01 mayo 2020

¿Cómo conocer la voluntad de Dios?

Una alumna me preguntó hace unos días cómo saber cuál es la voluntad de Dios por una decisión que tenía que tomar en su vida. Con mucha pobreza me animé a escribirle esto que hoy os comparto también, por si ayuda:

Es cierto que a veces no es fácil conocer la voluntad de Dios. Justo por lo que decías: ¿cómo saber si es cosa mía o de Él? Pero es importante que en el fondo de nuestro corazón esté esta certeza: Dios no juega con nosotros al escondite. Él SIEMPRE quiere lo mejor para nosotros y se busca las maneras para salir a nuestro encuentro. Y nunca deja de responder a aquellos que buscan hacer su voluntad de todo corazón.

Hay algunas claves que se pueden aplicar:

* La más importante: cuando tienes que tomar una decisión, ¿te pones en oración e invocas al Espíritu Santo para que te ilumine? ¿Pides con humildad a Dios su luz y sabiduría para hacer lo más acorde a su voluntad? Cuando acabas la oración, ¿le das gracias por ese momento y le dices que te ayude para que esa decisión, sea o no equivocada, sea siempre para su Gloria?

* La segunda más importante: imagínate que tienes un colador y vuelvas en él un líquido con "grumitos" que tienes en un vaso. Los grumitos se quedarían en el colador, ¿verdad? Vale. Pues ahora imagínate que vuelcas tu decisión sobre el colador del Amor de Dios. ¿Eso que estás pensando pasaría o se quedaría "enganchado"? Es decir, ¿has pasado tu decisión por el filtro del amor? ¿La decisión pasa por el filtro de intentar que sea lo más bueno posible, lo más honrado posible, lo más justo posible... siempre desde el amor? Si presentas tu decisión delante de Dios, ¿Él qué pensaría? ¿La miraría con agrado o no? Esa decisión, ¿me hace más parecido a Jesús o a la Virgen? ¿Qué harían Jesús o María en mi lugar?

* Imagínate que tomas esa decisión en firme. ¿Te da paz? ¿Qué consecuencias se producen? ¿Ves que son buenas? Imagínate que tomas la decisión contraria y hazte las mismas preguntas. ¿Ves si cada una de esas opciones es factible, es decir, que realmente se pueden llevar a cabo?

* La voluntad de Dios pasa por nuestras obligaciones "de estado". Es decir, mis obligaciones del presente, lo que ahora me toca vivir. Esa decisión que tienes que tomar, ¿te separa de tus obligaciones y responsabilidades? ¿Te hace mejor o peor persona?
También es importante tener en cuenta otras cosillas:

* Preguntar a muchas personas al final te va a dar muchas soluciones. Es mejor confiar en el criterio de una, dos o tres como sumo. Eso sí, intenta no buscar a personas de tu "mismo nivel". Es decir, que si necesitas claridad sobre una situación no busques ayuda en alguien de tu misma edad que pueda estar pasando por lo mismo. Es mejor buscar consejo en alguien más maduro, que ya lo haya vivido... que te pueda dar otras perspectivas a las que recibirías de personas que lo miran con tus mismos ojos. Ya hemos hablado de la figura del director o acompañante espiritual. Es bueno buscar uno en quien confiar y a quien abrir el corazón y pedir consejo.

* A veces es bueno preguntar a alguien que esté "metido en el ajo" como tú, pero también a alguien que no, para que te dé un punto de vista desde fuera, algo más imparcial y no tan influenciado por la situación que sea.

* Y, por último... a veces solo toca esperar con paciencia. Dios tiene sus tiempos, que no siempre coinciden con nuestras prisas. Hay que presentarle al Señor las cosas, dejarlas en sus manos y esperar con confianza a que hable. Eso no quiere decir olvidar el tema sin más (aunque a veces es lo más recomendable: confiarlo a las manos de Dios o a las manos de la Virgen y dejarlo estar, porque si le damos demasiadas vueltas podemos emborronarlo todo), sino que hay que dejarlo con confianza en sus manos y, de vez en cuando, decirle: "Señor, te recuerdo que tenemos este tema pendiente. Y si ya me estás dando una respuesta, por favor, hazlo más claro que no me entero, porque quiero cumplir tu voluntad". Pero hacerlo sin agobios, sin prisas... con confianza y descansando en el saber que Él quiere lo mejor para nosotros.

Y si ves que lleva mucho tiempo sin contestar... la opción de la "puerta trasera" que han usado muchos santos: "¿¡a que se lo digo a tu Madre!?", jeje.

Pero nunca, nunca, nunca olvides la cita de Romanos 8, 28: "Todo sucede para bien de los que ama el Señor". Y si es todo, es todo. Incluso si al final tomas una decisión que después se considera equivocada, Dios proveerá para que al final se pueda sacar algo bueno desde su Amor. Además, a veces equivocarnos nos puede venir bien, para crecer en humildad y en la certeza de que no somos perfectos. No hay nada como darse cuenta de un error y disculparse para crecer en madurez y sabiduría de vida. No hay que tener miedo a equivocarse. Es peor quedarse estancado por no intentarlo, porque así no sabemos lo que realmente nos estamos perdiendo (lo que vendría después) y no crecemos.

Así que... tomes la decisión que tomes... tómala y deja de darle vueltas. Descansa y deja que Él se haga cargo si te has equivocado. Y si no, descansa en saber que lo has hecho bien. Sea como sea... ¡las "ralladas" no son buenas!

Espero haber sido capaz de dar un poco más de luz...


Canción: Quiero hacer tu voluntad
Autor: Nana Angarita



26 abril 2020

Tarde te amé...

Hoy Domingo, al exponer el Santísimo, mi párroco ha puesto la canción que pongo más abajo en el enlace y después ha leído, como siempre hace, el evangelio del día (Lucas 24, 13-35)

Y yo no he podido evitar unir el versículo "Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo" (v.16) con el estribillo de la canción (basada en un texto de san Agustín): "Tarde te amé"...

Sí, Señor, tarde te amé. Tantas y tantas veces mi corazón se queda enganchado a las cosas de este mundo y olvido levantar la mirada a Ti. 

Creo que a veces nos puede ocurrir como a los discípulos de Emaús: que no sabemos reconocer a Jesús que pasa a nuestro lado.

Como decía mi párroco, cuando el sufrimiento llega a nuestra vida, cuando nos cuesta mucho entender alguna situación, nos puede ocurrir que nuestro corazón y nuestra mente se queden ahí enganchados. Como a ellos, que solo eran capaces de ver con tristeza ese momento de su historia: "Nosotros esperábamos..." (v.21). 

Es como si solo viéramos un trocito de una película.

Jesús ayudó a los discípulos de Emaús a mirar la vida desde los ojos de Dios. Él conoce toda la "película" de nuestra vida, desde el principio hasta el final. Y sabe que, incluso esos momentos que no entendemos y nos hacen sufrir, forman parte de una historia de Amor mucho más grande.

Necesitamos levantar la mirada más a menudo para ver nuestra vida, los acontecimientos que nos rodean, nuestra historia, con los ojos de Dios. Recordar una y otra vez que Él es Amor y Misericordia, que todo está en sus manos amorosas y que algún día entenderemos el por qué de lo que acontece, pero que ya desde ahora lo podemos vivir con fe y esperanza. 

Oremos con el texto de san Agustín hecho canción. Yo hoy le pido a este santo que me ayude a recorrer el camino de conversión que Él recorrió. Que me enseñe a no quedarme solo con las cosas de fuera, con lo meramente humano, sino a tener una mirada de fe sobrenatural sobre mi historia y la historia de los demás. 

Canción: Tarde te amé
Texto: san Agustín
Música: Antonio Valdoni
Intérprete: Ana Moya
https://youtu.be/_pkCCIEuQEY

21 abril 2020

Decálogo sobre el amor

A raíz de la cercana celebración del Domingo de la Divina Misericordia, quiero compartiros un resumen del Decálogo sobre el Amor del difunto padre Carlos Valverde, sj, del que tuve el regalo de ser alumna en las últimas clases que dio antes de fallecer. 

Con estas DIEZ PALABRAS, el p. Valverde expresaba en qué consiste amar. Pueden ayudarnos a hacer un examen de conciencia para ver si de veras amamos a los demás:

1. RESPETAR: cuando uno quiere a otra persona, la respeta. Y si no la respeta, es que no la quiere. Es preferible molestarme a mí mismo antes que molestar a otros. Es preferible ser prudente con las cosas que uno hace o dice, antes que faltar al respeto o herir a otra persona.

2. ACOMPAÑAR: ser cercano y no distante. Si digo que quiero mucho a los demás pero estoy situado como en una tribuna, como en una tarima que me hace mirar a los demás por encima del hombro, y a los demás los asusta, es que no los quiero suficientemente. Porque el que ama se aproxima, se hace cercano a los demás.

3. CALLAR: cuando uno ama mucho a los demás, no dice siempre lo primero que se le pasa por la cabeza. Querer mucho a los demás requiere muchas veces morderse la lengua, aceptar, olvidar. Requiere muchas veces callar, en una palabra. Requiere muchas veces no ser tan espontáneo que terminas siendo un maleducado, un insolente. Querer a los demás es saber callar.

4. ACORDARME DE LOS DEMÁS: en latín, corazón se dice cor, cordis. De ahí la palabra recordar, que es volver a pasar por el corazón. Cuando se quiere a los demás te acuerdas de ellos, les llevas en el corazón. Cuando quieres de verdad a alguien, te acuerdas de felicitar, de dar el pésame, de preguntar por su salud y sus cosas... En el fondo, los llevas en el corazón, no dejas que pase mucho tiempo sin "darles un toque".

5. SERVIR: como dice el Papa Francisco, "Quien no vive para servir, no sirve para vivir". Es decir, que una persona que está aprovechando bien la vida, que sabe vivir, es una persona que se acostumbra a servir, a echar una mano, a colaborar, a estar disponible.

6. ACEPTAR A LOS DEMÁS COMO SON: es muy difícil porque nos hacemos un patrón mental de cómo deben ser los demás. Nos cuesta mucho acoger a los demás como son, respetarles como son, aceptarles como son. Querer a alguien es no pretender que el otro sea como a mí me gustaría que fuera, sino aceptarle como es. Y aceptarle es quererle y llevarle en el corazón tal y como es, sin pretender y sin exigir que él sea como a mí me gustaría.

7. SONREÍR: el lenguaje no verbal, el lenguaje corporal, expresa muchas cosas. Aunque no lo pretendamos, con nuestro cuerpo estamos diciendo a la gente si les apreciamos sinceramente o si, por el contrario, les estamos juzgando. Tratar de ser agradable, ayudar y colaborar, no herir con mi cuerpo, con mis gestos, con mi mirada. Una persona que quiere mucho a los demás, es una persona que también corporalmente trata de ser agradable, y trata de ayudar y colaborar. Y que la sonrisa no sea una mueca forzada, sino que exprese lo que llevo en lo profundo del corazón, esa paz y alegría en el trato con el otro.

8. CUIDAR ESPECIALMENTE A LOS QUE ME NECESITAN MÁS: no buscar solo a los que me hacen estar bien y me proporcionan un beneficio, porque realmente no les estoy amando, sino que me acerco porque me interesan. Realmente me estaría amando a mí mismo, buscando estar yo bien y pasarlo bien con personas que me proporcionen un beneficio. Uno sabe amar cuando sabe dar, no solo pedir. Sabes amar si te haces cercano a aquellos que no te pueden aportar nada. ¿Con quiénes te juntas y de quiénes huyes porque te resultan más pesados? Una persona que tiene un corazón capaz de amar, es una persona que no huye de nadie. Que quiere a todos y especialmente a aquellos que le necesitan más.

9. PERDONAR: no quiere decir que no te duelan las cosas que te han hecho, que han significado una herida en tu corazón. Perdonar quiere decir que esa herida no sea para siempre, que estás dispuesto a pasar página. A superarlo, a olvidarlo, a hablar de otro asunto, a dar el tema por zanjado. Uno es capaz de perdonar cuando no guarda rencor. Cuando, a pesar de las cosas que le han podido hacer, no conserva amargura en el corazón, sino paz y alegría.

10. NO HABLAR NUNCA MAL DE NADIE: de todas las personas podemos alabar algunas cosas. Por ejemplo, de unos podemos decir que son muy buenos deportistas; de otros, que tienen muy buena voz, que han tenido mucho éxito en los negocios, que tienen unos hijos preciosos... Procura siempre hablar bien de los demás y contar esas cosas buenas que tienen. Y de las cosas malas, es mejor no hablar. De modo que todo lo que digamos de los demás sea siempre constructivo y positivo. Como decía san José María Escrivá, "De quien no se puede alabar, es mejor callar". 

Menudo repasito, ¿verdad? 


Canción: Si yo no tengo amor
Interpretada por: Verónica Sanfilippo y Jonatan Narvaez


*Tomado parcialmente de las charlas de Ejercicios Espirituales personalizados de la Vicaría para el Cerro de la Diócesis de Getafe.

12 abril 2020

DOMINGO DE RESURRECCIÓN - ¡Cristo Vive!

 ¡Cristo ha resucitado, aleluya, aleluya! 🕯🎉
¡Verdaderamente ha resucitado, aleluya, aleluya! 🕯🎉

¡Que toda la creación alabe al Padre porque Cristo ha resucitado! 

¡Que todas las familias se unan para entonar un canto de alabanza 
a Aquel que ha vencido a la muerte! 

¡Cristo ha muerto y resucitado para nuestra salvación!

Que nadie calle ante tan gran noticia, 
que todos anuncien que el Cordero ha vencido. 
Que ya la muerte no tiene poder, 
que se nos han abierto las puertas eternas del Cielo.

Déjale vivir en ti, déjale que fluya esa vida nueva que tiene para ti.

¡Muestra que Cristo vive en tu corazón! 
¡Anúncialo!  
¡Él vive hoy!


Canción: Cristo Vive
Autor: Verbum Dei


11 abril 2020

SÁBADO SANTO - Como en Nazaret… he aquí a tu esclava

Se ha ido, Madre. Se ha ido.
Un silencio cubre la Tierra.
María, Madre, te acompañamos en este día y aprendemos de tu Inmaculado Corazón a esperar como tú.
Recorremos contigo esta preciosa historia de amor que comenzó cuando le dijiste sí al Padre. Aprendemos de ti a preguntar aquello que no entendemos y después a entregarnos sin miedo, sin medida, hasta el final.
Aprendemos de tu Corazón a hacer silencio ante los designios del Padre, a buscar la voluntad de Dios por encima de todo. Viéndote vivir comprendemos por qué Dios te eligió para ser su Madre. Nadie más hermosa que tú, Madre.
Tus hijos acudimos a ti, Madre. Enséñanos a esperar y amar en el silencio como tú. Prepara nuestros corazones para esa vida nueva que ya llega desde nuestros sepulcros.
Enséñanos a escuchar al Padre como tú, a acoger el Espíritu como tú, para que demos a Cristo a luz en el mundo... como tú.

Canción: El Diario de María.
Autor: anónimo, interpretado por Mónica Arroyo con Martín Valverde Rojas.

10 abril 2020

VIERNES SANTO - Crucificado

¿A quién buscas? ¿A Jesús? Mírale ahí, crucificado, por Amor a ti. Sin apariencia, sin presencia, desfigurado que no parece hombre, “sin aspecto humano, sin aspecto atrayente, despreciado y evitado de los hombres, como un hombre de dolores, acostumbrado a sufrimientos, ante el cual se ocultan los rostros, despreciado y desestimado”. 
Él carga sobre sí tus sufrimientos, tus dolores; ha sido traspasado por tus rebeliones, triturado por tus crímenes. Aceptó ser triturado con el sufrimiento, entregar su vida como expiación, por ti. 
Por ti, por ti…
Y sus cicatrices te han curado...

Canción: Crucificado
Intérprete: Ana María Moya.

 

09 abril 2020

Qué celebramos el Jueves Santo (2ª parte)

Teniendo presente lo que reflexionábamos ayer del dolor profundo que tenía Jesús en su Corazón, vamos a ver los gestos que realiza y que celebramos en la liturgia de este día.
 
Es importante no quedarnos como simples espectadores. Jesús nos ha invitado a sentarnos a la mesa con Él. Quiere que compartamos con Él el peso que lleva su Corazón, escuchando de sus labios su testamento vital (Juan 14-17). Quiere que nos dejemos amar hasta el extremo, lavándonos los pies, porque es el único modo en que aprenderemos a amar. Quiere que le acompañemos durante su oración estremecedora en el Huerto de los Olivos, clamando, suplicando al Padre.
 
En esta eterna noche pascual, Jesús se entrega a nosotros hasta hacerse sacramento permanente quedando instituida la Eucaristía. Celebramos la Cena del Señor en la cual Jesús, un día como hoy, la víspera de su Pasión, “mientras cenaba con sus discípulos tomó pan…” (Mateo 28, 26). Antes de ser entregado, Cristo se entrega como alimento, como anuncio profético y ofrecimiento anticipado y real de su muerte antes de su Pasión. Por eso “cuando comemos de ese pan y bebemos de esa copa, proclamamos la muerte del Señor hasta que vuelva” (1 Corintios 11, 26). De aquí que podamos decir que la Eucaristía es memorial no tanto de la Última Cena, sino de la Muerte y Resurrección de Cristo que es Señor y “Señor de la Muerte”, es decir, el Resucitado cuyo regreso esperamos según lo prometió Él mismo en su despedida: “un poco y ya no me veréis y otro poco y me volveréis a ver” (Juan 16, 16). 
 
Para poder celebrar la Eucaristía es necesario el sacramento del Orden, para que in persona Christi el pan y el vino se conviertan, por la acción del Espíritu Santo, en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Jesús les otorga el gran don del sacerdocio a los apóstoles y la potestad de continuarlo por la imposición de manos y la oración.
 
Este mismo día (salvo cambio por razones pastorales), los obispos celebran la Misa Crismal. En ella los sacerdotes renuevan las promesas realizadas el día de su ordenación, el día que, como María, dijeron sí para ser otro Cristo en este mundo, colaborando con Él en la salvación de los hombres. Crito Ungido renueva su llamada y su Amor para con sus ungidos. Oremos especialmente por ellos en este día: por su fidelidad a esta llamada y a este Amor preferencial de Cristo por ellos; porque se dejen hacer verdaderamente otros Cristos a semejanza de su Esposo.
 
Hoy celebramos la alegría de saber que esa muerte del Señor, que no terminó en el fracaso sino en el éxito, tuvo un por qué y un para qué: fue una entrega, un darse por “nosotros y por nuestra salvación” (Credo). “Nadie me quita la vida - había dicho Jesús -, sino que Yo la entrego libremente. Yo tengo poder para entregarla.” (Juan 10,16). Hoy se inicia la lucha entre la muerte y la vida de Aquel que lleva la victoria porque su arma es el amor.
 
Porque el amor es lo tercero que celebramos este día: con el gesto del lavatorio de los pies, que Jesús realizó a los discípulos, nos deja el mandato del amor y nos recuerda que el servicio y el amor entregado a los hermanos es la mejor manera de servirle y de ser hijos de Dios, pues Él no ha venido a ser servido sino a servir siendo Dios hecho hombre. La humildad, el servicio y el amor se entrelazan y nos invitan a amar como Él nos ama, con su mismo Amor.
 
Tras la Última Cena Jesús va a Getsemaní a orar junto con los 11 (Judas había abandonado el Cenáculo para ir a entregarlo). Allí reza para pedir fuerzas al Padre y poder cumplir su voluntad, que exigirá su entrega total. Aquella noche Jesús sintió el abandono de sus discípulos, que no pudieron estar en vela ni una sola hora. Esta noche se nos invita a unirnos profundamente a Él en el Monumento, durante la Hora Santa o durante toda la noche, acompañándole en su agonía y oración en Getsemaní y el posterior encarcelamiento.
 
Cristo se nos entrega todo y del todo. ¿Qué haremos nosotros? ¿Nos seguiremos reservando la vida? ¿Seguiremos midiendo nuestro amor?
 
Canción: Milagro de Amor
Autor: Betsaida 
 

 

JUEVES SANTO - Amar hasta el extremo

“Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo (…) «¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis «el Maestro» y «el Señor», y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros; os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis» (Juan 13,1-15)

Mi Jesús, mi Amado… ya no queda más que decir… solo aprender a amar como Tú, viendo cómo me amas Tú… Amar con tu mismo Amor, actualizando tu entrega por mí, por tus sacerdotes, por todos.

Canción: Amando hasta el extremo
Autora: Maite López
https://youtu.be/hxCelg9G4h8


08 abril 2020

Qué celebramos el Jueves Santo (1ª parte)

La liturgia del Jueves Santo es una invitación a profundizar en el misterio de la Pasión que comenzó en el Corazón de Cristo. Porque todo lo que vendrá después (los latigazos, los clavos, los golpes…) ya los vivió Cristo en su Corazón durante los acontecimientos que celebramos el Jueves Santo, enmarcados en la Última Cena y en el Huerto de Getsemaní. 

Para poder comprenderlo es importante conocer algunos detalles de la cena pascual de los judíos: aunque en occidente tendemos a imaginarnos la Última Cena como el cuadro de Miguel Ángel, realmente los judíos se sentaban en forma de U. Y no sentados en sillas, sino acostados, reclinados, sobre triclinios (como divanes). El invitado de honor no se sentaba en el centro, sino el segundo empezando por la izquierda, sobre un triclinio un poco más alto. Y, a ambos lados, tenía siempre a las personas a las que él deseaba mostrar más afecto y cercanía durante esa cena.

Si Juan se reclinó en su Corazón, significa que estaría recostado al lado derecho de Jesús, es decir, en la esquina. Y Judas se encontraría en el otro lado de Jesús, pues el evangelio nos dice que Jesús le dio a comer un trozo de pan untado, gesto también de las comidas de los judíos que hablaba de deferencia. Es decir, que Jesús mostró hasta el final a Judas su cariño y predilección. 

Pedro no sabemos con certeza dónde estaba, pero es muy probable que estuviera justo al otro lado, en la esquina contraria, pues el texto nos indica que le hizo gestos a Juan para que preguntara a Jesús quién le iba a negar. Y, conociendo el fuerte carácter de Pedro, es muy probable que le hubiera molestado que Jesús hubiera escogido a Juan y a Judas, en lugar de a él, para estar a su derecha y a su izquierda. Así que, enfadado, se iría al último lugar. Ese lugar era el más cercano a la puerta para ayudar a ir a por agua o vino si hacía falta. Y, por lo tanto, Pedro estaría al lado de la jofaina con la que se lavaron los pies. Por eso Pedro se negó, porque era algo que debía hacer por estar él en el último lugar.  

Y entre Pedro, Judas y los demás apóstoles, que cenaban sin darse cuenta de lo que ocurría en el interior del Maestro, tenemos a Juan, el discípulo amado, reclinado, apoyándose en su pecho. Él, quizá, podía intuir, por esa sintonía con el Señor, lo que estaba pasando en lo recóndito de su Corazón. 

“En aquel tiempo, Jesús profundamente conmovido, dijo: «En verdad, en verdad os digo: uno de vosotros me va a entregar». Releer el momento de la Última Cena en el capítulo 13 de San Juan nos ayuda a entender la conciencia con la que Jesús iba luego a consumar el sacrificio en la cruz. Él anticipa en sus gestos, de alguna forma, de un modo incruento, lo que luego sucederá cruentamente. A veces nos quedamos, en los relatos de la Pasión, en aquello que es externamente más cruel: el prendimiento, la flagelación, la corona de espinas, la crucifixión… y es verdad que todo esto produce un gran dolor al Señor. Pero este dolor físico viene precedido por un dolor espiritual, de su Corazón. Así como en la tormenta el relámpago precede al trueno, en la vida de Jesús todo aquello que sufrió físicamente vino precedido por un sufrimiento del Corazón que no se ve, pero que se puede intuir. Es un signo de todo lo que Él estaba viviendo internamente. 

Juan comienza diciendo que Jesús estaba profundamente conmovido. Es decir, estaba revuelto, estaba mal interiormente, no podía más. Y la razón por la que se encontraba así es porque, de aquellos que Él había elegido con amor, con cariño, uno de los más cercanos le iba a entregar; y a aquel que había nombrado como “príncipe de los apóstoles”, como “piedra” de su Iglesia, le anuncia que le va a negar; que, al final, todos le iban a dejar solo… y que iba a cargar sobre sí todo el pecado de la humanidad esa noche. Tu pecado y el mío. Todo ello produce en el Corazón de Jesús estar profundamente conmovido. Al Señor le duele que los más cercanos le dejen, y le duelen nuestras negaciones y nuestras traiciones. Porque, aunque desearíamos ser ese Juan que esté cerca del Señor, sintonizando con su Corazón, intentando consolarle… tantas veces somos Pedro, tantas veces somos Judas… 

Señor, te pido tu Gracia porque quisiera ser siempre como Juan, pero a veces te traiciono como Judas y me voy con otros ídolos. O soy Pedro y, por pudor, por respetos humanos, te niego. Te pido, Señor, la Gracia de la intimidad contigo. Que viva estos días santos tan unida a tu Corazón que sienta tu conmoción interna en mí. Que quiera corresponder a tu Amor entregado, como hicieron María de Betania y el apóstol Juan los días previos a tu Pasión, con gestos sencillos, pero llenos de intimidad, amor y ternura hacia Ti, Jesús. 

Canción: Graba en mi corazón
Autor: Miguel Horacio
https://youtu.be/csqRMutx30Y


07 abril 2020

MIÉRCOLES SANTO – Hasta el final


“El Maestro dice: Mi momento está cerca; 
deseo celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos.” (Mateo 26,14-25)

Sí, el momento está cerca, y hemos sido invitados a compartir contigo la mesa. Hemos sido invitados por Ti, a celebrar la Pascua contigo. A ser partícipes y testigos de tu entrega hasta el final. 

Ser partícipes y testigos de tu Amor hasta morir por nosotros… y a vivir después nosotros lo mismo, contigo, con los demás… hasta la eternidad… 

¿Estoy dispuesto a aceptar la invitación? ¿O le voy a dejar solo ir hacia la cruz...?

Canción: Hasta el final
Autor: Estación Cero