anhelo es cumplir la voluntad del Padre y por ello sus elecciones son las de Cristo;

y, con todo ello, vive la plenitud de su vocación cristiana: la santidad. 

El voluntario está llamado a ser santo. Con un alma generosa, con un alma magnánima, lleno de la fuerza del Espíritu Santo que le agranda el alma. "¡Dejaos agrandar el alma! No estas almas tan estrechas y cerradas, pequeñas, egoístas, ¡no! Almas anchas, almas grandes, con grandes horizontes... dejaos alargar el alma con la fuerza del Espíritu..."

Los actos centrales comienzan mañana. Vivamos y sirvamos con magnanimidad de alma y mirándole a Él, sólo a Él...




26 junio 2019

El corazón del voluntario (y del cristiano) a imagen del Corazón de Cristo (2ª parte)

Continuamos con nuestro particular "triduo" camino a los actos centrales de la renovación de la Consagración de España al Corazón de Jesús en el Cerro de los Ángeles (Getafe, Madrid)

"Llegó el día de los Ázimos, en el que se había de sacrificar el cordero de Pascua; y envió a Pedro y a Juan, diciendo: "Id y prepararnos la Pascua para que la comamos". Ellos le dijeron: "¿Dónde quieres que la preparemos?". Les dijo: "Cuando entréis en la ciudad, os saldrá al paso un hombre llevando un cántaro de agua; seguidle hasta la casa en que entre, y diréis al dueño de la casa: "El Maestro te dice: ¿dónde está la sala donde pueda comer la Pascua con mis discípulos?". Él os enseñará en el piso superior una sala grande, ya dispuesta; haced allí los preparativos". Fueron y lo encontraron tal como les había dicho, y prepararon la Pascua." (Lucas 22, 7-13)

El Señor ha soñado con cada uno de los voluntarios para este momento concreto. Ya hace 100 años estaba pensando: ¿a quién elegiré para la renovación de esta Consagración? Y ahí estábamos cada uno de nosotros, elegidos y enviados con nuestro nombre concreto, como Pedro y Juan fueron enviados.

Y su envío es claro: "Id a prepararnos la Pascua". La Pascua, el paso del Señor. El Señor quiere pasar y hacerse de nuevo el encontradizo con su pueblo en el marco de una Pascua cristiana, es decir, la eucaristía.

Y nos dice el lugar concreto para este encuentro: en el piso superior. El Cerro de los Ángeles es ese piso superior, es el lugar elevado del encuentro con el Corazón de Cristo. Es un lugar ya dispuesto "tal y como les había dicho", únicamente hay que hacer los preparativos: engalanar el lugar para la gran fiesta del encuentro del Corazón de Jesús con sus amados hijos.

Y, al mismo tiempo, nosotros estamos a la puerta de este Corazón, enseñando la "sala grande", el lugar del encuentro. Invitando a entrar en él, siendo las manos del Corazón de Jesús que levantan y acarician, su mirada que acoge, su sonrisa que suaviza, sus oídos prestos a la escucha, su corazón presto a la Misericordia y a la compasión...

Pero sólo somos "lugar de paso". Los peregrinos tienen que entrar más adentro, encontrarse con Él, no quedarse en nosotros. Que cuando recuerden este día siempre piensen en el Corazón de Jesús y en el gran día de fiesta que vivieron. Ojalá no recuerden ningún gesto ni palabra que no vaya acorde ni sea digno de Él...

El gran día se acerca. Dejemos que cada uno de nuestros actos, palabras, gestos... sirva para reparar su Corazón de todas aquellas ocasiones donde no le hemos amado. Dejemos que el Espíritu Santo siga modelando nuestro corazón a imagen del de Cristo...



25 junio 2019

El corazón del voluntario (y del cristiano) a imagen del Corazón de Cristo (1ª parte)

Como sabéis, este año estamos celebrando el Centenario de la consagración de España al Corazón de Jesús en el Cerro de los Ángeles (Getafe, Madrid). Y... ya está aquí mismo, la celebración tendrá lugar este próximo Domingo día 30.

La verdad es que la idea de escribir esta entrada surgió un par de estaciones atrás. Pero los tiempos de Dios no son los nuestros y Él ya sabía que estos días tendría más tiempo para rezar y preparar mi corazón para el evento, cuando el intenso trabajo de estos meses pasados no me lo hacía ni imaginar.

Por pura Misericordia, tengo el regalo de ser una de las voluntarias elegidas por el Corazón de Jesús para servirle a Él, a los demás voluntarios y a los peregrinos que suben al Cerro. Estábamos en Misa en la Cripta, a los pies del Monumento, con el típico frío que siempre hace dentro en invierno. A unos metros delante de mí, una señora volcó su bolso, desparramándose todo el contenido por el suelo. Una voluntaria se encontraba cerca, atenta (como siempre están) a la necesidad que pudiera surgir y se lanzó rauda a ayudar a la señora. 

Este gesto me llenó de gozo, de una inmesa ternura por la voluntaria y la señora y, por qué no decirlo, de cierto orgullo al levantar la mirada y ver a todos los demás voluntarios desperdigados por la nave, dispuestos, atentos y con el corazón anhelando servir. Y así surgió en mi corazón la voz del Señor que me decía: ¿por qué no escribes una entrada sobre ello? E inmediatamente me vino el título que nos preside. 

Pero, como decía, los tiempos de Dios no son los nuestros y, hasta ahora, Él no había querido que me pusiera a ello. Y creo que lo entiendo, pues muchas cosas hemos vivido en estos meses y es ahora, en este momento, a punto de celebrar el evento, cuando el corazón está maduro por todo lo vivido. Lo bueno y lo no tan bueno. Todo, todo, ha servido al Corazón de Jesús para ir modelando nuestro corazón a imagen del suyo. Como en un triduo, tres entradas de este blog nos darán paso al inicio de los actos centrales el próximo viernes.

Y para ello, en su divina providencia dispuso ayer la celebración de la Natividad de San Juan Bautista la preciosa primera lectura que rezamos:

"Escuchadme, islas; atended, pueblos lejanos:
El Señor me llamó desde el vientre materno, de las entrañas de mi madre, y pronunció mi nombre. Hizo de mi boca una espada afilada, me escondió en la sombra de su mano; me hizo flecha bruñida, me guardó en su aljaba y me dijo: «Tú eres mi siervo, Israel, por medio de ti me glorificaré».
 Y yo pensaba: «En vano me he cansado, en viento y en nada he gastado mis fuerzas».
En realidad el Señor, defendía mi causa, mi recompensa la custodiaba Dios.
Y ahora dice el Señor, el que me formó desde el vientre como siervo suyo, para que le devolviese a Jacob, para que le reuniera a Israel; he sido glorificado a los ojos de Dios.
Y mi Dios era mi fuerza:
«Es poco que seas mi siervo para restablecer las tribus de Jacob y traer de vuelta a los supervivientes de Israel. Te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra»." (Isaías 49, 1-6)


Los voluntarios del Corazón de Jesús somos aquellos llamados desde el vientre materno para servirle. Desde las entrañas de nuestra madre pronunció nuestro nombre y nos llamó, uno a uno, para estar con Él. No estamos aquí por casualidad, estamos aquí porque Él nos ha elegido. Ni más ni tampoco menos. No es mérito nuestro, es pura Misericordia suya.

Nos esconde en la sombra de su mano, guardándonos como siervos preciosos, pues sabe que por medio de nuestra pobreza, al ponerla totalmente a su servicio, Él será glorificado. No será nuestra la Gloria, que sólo a Él es debida, si todo sale bien y los peregrinos vuelven a casa con su ser lleno de gozo y más Amor del Señor. Deberemos, con humildad, repetir "siervo inútil soy, hice lo que debía hacer" (cfr. Lucas 17, 10)

Puede que a veces tengamos la tentación, fruto del cansancio, algunas decepciones e incluso heridas provocadas entre nosotros, de quedarnos en la queja de pensar que en vano nos cansamos, que "en viento y en nada" gastamos nuestras fuerzas, que nadie ve ni nos agradece lo suficiente por todo lo que hacemos... y que olvidemos que es el Señor (Aquel que nos conoce bien, que conoce nuestras intenciones, lo que nos hiere y nos hace gozar) y sólo el Señor nuestra recompensa. Que el simple hecho de estar al servicio suyo y de los demás, de poder subir al Cerro a servirle, ya es un inmenso privilegio. Que sólo en Él podremos encontrar nuestro descanso y restaurar nuestras fuerzas (físicas y afectivas) gastadas, recolocando nuestro corazón en el por Quién y para Quién estamos aquí.

Y una vez puesto de nuevo todo en su sitio... escuchar su promesa eterna: déjate inundar por mi Luz y así serás luz para los demás, pues yo te he llamado para ser reflejo de mi Corazón en este lugar.