03 marzo 2020

Caminar...

Cuando alguien es perfeccionista como yo, equivocarse se convierte habitualmente en un disgusto grande, disgustos que se dan a menudo. Pero cuando la vida está llena de errores... se corre el riesgo de hundirse y de convertir, incluso, la vida en una tragedia para uno mismo y para los demás. Os aseguro que para una mente perfeccionista lo que digo no es exagerado, aunque os lo parezca.

Llevo un programa como voluntaria en Radio María España. Tal y como iban las cosas, para mí el Señor estaba derramando su Misericordia en abundancia y todo iba saliendo muy bien, no perfecto...pero casi... Se veía la mano de Dios por esas "Diosidencias" en las que Él llevaba a cabo la "cuadratura del círculo". 

Hasta que he "metido la pata", equivocándome en las fechas y realizando un programa que habla del Aleluya ya comenzada la Cuaresma... En fin... qué mal rato cuando me he dado cuenta...

Y ojalá fuera el único error de mi vida. De veras que no soy exagerada cuando digo que llevo un buen historial a mis espaldas. Claro, también jalonado por algún que otro éxito... que siempre ha venido de la mano de Dios...

Porque esto es lo que aprendo con cada error: que cuando me empeño en llevar las riendas de mi vida, no suele acabar muy bien. Pero que cuando me abandono... es Dios quien vive su vida en mí y todo sale "como Dios quiere"... Y, desde luego, Dios sigue derramando su Misericordia en abundancia aunque yo me equivoque en los programas...

Hoy me venía a la memoria el título de una entrada de este blog que escribí hace tres años, titulada "Necesito más Cuaresma" (aquí tenéis el enlace, por si queréis leerlo: https://poverella.blogspot.com/2017/03/necesito-mas-cuaresma.html). Así me siento hoy de nuevo: que necesito este tiempo precioso de Cuaresma. Creo que en el fondo todos los necesitamos vitalmente.  

Entrar en el desierto, de la mano de Dios, despojándonos de lo que nos pesa, de lo que nos sobra, de aquellas cadenas que vamos arrastrando, de aquellos errores del pasado que siguen dejando huella en el presente, de esos apegos a este mundo que nos quitan la vida, de esos "costumbrismos" que nos han alejado de la frescura y novedad del evangelio, de esos egoísmos que nos han recluido en nosotros mismos y no nos han dejado abrirnos a la donación al otro y del otro, de nuestra soberbia, de nuestro orgullo... 

... y caminar. Caminar. Adentrarnos en el Corazón de Cristo y dejar que Él, poco a poco, nos vaya calentando el alma, sanando heridas, restaurando brechas, quitándonos máscaras y armaduras que (por la vida, los demás o por nosotros mismos) nos hemos ido colocando, poniendo luz en medio de nuestras tinieblas, claridad en medio de nuestra oscuridad, valentía en medio de nuestras cobardías, sensatez en medio de nuestros desvaríos, dejarnos hacer por su humildad, su sencillez, su caridad, su entrega... 

Caminar, caminar... libres, despojados de todo, solo con Cristo... 

Hay un desierto largo delante de nosotros. Caminemos confiados, que Él viene a nuestro lado, y al final nos espera una vida nueva en Cristo y con Cristo.

Sí, Tú eres el Rey de mi vida, Señor... A Ti yo te rindo todo lo que soy...

Canción: El Rey de mi vida
Autor: Joan Sánchez y Río Todopoderoso Band





01 marzo 2020

I Domingo de Cuaresma - Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo

Señor, frente a la tentación, quiero responder como Tú, con profunda humildad y obediencia al Padre. Con las palabras del Cardenal Merry del Val, imploro el precioso don de la humildad:

Jesús manso y humilde de Corazón, -Óyeme.

(Después de cada frase decir: Líbrame Jesús)
Del deseo de ser lisonjeado,
Del deseo de ser alabado,
Del deseo de ser honrado,
Del deseo de ser aplaudido,
Del deseo de ser preferido a otros,
Del deseo de ser consultado,
Del deseo de ser aceptado,
Del temor de ser humillado,
Del temor de ser despreciado,
Del temor de ser reprendido,
Del temor de ser calumniado,
Del temor de ser olvidado,
Del temor de ser puesto en ridículo,
Del temor de ser injuriado,
Del temor de ser juzgado con malicia

(Después de cada frase decir: Jesús dame la gracia de desearlo)
Que otros sean más amados que yo,
Que otros sean más estimados que yo,
Que otros crezcan en la opinión del mundo y yo me eclipse,
Que otros sean alabados y de mí no se haga caso,
Que otros sean empleados en cargos y a mí se me juzgue inútil,
Que otros sean preferidos a mí en todo,
Que los demás sean más santos que yo con tal que yo sea todo lo santo que pueda,

Oración:

Oh Jesús que, siendo Dios, te humillaste hasta la muerte, y muerte de cruz, para ser ejemplo perenne que confunda nuestro orgullo y amor propio. Concédenos la gracia de aprender y practicar tu ejemplo, para que humillándonos como corresponde a nuestra miseria aquí en la tierra, podamos ser ensalzados hasta gozar eternamente de ti en el cielo.

Amén.
 

29 febrero 2020

La muerte no podrá contra el Amor

En mi parroquia contamos con el privilegio de tener una capilla de adoración perpetua. Poder acudir en cualquier momento del día a sus pies es un regalo de su Misericordia. 

Ayer acudí con el corazón "cargado". Llevaba conmigo a muchas personas, muchas situaciones, muchos sufrimientos de personas muy queridas. Y según se los iba entregando al Señor, en lo profundo de mi corazón surgió una pregunta que, con cierta tristeza, abrí al Señor: "¿por qué estos cristianos, que tanto te aman, que te han entregado todo lo que son y tienen, sufren tanto? Señor, a veces me cuesta entender el misterio del sufrimiento de aquellos que te siguen y que intentan ser coherentes en su fe".

En la pared del fondo de la capilla tenemos una pintura basada en la Última Cena, con Jesús rodeado de sus apóstoles y con el dedo señalando al sagrario. He mirado esa imagen muchas, muchas veces. Pero ayer los ojos se me fueron a la frase de abajo: "Haced esto en conmemoración mía". E inmediatamente subieron a la frase de la izquierda y después a la frase de la derecha. Y creo que me regalaste entenderlo, Señor, aunque no sé si seré capaz de explicarlo.

El mundo en que vivimos está mal, muy mal. Y de eso se dan cuenta hasta mis alumnos que no viven la fe en una comunidad cristiana. No les gusta... se sienten revueltos aunque no entienden por qué, ya que son hijos de esta época y no han conocido otra cosa. 

El mundo necesita redención. Te necesita a Ti, Señor, entregándote por Amor al sufrimiento de la cruz para la Redención de la humanidad. Los cristianos estamos llamados a ser otros Cristos en medio del mundo. Estamos llamados a hacer lo que Tú hiciste, en una memoria viva, hecha carne, "aterrizada" en lo concreto de cada día. Estamos llamados a dejarnos comer como cuerpo entregado por todos, a entregar hasta nuestra sangre si hace falta por el perdón de los pecados. Nos necesita a ti y a mí entregándonos por amor al sufrimiento de la cruz de cada día para la Redención de la humanidad, unidos siempre, siempre, a Cristo crucificado.

El misterio del sufrimiento, la unión profunda con Cristo crucificado, es una llamada de todo cristiano. Y que cada vez se extiende más porque el mundo está cada vez peor. El cristiano debe unirse a Cristo crucificado. El cristiano debe sufrir para la salvación del mundo. Es necesario. 

De nuevo viene a mi mente la Carta a Diogneto (http://www.vatican.va/spirit/documents/spirit_20010522_diogneto_sp.html):

 "El alma está encerrada en el cuerpo, pero es ella la que mantiene unido el cuerpo; también los cristianos se hallan retenidos en el mundo como en una cárcel, pero ellos son los que mantienen la trabazón del mundo. El alma inmortal habita en una tienda mortal; también los cristianos viven como peregrinos en moradas corruptibles, mientras esperan la incorrupción celestial. El alma se perfecciona con la mortificación en el comer y beber; también los cristianos, constantemente mortificados, se multiplican más y más. TAN IMPORTANTE ES EL PUESTO QUE DIOS LES HA ASIGNADO, DEL QUE NO LES ES LÍCITO DESERTAR".

Hemos comenzado la Cuaresma. En ella nos unimos a Cristo crucificado con la mirada puesta en la Pascua, en la Resurrección. "¡Oh, feliz culpa, que nos mereció tal Redentor!", cantaremos en el Pregón Pascual. Oh, feliz sufrimiento que, unido al Redentor, redime al mundo. 

La muerte no podrá contra el amor... la muerte no podrá contra el Amor.

"Ahora me alegro de mis sufrimientos por vosotros: así completo en mi carne lo que falta a los padecimientos de Cristo, en favor de su cuerpo que es la Iglesia" (Col 1, 24)

Canción: La muerte no podrá contra el amor.
Autor: Jonatan Narvaez.
Intérprete: Verónica Sanfilippo 



13 febrero 2020

La hora de los laicos

Hace unos días hablaba con un amigo sobre su parroquia. Me contaba algunas dificultades, algunas ilusiones... 

En especial me habló, con dolor, de su párroco que, por un tema de salud, no termina de encontrarse al 100% aunque intenta disimularlo. Y esta situación le ha cambiado el carácter. Sus parroquianos se han dado cuenta y, para dolor de mi corazón, escuchaba las murmuraciones a las que mi amigo hacía frente casi todos los días hablando del párroco.

Reconozco que, aunque el Señor va trabajando mi carácter, muchas veces me puede el genio (me arrepiento al instante). Sobre todo con cosas como estas. 

Me pregunto a qué estamos esperando los laicos para hacer realidad el llamamiento que nos hizo nuestra Madre Iglesia en el Concilio Vaticano II. Se nos llena la boca diciendo que es la hora de los laicos, que por qué los curas son tan clericales y acaparan todo el "poder" y a los laicos no se les deja... y tontunas (con perdón de la expresión) semejantes. 

Me refiero, evidentemente, a lo último, porque sí que es la hora de los laicos. Pero no es la hora de criticar, sino de tomar las riendas seriamente. Y tampoco es la hora de tomar estas riendas únicamente buscando ese supuesto "poder", sino en la responsabilidad profunda que tenemos nosotros también como Iglesia. 

Y le preguntaba a mi amigo: ante lo que les escuchas decir, ¿les preguntas si oran por su párroco? ¿Oran por sus sacerdotes? ¿Se ofrecen y sacrifican por ellos? ¿Piden por sus necesidades e intenciones? ¿Piden por las necesidades de la parroquia y sus feligreses, que son sus hermanos en Cristo? ¿Tienen ratos de oración largos en comunidad donde se rece especialmente por la parroquia y todos sus miembros? Pues... ¿a qué están esperando? 

¿Se ofrecen o se "ponen a tiro" por si hay que necesitarles para algún servicio? ¿Lo realizan con humildad, agradecimiento, en equipo y sencillez, o buscando que les vean y por vanagloria? ¿O seguimos tirando del cura para todo? Porque es muy fácil criticar y que se nos llene la boca de cosas, pero cuando toca remangarse y limpiar el barro que se nos pueda haber ido colando en casa... 

Aún no he tenido oportunidad de leer el último documento del Papa Francisco sobre la Amazonía, pero por algún comentario que he oído creo que va en esta línea. Porque no, no es cuestión de que los curas se casen o las mujeres seamos ordenadas. Que no. Que es cuestión de asumir con profundidad y responsabilidad el maravilloso puesto que el Señor nos ha asignado (vocación) a cada uno en el seno de la Iglesia. Saberse parte de ella, amarla en sus fragilidades, entregarse por ella como Cristo lo hizo (porque somos cristianos, ¿no?, por el bautismo somos sacerdotes, profetas y reyes como Él, así que hay que vivir como Él), y luchar cada día para que nuestra Madre muestre a través de nosotros su mejor rostro. Es decir, ser santos... en el hermoso lugar que se nos ha asignado, estando siempre Cristo en el medio.

"Tan importante es el puesto que Dios les ha asignado, del que no les es lícito desertar" 
(de la Carta a Diogneto)

Tal vez esta es una buena ocasión para releer esta hermosa carta, rezar con ella, asumirla en nuestras vidas. Porque somos parte de este cuerpo, que es la Iglesia. Somos miembros, ¡miembros!, no vivamos como si lo que ocurre en ella no fuera con nosotros. 

Aquí os dejo el enlace por si queréis leerla: http://www.vatican.va/spirit/documents/spirit_20010522_diogneto_sp.html

Que nuestra vida, con toda su pobreza, dé siempre Gloria al Señor. 

Canción: Háganlo todo
Autor: Jonatan Narváez
Intérprete: Athenas



02 enero 2020

Mi sobrino ya sabe decir grúa

Sí, sí, mi sobrino ya sabe decir grúa. El otro día, recién levantado de la siesta en mi casa, medio dormido, al mirar con él por la ventana señaló con su pequeño dedito hacia unas obras y dijo claramente: "grúa". Y yo, claro, "aluciné" por verle capaz de decir con tal limpieza y seguridad esa palabra, señalando tan claramente el objeto de su atención. 

Si es que los pequeños crecen... Se abren a un mundo nuevo que poco a poco van asimilando y haciéndose partícipe de él. Todavía desde su pequeñez, pero ya inmersos en él.

No, ahora no estoy escribiendo un blog sobre infancia. Como dice el tema de este blog, son "pequeñas reflexiones, al soplo del Espíritu, desde la vida diaria". Y este pequeño detalle de mi vida diaria me ha llevado a reflexionar, una vez más, sobre nuestra vida espiritual.

Creo que, humanamente hablando, nunca dejamos de llevar al niño que hemos sido en nosotros. Algunos expertos afirman que es así. Y yo no soy experta, pero cuando veo en mí o en otros reacciones profundamente infantiles o adolescentes (estoy hablando de adultos), reconozco que tienen razón. 

Y en la vida espiritual creo que también es así: crecemos, pero siempre llevamos en nosotros esos inicios. Ya sea por las heridas que hemos recibido y nos han marcado (en un lado), ya sea por ese entusiasmo del amor primero al comenzar el camino de la fe (en el otro). Y, en medio, un montón de posibilidades.

Hoy me quiero quedar en la primera palabra: crecemos. Aunque sea lentamente y con muchos tropiezos, como en mi caso, pero crecemos. Y eso me tiene que colmar de esperanza. Y también me invita a mirar con ojos de Misericordia a mis hermanos cuando veo en ellos al niño que fueron. 

No siempre sé vivirlo así, lo reconozco, pero cuando me paro a pensar en cómo me mira Dios cuando sale mi niña en lugar de la adulta que soy, y cómo Él me perdona una y otra vez en la confesión... reconozco esa invitación que Él me hace: "recuerda que tú también tienes un pasado que afecta a tu presente, que tienes tus heridas, tus miedos, tu no saber cómo enfrentar a veces las cosas y que Yo siempre estoy a tu lado, acompañándote, queriéndote, esperando... ves y haz tú lo mismo (Lucas 10, 37). Él, ella también está creciendo, como tú. Crecéis".

Estamos comenzando un año nuevo. Aunque sea a nivel civil y aunque cambiar el número del calendario no sea algo "mágico" que de repente nos haga cumplir todos aquellos propósitos que nos hacemos, creo que algo de mirada nueva trae y un anhelo nuevo de recomenzar. Siempre les digo a mis alumnos que no duden en que siempre, siempre, se puede empezar de nuevo. A cada instante. Y si me vuelvo a equivocar, pido perdón y vuelvo a empezar. 

En este año nuevo el Señor nos regala la invitación de mirar con mirada nueva, sobre nuestra vida y sobre la de los demás. Y pone en nuestro corazón Su esperanza, que quiero hacer mía: crecemos.

Canción: Tu instrumento
Autor: Mariola Alcocer y Raquel Testón



21 diciembre 2019

¿A qué esperamos? (2ª parte)

Todo es don y tarea. Don del Espíritu Santo, que nos guía y santifica, y tarea por nuestra parte para que lo que Él quiere hacer con nosotros y a través de nosotros se lleve a cabo.

El tema del don no es cosa nuestra: es obra del Espíritu y Él sabe muy bien cuándo y de qué modo obrar.

Pero el tema de la tarea… eso sí que es cosa nuestra y bien nuestra. ¿Cómo me dejo hacer por el Espíritu? ¿Soy dócil a sus inspiraciones? ¿Pongo de mi parte todo lo que está en mi mano para que Él pueda hacer de mí otro Cristo en medio de este mundo?

A lo mejor pensamos que son cosas que no están a nuestro alcance, pues ser santo a veces nos puede parecer eso: que no está a nuestro alcance. Pero si leemos la vida de algún santo veremos que estaban hechos de carne y hueso, virtudes y pecados, como tú y como yo. Sólo que intentaron ser lo más dóciles posible y pusieron de su parte también todo lo posible.

En unos días comenzamos el año nuevo. Y ya sabemos, parece que el día 1 de enero es el “pistoletazo de salida” para muchos propósitos: que si adelgazar todo lo que he acumulado en el año anterior, que si ser más paciente con ese familiar, compañero… con el que me cuesta tanto convivir, ahorrar un poco más para poder irme a ese lugar de vacaciones o pagar esa deuda pendiente…  

Tengo que reconocer que muchas veces me he creado propósitos bastante inalcanzables… porque no me he puesto manos a la obra para que fueran alcanzables. Creo que esta imagen explica muy bien lo que quiero decir:

Ser cristiano no es cuestión de intentar correr los 100 metros en menos de 9 segundos o subir la cima del Everest al primer intento, como los deportistas de élite no ganan medallas en su primera carrera o se lanzan a escalar las cimas más altas sin haberse preparado físicamente para ello durante bastante tiempo. La excelencia deportiva se consigue con días, meses, años de entrenamiento, pequeños y grandes esfuerzos, pequeñas y grandes elecciones que implican pequeñas y grandes renuncias o sacrificios (porque elegir una cosa a veces implica descartar otra), constantes empezar de nuevo, caerse y volverse a levantar… 

La excelencia cristiana, es decir, ser santo se consigue con días, meses, años de entrenamiento, pequeños y grandes esfuerzos, pequeñas y grandes elecciones que implican pequeñas y grandes renuncias o sacrificios (porque elegir una cosa a veces implica descartar otra), constantes empezar de nuevo, caerse y volverse a levantar…

¿Qué te parece si juntos proponemos unas cuantas tareas que sí que están a nuestro alcance para caminar en santidad en este próximo año que comienza? Yo digo unas cuantas y te invito a compartir todas las demás que se te ocurran. Así, entre todos, nos ayudaremos a caminar en el Señor. No están ni mucho menos ordenadas por orden de importancia, todas son necesarias:

*ORACIÓN: “María, por su parte, guardaba todas estas cosas, y las MEDITABA en su corazón.” (Lucas 2, 19). Ya dije en la entrada anterior que no ponía las mayúsculas en este texto por casualidad. La Virgen María custodiaba con cariño los acontecimientos de Dios en su vida y luego los meditaba en su corazón. Es decir, oraba. ¿Un amigo se puede considerar buen amigo si no trata nunca con su amigo? A mí me parece que no. Sin un tiempo diario de compartir con el Señor nuestra vida, no podemos considerarnos verdaderos cristianos ni crecer en las virtudes, en caridad… en santidad.

*SACRAMENTOS: “Los pastores se volvieron GLORIFICANDO Y ALABANDO A DIOS por todo lo que habían oído y visto” (Lucas 2, 20). ¿Queremos dar Gloria a Dios en nuestra vida? Acudamos a su encuentro en los sacramentos. Algunos ejemplos: sin la Eucaristía no podemos vivir, pues es el mismo Cristo quien nos alimenta para vivir de Él y como Él. ¿Si sólo comiéramos los Domingos, mantendríamos las fuerzas para trabajar, estudiar, vivir… toda la semana? ¿Podríamos vivir en una casa que sólo se limpiara una vez al año? ¿Entonces por qué vivimos con nuestra alma llena de la basura del pecado, teniendo tan a mano el regalo de una “buena limpieza” frecuente y que nos ayuda a volver a empezar? 

*LECTURA ORANTE DE LA PALABRA DE DIOS: “«Vayamos, pues, hasta Belén y veamos lo que ha sucedido y el Señor NOS HA MANIFESTADO.»” (Lucas 2, 15). Dios nos sigue hablando a través de su Palabra, pues es Palabra viva que engendra en nosotros su misma Vida. ¿Cómo dices que Dios no te habla si te ha dejado un libro entero donde abre su Corazón? Formado, además, por 73 libros. Con sólo leer los textos que la Madre Iglesia nos propone todos los días en la Misa ya le damos un buen repaso a la Biblia. Y con todos los comentarios que podemos encontrar en libros, internet, redes sociales… podemos alimentar un poco más lo que el Espíritu nos haya comunicado tras orar nosotros esa Palabra.

*ACOMPAÑAMIENTO ESPIRITUAL: “…los pastores se decían unos a otros: «Vayamos, pues, hasta Belén” (Lucas 2, 16). Ya sabemos aquello de que “un ciego no puede guiar a otro ciego”. Un buen acompañante espiritual, que también quiera ser santo, es básico para poder caminar. Qué bien nos hacen los que nos quieren cuando nos animan, nos ayudan a ver lo que nosotros no vemos, nos corrigen para que seamos mejores… Una regla básica del montañismo es nunca adentrarse solo en un monte, por los peligros que eso supone. Entonces, ¿por qué nos empeñamos en caminar solos en la fe?

*INTENTAR VIVIR LAS VIRTUDES CRISTIANAS EN LO PEQUEÑO Y COTIDIANO: “… y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre” (Lucas 2, 16). Todo un Dios se hace un pequeño niño y se deja recostar en un humilde pesebre para nuestra salvación. ¿Hay mayor acto de amor y humildad? Yo no sé tú, pero a mí me resulta imposible vivir a lo grande la caridad y las virtudes cristianas. Cada vez que lo intento, meto la pata casi al instante. Tal vez te ocurre lo mismo y esos grandes propósitos al final se quedan en nada. Pero sí podemos hacer pequeñas cosas que, juntas, van formando un “gran todo”: ceder a otra persona el sitio en la cola de la compra si notamos que tiene prisa, estar atentos a ceder el asiento en un sitio público, sonreír a quien nos alarga la mano para pedir una limosna y no dársela sin mirarle a los ojos, aguantar con paciencia un mal movimiento con el coche de otros conductores, hacer un pequeño sacrificio sin que nadie se dé cuenta… 

*APROVECHAR OTRAS HERRAMIENTAS QUE NOS DA LA TRADICIÓN DE LA IGLESIA Y COMPARTIR CON OTROS EL REGALO QUE HEMOS RECIBIDO: “Al verlo, DIERON A CONOCER lo que les habían dicho acerca de aquel niño; y TODOS LOS QUE LO OYERON se maravillaban” (Lucas 2, 17-18). Los regalos espirituales crecen si los compartimos. En la historia de la Iglesia el Señor y la Virgen, a través de nuestros hermanos en la fe, nos han dejado muchas herramientas para crecer en santidad. La lectura espiritual (el Catecismo, textos del Magisterio, libros sobre nuestra fe, de santos…) y el rezo de oraciones como el Rosario, la Coronilla… son de inmejorable ayuda como alimento de nuestras almas. Y el compartir nuestro testimonio, lo que el Señor está haciendo con nosotros, en lo pequeño y cotidiano, ayudará a otros a poder identificar cómo Dios sigue actuando en la historia de la humanidad y también en sus propias vidas. 

Son algunas ideas. Te invito a compartir las tuyas y así enriquecernos entre todos. Como dice San Pablo: 

“Animaos, por el contrario, los unos a los otros, cada día, mientras dure este hoy, para que ninguno de vosotros se endurezca, engañado por el pecado.” (Hebreos 3, 13)

Hermanos, comencemos este año nuevo con anhelos de santidad. Dios, más que nadie, nos quiere santos. Como María, como los santos, pongamos nuestro pequeño sí en nuestro pequeño hoy. Él se encargará del resto.

Canción: Hágase en mí
Autora: Celinés Díaz





20 diciembre 2019

¿A qué esperamos? (1ª parte)

Hace un ratito he recibido un mensaje de un anciano fraile carmelita amigo. Me decía que mañana me iba a mandar la historia de la Salve y añadía: “Para GLORIA DE LA MADRE QUE DENTRO DE 4 DÍAS NOS DARÁ A SU HIJO PARA QUE NOS SALVE”.

La verdad es que me ha impactado mucho. De repente he caído que sólo quedan 4 días para celebrar la Navidad, el nacimiento de nuestro Señor. Sí, es “fácil” como cristianos pensar o decir que el Señor va a nacer, que el Hijo de Dios nace para nuestra salvación. ¿Pero eso qué significa concretamente en mi vida? ¿Realmente dejo que Cristo muestre su salvación en mi día a día? ¿Y a qué espero si no es así?

¿Acaso me conformo con una “ley de mínimos cristianos”? Es decir, ir a Misa los Domingos, confesarme regularmente (o de vez en cuando… o de año en año, por Pascua de Resurrección, lo mínimo que me pide la Madre Iglesia), dar una limosna si tengo unas monedillas de sobra en el bolsillo y si no voy con demasiada prisa, ser buenecito, buenecita…

Y en todo esto, ¿a Cristo dónde le dejo?

Porque, yo no sé tú, pero cuando “yo” vivo así me quedo en eso: mi “yo”. YO soy la que va a Misa, YO soy la que se confiesa porque me hace bien, YO soy la que da limosna, YO soy la que intenta ser buena…

¿Y dónde te dejo, Señor? Si al final soy yo la que vive “en clave cristiana”, ¿cuándo dejo que se haga en mí tu Palabra (cfr. Lucas 1, 38) y que seas Tú por medio del Espíritu Santo quien viva en mí (cfr. Gálatas 2, 20)? 

Me impresiona la prontitud de los pastores que recibieron el anuncio del ángel de que el Salvador había nacido: se presentaron como estaban, con lo que eran y con lo que tenían, que era más bien nada pues estaban al raso cuidando los rebaños. Corrieron a su encuentro tal cual estaban, porque el regalo realmente ERA ÉL: Dios hecho Hombre. 

"Y sucedió que cuando los ángeles, dejándoles, se fueron al cielo, los pastores se decían unos a otros: «Vayamos, pues, hasta Belén y veamos lo que ha sucedido y el Señor NOS HA MANIFESTADO.» Y fueron A TODA PRISA, y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, DIERON A CONOCER lo que les habían dicho acerca de aquel niño; y TODOS LOS QUE LO OYERON se maravillaban de lo que los pastores les decían. María, por su parte, guardaba todas estas cosas, y las MEDITABA en su corazón. Los pastores se volvieron GLORIFICANDO Y ALABANDO A DIOS por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho." (Lucas 2, 16-20)

El regalo que quiere Jesús es tú mismo, tu corazón. Tal como está, tal como estás todo tú, para que Él pueda vivir en ti y a través de ti, y que cuantos te vean vivir se maravillen de la obra de Dios. Es decir, que Dios nos llama a ser santos, no cristianos del montón que se conforman con vivir tirando mediocremente. Y el santo no es alguien “excepcional y perfecto”, es alguien que se deja hacer otro Cristo por obra del Espíritu, en el día a día, en cada minuto, con cada latido de su corazón. Con la pobreza de como está y con lo que tiene, como los pastores en Belén.

Pero esto, como todo en la vida de la fe, es don y tarea. Don del Espíritu Santo que, como buena brújula, nos guía y santifica, y tarea por nuestra parte para que lo que Él quiere hacer con nosotros y a través de nosotros se lleve a cabo. No he puesto por casualidad esas mayúsculas en el texto de San Lucas. ¿A ti qué te dicen?

Creo que una clave muy buena para vivirlo podría ser esta frase de San Alberto Hurtado: 

¿Qué haría Cristo en mi lugar?"

Canción: Sopla
Autor: Jonatan Narvaez
Intérprete: Verónica Sanfilippo
https://youtu.be/qVkrRzlDizc

 


17 diciembre 2019

Árbol con nombres y títulos bíblicos de Jesús

Ya estamos empezando a recibir el típico mensaje con una imagen que forma un árbol con distintas palabras y donde se suele indicar cosas como "te regalo tu primer pino navideño, pásaselo a tus amigos".

Me he animado a hacer algo semejante, pero en este caso las palabras son nombres o títulos de Aquel por quien realmente celebramos la Navidad: Jesucristo, el Hijo de Dios que se hace Carne por nuestra Salvación.

Aunque aún estamos en Adviento, os lo comparto.

¡Ven, Señor Jesús! 🙌💓




La intuición de Juan Bautista era correcta

"En aquel tiempo, Juan, que había oído en la cárcel las obras del Mesías, mandó a sus discípulos a preguntarle: ¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?"

Así comenzaba el pasado Domingo día 15, III de Adviento, el evangelio según san Mateo (11, 2-11) que se leía en la Eucaristía.

Escuché y leí varios comentarios-homilías ese día, y en todos ellos se hablaba del dudar, de las faltas de fe, que todos podemos vivir momentos de dudas y oscuridad como el de San Juan Bautista... Todos ellos fueron enriquecedores, pero no encontré en ninguno lo que yo sentí orando este evangelio y que ahora os quiero compartir:

Juan era el precursor, la voz que clamaba en el desierto, quien urgía a la conversión del corazón para preparar la venida del Mesías. Su vida era urgencia porque Aquel que anhelaba su corazón estaba por llegar, pronto, muy pronto.

Y entonces es encarcelado. Como en la imagen que comparto, elegir a Dios y vivir en la verdad nos puede traer muchas veces sufrimiento, incomprensión y lejanía de aquellos que amamos, persecución de aquellos que no nos quieren, soledad, el corazón se nos vuelve a romper... Es profundamente doloroso muchas veces elegirle y elegir vivir en la verdad. ¿Pero qué otra cosa podemos hacer?

Creo que San Juan Bautista vivió esto en la cárcel. No creo que tuviera dudas de fe. Creo que la urgencia de su corazón le hacía clamar por conocer si Jesús era el Mesías que él esperaba. No por dudas, sino porque sabía que su fin, su muerte, estaba cerca y su corazón necesitaba descansar en la certeza de haber cumplido su misión. De no haber fallado al Espíritu de Dios que le movía.

Con profunda humildad hace llegar su pregunta, intentando comprender los designios del Dios Amor al que había entregado su vida y que ahora le había llevado a la cárcel sin saber si la intuición de su corazón era correcta: que Él estaba cerca. 

Y me imagino a Juan descansando, aún en medio de su sufrimiento y soledad, con una media sonrisa al recordar la respuesta que le había mandado traer Jesús: "Id y anunciad a Juan lo que estás viendo y oyendo...".

Sí, Juan, tu intuición era correcta. Tu docilidad al Espíritu Santo te llevó a cumplir la misión para la que habías nacido. Ahora sufres y estás solo, pronto morirás, pero has sido un fiel cumplidor, en lo poco y en lo mucho. ¡Entra en el gozo de tu Señor! (cfr. Mateo 25, 23). Y allí, de sus propios labios, escucharás la hermosa alabanza que quiso que quedara escrita para la posteridad: "En verdad os digo que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan el Bautista".

Querido Juan, enséñanos a amarle, a esperarle y a clamar, como tú, ¡ven, Señor Jesús!


Canción: Enséñame a amarte.
Autor: Juanjo Trujillo
Intérprete: Azeneth González






30 noviembre 2019

Jesús, yo confío en Ti

Hay veces que la vida nos zarandea. O tal vez es el Señor el que aprovecha los acontecimientos para "menearnos" un poco y sacarnos de nuestra comodidad, de ese "ir tirando".

La cosa es que hay veces que toca elegir: apostar por el Señor y la santidad, o mirar a otro lado. 

Y a veces esa elección implica rompernos un poco. O tal vez eso es lo que nos parece. Creo que la verdad profunda es que estamos creciendo y el Señor nos está construyendo, aunque no siempre lo veamos así de claro. Aunque duela. Cuando somos pequeños y pegamos el estirón, a menudo nos duelen los huesos de las rodillas. Algo así sucede cuando crecemos en el Espíritu: parece que todo se nos descoyunta por dentro, pero en el fondo estamos dando un estirón.

Y lo que es más importante: toca preguntarse si nuestra mirada está en nosotros o en el Señor. Hace poco le pregunté, en oración ante el Santísimo: "¿Cuántas veces se puede romper un corazón, Señor?". Y oí con una gran claridad: "Tantas como mi Corazón se rompe por tus pecados". 

Cuando la vida me zarandea me doy cuenta de mi mediocridad. De la pobreza de mi vida cristiana. De lo apegado que tengo el corazón a este mundo. Es hermoso, la creación es hermosa, sus gentes son profundamente hermosas. Pero si no amo todo y a todos en Él... 

Cuando la vida nos zarandea, cuando parece que nuestra barca se va a hundir por las olas y Jesús duerme a nuestro lado, ¿qué podemos hacer?  Desde mi pobreza sólo puedo mirar el camino de los santos e intentar aprender de ellos: confianza y abandono en su Misericordia, procurando descansar en el saber que Él jamás nos deja de su mano. 

Ojalá algún día viva que eso es lo único importante: el Corazón de Cristo. Amarle con locura y abandonarme total y confiadamente en el Amor de Aquel para el cual somos lo más valioso. Hasta dar la vida por nosotros.

Mañana comienza el Adviento. Tiempo precioso que nos regala el Señor a través de la Iglesia para preparar el pequeño pesebre de nuestro corazón donde Él quiere volver a nacer. Tiempo de silencio, oración, contemplación admirada de la Virgen que se deja hacer Madre... Tiempo de dejarnos hacer por el Espíritu para seguir creciendo. Un poco más. Hasta ese día hermoso en que ya podamos descansar contemplando eternamente el Corazón del que tanto nos ama, el único Santo.


Canción: Jesús, yo confío en Ti.
Autor: Padre Juan Andrés Barrera