Ya llevamos unos días sonriendo a Jesús y dejando que nos envuelva en su sonrisa; y mirando a Jesús y dejándonos mirar por Él.
En ello estaba, gozándome, cuando María me susurró: "Dile que le quieres. A Jesús. DILE QUE LE QUIERES".
Cuántas veces acudimos a la oración con el corazón cargado. Y eso es maravilloso, porque no hay mejor lugar que su Divino Corazón para descansar el nuestro.
Pero acuérdate de que el Corazón de Jesús es un Corazón de hombre. Le encanta que le compartas tus cosas y te desahogues con Él. Pero si después queda ahí todo... le duele. El Corazón de Cristo es profundamente sensible para el amor...
Dile a Jesús que le quieres. Dale las gracias, sí. Pero sobre todo dile que le quieres. Porque el Corazón de Cristo desborda de Amor por ti y desea profundamente ser correspondido a ese Amor por ti.
Santa Teresita del Niño Jesús lo dice con palabras aún más bellas: "He aquí todo aquello que Jesús espera de nosotros: no tiene necesidad de nuestras obras, sino sólo de nuestro amor. Tenía sed, pero diciendo: Dame de beber, el Creador del universo pedía amor a su criatura. Tenía sed de amor."
Y el mismo Corazón de Jesús compartió su dolor con Santa Margarita de Alacoque: "He aquí este Corazón, que ha amado tanto a los hombres, que no se ha reservado nada hasta agotarse y consumirse para demostrarles su Amor, y en respuesta no recibo de la mayor parte sino ingratitud, ya por sus irreverencias y sacrilegios, ya por su frialdad y desprecio con que me tratan en este Sacramento de Amor (...) Al menos tú ámame."
Dile que le amas. Consuela su Divino Corazón herido de Amor y que tan pocos corazones corresponden a ese Amor. Que Jesús de verdad pueda encontrar consoladores... (cfr. Salmo 69, 21)
Al menos tú ámale...
Canción: Nadie te ama como Yo
Autor: Martín Valverde
https://youtu.be/EmsjHnEBrc0
03 julio 2018
27 junio 2018
Pequeñas ideas para la oración (2ª parte)
En la anterior entrada nos quedamos mirando y sonriendo a Jesús, y dejándonos envolver por su sonrisa.
Otra cosilla que me enseñó la Madre es a PERMANECER con la mirada EN LA MIRADA DE JESÚS. No rehuirla.
Nos cuesta mucho dejarnos mirar a los ojos, ¿verdad? Nos sentimos a veces incómodos y apartamos la mirada. Por tantos motivos... Puede que no queramos que vean lo que llevamos en lo más profundo. O puede que tengamos miedo de lo que podamos ver en la mirada de los otros...
Pero, en mi experiencia, no hay nada como dejar que otro que te quiere te mire y te sostenga la mirada. Es una experiencia preciosa de sentirse profundamente amados.
María me enseñó a dejar que su Hijo penetre con su mirada totalmente mi ser. Dejar que se pose en mi corazón, en mi mente, en mi historia. Dejar que sus ojos recorran con Misericordia todo lo que llevo conmigo, desde mi rostro y mi cuerpo, a mis alegrías, mis preocupaciones, mis sueños...
Dejar que pose su mirada cálida en todo ello y me enseñe a mirarlo como Él lo mira. Con confianza, con esperanza, con ternura, con alegría...
Dejar que me dé una nueva mirada sobre mi vida, sobre los que van conmigo en ella, sobre aquellos con los que me encuentre, sobre la humanidad y la Creación entera...
Dejémonos mirar por Jesús. ¿Qué tenemos que perder? Nada. ¿Qué tenemos que ganar? TODO.
Canción: Mírame otra vez, Jesús
Autor: Javier Reyes M.
https://youtu.be/3txjcMNGz2Q
Otra cosilla que me enseñó la Madre es a PERMANECER con la mirada EN LA MIRADA DE JESÚS. No rehuirla.
Nos cuesta mucho dejarnos mirar a los ojos, ¿verdad? Nos sentimos a veces incómodos y apartamos la mirada. Por tantos motivos... Puede que no queramos que vean lo que llevamos en lo más profundo. O puede que tengamos miedo de lo que podamos ver en la mirada de los otros...
Pero, en mi experiencia, no hay nada como dejar que otro que te quiere te mire y te sostenga la mirada. Es una experiencia preciosa de sentirse profundamente amados.
María me enseñó a dejar que su Hijo penetre con su mirada totalmente mi ser. Dejar que se pose en mi corazón, en mi mente, en mi historia. Dejar que sus ojos recorran con Misericordia todo lo que llevo conmigo, desde mi rostro y mi cuerpo, a mis alegrías, mis preocupaciones, mis sueños...
Dejar que pose su mirada cálida en todo ello y me enseñe a mirarlo como Él lo mira. Con confianza, con esperanza, con ternura, con alegría...
Dejar que me dé una nueva mirada sobre mi vida, sobre los que van conmigo en ella, sobre aquellos con los que me encuentre, sobre la humanidad y la Creación entera...
Dejémonos mirar por Jesús. ¿Qué tenemos que perder? Nada. ¿Qué tenemos que ganar? TODO.
Canción: Mírame otra vez, Jesús
Autor: Javier Reyes M.
https://youtu.be/3txjcMNGz2Q
25 junio 2018
Pequeñas ideas para la oración
A veces mis alumnos me preguntan cómo orar. En otras ocasiones, han sido personas adultas las que me han preguntado cómo hacerlo.
Y esas preguntas las he presentado en mi propia oración, pues es el Espíritu Santo el que nos enseña a orar como conviene (cfr. Romanos 8, 26).
Hay muchos métodos de oración que se pueden encontrar en libros y en internet. Los santos son una fuente de sabiduría por su propia experiencia orante. Y también contamos con la ayuda inestimable de la Virgen María. Ella, como buena Madre y Maestra, nos enseña a ser discípulos de su Hijo a su imagen, discípula predilecta.
De su mano, os comparto algunas pequeñas ideas que la Madre me ha dado durante mi propia oración sobre cómo debo acercarme a su Hijo, sobre todo ante el sagrario o cuando está expuesto para la adoración. Son sólo eso, pequeñas ideas. No pretenden ser un tratado de oración ni un único camino que recorrer. El Señor es el más interesado en que tengamos una relación de intimidad con Él. Así que lo mejor es dejarle hacer a Él...
Lo primero que me dijo la Madre es QUE SONRÍA. Voy a un encuentro cara a cara con Jesús. Y Él no me quiere con cara larga y preocupada, metida en mí misma y en mis problemas. Sino que quiere que acuda con confianza, que le sonría agradecida por el regalo del encuentro, y que después le vaya contando y depositando en su Corazón todo lo que hay en el mío. Darle todo lo mío para que después Él me pueda dar de lo suyo, con abundancia, con Misericordia...
Llegar al encuentro sonriéndole... y, al cruzar nuestras miradas, ver que Jesús también me está sonriendo. Y entonces mi sonrisa será más amplia, más dulce, porque será reflejo de la Suya en la mía.
Jesús me ama con locura. Más que nadie. Como dijo el Papa Francisco, "muchas veces los cristianos tienen más cara de ir a un funeral que de ir a alabar a Dios" (homilía en la Casa de Santa Marta, 31/05/2013). El Señor nos espera sonriendo. ¿Vamos a ir a su encuentro con cara de funeral?
Canción: Quiero verte sonreír
Autor: Comunidad María Mediadora
https://youtu.be/Xs_qG0d4CT0
Y esas preguntas las he presentado en mi propia oración, pues es el Espíritu Santo el que nos enseña a orar como conviene (cfr. Romanos 8, 26).
Hay muchos métodos de oración que se pueden encontrar en libros y en internet. Los santos son una fuente de sabiduría por su propia experiencia orante. Y también contamos con la ayuda inestimable de la Virgen María. Ella, como buena Madre y Maestra, nos enseña a ser discípulos de su Hijo a su imagen, discípula predilecta.
De su mano, os comparto algunas pequeñas ideas que la Madre me ha dado durante mi propia oración sobre cómo debo acercarme a su Hijo, sobre todo ante el sagrario o cuando está expuesto para la adoración. Son sólo eso, pequeñas ideas. No pretenden ser un tratado de oración ni un único camino que recorrer. El Señor es el más interesado en que tengamos una relación de intimidad con Él. Así que lo mejor es dejarle hacer a Él...
Lo primero que me dijo la Madre es QUE SONRÍA. Voy a un encuentro cara a cara con Jesús. Y Él no me quiere con cara larga y preocupada, metida en mí misma y en mis problemas. Sino que quiere que acuda con confianza, que le sonría agradecida por el regalo del encuentro, y que después le vaya contando y depositando en su Corazón todo lo que hay en el mío. Darle todo lo mío para que después Él me pueda dar de lo suyo, con abundancia, con Misericordia...
Llegar al encuentro sonriéndole... y, al cruzar nuestras miradas, ver que Jesús también me está sonriendo. Y entonces mi sonrisa será más amplia, más dulce, porque será reflejo de la Suya en la mía.
Jesús me ama con locura. Más que nadie. Como dijo el Papa Francisco, "muchas veces los cristianos tienen más cara de ir a un funeral que de ir a alabar a Dios" (homilía en la Casa de Santa Marta, 31/05/2013). El Señor nos espera sonriendo. ¿Vamos a ir a su encuentro con cara de funeral?
Canción: Quiero verte sonreír
Autor: Comunidad María Mediadora
https://youtu.be/Xs_qG0d4CT0
11 junio 2018
Hoy quiero ser el hijo mayor de la parábola...
Hoy quiero ser el hijo mayor de la parábola del Hijo Pródigo (o del Padre Misericordioso) (Lucas 15, 11-32)
Sí, hoy quiero ser ese hijo, pero de un modo nuevo. Con la novedad que siempre nos regala Dios para nuestra vida por medio del Espíritu Santo.
Quiero estar tan cerca del Corazón del Padre que sienta su mismo dolor por el hijo que desconoce su Amor y se marcha de Casa. Y así, tan cerca, ser partícipe de su mismo dolor y ser para Él fuente de ternura y consuelo. Porque el Señor busca consoladores pero no siempre los encuentra...
Quiero ser corazón intercesor junto al Corazón del Padre, con María, la Madre, que siempre ora e intercede por sus hijos para que vuelvan a Casa; para que recuerden dónde se halla su dignidad de verdaderos hijos, dónde hallarán la felicidad que tanto buscan en lugares donde no pueden hallarla...
Quiero estar con el Padre a la puerta de la Casa esperando, esperanzada, para ver, aun cuando estén todavía lejos (cfr. Lucas 15, 20), a mis hermanos alejados, a mis hermanos pródigos, que vuelven a Casa. Y correr, con Él y como Él, con el corazón conmovido a su encuentro y ser testigo de ese abrazo reparador, sanador, misericordioso, que tiene prisa por restituir el mejor vestido (cfr. Lucas 15, 22) de ese alma que vuelve a Casa. ¡Y celebrar la fiesta de la eterna Pascua!
Y quiero escuchar al Padre que me dice: "Hija, tú siempre estás conmigo y todo lo mío es tuyo" (cfr. Lucas 15, 31). Y sentir que mi corazón se inunda de gozo... Sí, Él siempre está conmigo y yo siempre estoy con Él. Y todo lo suyo (todo su Corazón, su Amor, su ternura, su Misericordia... hasta su misma vida eterna) son míos. ¡Míos... y para siempre!
Sí, hoy quiero ser ese hijo, pero de un modo nuevo. Con la novedad que siempre nos regala Dios para nuestra vida por medio del Espíritu Santo.
Quiero estar tan cerca del Corazón del Padre que sienta su mismo dolor por el hijo que desconoce su Amor y se marcha de Casa. Y así, tan cerca, ser partícipe de su mismo dolor y ser para Él fuente de ternura y consuelo. Porque el Señor busca consoladores pero no siempre los encuentra...
"El oprobio me ha roto el corazón y desfallezco. Espero compasión, y no la hay,
consoladores, y no encuentro ninguno" (Salmo 69, 21)
Quiero ser corazón intercesor junto al Corazón del Padre, con María, la Madre, que siempre ora e intercede por sus hijos para que vuelvan a Casa; para que recuerden dónde se halla su dignidad de verdaderos hijos, dónde hallarán la felicidad que tanto buscan en lugares donde no pueden hallarla...
"Doble mal ha hecho mi pueblo: a mí me dejaron, Manantial de Aguas Vivas, para hacerse cisternas, cisternas agrietadas, que el agua no retienen" (Jeremías 2, 13)
Quiero estar con el Padre a la puerta de la Casa esperando, esperanzada, para ver, aun cuando estén todavía lejos (cfr. Lucas 15, 20), a mis hermanos alejados, a mis hermanos pródigos, que vuelven a Casa. Y correr, con Él y como Él, con el corazón conmovido a su encuentro y ser testigo de ese abrazo reparador, sanador, misericordioso, que tiene prisa por restituir el mejor vestido (cfr. Lucas 15, 22) de ese alma que vuelve a Casa. ¡Y celebrar la fiesta de la eterna Pascua!
"¡En Ti se gocen y se alegren todos los que te buscan! Repitan sin cesar:
¡Grande es el Señor!, los que aman tu salvación" (Salmo 40, 17)
Y quiero escuchar al Padre que me dice: "Hija, tú siempre estás conmigo y todo lo mío es tuyo" (cfr. Lucas 15, 31). Y sentir que mi corazón se inunda de gozo... Sí, Él siempre está conmigo y yo siempre estoy con Él. Y todo lo suyo (todo su Corazón, su Amor, su ternura, su Misericordia... hasta su misma vida eterna) son míos. ¡Míos... y para siempre!
Todos somos hijos pródigos... todos somos hijos mayores...
¿Qué lugar escoges hoy junto al Corazón del Padre?
Canción: Todo lo espero de Ti
Música y letra: Pablo Martínez
Artistas invitados: Athenas Vénica y Tobías Buteler.
18 mayo 2018
Carta Encíclica DIVINUM ILLUD MUNUS, sobre el Espíritu Santo (Papa LEÓN XIII, 9/05/1897)
"Pidamos
el Espíritu Santo.
15. Por último, conviene rogar y pedir al Espíritu Santo, cuyo auxilio y protección todos necesitamos en extremos. Somos pobres, débiles, atribulados, inclinados al mal: luego recurramos a Él, fuente inexhausta de luz, consuelo y de gracia. Sobre todo, debemos pedirle perdón de los pecados, que tan necesario nos es, puesto que es el Espíritu Santo don del Padre y del Hijo, y los pecadores son perdonados por medio del Espíritu Santo como por don de Dios, lo cual se proclama expresamente en la liturgia cuando al Espíritu Santo le llama remisión de todos los pecados.
Cuál sea la
manera conveniente para invocarle, aprendámoslo de la Iglesia, que suplicante
se vuelve al mismo Espíritu Santo y lo llama con los nombres más dulces de
padre de los pobres, dador de los dones, luz de los corazones, consolador benéfico,
huésped del alma, aura de refrigerio; y le suplica encarecidamente que limpie,
sane y riegue nuestras mentes y nuestros corazones, y que conceda a todos los
que en El confiamos el premio de la virtud, el feliz final de la vida presente,
el perenne gozo en la futura. Ni cabe pensar que estas plegarias no sean escuchadas
por aquel de quien leemos que ruega por nosotros con gemidos inefables (Rom 8, 26).
En resumen, debemos suplicarle con confianza y constancia para que diariamente
nos ilustre más y más con su luz y nos inflame con su caridad, disponiéndonos
así por la fe y por el amor a que trabajemos con denuedo por adquirir los
premios eternos, puesto que Él es la prenda de nuestra heredad (Ef 1, 14)”
Canción: Con tu Espíritu
Intérpretes: Luna Eikar & Kiki Troia.
https://youtu.be/BPaBvKiqJm8
Canción: Con tu Espíritu
Intérpretes: Luna Eikar & Kiki Troia.
https://youtu.be/BPaBvKiqJm8
16 mayo 2018
Elena Guerra y el Espíritu Santo (4º parte)
Desafiado por Elena Guerra, un
Papa escribe una encíclica sobre el Espíritu Santo y consagra el siglo al
Paráclito. Otro Papa, Juan XXIII, beatifica a Elena, habla de una permanente
efusión del Espíritu y de la necesidad de un nuevo Pentecostés, y reza en la
convocación oficial del Concilio Vaticano II, diciendo:
"Renueva en nuestro tiempo los prodigios como de un nuevo Pentecostés, y concede que la Iglesia santa, reunida en unánime y más intensa oración en torno a María, Madre de Jesús, y guiada por Pedro, propague el reino del Salvador divino, que es reino de verdad, de justicia, de amor y de paz. Así sea”.
La decisión que instituirá una “comisión preparatoria” para el Concilio se hizo pública exactamente el día de Pentecostés, el 17 de mayo de 1959, ocasión en que el Papa incentiva a los obispos del mundo entero a reunirse en un Concilio Ecuménico para un Nuevo Pentecostés, y termina su discurso con la siguiente oración: “Espíritu Santo, vuestra presencia dirige la Iglesia hacia el camino correcto. Nosotros os pedimos, derramad la plenitud de vuestros dones sobre este Concilio Ecuménico. Renovad vuestros milagros en nuestros días, en mira de un nuevo Pentecostés”. (cf. Ata Apostolical Sedis 51, pág. 832)
Sin embargo, antes de esta fiesta de Pentecostés en que él estableció la Comisión Preparatoria para el Concilio, el 26 de abril de 1959, Juan XXIII, preside su primera ceremonia de beatificación: ¡eleva a la honra de los altares a la fundadora de las Oblatas del Espíritu Santo, Elena Guerra!
En su discurso, Juan XXIII destaca que en la vida de Elena, “es notable cómo todo converge al cumplimiento de la misión que de parte de Dios le fue confiada, de ser en nuestros tiempos la apóstol de la devoción al Espíritu Santo”. Y resalta que ese apostolado no permaneció restringido a los muros de su ciudad, al ámbito de su Congregación, sino que tuvo resonancia por toda la Iglesia. Se la compara con Santa Margarita María Alacoque, en su apostolado de propagar el culto al Sagrado Corazón de Jesús.
Y afirma: “A semejanza de María Magdalena que fue la Apóstol de la Resurrección del Señor junto al Príncipe de los Apóstoles, así ella, de su nativa Lucca, escribe filialmente a nuestro Predecesor León XIII para exponerle sus planes”. “Si hoy, pues, se celebra con mayor solemnidad la Novena de Pentecostés, si a tantas almas dóciles al llamado del Pontífice se abrieron nuevos horizontes de santidad y de apostolado, se debe pensar con gratitud de aquella, de quien se sirvió la Providencia para influir en el gesto de nuestro Predecesor, tal como un bramido de vida nueva que impregna a toda la Iglesia”.
El Concilio Vaticano II se instala en octubre de 1962, y de una forma inédita en la historia de los Concilios va a referirse al Espíritu Santo por 258 veces. Se reconoce “reunido y dirigido” por Él. Abre las puertas a la reflexión teológica sobre los carismas (especialmente en 4 documentos: LG 4; 12; AA 3; PO 9; AG 4) y sobre los ministerios.
Preciosa vida la de los santos, totalmente abiertos a la acción del Espíritu Santo, que les lleva a hacer (en todo momento y a pesar de las dificultades) la voluntad de Dios en sus vidas.
Encomendémonos a la poderosa intercesión de la Beata Elena Guerra y pidamos una nueva efusión del Espíritu Santo para nosotros, nuestras comunidades, para la Iglesia y para toda la humanidad. ¡Ven, Espíritu Santo!
"Renueva en nuestro tiempo los prodigios como de un nuevo Pentecostés, y concede que la Iglesia santa, reunida en unánime y más intensa oración en torno a María, Madre de Jesús, y guiada por Pedro, propague el reino del Salvador divino, que es reino de verdad, de justicia, de amor y de paz. Así sea”.
La decisión que instituirá una “comisión preparatoria” para el Concilio se hizo pública exactamente el día de Pentecostés, el 17 de mayo de 1959, ocasión en que el Papa incentiva a los obispos del mundo entero a reunirse en un Concilio Ecuménico para un Nuevo Pentecostés, y termina su discurso con la siguiente oración: “Espíritu Santo, vuestra presencia dirige la Iglesia hacia el camino correcto. Nosotros os pedimos, derramad la plenitud de vuestros dones sobre este Concilio Ecuménico. Renovad vuestros milagros en nuestros días, en mira de un nuevo Pentecostés”. (cf. Ata Apostolical Sedis 51, pág. 832)
Sin embargo, antes de esta fiesta de Pentecostés en que él estableció la Comisión Preparatoria para el Concilio, el 26 de abril de 1959, Juan XXIII, preside su primera ceremonia de beatificación: ¡eleva a la honra de los altares a la fundadora de las Oblatas del Espíritu Santo, Elena Guerra!
En su discurso, Juan XXIII destaca que en la vida de Elena, “es notable cómo todo converge al cumplimiento de la misión que de parte de Dios le fue confiada, de ser en nuestros tiempos la apóstol de la devoción al Espíritu Santo”. Y resalta que ese apostolado no permaneció restringido a los muros de su ciudad, al ámbito de su Congregación, sino que tuvo resonancia por toda la Iglesia. Se la compara con Santa Margarita María Alacoque, en su apostolado de propagar el culto al Sagrado Corazón de Jesús.
Y afirma: “A semejanza de María Magdalena que fue la Apóstol de la Resurrección del Señor junto al Príncipe de los Apóstoles, así ella, de su nativa Lucca, escribe filialmente a nuestro Predecesor León XIII para exponerle sus planes”. “Si hoy, pues, se celebra con mayor solemnidad la Novena de Pentecostés, si a tantas almas dóciles al llamado del Pontífice se abrieron nuevos horizontes de santidad y de apostolado, se debe pensar con gratitud de aquella, de quien se sirvió la Providencia para influir en el gesto de nuestro Predecesor, tal como un bramido de vida nueva que impregna a toda la Iglesia”.
El Concilio Vaticano II se instala en octubre de 1962, y de una forma inédita en la historia de los Concilios va a referirse al Espíritu Santo por 258 veces. Se reconoce “reunido y dirigido” por Él. Abre las puertas a la reflexión teológica sobre los carismas (especialmente en 4 documentos: LG 4; 12; AA 3; PO 9; AG 4) y sobre los ministerios.
Al día siguiente de la
beatificación de Elena Guerra, el Papa Juan XXIII en su discurso breve dirigido
a las religiosas Oblatas del Espíritu Santo y a los peregrinos de Lucca,
resumió el perfil de la Apóstol del Espíritu Santo, caracterizando su misión
profundamente eclesial en:
Fundó una Congregación de
educadoras y misioneras.
Fue maestra y escritora.
Vivió y sufrió con la Iglesia.
Murió destituida de su cargo,
humillada y olvidada.
Pero, encima de todo, realizó,
en la oración, en el sufrimiento y en el trabajo, su misión específica de ser
en nuestros tiempos la APÓSTOL DEL ESPÍRITU SANTO.
Preciosa vida la de los santos, totalmente abiertos a la acción del Espíritu Santo, que les lleva a hacer (en todo momento y a pesar de las dificultades) la voluntad de Dios en sus vidas.
Encomendémonos a la poderosa intercesión de la Beata Elena Guerra y pidamos una nueva efusión del Espíritu Santo para nosotros, nuestras comunidades, para la Iglesia y para toda la humanidad. ¡Ven, Espíritu Santo!
Canción: Espíritu Santo
Autor: Athenas & Tobías Buteler
Intérprete: Athenas
14 mayo 2018
Elena Guerra y el Espíritu Santo (3º parte)
De este periodo de correspondencia de cartas con Elena Guerra, León XIII destina a la Iglesia 3 documentos sobre ese asunto relacionado al culto al Espíritu Santo: 1º El Rescripto “Provida Matris Charitate” del 5 de mayo de 1895, donde invitaba a los fieles a invocar al Espíritu Santo, recomendando hacer una novena en ocasión de Pentecostés; 2º La primera encíclica sobre el Espíritu Santo, “Divinum illud munus” del 9 de mayo de 1897, de la cual hablaremos más adelante con más detalles; 3º La Carta a los Obispos, “Ad fovendum in cristiano populo”, en que refuerza las recomendaciones anteriores.
Por
su parte, Elena prosigue trabajando intensamente por la difusión de la devoción
al Espíritu Santo. Escribe diversos libros sobre el asunto, y envía al Papa
León XIII una Novena de Pentecostés de su autoría, titulada “El Nuevo Cenáculo”.
Tanto hizo por la devoción al Espíritu Santo que, una vez atacada por una
enfermedad mortal, dejó brotar del corazón hacia sus labios esta apasionada y
significativa oración: “Señor, te
ofrezco mi vida y mi muerte por el triunfo del Espíritu Santo”.
El
18 de octubre de 1897 fue recibida por el Papa en una audiencia especial,
recibiendo de él un gran estímulo para continuar en su apostolado por causa del
Espíritu Santo. En esa ocasión, también la autorizó a dar a las religiosas de
su Congregación el nombre de Oblatas del Espíritu Santo, identificándolas así,
de modo más adecuado, al carisma que le es propio en la Iglesia.
El 20 de junio
de 1903 fallece el Papa León XIII. Después de algunos años, grandes
sufrimientos se presentan en la vida de la madre fundadora Elena Guerra. Como
tantas otras figuras de la historia de la espiritualidad cristiana, Elena
también necesitó tomar con coraje su cruz y emprender el camino del calvario.
Fue depuesta de su autoridad por vulgar conspiración de algunas personas
soberbias, pero sobre todo ingratas. Por imposición de la autoridad eclesial
local, tuvo que renunciar públicamente al cargo de Superiora de la
Congregación. Vivió los últimos 7 años de su vida en un verdadero desierto,
aislada de las actividades y de la compañía de sus hijas.
Después
de su muerte, se reveló la tremenda injusticia cometida contra la superiora y
fueron presentadas diversas reparaciones. El Cardenal Lorenzelli, al final de
los trabajos y de la tempestad, exclamó: “Encontramos oro donde creíamos que
había basura, y basura donde creíamos que había oro…”.
Elena
Guerra falleció en Lucca el 11 de abril de 1914 (11 años más tarde del mismo
día y mes en que murió su discípula Gemma Galgani, también en un Sábado Santo),
habiendo convivido con 4 Papas: Gregorio
XVI (1831-1846), Pío IX (1846-1878),
León XIII (1878-1903) y Pío X (1903-1914).
En la siguiente entrada veremos la vinculación de la Beata Elena Guerra con el Papa Juan XXIII y la convocatoria del Concilio Vaticano II.
Canción: Dulce Huésped
Autor: Luis Mauricio
Intérprete: Celines & Luis Mauricio
13 mayo 2018
Elena Guerra y el Espíritu Santo (2ª parte)
En los años posteriores a la
fundación de la Congregación, Elena siente crecer día a día en su corazón una
profunda devoción al Espíritu Santo. Algunas experiencias místicas como
locuciones y llamadas interiores, van colocando en su corazón una acentuada
inquietud en relación a la condición bastante precaria que se podía notar en la
Iglesia, en relación a la devoción y al culto a la persona del Espíritu Santo.
El Señor la inspiraba y le pedía tomar alguna iniciativa; pero ella dudaba…
En 1893, un “portavoz”, como
diría ella en su diario (E.Guerra, Mss. VI, 242) aumentó su valor profético:
“Ermínia Georgetti, una señora muy sencilla, ignorante de los conocimientos del
mundo, pero bien cimentada en las virtudes cristianas” (Mss. VI, 244), le revela
que hacía una semana después de la comunión, el Señor insistía en que ella
hablase con la Madre (Georgetti era ayudante en la cocina) y, como ella no
tenía valor para hacerlo, su corazón se encontraba inquieto… Una mañana, el
Señor le repetía la orden, pidiéndole obedecer. Georgetti le dijo: “En mi
interior la voz de Jesús me dice: Desearía que le digas a la Madre que
convocase a mi corazón a todos los fieles en una oración universal por medio de
la devoción del Nuevo Cenáculo… El Amor no es conocido… El Amor no es amado… Mi
corazón no puede reposar ni incluso en los corazones consagrados a mí… Dile todo
esto a la Madre… Dile que escriba una carta al Santo Padre, pidiéndole que reúna
a todos los fieles en una continua oración…”
Después de casi dos años, Elena cede a esas llamadas. Monseñor Giovanni Volpi, quien hacía algunos años frecuentaba la Comunidad de las hermanas como Padre espiritual, comenta con el Papa León XIII, en una visita hecha a Roma en 1894 sobre su intención. El Papa no refutó la idea de hacer cualquier cosa en ese sentido y, así el 17 de abril de 1895, Elena envía al Papa León XIII, por medio del Padre Bertini, prior de Santa María del Pueblo – su primera carta (de otras 12 cartas y una pequeña “nota”, por decir así, que seguirían como secuencia) donde manifiesta su agonía por la poca atención dada por la Iglesia a la persona del Espíritu Santo. En un pasaje, dice así:
“Santo
Padre, el mundo es perverso, el espíritu de Satanás triunfa en nuestra sociedad
pervertida y arranca del Corazón de Jesús una multitud de almas; y en este
terrible estado de cosas los cristianos no dedican ningún pensamiento a dirigir
súplicas unánimes a Aquel que puede ‘renovar la faz de la tierra’... Las
personas recomiendan todo tipo de devociones, pero mantienen silencio sobre esa
única devoción que, según el Espíritu Santo de la Iglesia, debería ser la
primera y principal. Las personas recitan tantas novenas, pero esa única
novena, que por mandato de Nuestro Salvador en persona, fue recitada incluso
por la Santísima María y por todos los Apóstoles, está ahora casi olvidada. Los
predicadores alaban a todos los santos, pero ¿cuándo escuchamos alguna vez un
sermón en honor del Espíritu Santo, Aquel que modela a los santos? … Por lo
tanto, oh Santo Padre, sólo usted puede hacer que los cristianos vuelvan al
Espíritu Santo, de modo que el Espíritu Santo pueda volver a nosotros; derrote
el reino maligno del diablo, y concédanos la largamente ansiada renovación de
la faz de la tierra”.
Un
momento de gracia, profético, iluminado, en el cual la Iglesia parece
reencontrar la capacidad de escuchar la voz del Espíritu que le habla a través
de una humilde monja provinciana, insignificante y desconocida, pero preciosa
en aquel tiempo y en aquel momento de la historia.
En la siguiente entrada, terminaremos con la preciosa vida de nuestra Beata.
Canción: Muévete en mí
Autor: Koren Axel Ruiz
Intérpretes: Koren & Jessica ft. Athenas & Jonatan Narváez
11 mayo 2018
Elena Guerra y el Espíritu Santo
El siglo XX es considerado como el "siglo del Espíritu Santo". Hoy, que comienza la Novena al Espíritu Santo, vamos a conocer un poco una de las figuras claves en la historia de la Iglesia para que sea así denominado: la Beata Elena Guerra.
En la siguiente entrada, continuamos con un poco más de su vida.
Canción: Ven, Espíritu Santo
Autor: Martín Valverde
https://www.youtube.com/watch?v=q0vUy2yP8Jo
Procedente
de una familia razonablemente rica, nació en Lucca, Italia, el 23 de junio de
1835. Fue criada en un ambiente profundamente católico. Desde temprana edad,
Elena se dedica al estudio de la Palabra de Dios y a la Patrística,
manteniéndose siempre envuelta en actividades apostólicas como Dama de la
Caridad de San Vicente. Trabajó con valor junto a los pobres, asistiéndolos
especialmente durante un brote de cólera que asoló la región donde vivía.
También participó de la asociación de las Hijas de María.
En
abril de 1870, realiza una peregrinación pascual a la ciudad de Roma, junto a
su padre don Antonio Guerra. Al visitar las catacumbas de los Mártires, Elena
vive una profunda experiencia de Dios, despertándose así en ella el deseo de
una vida enteramente consagrada al Señor. Durante esa peregrinación asiste a
una audiencia pública en la Basílica de San Pedro que fue la tercera sesión
conciliar del Concilio Vaticano I, en la cual se aprobó la Constitución “Dei
Filius”, sobre la Fe. Después de hacer una visita al Papa Pío IX, toma la
decisión de ofrecer su vida por el buen éxito del pontificado de dicho Papa.
Elena, junto a un grupo de
amigas, forma una asociación que fue aprobada como “Unión de las Amistades
Espirituales bajo la advocación de María Santísima, Madre del Bello Amor”. La
validez de la asociación fue confirmada después por su rápida expansión, no
solo en la ciudad de Lucca, sino también por los campos de las ciudades
vecinas: Viareggio, Castelnuovo, Garfagnana, Florencia, Sena y otras. En 1872,
Elena con su grupo de las Amistades Espirituales, comienzan una nueva
experiencia de vida religiosa, transformando la Unión en la Congregación de las
Hermanas de Santa Zita, cuyo apostolado se concentraba en la educación cultural
y religiosa de la juventud femenina. La patrona de la Congregación, la Virgen
lucense Santa Zita, mantiene en la actualidad su cuerpo incorrupto expuesto en
la Iglesia de San Frediano, en Lucca, donde fue bautizada Elena Guerra. Cabe
destacar que Elena tuvo como alumna a Gemma Galgani, hoy santa, cuya catedral
en su honor también se encuentra en Lucca.
En la siguiente entrada, continuamos con un poco más de su vida.
Canción: Ven, Espíritu Santo
Autor: Martín Valverde
https://www.youtube.com/watch?v=q0vUy2yP8Jo
09 mayo 2018
“Madre, qué alivio es saber que no hay alma que esté fuera de la esperanza..."
Os comparto este texto que he recibido de Agustín Cobos, un hermano laico de Sevilla. Me ha parecido realmente hermoso...
Después de la tormenta llegó la calma y aprovecho para asomarme en la azotea y ver la belleza de la creación. El cielo azul en una preciosa mañana de primavera… a lo lejos, cada árbol, cada flor, cada pájaro, cada piedra del camino… ¡todo habla de Dios! Y, como siempre, pregunto desde mi corazón a María. Y me susurras que todo fue creado por Amor al hombre, todo bello, para nuestro bien. Y entre suspiros te respondo que la más hermosa eres tú. Más pura que el agua cristalina, más delicada que la suave pluma del pájaro y tu perfume es infinitamente más exquisito que el que exhalan las rosas en primavera... y me veo tan pequeño, tan pobre, ¡tan miserable!, a tu lado. Tan salpicado de suciedad y pecado… y te suplico que me agarres de tu mano y no me sueltes nunca.
“Los días donde me veneráis y salgo a la calle para bendeciros, os preparáis, os vestís de gala, dejáis impecables las casas, adornáis con flores los jardines, pintáis las paredes de las casas… ¿y vuestras almas, cómo están? Hermoso por fuera, más, por dentro… si tan solo imaginaras cuán extraordinaria capacidad de resplandecer te ha sido dada, no dudarías en hacer lo que esté de tu parte para conservar tu alma en Gracia… ¿No te das cuenta que Dios cambia los paisajes?, así puede cambiar tu alma, de una tormenta, a brillar como un arcoíris. Esta es la maravilla de la Misericordia de Dios. Todo fue creado hermoso y perfecto, pero el pecado del hombre desluce la Gloria del Señor. El pecado puede ensuciar, pero jamás puede modificar lo que es tu alma, ni para qué ha sido creada, que es Dios mismo…. has sido creado para Amar, y no importa cuánto el pecado se esfuerce en deformar y querer torcer el alma, no podrá alterar su esencia. El alma siempre conservará intacta la capacidad de arrepentimiento que te permitirá esperar con esperanza el momento en que volverá a ver brillar sus flores, que son sus dones, renacerán sus manantiales, que son las gracias y virtudes que la adornan…”
Me quedo sobrecogido y emocionado con tu respuesta, Madre. Sin palabras…
“Madre, qué alivio es saber que no hay alma que esté fuera de la esperanza… jamás nadie podrá comprender la Misericordia de Dios… pero, Madre, ¿cuánta distancia ha de recorrer mi alma llena de pecados para recuperar su frescura y pureza original?”. Pregunto como un niño con dudas a su mamá.
“Muy simple, hijo, la distancia que te separa del confesionario… no sólo te son perdonados tus pecados, en un acto de amor generosísimo, sino que te es dada la Gracia de fortalecer tu alma para vencer las tentaciones… tu alma sale nueva, pura, bella, limpia, perfumada, lista para que Jesús viva en ella… no juzgues al sacerdote porque es el mismo Señor quien está delante de ti… y no temas porque yo iré a tu lado siempre acompañándote en silencio…”
El cielo parece más azul, tengo el alma llena de gozo por este momento compartido contigo, Madre, y hasta corren lágrimas por mis mejillas de emoción…
¡Gracias Madre, por enseñarme a través de las cosas simples, por acompañarme en el camino de la vida!
Hermano mío que me acompañas mientras lees este relato, no te asusten los paisajes tristes que puedas hallar… recuerda que Jesús nos ha dejado un Sacramento que devuelve al alma su frescura… y que María te acompañe a disfrutar todos los abrazos de amor que Jesús tiene para ti, esperando, en el confesionario de tu parroquia…
Después de la tormenta llegó la calma y aprovecho para asomarme en la azotea y ver la belleza de la creación. El cielo azul en una preciosa mañana de primavera… a lo lejos, cada árbol, cada flor, cada pájaro, cada piedra del camino… ¡todo habla de Dios! Y, como siempre, pregunto desde mi corazón a María. Y me susurras que todo fue creado por Amor al hombre, todo bello, para nuestro bien. Y entre suspiros te respondo que la más hermosa eres tú. Más pura que el agua cristalina, más delicada que la suave pluma del pájaro y tu perfume es infinitamente más exquisito que el que exhalan las rosas en primavera... y me veo tan pequeño, tan pobre, ¡tan miserable!, a tu lado. Tan salpicado de suciedad y pecado… y te suplico que me agarres de tu mano y no me sueltes nunca.
“Los días donde me veneráis y salgo a la calle para bendeciros, os preparáis, os vestís de gala, dejáis impecables las casas, adornáis con flores los jardines, pintáis las paredes de las casas… ¿y vuestras almas, cómo están? Hermoso por fuera, más, por dentro… si tan solo imaginaras cuán extraordinaria capacidad de resplandecer te ha sido dada, no dudarías en hacer lo que esté de tu parte para conservar tu alma en Gracia… ¿No te das cuenta que Dios cambia los paisajes?, así puede cambiar tu alma, de una tormenta, a brillar como un arcoíris. Esta es la maravilla de la Misericordia de Dios. Todo fue creado hermoso y perfecto, pero el pecado del hombre desluce la Gloria del Señor. El pecado puede ensuciar, pero jamás puede modificar lo que es tu alma, ni para qué ha sido creada, que es Dios mismo…. has sido creado para Amar, y no importa cuánto el pecado se esfuerce en deformar y querer torcer el alma, no podrá alterar su esencia. El alma siempre conservará intacta la capacidad de arrepentimiento que te permitirá esperar con esperanza el momento en que volverá a ver brillar sus flores, que son sus dones, renacerán sus manantiales, que son las gracias y virtudes que la adornan…”
Me quedo sobrecogido y emocionado con tu respuesta, Madre. Sin palabras…
“Madre, qué alivio es saber que no hay alma que esté fuera de la esperanza… jamás nadie podrá comprender la Misericordia de Dios… pero, Madre, ¿cuánta distancia ha de recorrer mi alma llena de pecados para recuperar su frescura y pureza original?”. Pregunto como un niño con dudas a su mamá.
“Muy simple, hijo, la distancia que te separa del confesionario… no sólo te son perdonados tus pecados, en un acto de amor generosísimo, sino que te es dada la Gracia de fortalecer tu alma para vencer las tentaciones… tu alma sale nueva, pura, bella, limpia, perfumada, lista para que Jesús viva en ella… no juzgues al sacerdote porque es el mismo Señor quien está delante de ti… y no temas porque yo iré a tu lado siempre acompañándote en silencio…”
El cielo parece más azul, tengo el alma llena de gozo por este momento compartido contigo, Madre, y hasta corren lágrimas por mis mejillas de emoción…
¡Gracias Madre, por enseñarme a través de las cosas simples, por acompañarme en el camino de la vida!
Hermano mío que me acompañas mientras lees este relato, no te asusten los paisajes tristes que puedas hallar… recuerda que Jesús nos ha dejado un Sacramento que devuelve al alma su frescura… y que María te acompañe a disfrutar todos los abrazos de amor que Jesús tiene para ti, esperando, en el confesionario de tu parroquia…
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