18 febrero 2019

Rostros de luz

Hace unos días me encontré por casualidad con una vieja amiga. Una amiga de esas de peregrinaciones diocesanas y risas compartidas. Yo andaba por una parte de Madrid por la que no suelo ir y ella estaba allí trabajando en un centro comercial.

Me encantó el encuentro. Y sobre todo lo que compartí con ella. Su trabajo es cara al público y no parece muy fácil. Sin embargo, no perdía la sonrisa y la amabilidad en ningún momento. 

Hablamos de ello y me dijo que otras personas le habían comentado lo mismo. Incluso un sacerdote que solía pasar por allí una vez le preguntó si era cristiana, pues con su sonrisa "tenía algo distinto, pues mostraba un rostro de luz".

Cuando volvía hacia mi casa pensaba en ello y daba muchas gracias por el regalo de estos "santos de la puerta de al lado" (cfr. Papa Francisco en la Exhortación Apostólica Gaudete et exultate, que puedes leer entera aquí: GAUDETE ET EXSULTATE). Son los rostros visibles del inmenso regalo de la fe y fruto de los dones del Espíritu Santo que recibimos en nuestro Bautismo.

Y me llevó a otro recuerdo, esta vez más cercano: en Navidad tuve ocasión de acercarme a la parroquia donde fui bautizada. Hacía algún tiempo que no iba y me sorprendió ver que habían hecho obras, arreglándola. Empujé la puerta del templo, observando los cambios realizados en la entrada. Y al mirar hacia dentro, con la iglesia en penumbras y el corazón dando gracias por el regalo del Bautismo que allí recibí, mi mirada se quedó clavada en lo que unos focos de luz querían destacar: el imponente Cristo crucificado del presbiterio y una hermosa frase. 

 ERES UN REGALO PARA MÍ

Sí, eso es lo que dijo el Padre sobre nosotros el día de nuestro Bautismo: "Y una voz que salía de los cielos decía: Este es mi Hijo amado (Cristo y tú y yo, hijos amados en Él), en quien me complazco" (Mateo 3, 17)

Es la frase que latía en el Corazón de Cristo cuando daba la vida por nosotros en la cruz, sin mirar nada más que el inmenso Amor que nos tiene y su anhelo por compartir la vida eterna con Él.

Es la frase que dice el Espíritu en nosotros cada vez que dejamos que el regalo del Bautismo se manifieste y somos testigos de su Amor derramado, viviendo como otros Cristos en medio del mundo.

Soy un regalo para Dios. Eres un regalo para Dios. Somos un regalo para Dios. Mi amiga lo es para todos los que diariamente se cruzan con ella, por ser reflejo de todo lo recibido por Él en su vida a través de la fe. Su rostro de luz es reflejo del rostro de Dios. 

"Lo que hemos visto y oído, os lo anunciamos, para que también vosotros estéis en comunión con nosotros. Y nosotros estamos en comunión con el Padre y con su Hijo Jesucristo. Os escribimos esto para que nuestro gozo sea completo. Y este es el mensaje que hemos oídos de él y que os anunciamos: Dios es Luz, en él no hay tiniebla alguna. Si decimos que estamos en comunión con él, y caminamos en tinieblas, mentimos y no obramos la verdad. Pero si caminamos en la luz, como él mismo está en la luz, estamos en comunión unos con otros, y la sangre de su Hijo Jesús nos purifica de todo pecado" (1 Juan 1, 3-7)

Seamos testigos. Seamos luz.


Canción: Hija de Dios
Autora: Verónica Sanfilippo
https://youtu.be/Gje5M8wbctI




10 febrero 2019

Globo, sé lo que eres

Esta mañana caminaba hacia la parroquia y me encontré con esto:


Justo ayer había leído de pasada una denuncia donde se hablaba de lo malos que son los globos para el medio ambiente. En especial para los animales marinos, pues al caer al agua se creen que son comida y se los tragan. Tal vez por eso, al ver el globo me he fijado más en él y, al seguir mi camino, se me ocurrió una reflexión que ahora traigo a este blog.

Por un instante pensé en su historia. Me pregunté quién sería el dueño de ese globo que no había acabado en el mar, sino enganchado a una valla de mi ciudad. Posiblemente un niño. Es Domingo, así que tal vez era fruto de un paseo familiar la tarde anterior. O de un cumpleaños, o de una fiesta en un establecimiento de comidas cercano...

Pasé a algo un poco más profundo: cómo estaba ese globo. Aún conservaba algo del aire interior que les hace levantarse hacia lo alto, pero en la parte baja había comenzado a deshincharse. Tal vez estaba pinchado, tal vez por donde el hilo lo ata se había desaflojado y se escapaba el aire... Fuera como fuera, la parte más visible se veía inflada y la parte posterior, más oculta, desinflada. 

Y en seguida me fui a lo espiritual, típico en mí. Instantáneamente pensé en cuántas veces somos así ante los demás. O cuántas veces se nos presentan así las personas. En su cara más visible, nos dan una imagen "hinchada", buena, atrayente. Pero por detrás, en lo más oculto, están "desinchados", "desinflados", heridos, tristes, sin rumbo; necesitados de una palabra de aliento, consuelo, esperanza, luz...

Y sentí la invitación del Señor a no quedarme en las apariencias. A ir siempre más allá. A no juzgar cuando otra persona me muestre un rostro "desinflado", o una palabra fuera de tono, o un gesto que me cueste entender porque parezca que "no viene a cuento". ¿Quién soy yo para juzgar, si no conozco el "aire" que le pueda faltar detrás? 

Al volver de la parroquia, se había levantado un fuerte viento. Y me encontré de nuevo el globo. Esta vez, alguien lo había atado a la papelera junto a la valla donde yo lo había visto anteriormente. Y el viento lo hacía "volar":


Sí, este globo ha sido creado para volar alto, bien alto. Como nosotros, hijos de Dios: también estamos llamados, hemos sido creados para volar alto, muy alto, con las alas del Espíritu Santo. Pero a veces nos dejamos enganchar por un frágil hilo que nos esclaviza, nos inmoviliza, nos hace olvidar para qué estamos hechos y nos sumerge en tristezas, desesperanzas, envidias, iras, agobios, desconciertos... Al final nos desinfla...

Sólo Cristo puede liberarnos de nuestras ataduras y cadenas. Sólo Él puede llenar nuestras almas y que sean colmadas de amor, alegría, paz, fortaleza, esperanza... libertad... de todo aquello que suspiramos y anhelamos, porque hemos sido creados para gozar de ello ya aquí y por toda la eternidad.

Entre globo y globo yo encontré el lugar de encuentro con este Dios nuestro que nos hace plenos: la adoración, la Eucaristía comunitaria, el encuentro con los hermanos, el perdón en la confesión... la confianza de poner mi vida, una y otra vez, en sus manos, incluso en aquello que no entiendo o que me hace sufrir. 

Y a ti, ¿cuáles son los "hilos" que te esclavizan, que te impiden volar, y que necesitas dejar a los pies del Señor, entregar a su Misericordia?

El viento sigue soplando: el de la calle y el del Espíritu. Déjate arrastrar, pequeño "globo" de Dios. Levanta las alas de tu corazón y echa a volar. Sé lo que eres, aquello para lo que has sido creado.

¡Vuelta alto, con las alas del Espíritu Santo!

Canción: Llena mi vida
Autor: Yohan Rosario



20 enero 2019

Anhelos de Dios...

"Hacia la luz excelsa, donde reina mi Dios,
se lanza mi alma,
aspira mi corazón
y todo mi ser se eleva hacia Ti.

Aspiro al más allá, a Dios Mismo,
a la luz inconcebible, el ardor mismo del amor,
porque mi alma y mi corazón han sido creados para Él
y mi corazón lo ha amado desde la primera juventud.

Allá, en los destellos de la luz de Tu rostro
descansará mi amor lleno de añoranza.
Realmente, una virgen en destierro agoniza por Ti,
porque ella vive cuando está unida a ti"

(Diario ~ 1653, Santa Faustina Kowalska)


09 enero 2019

La cosa es que es cosa suya

"En aquel tiempo, Jesús vio una multitud y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles con calma. Cuando se hizo tarde se acercaron sus discípulos a decirle: Estamos en despoblado, y ya es muy tarde. Despídelos, que vayan a los cortijos y aldeas de alrededor y se compren de comer. Él les replicó: Dadles vosotros de comer. Ellos le preguntaron: ¿Vamos a ir a comprar doscientos denarios de pan para darles de comer? Él les dijo: ¿Cuántos panes tenéis? Id a ver." (Marcos 6, 34-38)

Las lecturas del Evangelio de estos días me están gustando especialmente. Del evangelio del lunes me quedo con el "Convertíos" de Jesús (cfr. Mateo 4, 12-17. 23-25). Creo no equivocarme si digo que todos tenemos una necesidad permanente de conversión, de dejarnos hacer por el Espíritu Santo para "estar a la altura" de la maravillosa vocación a la que hemos sido llamados como cristianos.

Del Evangelio de ayer día 8 me gusta especialmente la pregunta del Señor: "¿Cuántos panes tenéis? Id a ver". Creo que a veces no somos conscientes de lo que tenemos, de los dones y talentos que nos da el Señor. Y Él nos invita a descubrirlos con su "id a ver". Bajo la luz de su mirada es cuando descubrimos la inmensa riqueza de su obra en nosotros y a través de nosotros.

Tal vez si viviéramos más pendientes de los demás y con la certeza de que no son para nosotros sino para ellos, estaríamos más atentos para descubrirlos, desarrollarlos y ponerlos al servicio en lo más pequeño y cotidiano. En lo común, en lo que surja día a día.

"Cuando lo averiguaron le dijeron: `Cinco, y dos peces´. Él les mandó que hicieran recostarse a la gente sobre la hierba en grupos. Ellos se acomodaron por grupos de cien y de cincuenta. Y tomando los cinco panes y los dos peces, alzando la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos para que se los sirvieran. Y repartió entre todos los dos peces. Comieron todos y se saciaron, y recogieron las sobras: doce cestos de pan y de peces. Los que comieron eran cinco mil hombres" (Marcos 6, 39-44)

Y en la frase "alzando la mirada al cielo" creo que está la clave del servicio: realizarlo para la Gloria de Dios y para devolverle los dones y talentos que nos ha dado sirviendo a los demás con ellos. 

Partiéndonos y repartiéndonos. Sin necesidad de llevar cuentas. Al fin y al cabo... que se multipliquen es cosa del Señor. Que se multiplique nuestra vida en su servicio, que el fruto final sea la sobreabundancia... es cosa suya... y nada más que suya... 

A nosotros nos toca acoger la bendición que Dios nos da y dejarnos hacer mientras trabajamos para su Reino. Y a Él le toca saciar nuestras vidas, nuestras almas, nuestros corazones según la medida de su Corazón. Qué descanso para nuestra vida saber que es así...

"Dadles vosotros de comer". Es tremenda la invitación y el envío que Jesús nos hace... Hoy me pregunto y te pregunto...
¿qué les vamos a dar?

Canción: Quiero servirte
Autor: Celinés Díaz
https://youtu.be/BYxHvDCVkXo




24 diciembre 2018

Invitación de Adviento - 4ª semana

Ya estoy en la entrada del portal.

Por un momento me pregunto cuál es mi lugar en el portal. Empiezo a analizarme y a analizar las circunstancias que me rodean. Viendo cómo está mi corazón y mi vida, me considero poco más que el hedor que a veces se siente, proveniente de los animales.

Si me miro bien, no encuentro en mí ninguna dignidad para penetrar más allá de donde me encuentro.

Pero escucho una voz en lo profundo de mi corazón. Una voz que me habla de Amor y Misericordia, que me ama en lo profundo de lo que soy, y tal y como soy y estoy. Y que me invita a entrar más allá, a ir más allá de mis límites y mis pobrezas...

Ha llegado el momento de dejar de hacer preguntas. Ha llegado el momento de dejar de analizar y comparar. 

Ha llegado el momendo de hacer silencio. De postrar mi corazón ante este Dios que encuentro, Amante silencioso, envuelto en pañales y recostado en un pesebre. 

Sí, ha llegado el momendo de adorar, de amar, de estar. Que la música y el canto que brotan de mi corazón sean sólo para Él.

Sí, es el momento de estar sencillamente en intimidad con Él, dejándome amar por este Dios que me ama tanto que se ha hecho Niño por mí.

Y entro... Y me dejo agarrar por el Emmanuel, Dios con nosotros. En el silencio de su Amor, no hace falta hablar. Sé que Él nunca me soltará. Y yo no me quiero soltar..

"Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su Misericordia" (Salmo 118, 1)

Canción: Silencio de Amor
Autor: Kiki Troia
https://youtu.be/BUH7pfnGfIQ



17 diciembre 2018

Invitación de Adviento - 3ª semana

Voy camino de Belén. Atrás he dejado el mundo limitado que conozco y me abro, con incertidumbre pero con una enorme expectación, a lo que está por delante.

Sigo escuchando coros de ángeles que cantan la Gloria de Dios. Pero más fuerte aún es el latido de mi corazón. El mensaje decía que encontraría un niño. Un niño... Envuelto en pañales y recostado en un pesebre (cfr. Lucas 2, 12)

¿El Salvador del mundo, Dios con nosotros... en un pesebre? Este Dios que creí conocer se me revela de un modo totalmente distinto, completamente inesperado. Voy andando deprisa y pensando que, tal vez, es el momento de dejar caer en este camino que recorro esos viejos esquemas que llevo conmigo demasiado tiempo.

¿Y si me dejo sorprender? ¿Y si me dejo alcanzar por la novedad de este Dios-Amor que viene a mí y se me quiere revelar de un modo nuevo, que me quiere llevar a una vida nueva?

Ya estoy muy cerca de la ciudad. No sé muy bien cómo, pero mis compañeros y yo sabemos a dónde debemos dirigirnos. Alguien, en lo profundo de nuestro corazón, nos va guiando con una certeza sin igual.

Nos vamos acercando al lugar. Y hay gente. En medio de la oscuridad, con una ligera claridad al fondo, se ven sombras variadas de personas. Y también de algunos animales. Me adentro entre ellas. Y miro sus rostros. No sé por qué, pero estoy seguro de que mi rostro refleja lo que veo en los suyos. No son desconocidos, somos una familia. Les siento hermanos míos, hijos de un mismo Padre... y hermanos... Hermanos... ¿en quién? De nuevo esta certeza en el interior de algo que aún desconozco.

Y de mi corazón brota una canción de amor. Dejo que fluya, porque es una oración que sale de lo profundo de mis entrañas...


Canción: Darme
Autor: Pablo Martínez (interpretada con Maru Galassi)



11 diciembre 2018

Invitación de Adviento - 2ª semana

Ya estamos en la segunda semana de Adviento. En la primera semana escuchamos en nuestro corazón la invitación para acercarnos al portal. Hoy os invito a sentiros como uno de esos pastores que cuidaban los rebaños en las afueras de las ciudades. 


Me encuentro a la intemperie. Pasando la noche junto con el rebaño. Estoy en las periferias, allí donde sólo están los que son como yo. Tengo un trabajo que pocos quieren, porque implica ser y sentirme excluido de la sociedad al no poder seguir los cultos religiosos en la sinagoga. Al no poder cumplir todas las indicaciones para lo que algunos consideran una "vida digna". A los ojos de muchos he sido rebajado, menospreciado, excluido de sus corazones.

La noche es fría. Me cubro con la manta, intentando tapar todos los huecos que pueda haber para que no entre el relente de la noche. Miro a lo alto y veo un cielo limpio y lleno de estrellas. Tal vez pienso en mi familia, que está lejos, física o emocionalmente. O en mis amigos, los que están y los que estuvieron. O en aquellas situaciones que he vivido y que se me han escapado entre las manos. Algunas me sacarán una sonrisa, otras me harán sentirme triste.

Aunque tengo algunos compañeros, en el fondo me siento solo. En las periferias de Belén. Es una soledad que ya he experimentado no puede llenar ninguna compañía. Es un hambre profunda de algo más.

Sé que, aunque a veces crea estar solo y desamparado, nunca estoy solo. El Padre está conmigo (cfr. Juan 16, 32). Me entere o no me entere, Él está. Sólo tengo que cerrar por un instante los ojos y sentir su abrazo de Amor y Misericordia. Y lo hago en esta noche. Quiero dejarme abrazar por Aquel que llena con su Presencia la inmensidad de este Cielo lleno de estrellas. Necesito dejarme abrazar por Él en lo más profundo.

Y algo ocurre. Una dulce melodía que me habla de una gran alegría. Una gran alegría para mí, para mis compañeros, para todo el pueblo.

Con asombro y cierto temor abro los ojos y me encuentro con un ser celestial, de esos de los que alguna vez he oído hablar en la sinagoga. Tan radiante, tan lleno de belleza. Pero no, no es el ángel, es la Gloria del Señor que me envuelve con su luz y su belleza. Y siento a mi Dios más cerca aún, un Dios que me invita a dar un paso más. Un paso en fe: "No temáis, pues os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un salvador, que es el Cristo Señor; y esto os servirá de señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre" (Lucas 2, 10-12)

Un niño... ¡un niño! ¡El Salvador, Cristo el Señor se ha hecho niño y viene a mi encuentro! Y soy un invitado especial, que recibe el anuncio allí donde me encuentro, tal y como me encuentro. En mi pobreza, en mis periferias, en mi sentirme totalmente indigno por algo tan grande...

Y ahora, ¿qué puedo hacer? ¿Qué debo hacer...? Sólo encuentro una respuesta: dejar que este gozo me invada, que esta gran alegría me levante de esta postración en la que estoy y me lleve con prisa, ¡a toda prisa!, a encontrarme con ese niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre. No puedo hacer otra cosa...

Y corro, corro, mientras sigo escuchado cantar cantos celestiales que me hablan de la Gloria de Dios. Pero eso ya no me atemoriza, incluso ya no me importa igual, pues me he sentido abrazado en lo más profundo de mis entrañas por este Dios que me ama con locura y que me invita a algo más. Que me invita a ir más allá...


Canción: Donde quiera que te encuentres
Autora: Ester Hernández




03 diciembre 2018

Invitación de Adviento - 1ª semana

Y de repente... estamos en diciembre y hemos comenzado el Adviento. No me he dado ni cuenta de cómo hemos llegado ya a esta fecha, la vida vuela... Y, sin querer, al principio me vino el pensamiento: "un año más, ¿lo aprovecharé esta vez?". Pero no es "un año más". Es "el" año, "el" Adviento. Un Adviento muy especial, porque Cristo quiere cambiar nuestro corazón. El tuyo y el mío.

Y viene acompañado por una invitación también muy especial. ¿A qué? A acudir al portal de Belén, con ese corazón cambiado. Porque necesitamos encontrar nuestro lugar en medio de la historia de la Salvación de Dios que se hace Hombre y es reclinado en un humilde pesebre. Soy parte también de esta historia de Amor de Dios con la humanidad. ¿Qué estoy dispuesto a ofrecer a Dios en este Adviento? ¿Tal vez mi corazón, para que lata el suyo en medio de los hombres?

Hay muchas llamadas, muchos medios por los cuales Él nos invita a Belén.

¿Por quién o a través de qué soy llamado e invitado a ir a Belén? Por la estrella de oriente, por los ángeles, por los oráculos y profecías, por los pastores, por San José... 

¿Cuál es mi lugar en el portal? Un simple espectador, un invitado especial, alguien que invita a otros... soy un pastor, una oveja, las pajas que acogen a Jesús, la Virgen que le observa asombrada guardando todo en el silencio de su corazón...

Dios me invita a descubrir su llamada. A dejarme sorprender este año de un modo especial y a encontrar mi lugar en el portal. Y ante esta propuesta suya de abrirle el corazón para que lo transforme, sólo cabe una respuesta: "fiat". "Hágase".

Es esta una palabra muy especial. Se ha pronunciado cuatro veces a lo largo de la historia de la humanidad. Cuatro "fiat" con unas consecuencias impresionantes:

1. El fiat de Dios Padre, por medio del cual surgió todo lo creado. También lo pronunció sobre mi vida y vine a este mundo. No soy fruto del azar ni estoy lanzado al vacío del espacio: soy querido, soy anhelado, soy llamado a la vida por el "hágase" de Dios.

2. El fiat de la Virgen María en el hogar de Nazaret al ángel Gabriel, que llevó sus palabras en respuesta a la invitación amorosa de Dios. Y la consecuencia fue la Encarnación, el Hijo de Dios hecho Hombre en medio de nosotros por nuestra Salvación.

3. El fiat del Hijo de Dios, en Getsemaní, al comienzo de su Pasión. Un "hágase" que desencadenó la Redención de toda la humanidad. Y la tuya y la mía.

4. Y el 4º fiat... el que el Señor espera en mi vida. Para renovar todo mi existir, para cambiar mi corazón. Y con unas consecuencias también impresionantes, pues por medio de mi "hágase" Dios se sigue haciendo presente en medio del mundo. Y sin mí, sin mi sí, ya no es lo mismo.

Dios me invita a dejarme hacer estas cuatro semanas para acudir al portal con un corazón nuevo. Y sé, en lo profundo, que me lo juego todo. Aunque aún no sepa qué viene después, aunque puede que no entienda nada, aunque aún no sepa cuál es mi lugar en el portal, ¿le diré, por fin, fiat?


¿Le dirás fiat?

Canción: Así sea
Autor: Pablo Martínez
https://youtu.be/-fQ2ehwPb0g



26 noviembre 2018

Fin de año... ¿año nuevo?

Toda esta semana está envuelta en la celebración tan hermosa de Cristo Rey y en la perspectiva del cercano comienzo del Adviento.

Con el Adviento comienza el nuevo año litúrgico. Realmente la celebración del 31 de diciembre es algo "civil": cambiamos de número en el calendario. El "fin de año" verdadero de los cristianos es ahora. Y si el 31 es muy común hacer propósitos para el nuevo año, ¿por qué no hacerlos ahora y con mayor motivo?

Yo este año quiero centrarme en algo que he venido observando tiempo atrás. Personalmente me gusta el mundo de las nuevas tecnologías. Es cierto que veo (y a veces sufro) sus riesgos, sus deficiencias para una comunicación profunda y veraz, o su mala utilización. Pero creo que ha abierto a la humanidad a una riqueza en la comunicación globalizada que antes no teníamos. Y, bien usadas, eso es positivo.

Pero cada vez más echo de menos algo: la educación en las redes. Lo normal es que, cuando nos encontramos con alguien en persona o la llamamos por teléfono, lo primero que hagamos es saludar a esa persona. Incluso, de forma afectiva preguntar qué tal le va. Aunque sea algo tan sencillo como eso, nos humaniza y acerca al otro. 

Al principio, cuando comenzó todo el tema de la comunicación automática gracias a internet (desde el Messenger de Hotmail al actual Whatsapp o el resto de redes sociales) esto seguía siendo así. Pero he observado que cada vez es menos frecuente. Directamente escribimos un mensaje, entrando en la vida de la otra persona de sopetón, sin delicadeza y sin "pedir permiso" con un simple saludo cordial. Tengo que reconocer que me molesta mucho cuando esto ocurre, conmigo o con otras personas. Si estamos en medio de un intercambio por algún motivo concreto, en cierto modo lo entiendo, pues es continuar el hilo de una conversación. Pero me ha pasado mucho que alguien me escribe un mensaje después de un tiempo sin contacto (aunque sean días) sólo con una frase pidiendo algo, sin un saludo y un por favor delante, y un gracias después. En mi época se enseñaba que tratar a alguien de este modo es hacerlo sin respeto, sin valorarla con delicadeza y dándole órdenes.

Esto es lo que nos vende también la sociedad de hoy. No nos dejemos vencer. Como cristianos, dejemos que Cristo también reine en estos pequeños detalles. Hagamos sentir al otro con la dignidad que tiene como hijo de Dios. No le tratemos como cualquier "cosa" inmediata y a nuestro alcance.

Fijémonos en lo que nos dice el mismo Jesucristo en el Evangelio, sólo algunos ejemplos: "Cuando entréis en una casa, decid primero: Paz a esta casa" (Lucas 10, 5); "Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros" (Juan 20, 19b); "Entonces Jesús les dijo otra vez: Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo" (Juan 20, 21). Jesús nos lo repite porque en esto también somos enviados.

O el ejemplo en la vida de la Virgen María: "...en cuanto Isabel oyó el saludo de María" (Lucas 1, 41)

Y San Pablo también nos habla de ello, entre otros en: "Saludaos unos a otros con el beso santo" (Romanos 16, 16); "Y sed también agradecidos" (Colosenses 3, 15)

Demos la vida también en estos pequeños detalles. ¿De qué sirve hacer grandes sacrificios si no nos cuidamos en lo pequeño? 

"Por tanto, si alguno está en Cristo es una criatura nueva" (2 Corintios 5, 17)


Canción: Todo lo haces nuevo
Autores: Athenas y Tobías Buteler