09 noviembre 2019

Testimonios de Familias Invencibles - Teresa y Fernando (1)


Hoy terminamos nuestro recorrido por el testimonio de familias que participan en los Encuentros de Familias Invencibles (FFII) en España con la familia Wagener-Díez. Por distintas circunstancias, tuvieron que ir a vivir a Alemania. Allí han sentido la llamada y la necesidad de “exportar” la realidad de Familias Invencibles a su nuevo hogar. Nos habla Teresa.

Gracias Elena por la posibilidad de reflexionar sobre nuestra experiencia en FFII. Para nosotros ha supuesto confirmar nuestra vocación y misión como familia, una oportunidad de evangelizar a otras familias y, sobre todo, un impulso y apoyo para cuidar la fe de nuestros hijos. Hay un antes y un después de conocer FFII en nuestra vida.

¿Qué nos ha supuesto conocer FFII personalmente, como matrimonio y como familia?

Mi marido, Fernando Wagener, formaba parte de la Renovación Carismática Católica cuando yo lo conocí, teníamos ambos 17 años, él tocaba la guitarra en un grupo de oración carismática los martes por la tarde. Yo era de Schoenstatt desde los 13 años, un movimiento mariano de origen alemán extendido ahora por todo el mundo; había entregado mi vida a la Virgen María y tenía un voluntariado con mi grupo de jóvenes de Schoenstatt en el Hospital Clínico San Carlos en la Plaza de Cristo Rey de Madrid. Hacíamos acompañamiento de pacientes, atención a enfermos solos y necesitados de gestiones varias y compañía, preparábamos las misas con uno de los tres capellanes del hospital, D. Macario, cuidábamos de niños ingresados hasta que llegaban sus padres del trabajo, etc.
A mis 17 años estando en la piscina municipal un día mi madre y mi hermana me sacaron a toda prisa: -“Tere, corre, ven, hemos descubierto un grupo muy curioso en Majadahonda donde la gente reza alabando, cantando y alzando las manos y se parecen a los primeros cristianos, tienes que verlo, ¡te gustará!”. Mi madre tenía una gran inquietud religiosa y siempre se preocupaba por mostrarnos a mí y a mis hermanos distintos grupos, movimientos o corrientes de espiritualidad, pues estaba convencida de que en alguno de ellos encontraríamos nuestro camino. Además, yo sentía que la Virgen me impulsaba muy fuerte a conocer a Dios Padre, a Dios Hijo y ahora me acercaba a Dios Espíritu Santo… Salí chorreando de aquella piscina a conocer el grupo y allí estaba mi futuro marido tocando la guitarra… Nos hicimos muy amigos.

Al hacernos novios al cabo de un año él se implicó en mi voluntariado y en un grupo de jóvenes de Schoenstatt, y yo en el grupo de oración carismático de los martes y en el coro de su parroquia. La devoción mariana y la excelente formación de Schoenstatt casaba a la perfección con la profundidad y la riqueza de oración de la Renovación Carismática. Así que en el terreno personal FFII no nos aportó gran cosa que no conociéramos ya, pues ambos teníamos bastante formación y muchas experiencias de fe y de dejar obrar al Espíritu Santo en nuestras vidas.

Acudimos juntos de novios y de casados a ese grupo carismático que nos unió durante muchos años y fuimos a todas las Asambleas Nacionales. Pero en una familia ocurre que cuando empiezan a llegar los niños, con la conciliación de la vida laboral y los hijos ya no te queda tiempo para más, con los niños pequeños nos era imposible acudir al grupo los martes a las 20.00… Era la hora de la vuelta del trabajo, de los baños y cenas, etc. Dejamos de acudir a ese grupo de oración carismática. A las 20.00 yo salía de impartir clases en la universidad y Fernando bañaba a los niños mientras yo conducía a toda prisa por la autopista para llegar a hacer la cena, cenar juntos y acostarnos agotados. Así es la vida con 3 niños pequeños, es muy absorbente y agotadora, no te queda tiempo para ti. Yo tenía además dos trabajos, así que abandonamos ese grupo semanal sintiendo que traicionábamos nuestras raíces y nuestra historia, pues allí nos unió Dios.

Como sentíamos que nos faltaba la oración comunitaria, aunque hacíamos oración los Domingos en misa, nos apuntamos a un grupo de matrimonios los viernes por la tarde pero íbamos agotados y no nos gustaba dejar a los niños en casa gastando un dinero que no teníamos en una chica que los dejaba a su aire con la Play Station y nosotros mientras tanto viviendo nuestra fe de manera aparte… Sentíamos que debíamos integrarlos, que debíamos hacer algo con ellos, juntos como familia, pues nos preocupaba su formación religiosa y en valores. Desde un principio buscábamos que no tuvieran uno sino varios ambientes sanos donde crecer y desarrollarse, pues luego nunca sabe uno en cuál de ellos deciden quedarse. Así que igual que mis padres hicieron conmigo los llevamos a conocer Schoenstatt, los Focolares, la parroquia (somos del coro desde hace 30 años), todas las Asambleas carismáticas y la Pastoral del colegio. Se implicaron en numerosos ambientes muy sanos y muy buenos. Pero siempre eran ellos por un lado y nosotros por otro. Hasta que mi cuñada Pilar llegó un verano emocionada de un Encuentro en Galicia, y nos dijo que había visto a los padres orar junto con los hijos y hacer actividades juntos, y que le había gustado mucho. Y me preguntó si queríamos hacer lo mismo con ellos en Madrid: formar un grupo de oración y formación en familia un sábado al mes. Nos pareció que era justo lo que buscábamos, ¡esa era nuestra inquietud! Además, en un formato estupendo, que no estresa ni altera la vida familiar, una tarde de sábado al mes, era justo lo que sentíamos que debíamos hacer, integrar a nuestros hijos, trasmitirles la fe, así que empezamos con mis cuñados ese grupo de Familias Invencibles (FFII). Éramos solo 3 familias…

En ese grupo mensual de FFII de Madrid mis hijos han crecido, han tenido experiencias de oración, de fe, de reflexión, de profundización en la fe, una fe viva, donde ven a unos niños, jóvenes y adolescentes que oran, a unos padres que vibran con la oración… Donde hemos vivido tanto y hemos visto el efecto tan bueno en nuestros hijos. Ellos nunca nos han dicho, por ejemplo, que no querían ya ir a misa... como les ocurre a tantas familias, porque hemos tenido la suerte de tener este grupo de FFII y también un excelente párroco que les deja meter todo tipo de instrumentos en la iglesia y mis hijos tocan la batería y la guitarra eléctrica en una iglesia llena de jóvenes.

 Nuestros hijos tenían, por tanto, sus grupos de Schoenstatt quincenales con chavales de su edad, el grupo de FFII de oración en familia un sábado al mes y además ayudábamos en la parroquia con el coro. En FFII trabajábamos la oración espontánea de padres e hijos y también los valores cristianos y temas de fe; por ejemplo, explicar las Bienaventuranzas, el perdón, la alegría cristiana, la oración, etc. Mis hijos han crecido ahí y le deben tanto a este grupo de FFII de Madrid. El grupo creció mucho, ahora lo integran muchas familias.

03 noviembre 2019

Testimonios de Familias Invencibles - Romy y Emilio (2)


EMILIO: Como decía Romy, antes no creía. Más o menos a los 20-21 años realicé un Seminario de Vida y me convertí al Señor. Él cambió mi vida. Dio un giro total: cambié amistades, cambié todo y empecé a servirle. Teníamos un grupo de oración de jóvenes y nos conocimos en una Misa llevando las ofrendas. Con el tiempo nos hicimos novios y pensamos después en casarnos, venir a España para poder tener una vida mejor y todo centrado en el Señor. Pero durante un tiempo no lo vivimos así, hasta que fuimos al Encuentro de Familias Invencibles.

En nuestra familia siempre ha habido momentos de dificultad. Ya estamos cerca del Señor, pero siempre es un combate. Y más aún con los chicos que van creciendo y ahora entrando en la adolescencia. Es complicado y siempre necesitamos que el Señor nos enderece el camino, nos guíe nuevamente, nos ayude, retome nuestra vida, retome nuestra familia. Por ejemplo, con nuestro hijo mayor: fue una Gracia que pudiera entrar en el seminario menor. Primero empezó de forma externa a vivir los retiros. Íbamos un fin de semana cada dos semanas. Y después nos dijo que quería entrar. Nos sorprendió porque fue dejar amigos, dejar su círculo social. A él le costaba mucho hacer amigos y tenía un grupito que era bueno. Para nosotros fue una bendición porque le ayudó mucho en su vida espiritual y en su carácter, le ayudó mucho también a centrarse. Estuvo dos años y lo dejó aunque sigue discerniendo, pero en ese lapso de tiempo entró su hermano. Seguimos buscando la voluntad de Dios, seguimos buscando servirle y lo que Dios nos muestre, lo que Dios haga. Estamos siempre en sus manos y siempre necesitamos de Él. También necesitamos de un grupo de hermanos, hacer comunidad, no estar solos y poder ir caminando.

ROMY: la entrada de nuestro hijo al seminario fue algo muy bueno que nos ocurrió. Abrió un nuevo mundo a nuestros ojos al compartir con otras familias cuyos hijos también están en discernimiento. Ya no pedimos por las vocaciones sin conocer, sino de una manera nueva. Cómo se necesita esa oración para ese día a día de tantos chicos, en este caso adolescentes, que en su vida hacen un alto y buscan ese llamado a lo que el Señor quiera. Eso nos ha permitido también participar más activamente en la parroquia y así nuestros hijos pueden servir de esa manera al Señor. Ellos saben tocar la guitarra y aprovechamos para participar en el coro, han acolitado en la Misa… Si queremos seguir al Señor, tenemos que hacer las cosas para el Señor, ¿no? 

Y en el grupo de familias la bendición es tener un espacio donde reunirse con otras familias. Estamos iniciando todavía, pero es una bendición muy grande. Nuestros hijos también se ven implicados en ella y en algunas oportunidades nos han apoyado con la catequesis. Se animan y lo vemos como una Gracia del Señor especial, pues el servir alienta también en sus vidas ya que para servir hay que entregarle un poquito a Dios y orar, hablar con Él. 

Últimamente algo que nos está ayudando y acercando al Señor es poder reunirnos por la noche. Un día determinado de la semana le toca a un miembro de la familia. Rezamos una decena del rosario pero también nos pedimos perdón por lo que hemos pasado en el día. En pedirse perdón o aclarar algo podemos comprender que el corazón de un adolescente es muy frágil pese a la coraza que se ponen. El sentir un abrazo, una palabra de perdón es muy sanador y une. Y eso para mí es el mayor regalo, porque eso acrecienta mi amor hacia los hijos y hace verlos de otra manera. Siendo humanos pedimos al Señor que nos dé luz y no queremos separarnos de Él. Queremos que esté en nuestras vidas. 

EMILIO: el que se encarga de llevar la oración ese día, lleva la bendición de la mesa, lleva el Ángelus y, al final del día, esta oración en que nos pedimos perdón y damos gracias a Dios por el día. 

ROMY: para quien lea esto, compartirles que es importante que en su oración incluyan la oración por las familias. La necesitan y es donde más el enemigo ataca. Y es donde más se necesita porque es el inicio de un crecimiento en la fe: vivir en la familia con la sencillez de poder hablar de Jesús como si hablaras de algo muy cotidiano, es lo mejor. Es tenerle presente a Él en todo momento. 


27 octubre 2019

Testimonios de Familias Invencibles - Romy y Emilio (1)


Siguiendo nuestro recorrido por el testimonio de familias que participan en los Encuentros de Familias Invencibles en España, hoy contamos con el testimonio de Emilio y Romy. Participan desde el 2007 en estos Encuentros, y supuso un antes y un después en su vida familiar. 

ROMY: somos Emilio Pastor y Romy Jácobo. Somos de Perú, aunque nuestra vida de casados la hemos hecho aquí en España. Concretamente en Valencia. Al Señor le hemos conocido durante nuestra juventud. Sobre todo Emilio tuvo un encuentro especial. A mí en casa desde pequeña me hablaron del Señor y poco a poco fui conociéndolo hasta llegar a la adolescencia, cuando me sentí tocada por el Señor. Cuando fuimos novios teníamos muchos ideales. Hablamos con mucha confianza en cómo podría ser nuestro hogar. Y si el Señor nos había tocado, queríamos que Él estuviera en el centro. Y nos poníamos ideas como orar juntos, que nuestros hijos también oraran, tendríamos un tiempo para tal cosa y para tal otra… 

Emilio llegó primero a España. Volvió a Perú para casarnos y luego vinimos juntos. En la vida ya de casados aquí yo traída muchas ilusiones y fue algo muy especial. Tuvimos pronto a nuestros hijos: Juan Emilio, que ahora tiene 16 años, Cristina con 14 y José Miguel con 13 (que está de externo en el seminario menor). Emilio comenzó a trabajar. Yo no podía hacerlo con los tres niños y pronto nuestra vida se convirtió un poco más en rutina. 

Por el amor de los hijos, nos olvidamos un poco de nosotros: de nuestros tiempos como esposos, de un espacio para Dios… Se llenó todo de preocupación por la salud de los hijos, que estén todos bien, que no les falten las cosas… y llegábamos a la noche muy cansados. Todo ese desvivir poco a poco nos hizo caer en una rutina que nos empezó a generar asperezas en el trato del uno con el otro. Hubo muchas heridas e incluso llegamos a plantearnos la separación. Fue un momento difícil y duro.

En internet Emilio se encontró un día con la página de Familias Invencibles. Al mismo tiempo, en un grupo en que participábamos, también otras personas nos estaban hablando de unos encuentros de familias. No sabíamos que se referían a lo mismo. Al final decidimos ir con nuestros hijos y fue toda una aventura, porque en ese tiempo no teníamos coche. 

 Los tres eran pequeños: Juan Emilio casi con 4 años, Cristina con 3 y José Miguel de 1 año. Pero con ellos cogimos el autobús hasta Victoria. Fue en el verano del 2007. 

El Encuentro tuvo lugar en Nanclares de la Oca y para nosotros fue un regalo de Dios porque, en primer lugar, el Señor comenzó a sanar nuestras heridas. Es como si nos hubiera acercado, unido y construido nuevamente un lugar como debía ser realmente desde un inicio nuestra familia. Pese a que nuestros hijos eran pequeños, vimos también el cambio que tuvieron. Estaban mucho más abiertos que nosotros. Sí hablábamos con ellos sobre Dios, pero de una manera rápida. 

En el Encuentro, al ver que nos reuníamos muchas familias, que cantábamos juntos, en las Eucaristías los niños estaban también juntos, participaban tanto padres como hijos de su edad… fue un ambiente muy propicio para todos. Vimos que eso fue un sello muy especial para nuestra familia. ¡El Señor nos tocó y ya no podemos despegarnos de Él! Ese ha sido el inicio realmente del rescate de nuestra familia por parte del Señor y poco a poco ha ido haciendo su obra.


20 octubre 2019

Testimonios de familias Invencibles - Pilar y Antonio (2)

¿Qué aporta Familias Invencibles a la Iglesia? 

La respuesta que el Señor está ofreciendo al mundo y a la Iglesia por medio nuestro es profética. La mera presencia de una familia cristiana es “una luz en la oscuridad” de nuestro mundo. Es alegría, esperanza y muchas cosas más. Y lo sabemos y procuramos contagiarlo a las familias que se incorporan a Familias Invencibles.

Cuando comenzamos en 2001 en la Iglesia había pocos ámbitos a los que acudir la familia al completo, excepto la eucaristía dominical, peregrinaciones o actividades caritativas. No es sencillo organizar encuentros en los que los padres e hijos puedan participar juntos.

Y seguimos fieles a esa llamada. Nuestros encuentros son muy alegres.

Actualmente ya existen más iniciativas parecidas en la Iglesia, gracias a Dios. Es el Espíritu Santo que no para de actuar.

¿Asiste toda la familia?

Sí, y especialmente en los encuentros hay muchos adolescentes y jóvenes. También abuelos. Ya están asistiendo familias de los hijos que asistieron a los primeros encuentros.

Los adolescentes mayores y jóvenes asisten o no según sus muchos compromisos. Pero todos reconocen que Familias Invencibles les ha servido mucho en sus vidas.

¿Cómo se sigue trabajando después de asistir a los encuentros?

En los encuentros hay sanación y experiencia de Dios. Transforma vidas. Eso repercute irremediablemente en nuestro día a día. Pretendemos vivir de lo aprendido y agarrados a la Cruz de Cristo. 
Insistimos mucho en ser constantes en la oración familiar y/o conyugal, en la eucaristía dominical juntos y en construir familia. 
  
El lema del último encuentro lo dice todo: “Hoy quiero hospedarme en tu casa” (Lc 19, 1-7), nos dice Jesús. Sí, sí, quiere estar en nuestra casa.


12 octubre 2019

Testimonios de familias Invencibles - Pilar y Antonio (1)

Comenzamos un recorrido por el testimonio de familias que participan en los Encuentros de Familias Invencibles en España, una realidad que comenzó hace 19 años y que va creciendo impulsada por las alas del Espíritu Santo, ayudando a sanar y restaurar los lazos familiares y personales de todos aquellos que pasan por sus Encuentros. Este año el Encuentro ha tenido lugar en Castellón, desbordándose el número de participantes: 85 familias de distintos tamaños y más de 300 participantes. Si quieres conocer un poco más la realidad de Familias Invencibles, puedes entrar en su web: Familias Invencibles.

Comenzamos estos testimonios con Pilar Araguás y Antonio Wagener que, junto con sus hijos, participaron en el primer Encuentro y después llevaron esta preciosa realidad a la zona donde viven, surgiendo así los primeros encuentros de familias por zonas geográficas de referencia. 

¿Por qué nos llamamos así y cómo nacimos?

Nos llamamos Familias Invencibles porque creemos en el poder de quien nos ha llamado a ser familias y nos sostiene, nos acompaña, nos fortalece, etc. Ese es Jesucristo. 

¿Debería ser Familias Invencibles en Cristo? Quizá. Lo acortamos por ser más fácil y provocador… y de ese modo lo explicamos y asumimos. Porque nuestro Dios es poderoso, invencible y estamos seguros de Él; nosotros no tememos a ninguna circunstancia, es Él quien vence.

Entre nosotros hay familias que han pasado, o están pasando, por momentos muy duros de enfermedad, muerte de un miembro, de infidelidad, hijos con dificultades, problemas económicos o de relación, de aburrimiento o sin sentido… pero que se han agarrado a Cristo y no se han rendido.

Vamos, familias cristianas normales que saben “de Quién se han fiado”, como dice san Pablo.

Comenzó con una convivencia de familias en Allariz (Orense) en el verano de 2001, en la que descubrimos que era posible el disfrutar todos juntos de unos días con el Señor. Nuestros hijos se integraron muy bien, rezamos juntos, jugamos, cantamos, evangelizamos, aprendimos cosas importantes para nuestra familia, nos divertimos y salimos muy reforzados en nuestra vocación. Salimos tan contentos como aquel de la parábola que se encontró un tesoro en el campo. Recibimos un toque especial del Señor para nuestra familia y una llamada a extenderlo; es el evangelio de la familia.

¿Cómo nos organizamos?

Somos una fraternidad de familias cristianas, no tenemos obligaciones ni cuotas. Redactamos unos principios por los que nos sentimos más identificados y que hemos presentado a las diócesis donde hay grupos o hemos celebrado encuentros. También en algunas diócesis que nos lo han pedido. Cuando nos conocen los obispos y los delegados de pastoral familiar nos reciben muy bien.

Organizamos y participamos en encuentros de familias en distintas zonas de España -y en Frankfurt- y nos reunimos con regularidad las familias de una misma zona (aproximadamente una vez al mes). Cada grupo tiene bastante autonomía y se organiza según su creatividad y capacidades.

Hay mucha participación y servicio por parte de las familias integrantes de cada grupo.

Los grupos son muy abiertos, se reúnen en casas, parroquias, etc. Lo que se aprende y celebra en el grupo se ha de vivir en casa. Nos ayuda mucho a vivir nuestra vocación y a no aislarnos.

En el último año nos integramos en el CHARIS España (Servicio Internacional de Renovación Carismática Católica)

“Familia, sé lo que eres”, decía San Juan Pablo II. No tenemos mayores pretensiones pastorales que vivir como verdaderas familias cristianas allí donde estemos, y con las circunstancias que vivamos. Y así se da la oportunidad de acoger y querer a familias con muchas heridas y cargas. Acogemos y tratamos de acompañarnos unas familias a otras tal y como venimos, con nuestras carencias y talentos.

Para nuestra formación utilizamos todo el Magisterio de la Iglesia sobre el matrimonio y la familia que vamos conociendo, así como la Palabra de Dios.