Creo que a veces se nos olvida algo tan sencillo como la gratuidad. Que nadie nos debe nada. Que todo lo que hemos recibido, lo hemos recibido gratuitamente. Y que debemos agradecerlo y no vanagloriarnos de ello. Y que si necesitamos algo que por nosotros mismos no nos podemos dar, hay que solicitarlo con cariño y sin exigirlo como si se nos debiera. Y mucho menos en los tiempos que nosotros queremos.
A veces se nos olvida algo tan básico como pedir las cosas por favor y después dar las gracias. Y a los cristianos también. Con qué facilidad olvidamos las palabras de San Pablo: "A ver, ¿quién te hace tan importante? ¿Tienes algo que no hayas recibido? Y, si lo has recibido, ¿a qué tanto orgullo como si nadie te lo hubiera dado?" (1 Cor 4, 7)
Hoy compartía con una amiga la situación de una persona conocida de ambas. En un grupo cristiano, pero sujeta a juicios, envidias y tremendos prejuicios por ser "la nueva". Es una situación que he visto en otras ocasiones e incluso experimentado en mi propia vida. Pero... ¿quiénes nos creemos para actuar así sobre la vida de otra persona? ¿Acaso merecemos que otro ser humano nos abra su vida y corazón? ¿Acaso cuando lo hace, gratuitamente, tenemos derecho a opinar sobre esa vida y machacarla si no está acorde a nuestros criterios? ¿Acaso no nos estaremos poniendo en un lugar que no nos corresponde? Muchas veces me duele esta sociedad en la que vivimos. Y me duelen los hermanos de mi Madre Iglesia que se dejan llevar por lo mismo, olvidando que Cristo lo dio todo, todo, gratuitamente y sin pedir nada a cambio, lleno de ternura y Misericordia.
Estamos llamados a vivir una vida preciosa. Una vida digna y hermosa. No nos embarremos, no "retocemos" en el lodo de la mediocridad. Sacudámonos este lastre que nos pesa y volemos ligeros de equipaje hasta las más altas cimas de la entrega, la comprensión y el amor.
"¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis "el Maestro" y "el Señor", y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros" (Juan 13, 12-14)
13 octubre 2014
12 octubre 2014
María: Virgo ecclesia facta
Creo que pocas cosas tan hermosas he visto como un amanecer en que, mirando hacia un lado, el Sol comenzaba a salir tiñendo el cielo de rojo; y, mirando hacia el otro, la Luna brillaba radiante, llena, sobre el horizonte, recibiendo con rostro diáfano y limpio los rayos del luminoso astro.
Así es María: toda la luz que ella emite es previamente recibida de Cristo. Nada es María sin Jesús, el Kyrios, el Señor. Siempre que miramos a María, ella nos lleva a Jesús. María, toda sencilla, toda humana, toda discípula, refleja en su vida, plenamente abierta y esclava, la belleza del Amor y la ternura de Dios.
En María encontramos la Madre que engendra en su seno nuevos hijos de Dios; encontramos a la discípula fiel que, convertida en maestra, nos enseña a caminar siguiendo las huellas del Hijo; encontramos a la llena de Gracia que nos enseña a vivir de la Misericordia de Dios; encontramos la humilde esclava que nos enseña a dejarnos hacer con un continuo "hágase".
María, lucero del alba de nuestras vidas, Virgen hecha Iglesia: llévanos a Jesús, llévanos al Salvador, a Aquel que nos diste tú.
Así es María: toda la luz que ella emite es previamente recibida de Cristo. Nada es María sin Jesús, el Kyrios, el Señor. Siempre que miramos a María, ella nos lleva a Jesús. María, toda sencilla, toda humana, toda discípula, refleja en su vida, plenamente abierta y esclava, la belleza del Amor y la ternura de Dios.
En María encontramos la Madre que engendra en su seno nuevos hijos de Dios; encontramos a la discípula fiel que, convertida en maestra, nos enseña a caminar siguiendo las huellas del Hijo; encontramos a la llena de Gracia que nos enseña a vivir de la Misericordia de Dios; encontramos la humilde esclava que nos enseña a dejarnos hacer con un continuo "hágase".
María, lucero del alba de nuestras vidas, Virgen hecha Iglesia: llévanos a Jesús, llévanos al Salvador, a Aquel que nos diste tú.
<<¡Salve, Señora, Reina Santa,
Madre santa de Dios, María!
Eres Virgen hecha Iglesia,
elegida por el santísimo Padre del cielo,
consagrada por él con su santísimo amado Hijo
y con el Espíritu Santo Paráclito.
En ti existió y existe
la plenitud de toda gracia
y todo el bien.
¡Salve, palacio de Dios!
¡Salve, tabernáculo suyo!
¡Salve, casa suya!
¡Salve, vestidura suya!
¡Salve, esclava suya!
¡Salve, madre suya!
¡Salve, también vosotras, santas virtudes todas,
que, por gracia e iluminación
del Espíritu Santo,
sois infundidas en los corazones de los fieles,
para hacerlos, de infieles,
fieles a Dios!>>
(San Francisco de Asís - Saludo a la Virgen María)
11 octubre 2014
Don a Dios
Paseando por la calle bajo la lluvia, me crucé con una furgoneta en la cual estaba escrito: donadios. Pertenecía a una empresa de servicios, pero lo vi como confirmación de algo que bullía hace tiempo en mi corazón: escribir.
“…¿cómo se puede poner la comunicación al servicio de una auténtica cultura
del encuentro? Para nosotros, discípulos del Señor, ¿qué significa encontrar
una persona según el Evangelio? ¿Es posible, aun a pesar de nuestros límites y
pecados, estar verdaderamente cerca los unos de los otros? Estas preguntas se
resumen en la que un escriba, es decir un comunicador, le dirigió un día a
Jesús: «¿Quién es mi prójimo?» (Lc 10,29). La
pregunta nos ayuda a entender la comunicación en términos de proximidad.
Podríamos traducirla así: ¿cómo se manifiesta la «proximidad» en el uso de los
medios de comunicación y en el nuevo ambiente creado por la tecnología digital?
Descubro una respuesta en la parábola del buen samaritano, que es también una
parábola del comunicador. En efecto, quien comunica se hace prójimo, cercano.
El buen samaritano no sólo se acerca, sino que se hace cargo del hombre medio
muerto que encuentra al borde del camino. Jesús invierte la perspectiva: no se
trata de reconocer al otro como mi semejante, sino de ser capaz de hacerme
semejante al otro. Comunicar significa, por tanto, tomar conciencia de que
somos humanos, hijos de Dios.” (Papa Francisco. Mensaje del Santo Padre Francisco
para la XLVIII Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales)
Con este espíritu nace hoy este blog. Para la Gloria de Dios.
Para leer el texto completo del Papa, pinchar aquí:
Suscribirse a:
Entradas (Atom)