12 marzo 2017

TESTIMONIO - Esa es mi paz y mi felicidad, y no necesito otra

Hoy compartimos el testimonio de un gran sacerdote que quiere presentarse como "un fraile menor". Doy fe, por experiencia propia, del amor apasionado por Cristo, por San Francisco y por su sacerdocio, que sabe transmitir a los que nos ponemos un poco a tiro. Leyendo su testimonio me asombro y me maravillo de los caminos que el Señor tiene para cada uno de nosotros con un único objetivo: amarnos con una plenitud que no podemos imaginar y hacernos felices en su Amor.

ESA ES MI PAZ Y MI FELICIDAD, Y NO NECESITO OTRA

Fui educado en un colegio católico aunque en mi familia nunca hemos sido demasiado “de Iglesia”. Tras 11 años en dicho colegio, donde recibí una buena educación a todos los niveles y una fuerte devoción a María, fui a un instituto público a cursar COU y, después, estudié Dirección de Marketing y un master en Gestión de Grandes Superficies Comerciales. Comencé a trabajar y me fue más o menos bien. El trabajo me reafirmaba y el dinero que ganaba me permitía “vivir a todo tren”, gastando tanto como tenía. Era un chico normal con una vida normal, según la norma habitual de la sociedad de entonces.

Durante la adolescencia y primera juventud me dediqué al deporte tanto como después a mi trabajo. Con mi familia nunca fui suficientemente dedicado ni agradecido, ni mucho menos. El balonmano y el gimnasio eran mi pasión. Junto con ello, mis amigos y salir a todas horas eran el motor de mis afectos y lo que llenaba mi tiempo… aunque siempre tenía un “runrún” por dentro que me llevaba, de vez en cuando, a tener “venazos místicos” (como yo los llamaba) en los que trataba de cambiarlo todo para volver a Dios y a la Iglesia. Duraban poco. El rostro de Dios que conocía me llamaba pero ni me llenaba ni me hacía sentir ilusión alguna.

En un viaje de empresa tuve un accidente de tráfico. La compañera de trabajo que viajaba conmigo falleció, yo quede en coma y desangrándome sobre el asfalto. La rapidez de la Cruz Roja fue la primera que me salvó la vida. Tras quince días en Albacete, pues mi estado de gravedad no permitía mi traslado, fui trasladado a un hospital de Coslada, de la mutua sanitaria de mi empresa. Allí recobré conciencia de mí mismo y de lo roto que me había quedado. Una fractura abierta de fémur, esa rodilla inmóvil, un pulmón desplazado, un hombro medio inútil… un cuadro y lleno de puntos… suspensivos.

Sujeto a una silla de ruedas comencé la rehabilitación, la cual me tuvo como fiel visitante durante casi dos años. Uno de los días, camino de mi tarea cotidiana con los fisios, sentí un fuerte impulso hacia la capilla. Pasaba todos los días junto a ella y no había reparado en su existencia, hasta ese momento. Entré y sentí una paz y un silencio interior como no conocía. Recé alguna cosa, “porque es lo que se hace en una capilla”, y me fui a rehabilitación dándole a los aros de mi silla de ruedas. La visita a la capilla se hizo, desde entonces, cotidiana.

Un mes después, ya en casa de mis padres, seguía con mi rutina de rehabilitación diaria en el hospital de Coslada. Pasados tres o cuatro meses, cuando ya me manejaba con las muletas, comencé a frecuentar la basílica de San Francisco el Grande porque mi hermana era miembro de la Jufra (Juventud Franciscana). Fui allí porque quería más de aquello que recibía en la capilla del hospital, pero no quería que nadie forzara mi ritmo ni me hiciera dar pasos hacia ningún lugar y por eso mantenía las distancias, claras y firmes.

Los franciscanos seglares me acogieron con afecto y gratuidad, respetando siempre mis reticencias y excusas para no dar más de un paso cada vez y no darlo hasta que yo quisiera. Eso relajó mis barreras. Lo definitivo no fue conocer a San Francisco de Asís sino a Dios a través de los ojos de San Francisco. Ese descubrimiento me fascinó, me sedujo e hizo que ya no marcara yo el ritmo de mi caminar sino Alguien otro que me hacía ver con tanta claridad lo que tenía que hacer en cada momento que nunca me planteé hacer cosa alguna más que lo que me era sugerido en la conciencia y en el corazón.

Tras poco más de un año de frenética carrera, habiendo descubierto la vivencia de la Eucaristía, su natural consecuencia en la pertenencia agradecida a mi fraternidad seglar franciscana y en la atención a pobres y enfermos de un par de hospitales de los que me hice visitador, tras descubrir la necesidad de oración y discernimiento en todo ello, sentí un fuerte deseo indefinido, un deseo nuevo no de hacer más sino de ser otra cosa. Orar, preguntarme, sorprenderme con la respuesta que discernía… y en un mes tomé la decisión de entrar en la fraternidad franciscana de los Frailes Menores, así, sin previo aviso, sin más dilación. Mi sorpresa era tan grande como mi entusiasmo. En mi entorno familiar y de amistad compartían mi sorpresa pero no mi entusiasmo, pero la decisión estaba tomada porque no podía yo pensar que fuera posible hacer otra cosa que dar ese nuevo paso.

Veinte años después sigo viviéndolo todo como entonces: con oración, discernimiento, sorpresa, entusiasmo y con una gran claridad a la hora de tratar de llevar a la vida el fruto de todo ello. No siempre es fácil, a menudo no llego, frecuentemente esa claridad y pasión son una fuente de problemas y desencuentros, pero yo no puedo dejar de intentar vivir así porque no concibo otra forma de vivir la fe que desde el constante intento de poner por obra lo que se atisba como voluntad de Dios. Esa es mi paz y mi felicidad, y no necesito otra.

Canción: Servidores sed.
Autor: Agustín Sánchez




09 marzo 2017

IN SANCTITATE VIVIT - "No soy más que un modesto instrumento de la Providencia..." (3ª y última parte)

Hoy concluimos la vida del venerable Marcello Candia.

Una lógica diferente

En su calidad de industrial, Marcello tiene la costumbre de llevar y de hacer que se lleve una contabilidad rigurosa, pero en las obras de Dios hay que ir, a veces, más lejos: "Poco a poco -dirá-, me di cuenta de que, cuando se trataba de Dios, había que aplicar una lógica diferente. Las cuentas salen enseguida, pues los enfermos que pueden pagar sus cuidados son aproximadamente uno de cada diez, y aquellos que están asegurados en una mutua suponen el 40%. Los demás no pueden aportar nada más que a sí mismos para ser curados. De ese modo aprendí que un hospital para los pobres, para funcionar bien, debía tener siempre déficit.. Os resultará difícil comprender lo que supuso para mí entrar en esa lógica... Y cuando se agotaron mis fondos, empezaron a llegar las aportaciones de mis amigos, de los obreros de las fábricas que me pertenecieron, etc.". Y constata igualmente otra maravilla: la transformación de algunas personas de Macapá, que se muestran dispuestas a ayudarle y hallan de ese modo dignidad y fe.

Un modesto instrumento

A pesar de la numerosa oposición que encuentra, Marcello es alabado y aplaudido ya en vida. En 1975, un periódico brasileño de gran difusión le dedica un largo artículo titulado "El mejor hombre de Brasil". Ante tales cumplidos, él responde: "Para mí, no soy nadie; no soy más que un modesto instrumento de la Providencia... No soy yo quien ha dado algo, sino que son los pobres quienes me dan... Quien ha recibido mucho de la vida, debe dar mucho". Ese mismo año, en consideración a lo que le había dicho el cardenal Montini, Marcello decide confiar la obra a los Religiosos Hospitalarios Camilianos. Al respecto afirmará: "No es cristiano buscarse a sí mismo en una obra, sino que hay que realizarse en Dios... Doy gracias al Señor por haber podido empezar la obra con los medios que me dio, pero después tenía que considerarme inútil. Era también necesario que quienes han venido después de mí pudieran contribuir con su iniciativa... Así pues, me he retirado, y ahora me contento con buscar dinero para que puedan continuar la tarea".

La causa de los leprosos siempre conmovió su corazón. A partir de 1967, organizó para ellos la
leprosería de Marituba, perdida en la selva virgen a 400 km al sur de Macapá. Hasta entonces, esos enfermos estaban recluidos en un perímetro prohibido a los no leprosos. La colonia estaba formada por un millar de enfermos que sobrevivían en unas condiciones más que miserables, donde la solidaridad y la higiene eran desconocidas. Cuando visita por primera vez esos lugares, gracias a un permiso especial, Marcello comprende que lo primero es inyectar la esperanza en el corazón de aquellos marginados, implantando entre ellos una comunidad de personas consagradas, con un sacerdote. Marcello establece entonces un centro urbano con casas individuales, agua corriente, drenaje mediante alcantarillas, dispensario, centro social gestionado por los propios enfermos, etc. También se fundan otras leproserías y centros de oración en otras localidades (dos de ellos carmelitas, donde gusta acudir a rezar cada día..). En 1980, el Papa Juan Pablo II visitará sus obras, que le causarán gran impresión y le llevarán a erigir la fundación "Doctor Marcello Candia". Es una gran alegría para todos los colaboradores de Marcello, pero éste lamenta que hayan puesto su nombre a la Fundación.

En 1983, regresa a Milán gravemente enfermo. Desde 1967, ha padecido cuatro crisis cardíacas, pero lo vence un cáncer de piel con metástasis en el hígado, falleciendo el 31 de agosto. El 9 de julio de 2014, el Papa Francisco reconoció la heroicidad de sus virtudes, concediéndole por ello el título de "venerable". Su proceso de beatificación está en curso.


Preciosa vida, gran ejemplo para todos nosotros de cómo vivir la santidad en lo sencillo de cada día. ¡Ojalá el Señor tenga a bien agregarle pronto al número de sus santos!

Que el venerable Marcello Candia nos conceda la Gracia de seguir a Cristo consagrándonos a aliviar a aquellos y aquellas que sufren, teniendo siempre presente que "la primera pobreza de los pueblos es no conocer a Cristo" (Madre Teresa de Calcuta)

Más información: http://www.fondazionecandia.org/ y http://www.clairval.com/index.es.html


07 marzo 2017

IN SANCTITATE VIVIT - "No soy más que un modesto instrumento de la Providencia..." (2ª parte)

Seguimos con la vida de Marcello Candia:

"¡Ven!" y "¡ve!"

En 1950, a sus treinta y cuatro años de edad, Marcello hereda la empresa de su padre. Poco a poco madura en él la idea de abandonarlo todo para convertirse en misionero laico a tiempo completo. Sin embargo, para realizarla deberá esperar al año 1961, pues su presencia en las fábricas es útil, incluso necesaria, con motivo de la difícil situación de los obreros durante el período de la postguerra. Además, su director espiritual se opone a dicho proyecto.

En 1955, la explosión accidental de un depósito de 60.000 litros de ácido carbónico en estado líquido mata a dos personas y destruye una fábrica que acaba de ser completamente renovada. Marcello ve en ese accidente un obstáculo para emprender su proyecto de abandonarlo todo. Ayuda de su bolsillo a las dos familias de las víctimas y asume la reconstrucción y las entregas, a fin de que ningún obrero o cliente se vea perjudicado por el desastre. No obstante, se interesa especialmente por los pobres de Brasil, tras conocer al padre Alberto Beretta, capuchino, hermano de Santa Gianna Beretta Molla, que se preparaba para partir hacia Brasil. En 1957, Marcello realiza su primera visita a Macapá, al norte del delta del Amazonas. Esa pequeña ciudad cuenta entonces con 18.000 habitantes, parte de los cuales viven en la miseria, sin ninguna asistencia material ni espiritual. Con el obispo de la diócesis, Monseñor Aristide Pirovano, de las Misiones Extranjeras de Milán, estudia los problemas locales. Manda construir una hermosa iglesia para la parroquia de San Benito, y luego le llega la inspiración para edificar un vasto hospital, desproporcionado con respecto a la talla de la ciudad en aquel momento. El futuro le dará la razón, pues la población supera en la actualidad los 436.000 habitantes (2015). El centro, previsto para 150 camas, incluirá también una leprosería.

¡Vende cuanto tienes!

Marcello comienza las obras en 1961, con el dinero procedente de la venta de las fábricas heredadas de su padre. Es su deseo que el hospital sea dedicado a los santos Camilo y Luis, para honrar la memoria de sus padres. En aquella época, Monseñor Pirovano es reclamado a Milán para tomar las riendas de su Instituto misionero. En 1965, al día siguiente de una audiencia privada que les ha concedido el beato Pablo VI, el prelado entrega a Marcello la cruz de misionero. En junio de ese mismo año, Marcello Candia se instala en Macapá. Después de haber ejercido durante varios años el cargo de director de fábricas, en una época de gran prosperidad económica, está próximo a la cincuentena. Su cambio de vida es radical: de una vida cómoda, pasa a una vida pobre en medio de los pobres. En un auténtico proceso de fe, lo abandona todo por Dios y responde a los que le ponen objeciones que "no solamente hay que dar a los pobres ayuda económica. Debemos compartir su vida en la medida de lo posible. Me resulta demasiado fácil permanecer aquí en medio de una vida apacible y confortable, y luego decir que envío allá lo superfluo. Soy llamado a vivir con ellos".

No obstante, Marcello se expone a incomprensiones y contradicciones en los propios ambientes misioneros, lo que le afecta grandemente. "¿Para qué construir un hospital tan grande en ese lugar -se preguntan algunos-, si con el mismo gasto se habría podido establecer una decena de centros de asistencia sanitaria? ¿Sabrá realmente perseverar ese patrón milanés y quedarse -murmuran otros-, o bien, después de iniciar una obra colosal, se marchará dejando la obra inacabada?". En ausencia de Monseñor Pirovano, Marcello se siente aislado espiritualmente. La administración, influenciada por la desconfianza, le rechaza los permisos necesarios. Varios años después, cuando su perseverancia le consiga un mínimo de benevolencia, un funcionario dirá acerca de él: "Hace ya años que estudio a ese Candia y no consigo entenderlo. Debe de estar algo loco, aunque parece cuerdo". La locura de la Cruz siempre será un misterio para quienes carecen de la fe. Pero él no se da por vencido: "¡Dios quiere que haga algo de penitencia!" -confiesa. De hecho, el aprendizaje de la pobreza le cuesta muchos esfuerzos, pues debe aceptar las privaciones de comodidad, el alimento de los pobres o la promiscuidad con gente inculta en locales miserables. Uno de sus amigos italianos cuenta lo siguiente: "Candia era dinámico, seguro de sí mismo, acostumbrado a mandar y a hablar como patrón..., pero cada vez que regresaba de Amazonia lo encontraba cambiado. Se daba cuenta de que necesitaba la ayuda de los demás para llevar a cabo sus grandes proyectos, cosa a la que no estaba acostumbrado". Efectivamente, pues Marcello era testarudo por naturaleza, impaciente, perfeccionista, exigente en exceso y persuadido de tener siempre razón. Sin embargo, su espíritu misionero y su dedicación le ayudan a corregir poco a poco esos defectos.

No ser ya necesario


En 1967, sufre un infarto y su salud empieza a decaer. Sin embargo, tras recuperarse prosigue valerosamente con su trabajo. En 1969, se inaugura el hospital de Macapá, que dispone en un principio de un servicio de pediatría y, algunos meses después, de un centro de investigación sobre las enfermedades tropicales, con especial atención a la lepra, así como de un centro social y otro de acogida. Marcello lo ha ideado todo, financiado casi solo y realizado contra viento y marea. No obstante, la intuición inicial se la debe al cardenal Montini: "Si funda un hospital en Brasil, hágalo realmente brasileño. Evite cualquier forma de paternalismo, no imponga sus ideas a los demás, incluso si es con las mejores intenciones. Haga el hospital no solamente para los brasileños sino con los brasileños, y propóngase como objetivo final no ser ya necesario. Cuando llegue el momento en que se sienta inútil porque el centro pueda funcionar sin usted, entonces podrá decirse que habrá realizado una verdadera obra de solidaridad humana".

Esas opiniones suponen para Marcello una gran dosis de paciencia, ya que, en ese país, la mayor parte del personal estable que emplea en el hospital siente inclinación por la apatía y la irresponsabilidad. El cardenal le había recomendado igualmente construir un hospital escuela, ya que, en los países donde hay misiones, es importante curar a los enfermos, pero es más importante aún enseñar seriamente cómo curarlos. Y había añadido: "Debe ser un centro que no rechace nunca a nadie". Marcello aplica con gran precisión esa recomendación, estableciendo que el personal del hospital no preguntará jamás a un paciente, en el momento de la admisión, si está en condiciones de asumir los gastos.

"En el mundo tendréis tribulación", nos previno Jesús (Juan 16, 33). En 1973, el gobierno federal convoca al generoso amigo de los pobres para que responda a la acusación de importación ilegal de medicamentos a Brasil. También debe vigilar incesantemente para que el hospital siga al servicio de los más menesterosos. Afortunadamente, su experiencia como jefe de empresa le ayuda mucho a gestionar con acierto los bienes; de hecho, no basta con ser generoso, sino que hay que actuar también de manera competente y prudente.


El próximo día terminanos...


05 marzo 2017

IN SANCTITATE VIVIT - "No soy más que un modesto instrumento de la Providencia..." (1ª parte)

El Papa Francisco nos invita, en su mensaje para la Cuaresma de este año 2017, a ver en el otro un don. Sobre todo en el otro pobre y necesitado.

Hoy quiero comenzar la NUEVA SECCIÓN "In sanctitate vivit", que recoge testimonios de personas que son ejemplos de fe, con el venerable Marcello Candia. Su vida ilustra muy bien las palabras del Papa en su mensaje: después de haber vivido en el seno de una familia acomodada de la alta burguesía milanesa, se comprometió como laico en las misiones y construyó, gracias a la venta de sus bienes, un hospital para los pobres en Brasil.

Seguiremos su apasionante vida a través de tres capítulos (extraídos de la Carta Espiritual de la Abadía de San José de Clairval, Francia)

Comenzamos...

VENERABLE MARCELLO CANDIA

Marcello Candia nace en 1916 en Portici (Campania, Itlaia), tercero de cinco hijos. Su padre, Camillo, es industrial y ha fundado en Milán, y después en Nápoles, Pisa y Aquilea, una serie de fábricas de ácido carbónico. Si bien no practica la religión, ha conservado de su educación católica un sentido elevado de la rectitud, del respeto por las personas y de la justicia profesional y social. Es un entregado cabeza de familia y un dedicado jefe de empresa, con gran sentido del deber y de la responsabilidad. Se opone al fascismo desde sus inicios, confiando a sus hijos a escuelas privadas para que no les alcance la ideología totalitaria dominante.

Pasión por los pobres

Marcello aprende de su madre, Luigia Bice Mussato, los primeros rudimentos de la fe. Es una mujer culta y dotada de grandes cualidades humanas, que se consagra por entero a los suyos así como a los pobres mediante obras caritativas, en especial en la Sociedad de San Vicente de Paúl. Marcello acompaña con gusto a su madre, con quien visita a los pobres, pero pasando previamente por una iglesia para encontrar a Jesús en la Eucaristía. En su corazón se desarrolla una verdadera pasión por los desheredados y los que sufren, lo que representará la principal orientación de su vida. A partir de los doce años de edad, ayuda a los pobres capuchinos de la vía Piave de Roma a distribuir sopa a los pobres. Pero su madre fallece el 7 de febrero de 1933, a los 42 años de edad. Marcello tiene entonces diecisiete años, y su pena es tan profunda que cae enfermo. A partir de ese día, sufrirá frecuentes dolores de cabezas e insomnios.

La profunda devoción de Marcello impresiona a sus allegados, que le acusan de llevar una "doble vida", pues se muestra, por una parte, como un joven rico, elegante y seductor, alumno brillante y buen compañero, mientras que, por otra parte, todos constatan que se halla inmerso en un incesante diálogo con Dios. En 1939, Marcello obtiene el doctorado en química. A principios de la Segunda Guerra Mundial, ocupa por un tiempo un puesto de químico en una fábrica de explosivos, siendo luego desmovilizado. Prosigue entonces sus estudios, trabajando profesionalmente con su padre. En 1943, obtiene los doctorados en biología y en farmacia. Durante esos tiempos de guerra, participa en la resistencia contra el ocupante alemán, poniendo en riesgo varias veces su libertad e incluso su vida, y se compromete con los padres capuchinos en la ayuda a los judíos amenazados de deportación. Al final de la guerra, asiste a los deportados y prisioneros que regresan al país, Junto con tres amigos, organiza una acogida a la vez médica y humanitaria en las estaciones, además de mandar instalar en el parque del palacio Sormani, en gran parte asumiendo él los gastos, refugios provisionales prefabricados. En una ocasión, un capellán capitán autoritario anuncia: "La Misa va a empezar; quienes no vengan, no tendrán comida". Marcello se apodera del micrófono y rectifica: "¡No, todos tendrán comida!".

Con objeto de poder dedicar todo su tiempo a aliviar los sufrimientos de los demás, Marcello renuncia a casarse. Con Elda Scarsella Marzocchi, funda el "Pueblo de la madre y el niño" para asistir a las madres solteras en dificultades. Al principio, esconde esta iniciativa a su padre, sabiendo que no se mostrará favorable a ella, pero éste será consciente, después, de todo el bien realizado por su hijo y lo aprobará. El señor Candia es exigente, pero respeta las decisiones de su hijo; aunque considera que su vida devota y su apego a la Misa diaria son exagerados, no pone objeción alguna. Sin embargo, el director espiritual de Marcello se muestra desfavorable a la colaboración con Elda Marzocchi, pues el ambiente de una casa de madres solteras no conviene a un joven que ha elegido el celibato para el Reino de Dios.

Por ese motivo, y por obediencia, Marcello pone fin a ese compromiso y se lanza a ayudar a las misiones, primeramente mediante el envío de medicamentos a países pobres y fundando la revista titulada La Misión. Junto a Monseñor J. B. Montini, el futuro Papa Pablo VI, por entonces arzobispo de Milán, funda un colegio para los estudiantes procedentes de ultramar. En efecto, los obispos de los países de misión comienzan a enviar a Italia sacerdotes para completar su formación sacerdotal, y el destino de esos estudiantes es convertirse en profesores en los seminarios de África, Asia y América Latina. Con frecuencia, el primer contacto se establece directamente entre el obispo del país y Marcello para concertar el alojamiento, conseguir una beca de estudios, etc. El joven participa igualmente en la fundación de varias obras y asociaciones en favor de las misiones.


El próximo día continuamos...


28 febrero 2017

TESTIMONIO - A Jesús por María

Hoy compartimos el precioso testimonio de una amiga que prefiere permanecer en el anonimato. Los que la conocemos sabemos que su vida es para la Gloria de Dios y este testimonio, con su sencillez y humildad, nos habla de la presencia del Señor en su corazón.

A JESÚS POR MARÍA

Este título puede sonar muy típico, pero en la historia que os voy a contar no hay mejor frase que lo pueda resumir.

Nací en una familia en la que mis abuelos eran muy católicos, pero mis padres ya no. Gracias a Dios, me crié con mi abuela, la cual me transmitió su amor a la Virgen, sobre todo a la de nuestra parroquia, la Virgen Dolorosa.

Yo era muy feliz, aunque los niños en el cole se metían mucho conmigo y la familia vivía una gran época de crisis. Pero sólo me duró hasta los 11 años, cuando mi abuela murió.

A partir de ese momento sólo tardé 6 años en desechar cualquier contacto con la fe católica, sucumbí al ambiente anticristiano de mi alrededor y con ello mi ser cambió. Me volví una chica triste, insegura, depresiva, victimista, perfeccionista, popular... Pero mi familia no le daba mayor importancia: la etapa adolescente ya se la pasará.

Pero no fue así, al empezar la carrera mi estado se fue acentuando más y más. Sin embargo, todos los años en Semana Santa acudía puntualmente a acompañar en procesión a la Virgen Dolorosa porque durante lo que duraba esa procesión me sentía la persona más amada del universo.

Terminé la carrera, en época de crisis, por lo que no encontraba trabajo y mi soberbia se fue convirtiendo en desesperación al no poder convertirme en una gran profesional con un gran sueldo (lo que nos prometían en la carrera) y la soledad me inundó.

Pero un día una amiga me invitó a ir a Fátima y, como yo me creía tan liberal, la dije: "¿por qué no?. Viaje barato". Y fue allí donde la Virgen me alcanzó: al pasar a mi lado durante la procesión (a la cual había pasado de participar) me inundó una Paz Interior indescriptible. Y desde ese instante supe que lo único que quería en mi vida era esa felicidad que todas las personas de la peregrinación irradiaban.

Se puede decir que comencé a dar mis primeros pasos en la fe, pero no conocía a Jesús. En realidad me daba miedo por todos los prejuicios que tenía sobre Él. Fueron dos años y medio de lucha intensa y constante conmigo misma de rechazar todas las cosas que me hacían daño, todos aquellos ideales que te vende el mundo para ser "la mujer 10".

Volví a Fátima y al terminar la peregrinación, en la última eucaristía, conocí al Señor. Empecé a llorar como la hija pródiga que vuelve a casa y lo único que quería era adorarle, ¡y ni siquiera sabía qué era eso!

Desde entonces mi único objetivo es buscar la voluntad de Dios en mi vida (mi camino no es la vida religiosa) y os puedo asegurar que merece mucho la pena, es cuando encuentras el tesoro y vendes absolutamente TODO para quedarte con Él. Las cruces y problemas en mi vida no han desaparecido, pero a través de ellas mi amor a Jesús aumenta, y la felicidad y la paz interior nunca han desaparecido.

Permite que Jesús entre en tu vida, que sea Él tu único Maestro. Y si no sabes cómo, pídele ayuda a nuestra Madre.


Canción: No temas
Autor: Jaime Olguín
https://youtu.be/5NsZD3SjlA0?list=PLIquW9Q_oS0AO0zgv5MK2_C1q_4mSB_Dd




23 febrero 2017

HISTORIAS PARA REFLEXIONAR - No es peso si hay amor

HISTORIAS PARA REFLEXIONAR: pequeños textos que he ido encontrando en distintos sitios. A todos creo yo que se les puede sacar una moraleja o una reflexión sencilla para la vida cotidiana. Si os surge una, os animo a dejarla en los comentarios de abajo, para que todos nos podamos enriquecer con ellas :-)

NO ES PESO SI HAY AMOR

Un arqueólogo fue al Himalaya de peregrinación. Por aquel entonces, los templos antiguos situados a gran altura eran muy complicados de alcanzar y mucha gente simplemente ya no volvía. Se llegaba a través de pequeños senderos al borde de precipicios extraordinariamente profundos, con nieves perpetuas. Tan sólo un pequeño resbalón y todo habría acabado. Ahora los caminos están en mejores condiciones, pero en el tiempo del que hablamos eran muy difíciles.

El arqueólogo iba cansado, aun llevando muy poco equipaje (porque llevar mucho equipaje a esas alturas se hace imposible). Además, según se asciende, se hace más difícil respirar. Delante de él, vio a una niña que no tendría más de diez años, cargando a un niño, muy gordito, sobre sus hombros. Ella iba sudando, respirando pesadamente, y cuando el hombre pasó a su lado le dijo: Niña, debes de estar muy cansada, Llevas mucho peso sobre ti,

La niña le respondió: Usted es quien lleva peso, esto no es un peso, esto es mi hermanito.

Canción: Amar
Autor: Luis Alfredo Díaz (basada en un texto de Sta. Teresita del Niño Jesús)
https://youtu.be/EmJEdchAT3I?list=PLIquW9Q_oS0AO0zgv5MK2_C1q_4mSB_Dd





13 febrero 2017

TESTIMONIO - Ser músico para Dios

Hoy compartimos el testimonio de un amigo que prefiere permanecer en el anonimato. Nos conocimos en el marco de los ensayos del coro y orquesta que sirvieron al Señor con el don de la música durante la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) de Madrid en el año 2011.

El Señor tiene para cada uno distintos caminos en los que poder servirle y servir a los demás hombres, nuestros hermanos. Y la música es uno de los más hermosos, un regalo enorme del Señor.

SER MÚSICO PARA DIOS

A veces, de forma inesperada, Dios te regala una experiencia de tremenda paz. Viviendo esa experiencia tienes una fuerte impresión de que estás haciendo lo que tienes que hacer y eso te llena de alegría. Eso mismo me ocurrió tocando en la Orquesta de la JMJ durante los actos centrales de aquel agosto de 2011 en Madrid.

Desde pequeño he recibido formación religiosa y mi familia ha sido siempre una familia de fe. A los 10 años empecé a compaginar los estudios de música con el colegio (más tarde el instituto). Pero a mí lo que siempre se me dieron bien fueron las matemáticas y la física, por lo que a los 18 años decidí estudiar ingeniería.

Durante los duros años de ingeniería algo en mi interior me invitaba a seguir tocando, a no dejarlo a pesar de la dificultad de las materias. Así, pude hacer mis primeros "pinitos" tocando el violín en el coro del Colegio Mayor. Fue a partir de cuarto de carrera cuando más disfruté tocando en una orquesta sinfónica de Madrid.

Cuando salió la convocatoria de plazas para la orquesta de la JMJ no lo dudé un instante y Dios quiso que me aceptaran.

Esa PAZ de la que hablaba suele ir acompañada de mucho esfuerzo, pues los ensayos previos fueron cuantiosos e intensos, y las actuaciones durante los actos centrales calurosas y a veces parecían interminables.

Desde entonces busco poder tocar para Él, intentar ayudar a rezar a los demás y sentir esa "autopista" que se abre entre el cielo y la tierra cuando hay bella música de por medio.

La música eleva, la música relaja e interroga, la música puede sacar lo mejor de nosotros y nos sitúa ante el Creador como pequeños, como hijos, como seres muy queridos por Él. Dios gracias a Dios por haberme mostrado este camino en el que quiero seguir haciendo el bien.


Canción: Gloria (JMJ 2011)
https://youtu.be/Jqgu19u6og0?list=PLIquW9Q_oS0AO0zgv5MK2_C1q_4mSB_Dd







06 febrero 2017

TESTIMONIO - Historia de una bufanda

Hoy compartimos un testimonio que une dos países en distintos lados "del charco": el nuestro y México, porque la Misericordia de Dios no conoce fronteras. Y la oración tampoco.

HISTORIA DE UNA BUFANDA

Siendo el 24 de agosto del año 2014, en la parroquia Ntra. Sra. de la Encarnación, en el pueblo de Náquera (Valencia), algunas personas acudieron a dicha iglesia para participar en el bautismo de una niña milagro. Su padre mejicano y su madre española, ambos muy creyentes, habían estado pidiendo a Dios, durante seis años, el regalo de un hijo o hija, que en este caso ha sido una hermosa niña nacida el 6 de julio del mismo año. Dios, escuchando los ruegos y atendiendo a los sacrificios de estos esposos, les concedió el encargo de ser los padres de Gianna.

Poco antes del bautismo, dentro de la Iglesia, a los pies del sagrario, la tía de Gianna que había venido expresamente desde México para ser testigo de tan divina celebración, encontró al padrino de la niña, que es un Misionero Claretiano (sacerdote), orando de rodillas al buen Dios para que su ahijada, así como sus padres, creciera como testigo del infinito amor que Él había derramado en todas sus creaturas.

La oración de dicho sacerdote se prolongó por unos minutos, y fue el tiempo suficiente en el que la tía de Gianna, que llevaba una temporada un poco revuelta interiormente y casi que enfadada con Dios, al observarlo, experimentara un vuelco en el corazón reconociendo que el Señor escucha a los que se fían de su misericordia (“de la abundancia del corazón, hablan los labios” - Lc 6, 45). Aquella imagen le tocó de un modo inesperado su existencia y mucho de lo que deambulaba en su interior se volvió a resituar a los pies del Señor, que en breve le diría a su sobrina que por el bautismo empezaría a ser reconocida como su hija amada, en quien se llena de gozo (Cf. Mt 3, 17)

A raíz de aquella escena, inesperada, y en la que no hubo palabras, sólo Dios hecho visible en su ministro, Maripy empezó a amar mucho más a todos los sacerdotes, así que puso a pensar en la manera de agradecer y cuidar a quienes han sido llamados para dicha tarea: acercar a todos los hombres y mujeres al amor del Buen Padre Dios.

Lo primero que se le ocurrió fue orar, orar sin desfallecer, para que ningún sacerdote se pierda o se sienta solo. Orar por el sacerdote que sin decir palabra le había hablado al corazón en nombre de Dios. Desde aquel momento, la oración se ha convertido en una constante muy importante en su vida y esto la ha ayudado a vivir de un modo nuevo con su familia (con un esposo y dos hijos, también milagros de Dios)

Lo segundo a lo que estuvo dándole vueltas en su mente y en su corazón fue el intentar materializar tanto el amor como la oración, así que se puso manos a la obra y empezó a aprender a tejer una bufanda. Una prenda de vestir muy común y necesaria durante las temporadas de frío. Lo que no tiene nada de común es que en cada puntada Maripy ha rezado un Ave María por el sacerdote que portará dicha prenda de vestir (¿cuántas puntadas puede haber en una bufanda?). Al juntar tantas puntadas y tantas plegarias a la Madre del Cielo, el resultado viene siendo una bufanda que abriga al sacerdote y lo protege de los ataques del enemigo.

Aquella bufanda ha dejado de ser una prenda común de vestir y se ha convertido en una hermosa expresión de entrega y amor por los ministros de Dios. Sí, he dicho bien, “por los ministros de Dios”, pues desde aquel día ya ha tejido tantas bufandas que muchos sacerdotes han dejado de tener frío, y la confianza en la oración los está fortaleciendo en todo momento.

¿Quién se iba a imaginar que una sencilla oración de rodillas, delante del sagrario, se iba a convertir en tanto amor hecho visible acompañando y protegiendo a un pequeño hombrecillo, padrino de una niña milagro? (su historia hay que escuchársela a sus padres) Así es, una sencilla oración se ha convertido en la multiplicación de oraciones por tantos y tantos sacerdotes necesitados del amor y la protección del pueblo al que han sido consagrados, por amor al Amado.

Gracias Padre, por acoger la oración de tu pueblo.
Gracias Señor Jesús, por traer armonía y paz a los corazones inquietos.
Gracias Espíritu Santo, por hacernos entrar en comunión de hermanos.
¡Bendito seas por siempre Señor!
Gracias Santísima Virgen María, por no desamparar a tus hijos predilectos.

Por cierto, seguramente se preguntarán qué relevancia tiene la fecha del 24 de agosto, memoria de San Bartolomé, Apóstol. Es muy sencillo. El día del segundo nacimiento de Gianna, por el bautismo, también se ha convertido en un día para ser recordado como signo de un nuevo nacimiento para Maripy y para el P. Abel. Pues sólo en el encuentro con el Maestro reencontramos el sentido de nuestra vida:

En aquel tiempo, Felipe encuentra a Natanael y le dice: «Aquel de quien escribieron Moisés en la Ley y los profetas, lo hemos encontrado: Jesús, hijo de José, de Nazaret.» 
Natanael le replicó: «¿De Nazaret puede salir algo bueno?» 
Felipe le contestó: «Ven y verás.» 
Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: «Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño.» 
Natanael le contesta: «¿De qué me conoces?» 
Jesús le responde: «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.» 
Natanael respondió: «Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel.» 
Jesús le contestó: «¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has ver cosas mayores.» Y le añadió: «Yo os aseguro: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.» (Jn 1, 45-51)

¡Todo para la gloria de Dios!

Canción: Junto a la cruz
Autor: P. Gonzalo Mazarrasa (intérprete: Ana Moya)

31 enero 2017

TESTIMONIO - A sus pies hay paz...

Cuando dejamos un mínimo huequito al Señor en nuestro corazón, Él se cuela y nos llena de todo aquello que verdaderamente necesitamos. Esta ha sido (y es) la experiencia de mi amiga Idoia Azpilikueta que hoy os comparto.

A SUS PIES HAY PAZ...

Siempre en casa nos han inculcado una religión Católica y Cristiana. No es que se viviera una fe tremenda, pero mi madre ha sido catequista durante muchísimos años y los Domingos íbamos a Misa. Me bautizaron, igual que a mis hermanos, hicimos la Primera Comunión, y de ahí en adelante nada más. 

Allá por las navidades de 1985 llamó una persona a casa, y nos dijo a mi hermana y a mí que habría una acampada de Navidad en un pueblo cercano al nuestro. Que habría muchos jóvenes, guitarras, buen ambiente, que sería un fin de semana justo antes de Reyes, y que estábamos invitadas. Que además de la ropa y del saco de dormir, deberíamos de llevar una biblia. Mi hermana enseguida dijo que ella no iba, yo en cambio dije que sí, aún sin tener muy claro a dónde iba, pero dije que SI. Ese fue mi primer SI al SEÑOR sin darme cuenta de ello.

Recuerdo que fuimos 6 chicas de diferentes edades, pero del mismo pueblo, y aunque sea de vernos en la calle nos conocíamos. En el autobús, comenzamos a hablar y nadie sabía a dónde iba, pero todas nos imaginábamos sobre qué iría la acampada, o al menos que tenía algo que ver con la Iglesia puesto que llevábamos una biblia, todas excepto una que se quedó con que habría guitarras. Pensó que iba a un concierto de rock.

Pasó ese fin de semana y la verdad es que el Señor sabe muy bien por dónde agarrarnos, y así lo hizo,…. nos encandiló y nos enamoró a base de canciones. Aún recuerdo muy bien la primera canción que el Señor puso en mi boca. “JESÚS ES, JESÚS ES SEÑOR, ALELUYA, ALELUYA, GLORIA A DIOS, GLORIA A DIOS”, palabras sencillas, pero que calaron profundamente en mí.

Después de aquella acampada, con la excusa de no olvidar las canciones comenzamos a juntarnos una vez a la semana. Quedábamos en un local que nos dejaron las monjas Clarisas de nuestro pueblo y grabábamos las canciones para no olvidarlas. Yo creo que el Señor ya estaba abriendo camino en nuestros corazones a base de la música, porque no hacíamos mucho más, cantar y grabar canciones. Rezábamos el Padre Nuestro y poco más.

Con el tiempo decidimos que aquellas reuniones no podían seguir siendo sólo para grabar canciones, así que con ayuda al principio de la madre superiora de las Clarisas y más tarde por nuestra propia iniciativa, comenzamos a introducir oraciones, algunas escritas y otras espontáneas, porque nos daba mucha vergüenza hablar en alto, así que al principio las llevábamos escritas y las leíamos.

Aquello que comenzó las navidades del 85, lleva funcionando como grupo de oración de la Renovación Carismática juntándose cada martes en el mismo local que nos cedieron hace 32 años, y de las 6 jóvenes que comenzamos somos 4 las que seguimos, así que pienso que el Señor hizo una buena obra regalándonos aquellas canciones.

El grupo ha tenido altibajos y cada uno de los que estamos también. La vida personal de cada uno es distinta aunque el amor del Señor nos una a todos por igual y yo soy una de esas personas que ha sufrido altibajos.

El grupo comenzó a ser más profundo, venía gente de fuera, algunos se quedaban, otros se marchaban, otras nos manteníamos… y conocí al que luego sería mi marido y padre de mis hijos en el grupo de oración. "¡Qué bueno!", pensaréis, los dos en el mismo camino, y así fue al principio. Llegaron los hijos y nos turnábamos para ir al grupo, pero poco a poco mi marido se fue apartando de Dios, del Señor, o eso pensaba yo al menos, porque ponía excusas para no ir al grupo.

Pasó el tiempo y mi vida cambió por completo de la mañana a la noche. Cuando llegué a casa me enteré que en mi matrimonio había una tercera persona y no era el SEÑOR. Mi vida se derrumbó y junto con la mía la de mis hijos. El tiempo quiso que mi matrimonio que hasta entonces había sido perfecto, o al menos sin ningún problema, terminara en un divorcio y con mi divorcio llegó mi enfado con el SEÑOR. Llegué a juzgarlo, a no querer saber nada de El ni de nadie de mi alrededor. Me ofrecían ayuda y yo no la aceptaba, los hermanos del grupo se ofrecían a orar por mí, y yo no les abría la puerta de mi corazón, ni a ellos ni a ese “Señor” que hacía más de 20 años se había ganado mi corazón. Para mí todo era negro, negativo, y nada ni nadie podía sacarme de aquel agujero porque mi corazón estaba cerrado con un gran candado, hasta que caí en una depresión. Había tocado fondo y ya nada me importaba, pero el Señor nunca te abandona y quiso que mi hija y mi hermana fueran mi mano derecha en aquellos momentos. Se valió de ellas para que poco a poco pudiera ir flotando.

Tiempo después me animé a ir a una eucaristía que celebraban como fin de un retiro y cuando llegué me acogieron como si nunca me hubiera marchado del grupo. En el abrazo de una hermana en concreto sentí el abrazo del Señor, sentí que nunca me había abandonado y poco a poco comencé a ir nuevamente al grupo. Al principio me costó un poco, pero poco a poco iba entrando nuevamente en oración, iba agradeciendo al Señor no haberme soltado nunca de su mano durante todo este tiempo. Aunque yo le negara cada minuto de mi vida, el Señor no había roto el cordón que nos unía.

Han ido pasando los años y el Señor me ha ido regalando muchas cosas, pero sentía que a cambio me pedía algo, y no sabía qué. Si tenía algún problema, se lo presentaba al Señor y al poco tiempo todo se solucionaba; si había algún dolor lo presentaba y el dolor desaparecía, y yo se lo agradecía, pero en mi corazón seguía sintiendo que el Señor quería algo más de mí.

Estas navidades, una hermana del grupo me dijo que teníamos que ir a la acampada de jóvenes de Navidad, a aquella que fuimos por primera vez en el año 1985, y mi primera reacción fue: “No puedo, tengo oculista”. A la mañana siguiente pasé por delante de la consulta y pensé: “¿Y si pudiera cambiar de fecha?”, así que entré y me dijeron: “No hay ningún problema, puedes elegir día y hora”. Así que cambié la cita médica, y llamé a la hermana del grupo y le dije: “Apúntame, voy”.

Volver a reencontrarte con gente que conociste en aquella acampada fue algo que no se puede explicar… y recordar aquella acampada fue el regalo más grande que he recibido estas navidades.

Sentí que el Señor me hablaba y me pedía eso que yo durante todo este tiempo no he sabido qué era. Me pedía que diera el paso de confesarme. Sí…el Señor quería que me confesase, porque desde que me divorcié no me había confesado más. El Señor quería enseñarme que cada vez que un hermano venía a ayudarme y yo le decía que NO, le estaba negando a El también; que cada vez que me regalaba una oración le decía NO, pero a pesar de todo eso El seguiría insistiendo regalándome cosas a cambio de CONFESARME. Así que, después de 8 años, en esta acampada de Navidad he vuelto a confesarme.

El Señor me dijo en el momento de la absolución por medio del Sacerdote que nunca se ha alejado de mí, que ha estado esperando a que depositara todo a sus pies para que siga iluminando mi vida, mi nueva vida y en una nueva dirección.

Hacía tiempo que me regaló una canción preciosa y estas Navidades he sentido muy dentro de mi corazón que si nos abandonamos a los pies del Señor, tendremos todo lo que verdaderamente necesitamos. Una confesión ha bastado para todo esto. Os escribo la letra de la canción que el Señor quiso regalarme en el momento adecuado:

Cuando el mundo te inunda de fatalidad
y te agobia la vida con su mucho afán.
Y se llena tu alma de preocupación
y se seca la fuente de tu corazón.
Cuando quieres huir porque no puedes más,
porque solo te sientes entre los demás,
y no hay más en tus ojos: brillo y emoción,
y se cierra tu boca porque no hay canción.

Puedes sentarte a sus pies y de sus manos beber 
la plenitud que tu alma necesita.

Puedes sentarte a sus pies y cada día tener
una nueva canción y nueva vida...

A sus pies hay Paz, Gracia y Bendición,

a sus pies tendrás Luz y Dirección.
La plenitud en Él nunca se agotará,
puedes descansar en su presencia....

Canción: A sus pies
Autor: Jesús Adrián Romero


29 enero 2017

Experiencia de fe versus sacramentalidad

Aprovechando la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, acudí a una oración ecuménica.

Tengo que reconocer que confío plenamente en el discernimiento de la Iglesia Católica sobre el camino emprendido y me congratulo al saber que se ha recorrido más en los últimos años que en 500 de historia.

Y también tengo que reconocer que cuanto más conozco de otras iglesias cristianas, más me enamora mi Madre Iglesia y Jesucristo en ella.

En esa oración predicó un pastor de la Reforma y escuché algunas cosas que me revolvieron profundamente. Pero no porque él las dijera, sino por lo que implicaban. Me voy a centrar en una.

El pastor comenzó su charla afirmando categóricamente que los cristianos reformados viven verdaderas experiencias de fe, frente a los católicos cuya relación con Cristo es meramente sacramental. Y me dolió, mucho, escuchar eso.

Lo primero, porque veo que los católicos hacemos esfuerzos por conocer, comprender y acercarnos a los hermanos separados, en su historia y en su realidad, pero no veo que todos los pastores reformados hagan un esfuerzo semejante. Se quedan con los "típicos tópicos" de toda la vida y nos "etiquetan" sin profundizar más allá. Y en este caso, aunque afirmó varias veces que ellos no son proselitistas y los católicos sí, prácticamente toda la charla se basó en las bondades de su iglesia y su buen hacer. Que está fenomenal, de veras, pero yo fui a escuchar sobre la unidad, sobre lo que nos une y no sobre lo que nos separa o sobre lo que se nos juzga.

Lo segundo, porque si bien es cierto que muchos católicos aún viven una relación meramente sacramental con Dios, sin un proceso de conversión y de encuentro con Cristo profundo, no todos somos así. Y la Iglesia que viene (y que ya es presencia real) es más bien lo contrario. Y esto lo vivo en mis carnes y lo veo en las de multitud de personas que me rodean o que conozco. Y es lo que procuramos transmitir en el día a día.

Que aún nos quede (mucho o no, eso se lo dejo al Señor) no lo voy a negar. Pero que estamos en ello, tampoco. Y además, ¡qué porras!, los Sacramentos son una inmensa riqueza, un regalo hermoso de nuestro Dios que alimenta ese encuentro personal con Cristo, esa "experiencia de fe", y que nos configura cada día más con Él. Y me niego a sentirme avergonzada por vivirlos, por gozarlos, por enamorarme del Señor cada día más a través de ellos.

Sigamos orando por la unidad de la Iglesia (cfr. Juan 17, 21)


Canción: Tomad, comed
Intérprete: Hakuna Group Musica
https://youtu.be/xAmrzAu2szY?list=PLIquW9Q_oS0AO0zgv5MK2_C1q_4mSB_Dd