16 febrero 2015

Homilía del Papa en la creación de los nuevos cardenales

Hoy quiero compartiros la homilía del Papa del pasado Domingo día 15, en la Misa de creación de los nuevos cardenales. Creo que viene muy al pelo respecto a lo que escribí en mi último post :-)

HOMILÍA DEL SANTO PADRE FRANCISCO
Basílica Vaticana
Domingo 15 de febrero de 2015

«Señor, si quieres, puedes limpiarme…» Jesús, sintiendo lástima; extendió la mano y lo tocó diciendo: «Quiero: queda limpio» (cf.Mc 1,40-41). La compasión de Jesús. Ese padecer con que lo acercaba a cada persona que sufre. Jesús, se da completamente, se involucra en el dolor y la necesidad de la gente… simplemente, porque Él sabe y quiere padecer con, porque tiene un corazón que no se avergüenza de tener compasión.
«No podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en descampado» (Mc 1, 45). Esto significa que, además de curar al leproso, Jesús ha tomado sobre sí la marginación que la ley de Moisés imponía (cf. Lv 13,1-2. 45-46). Jesús no tiene miedo del riesgo que supone asumir el sufrimiento de otro, pero paga el precio con todas las consecuencias (cf. Is 53,4).
La compasión lleva a Jesús a actuar concretamente: a reintegrar al marginado. Y éstos son los tres conceptos claves que la Iglesia nos propone hoy en la liturgia de la palabra: la compasión de Jesús ante la marginación y su voluntad de integración.
Marginación: Moisés, tratando jurídicamente la cuestión de los leprosos, pide que sean alejados y marginados por la comunidad, mientras dure su mal, y los declara: «Impuros» (cf. Lv 13,1-2. 45.46).
Imaginad cuánto sufrimiento y cuánta vergüenza debía de sentir un leproso: físicamente, socialmente, psicológicamente y espiritualmente. No es sólo víctima de una enfermedad, sino que también se siente culpable, castigado por sus pecados. Es un muerto viviente, como «si su padre le hubiera escupido en la cara» (Nm 12,14).
Además, el leproso infunde miedo, desprecio, disgusto y por esto viene abandonado por los propios familiares, evitado por las otras personas, marginado por la sociedad, es más, la misma sociedad lo expulsa y lo fuerza a vivir en lugares alejados de los sanos, lo excluye. Y esto hasta el punto de que si un individuo sano se hubiese acercado a un leproso, habría sido severamente castigado y, muchas veces, tratado, a su vez, como un leproso.
Es verdad, la finalidad de esa norma era la de salvar a los sanos, proteger a los justos y, para salvaguardarlos de todo riesgo, marginar el peligro, tratando sin piedad al contagiado. De aquí, que el Sumo Sacerdote Caifás exclamase: «Conviene que uno muera por el pueblo, y que no perezca la nación entera» (Jn 11,50).
Integración: Jesús revoluciona y sacude fuertemente aquella mentalidad cerrada por el miedo y recluida en los prejuicios. Él, sin embargo, no deroga la Ley de Moisés, sino que la lleva a plenitud (cf. Mt 5, 17), declarando, por ejemplo, la ineficacia contraproducente de la ley del talión; declarando que Dios no se complace en la observancia del Sábado que desprecia al hombre y lo condena; o cuando ante la mujer pecadora, no la condena, sino que la salva de la intransigencia de aquellos que estaban ya preparados para lapidarla sin piedad, pretendiendo aplicar la Ley de Moisés. Jesús revoluciona también las conciencias en el Discurso de la montaña (cf. Mt 5) abriendo nuevos horizontes para la humanidad y revelando plenamente la lógica de Dios. La lógica del amor que no se basa en el miedo sino en la libertad, en la caridad, en el sano celo y en el deseo salvífico de Dios, Nuestro Salvador, «que quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad» (1Tm 2,4). «Misericordia quiero y no sacrificio» (Mt 12,7; Os 6,6).
Jesús, nuevo Moisés, ha querido curar al leproso, ha querido tocar, ha querido reintegrar en la comunidad, sin autolimitarse por los prejuicios; sin adecuarse a la mentalidad dominante de la gente; sin preocuparse para nada del contagio. Jesús responde a la súplica del leproso sin dilación y sin los consabidos aplazamientos para estudiar la situación y todas sus eventuales consecuencias. Para Jesús lo que cuenta, sobre todo, es alcanzar y salvar a los lejanos, curar las heridas de los enfermos, reintegrar a todos en la familia de Dios. Y eso escandaliza a algunos.
Y Jesús no tiene miedo de este tipo de escándalo. Él no piensa en las personas obtusas que se escandalizan incluso de una curación, que se escandalizan de cualquier apertura, a cualquier paso que no entre en sus esquemas mentales o espirituales, a cualquier caricia o ternura que no corresponda a su forma de pensar y a su pureza ritualista. Él ha querido integrar a los marginados, salvar a los que están fuera del campamento (cf. Jn 10).
Son dos lógicas de pensamiento y de fe: el miedo de perder a los salvados y el deseo de salvar a los perdidos. Hoy también nos encontramos en la encrucijada de estas dos lógicas: a veces, la de los doctores de la ley, o sea, alejarse del peligro apartándose de la persona contagiada, y la lógica de Dios que, con su misericordia, abraza y acoge reintegrando y transfigurando el mal en bien, la condena en salvación y la exclusión en anuncio.
Estas dos lógicas recorren toda la historia de la Iglesia: marginar y reintegrar. San Pablo, dando cumplimiento al mandamiento del Señor de llevar el anuncio del Evangelio hasta los extremos confines de la tierra (cf. Mt 28,19), escandalizó y encontró una fuerte resistencia y una gran hostilidad sobre todo de parte de aquellos que exigían una incondicional observancia de la Ley mosaica, incluso a los paganos convertidos. También san Pedro fue duramente criticado por la comunidad cuando entró en la casa de Cornelio, el centurión pagano (cf. Hch 10).
El camino de la Iglesia, desde el concilio de Jerusalén en adelante, es siempre el camino de Jesús, el de la misericordia y de la integración. Esto no quiere decir menospreciar los peligros o hacer entrar los lobos en el rebaño, sino acoger al hijo pródigo arrepentido; sanar con determinación y valor las heridas del pecado; actuar decididamente y no quedarse mirando de forma pasiva el sufrimiento del mundo. El camino de la Iglesia es el de no condenar a nadie para siempre y difundir la misericordia de Dios a todas las personas que la piden con corazón sincero; el camino de la Iglesia es precisamente el de salir del propio recinto para ir a buscar a los lejanos en las “periferias” esenciales de la existencia; es el de adoptar integralmente la lógica de Dios; el de seguir al Maestro que dice: «No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores» (Lc 5,31-32).
Curando al leproso, Jesús no hace ningún daño al que está sano, es más, lo libra del miedo; no lo expone a un peligro sino que le da un hermano; no desprecia la Ley sino que valora al hombre, para el cual Dios ha inspirado la Ley. En efecto, Jesús libra a los sanos de la tentación del «hermano mayor» (cf. Lc 15,11-32) y del peso de la envidia y de la murmuración de los trabajadores que han soportado el peso de la jornada y el calor (cf. Mt 20,1-16).
En consecuencia: la caridad no puede ser neutra, aséptica, indiferente, tibia o imparcial. La caridad contagia, apasiona, arriesga y compromete. Porque la caridad verdadera siempre es inmerecida, incondicional y gratuita (cf. 1Cor 13). La caridad es creativa en la búsqueda del lenguaje adecuado para comunicar con aquellos que son considerados incurables y, por lo tanto, intocables. Encontrar el lenguaje justo… El contacto es el auténtico lenguaje que transmite, fue el lenguaje afectivo, el que proporcionó la curación al leproso. ¡Cuántas curaciones podemos realizar y transmitir aprendiendo este lenguaje del contacto! Era un leproso y se ha convertido en mensajero del amor de Dios. Dice el Evangelio: «Pero cuando se fue, empezó a pregonar bien alto y a divulgar el hecho» (Mc 1,45).
Queridos nuevos Cardenales, ésta es la lógica de Jesús, éste es el camino de la Iglesia: no sólo acoger y integrar, con valor evangélico, aquellos que llaman a la puerta, sino salir, ir a buscar, sin prejuicios y sin miedos, a los lejanos, manifestándoles gratuitamente aquello que también nosotros hemos recibido gratuitamente. «Quien dice que permanece en Él debe caminar como Él caminó» (1Jn 2,6). ¡La disponibilidad total para servir a los demás es nuestro signo distintivo, es nuestro único título de honor!
Pensadlo bien en estos días en los que habéis recibido el título cardenalicio. Invoquemos la intercesión de María, Madre de la Iglesia, que sufrió en primera persona la marginación causada por las calumnias (cf. Jn 8,41) y el exilio (cf. Mt 2,13-23), para que nos conceda el ser siervos fieles de Dios. Ella, que es la Madre, nos enseñe a no tener miedo de acoger con ternura a los marginados; a no tener miedo de la ternura. Cuántas veces tenemos miedo de la ternura. Que Ella nos enseñe a no tener miedo de la ternura y de la compasión; nos revista de paciencia para acompañarlos en su camino, sin buscar los resultados del éxito mundano; nos muestre a Jesús y nos haga caminar como Él.

Queridos hermanos nuevos Cardenales, mirando a Jesús y a nuestra Madre, os exhorto a servir a la Iglesia, en modo tal que los cristianos –edificados por nuestro testimonio– no tengan la tentación de estar con Jesús sin querer estar con los marginados, aislándose en una casta que nada tiene de auténticamente eclesial. Os invito a servir a Jesús crucificado en toda persona marginada, por el motivo que sea; a ver al Señor en cada persona excluida que tiene hambre, que tiene sed, que está desnuda; al Señor que está presente también en aquellos que han perdido la fe, o que, alejados, no viven la propia fe, o que se declaran ateos; al Señor que está en la cárcel, que está enfermo, que no tiene trabajo, que es perseguido; al Señor que está en el leproso – de cuerpo o de alma -, que está discriminado. No descubrimos al Señor, si no acogemos auténticamente al marginado. Recordemos siempre la imagen de san Francisco que no tuvo miedo de abrazar al leproso y de acoger a aquellos que sufren cualquier tipo de marginación. En realidad, queridos hermanos, sobre el evangelio de los marginados, se juega y se descubre y se revela nuestra credibilidad.


Enlace al texto de la homilía: http://w2.vatican.va/content/francesco/es/homilies/2015/documents/papa-francesco_20150215_omelia-nuovi-cardinali.html


13 febrero 2015

Los proscritos del Señor

En las noticias estamos viendo (y viviendo con ellos) la persecución por motivos de fe de nuestros hermanos cristianos en todo el mundo. Pero hoy no quiero hablar de ellos. Quiero hablar de los proscritos entre nosotros: en nuestras parroquias, movimientos, grupos, comunidades...

Creo que todos hemos tenido conversaciones donde se nos ha hablado o hemos hablado del mal que hacen los comentarios, juicios y murmuraciones que señalan la vida de otras personas, incluso la nuestra propia. Todo lo que voy a escribir ahora, con mucha pena, son comentarios reales: que si tal persona es separada y no debería comulgar; que si mira cómo viste o habla; que si quién se cree ella siendo mujer por tener formación; que si es una persona rara (ayer me mandaron una frase sobre esto: "Lo de ser `raro´es un canon puesto por algunos que no se reconocen en el espejo"); que si se la ve demasiado con curas; que si está liada con uno o más de uno; que si tiene tatuajes satánicos; que si va con los "sin papeles" de ese movimiento donde todos están excomulgados por Roma; que si a su edad no se ha casado por algo será...

Y todos, evidentemente, con ese tonillo malicioso que tan bien, por desgracia, conocemos...

A raíz de una última conversación sobre el tema, hoy me surgía una pregunta en el corazón: ¿dónde he escuchado yo esto antes? Espera, espera, que lo tengo en la punta de la lengua... ¿Dónde Jesús decía exactamente las mismas palabras y se portaba exactamente igual en el evangelio? Que sí, que sí, que lo tengo en la punta de la lengua...

¡Ah, sí, ya está!:

Los escribas y fariseos le llevan una mujer sorprendida en adulterio, la ponen en medio y le dicen: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés nos mandó en la Ley apedrear a estas mujeres. ¿Tú qué dices?» Esto lo decían para tentarle, para tener de qué acusarle. Pero Jesús, inclinándose, se puso a escribir con el dedo en la tierra. Pero, como ellos insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: «Aquel de vosotros que esté sin pecado, que le arroje la primera piedra». E inclinándose de nuevo, escribía en la tierra. Ellos, al oír estas palabras, se iban retirando uno tras otro, comenzando por los más viejos; y se quedó solo Jesús con la mujer, que seguía en medio. Incorporándose Jesús le dijo: «Mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te ha condenado?» Ella respondió: «Nadie, Señor». Jesús le dijo: «Tampoco yo te condeno. Vete, y en adelante no peques más». (Juan 8, 3-11)

Sí, sí... "exactamente" las mismas palabras...

Ya hablé en otro post de lo poquísimo que me gustan las etiquetas. Cuando murmuramos o comentamos o enjuiciamos a otros, y encima lo extendemos sin ningún tipo de pudor, estamos etiquetando a esa persona gravemente, hasta el punto de que la convertimos en proscrita entre los hermanos: proscrita en nuestros grupos, proscrita en nuestros corazones, proscrita en nuestras mentes, proscrita en nuestras oraciones, proscrita en nuestro amor...

Si ya lo decía San Francisco de Asís: murmuración, ¡¡pecado prohibido!!. "Que los hermanos a nadie insulten; que no murmuren ni detraigan a otros, porque escrito está: `los murmuradores y los detractores son odiosos a Dios´ (cfr. Rom 1, 30)" (de la primera Regla franciscana). Afirma Tomás de Celano que San Francisco incluso consideraba justo que "se despojase de su túnica quien hubiese despojado a un hermano de la gloria del buen nombre, y que no alzase los ojos a Dios, sin haber restituido antes lo que había hurtado".

RESTITUCIÓN...      Humildemente creo que es algo que hemos olvidado los cristianos y deberíamos recuperar: "si uno ha sido injusto, ha murmurado o ha calumniado tiene obligación estricta de restituir la buena fama del agraviado. Esto no sólo en atención a librarse de la sentencia evangélica de que “aquel que a hierro mata, a hierro muere”, no es sólo tema de justicia divina, sino también es una sana costumbre en la convivencia social: si uno ha quitado algo a alguien se lo tiene que devolver. Por tanto, si se trata de la fama de otro, hay que ir a aquellos a los que se les ha comentado y decirles: “lo que dije de fulanito no es exacto, me faltaban datos, no averigüé suficiente, me dejé llevar de rumores”, etc. 
(os recomiendo leer el artículo entero: http://ofsdemexico.blogspot.com.es/2013/07/que-es-la-murmuracion.html)

Pues eso... "No juzguéis para que no seáis juzgados..." (Mateo 7, 1-5)

"Y sobre esto de «matar», recordar que las palabras matan. Incluso los malos deseos contra el otro matan. Muchas veces, cuando escuchamos hablar a las personas, hablar mal de los demás, parece que el pecado de calumnia, el pecado de la difamación fue borrado del decálogo, y hablar mal de una persona es pecado. ¿Por qué hablo mal de una persona? Porque en mi corazón tengo odio, antipatía, no amor. Pedir siempre esta gracia: conocer lo que sucede en mi corazón, para hacer siempre la elección justa, la opción del bien. Y que el Señor nos ayude a querernos. Y si no puedo querer a una persona, ¿por qué no puedo? Rezar por esta persona, para que el Señor haga que la quiera."

(homilía del Papa Francisco: http://w2.vatican.va/content/francesco/es/homilies/2014/documents/papa-francesco_20140216_omelia-parrocchia-san-tommaso-apostolo.html)





Canción: No juzgues
Autora: Hermana Glenda
https://www.youtube.com/watch?v=f4uMuH1_i5M


05 febrero 2015

Carta abierta al Papá Francisco

Sí, sí, no me he equivocado: he puesto Papá, con tilde en la “a” y mayúsculas. Porque cuando te escucho o te veo siento que es realmente mi padre en la fe el que se dirige a mí y a mis hermanos.

Hace unos meses tuve la oportunidad de leer el libro “La vida oculta de Bergoglio”, escrito por el periodista argentino Armando Rubén Puente. Recoge a grandes pinceladas tu vida (la vida del padre Jorge, como te gustaba que te llamaran y creo que en el fondo te sigue gustando) desde tus antecedentes familiares hasta el momento en que embarcaste en el avión que te llevaría al cónclave donde fuiste elegido Papa.

Me encantó la lectura de este libro, porque se ve el paso de Dios por tu vida. Cómo fue poco a poco modelando tu corazón y tu carácter; cómo fue cogiendo el barro de tu ser para irlo modelando y convirtiendo en el pastor “con olor a oveja” que ahora eres. Y te doy gracias, Papá, por dejarte hacer. Por dejarte transformar en una oveja abandonada en los brazos del Señor. Gracias por tu docilidad a la acción del Espíritu. Gracias, porque tu “tufillo a oveja” llega hasta los confines de la tierra, como el Señor encargó a su Iglesia.

Creo que la Iglesia es una con muchos rostros y un solo corazón. Los rostros de los distintos carismas que da el Espíritu Santo; los rostros de los distintos caracteres personales y culturales; los rostros de las distintas experiencias y formaciones. Pero un único corazón que es corazón de Madre, semejante al de la Virgen. María: mujer sencilla, de pueblo, sin grandezas y sobre todo humilde. Por ello, para mí la Iglesia debe mostrarse sencilla y con sencillez mostrar el rostro amante, materno y misericordioso de Dios. Debe hacerse toda a todos (cfr. 1 Cor 9, 22), para que todos se acerquen al Señor y vivan la plenitud de vida a la que han sido llamados.

Creo que cada pastor de la Iglesia universal y de cada Iglesia local nos ayuda a contemplar un rostro distinto de la Iglesia con sus carismas, formación, cultura y experiencias de vida personales. Ni mejor ni peor, sólo distinto y siempre desde el Espíritu. Y todos complementarios. Y todos latiendo al compás del corazón de María. Cada uno de ellos nos enriquece y ayuda a abrir la mirada para comprender y caminar junto con aquellos hermanos que tienen distintos carismas, formación, cultura y experiencia de vida.

Este libro me ayudó a conocer un poco más tu corazón y a comprender lo que propone Cristo a la Iglesia en este momento concreto de nuestra historia. Pero sobre todo interpeló a mi vida, a mi modo de ser cristiana, a cómo me dejo hacer por Cristo. Y esa interpelación y experiencia de vida me plantea multitud de interrogantes.

Y me imagino cómo sería estar sentada a tu lado, contemplando el atardecer de nuestra querida, hermosa y caótica Roma, como una niña que pregunta con sencillez a su padre y se deja enseñar por éste. Observando a las ovejuelas de tu diócesis, de esa pequeña porción que es muestra de toda la Iglesia. Porque en cada pequeño gesto, palabra, visita, mirada que ellos -afortunados con tu cercanía- reciben, veo tu amor y solicitud por toda la Iglesia, también la más lejana, a la que estoy segura deseas alcanzar. Y por eso cuidas los detalles de amor, incluso para con quienes en la distancia nos sentimos reconocidos y amados por ti.

Porque la vida se construye con pequeños detalles y el libro sólo habla a grandes pinceladas…

…sentada a tu lado tendría tanto que preguntarte, querido Papá Francisco…


Y tú que lees este blog, ¿qué le preguntarías a nuestro Papá Francisco?





Canción: En tu nombre echaremos las redes.
Autor: Jonatan Narvaez.



27 enero 2015

Memoria desmemoriada

Estos días, en los medios de comunicación, se nos está recordando el aniversario de la liberación de prisioneros en campos de concentración nazis como Auschwitz o Mauthausen, donde estuvieron recluidos más de 9.000 españoles, muriendo más de la mitad de ellos.

Viendo hoy las noticias, un ex prisionero de Auschwitz decía que estaba allí para decirle al mundo lo que pasó. Y lloraba antes de terminar la frase. Se me partía el corazón viendo a estos hombres y mujeres allí, hombres y mujeres de hoy que hace 70 años no eran más que niños, sintiendo cómo se abrían sus heridas de nuevo al estar en los lugares donde fueron torturados física y mentalmente durante años. Estoy segura de que jamás olvidan esos años en su día a día, pero volver al lugar debe ser tremendamente doloroso para ellos.

Estos preciosos hombres y mujeres son una muestra más de la fortaleza del ser humano, capaz de sobreponerse a lo más terrible, capaz de seguir reconstruyendo su vida a partir de sólo cenizas.

Pero, por favor, no olvidemos. Cuando estos hombres y mujeres mueran, ¿quién llorará suplicando al mundo que no olvide? Porque somos personas tremendamente desmemoriadas. Ya nos hemos olvidado de tantos sufrimientos y que fueron en su día "trending topic". De lo más reciente: ¿ya no nos importa el ébola? ¿Ya no nos importan todos los seres humanos que mueren de hambre en África o por culpa del terrorismo? ¿Qué pasa con los que cada día rebuscan en la basura en España para poder comer, nuestros vecinos, o que mañana no tendrán un techo sobre el que cobijarse?

Los seres humanos somos tremendamente desmemoriados... pero los cristianos no debemos olvidar. Si hay alguien que no debe hacerlo somos precisamente nosotros. Porque hemos tenido experiencia del Amor Misericordioso de Dios; porque hemos palpado y tocado su Corazón en nuestra pobre vida; porque se nos ha grabado hasta lo más profundo de nuestras entrañas que Cristo ha dado la vida en la cruz por todos y cada uno de los hombres.

Por todo esto y muchas cosas más no debemos olvidar. Porque ese ser humano que ahora mismo sufre, llora y muere mientras yo estoy delante de la pantalla del ordenador, la tablet o el móvil es mi hermano, aquel por el que Cristo murió. Y eso, jamás, jamás, me puede ser indiferente.

"¿Quién de estos tres te parece que ha sido prójimo del que cayó en manos de los bandidos? Él dijo: El que practicó la misericordia con él. Jesús le dijo: Anda y haz tú lo mismo" (Lucas 10, 36-37)






Canción: Lucha sin trincheras
Autor: Daniel Poli
https://www.youtube.com/watch?v=ITIiOOQiB6E



19 enero 2015

Venid y veréis

Poco más se puede decir de lo que ya se ha dicho y dirá de la visita pastoral del Papa Francisco a Sri Lanka y Filipinas. Ojalá digamos y escribamos menos, y vivamos mucho más lo que él nos dice por medio de discursos, homilías, textos... y gestos... Precioso su modo de enseñarnos a orar y descansar confiados en el Señor al contarnos sobre su imagen de san José dormido encima de su escritorio...

Hoy quiero quedarme con un detalle sencillo de la Misa de despedida de ayer en el parque Rizal de Manila: el Papa llevaba una acreditación colgada al cuello. Al principio me chocó, pues pensé: ¿quién no reconocería al Papa? Y luego caí: él estaba allí como un peregrino de la fe más, con toda su humildad y sencillez, y con esa mirada profunda llena de ternura y oración.

Además... con tanto sacerdote y religioso como había vestidos con sotanas blancas... mejor que el Papa fuera bien identificado, no sea que se perdiera y no le dejaran entrar en las zonas donde debía estar, jej ;-)

Sigamos aprendiendo del Papa Francisco. ¿Queréis conocer cómo es una vida en el Señor? Venid y veréis... (Juan , 1, 39)




Canción: "La luz de Francisco"
Letra, música e interpretación: Palito Ortega
https://www.youtube.com/watch?v=H1tnINQBNbo


Está brillando una luz, una luz en el camino,
para llegar a Jesús de la mano de Francisco.
Francisco es la nueva luz, una luz que alumbra a todos,
vamos a rezar por él, como él reza por nosotros.

Francisco abrió sus brazos para cuidar al pueblo de Dios,
y sobre todo al más pobre como Jesús los cuidó.
Llegaste del fin del mundo con la divina misión,
de anunciarle a tus hermanos el evangelio de Dios.

Está brillando una luz, una luz en el camino,
para llegar a Jesús de la mano de Francisco.
Francisco es la nueva luz, una luz que alumbra a todos,
vamos a rezar por él, como él reza por nosotros.

Vamos a seguir tus pasos que nuestra guía sea tu voz,
queremos ir de tu mano, ir al encuentro de Dios.
El mundo está celebrando porque encendiste una nueva luz,
porque siembras tu palabra de amor igual que Jesús.

Está brillando una luz, una luz en el camino,
para llegar a Jesús de la mano de Francisco.
Francisco es la nueva luz, una luz que alumbra a todos,
vamos a rezar por él, como él reza por nosotros.

Francisco, Papa querido, una oración vamos a rezar,
para pedir que te cuide siempre nuestra Virgen de Luján.
Cantemos con alegría a nuestro hermano Francisco,
para el Pastor de la Iglesia, para el Vicario de Cristo.

Está brillando una luz, una luz en el camino,
para llegar a Jesús de la mano de Francisco.
Francisco es la nueva luz, una luz que alumbra a todos,
vamos a rezar por él, como él reza por nosotros.


08 enero 2015

Aquí está el Cordero

Casi casi hemos terminado el tiempo de Navidad. Un año más hemos recordado que Dios se hizo hombre por nosotros. Este Dios humilde y sencillo, mucho más de lo que somos nosotros, se abajó hasta nacer sobre el suelo. Y para contemplarle nos invita a bajar nuestra mirada.

Porque el Cordero está ahí, en el suelo. Porque Dios habita entre su pueblo, en medio de nosotros. Es el Cristo que vino a dar la vida por Amor. El que pone a un niño en medio de nosotros para mostrarnos cómo es el corazón del que construye verdaderamente el Reino. El que se pone de rodillas para lavarnos los pies, invitándonos a hacer lo mismo con nuestros semejantes, a acoger y limpiar las heridas del prójimo que viaja a nuestro lado hacia el Cielo, sus hermanos, nuestros hermanos.

Este es el Cordero de Dios. Y si quieres caminar a su lado, si quieres vivir con y como Él, no puedes mirar "desde lo alto". Porque Dios ha nacido en el suelo y porque tus hermanos están ahí también, abajo.

Y esto se vive en las pequeñas cosas, en los pequeños detalles. Con una simple mirada. En algo tan sencillo como cuando damos la paz en Misa o rezamos todos juntos el Padre Nuestro. Mi prójimo no me puede ser indiferente, porque en él, ahí, está el Cordero. En el hermano que está a mi lado y va a comulgar como yo al Señor. No puedo darle la paz de forma distraída, sin mirarle a los ojos y sonreírle, sin desearle de verdad de todo corazón que la paz de Dios habite en su vida y su alma. No puedo rezar a su lado el Padre Nuestro sin reconocer y vivir desde lo más profundo de mi ser que es "nuestro" y no sólo mío, pidiendo sólo por lo mío y para mí.

Si somos cristianos auténticos debemos marcar la diferencia en estas pequeñas cosas. Porque el que tiene hambre y debo darle de comer (hambre no sólo de pan, que también, sino de amor, de paz, de cariño, de escucha, de consuelo, de.........) es el que está a mi lado en el trabajo o en los estudios; porque el que está desnudo y debo vestirle (desnudo de comprensión, de Misericordia, de.......) es ese que está a mi lado en el autobús o el metro; porque el que está enfermo y necesita que le visitemos (enfermo de consumismo, de egoísmo, de rencor, de...........) es el que me cruzo en la calle o en el ascensor camino a mi casa (cfr. Mateo 25, 31-46)

Hoy os invito a rezar con una canción de nuevo, pero lanzándoos un desafío: llevarla en el corazón (al menos el estribillo) y cada vez que os encontréis con un hermano dejad que vuestro corazón os recuerde: aquí está el Cordero. Y cuando vayáis a la Eucaristía o a rezar ante el sagrario o el Santísimo, llevad en vuestros corazones a todos aquellos que os hayáis encontrado, los que viven y pasan a vuestro lado, los más cercanos y los desconocidos.

Porque en esto nos los jugamos todo.




Canción: Aquí está el Cordero
Autor: Son by Four
https://www.youtube.com/watch?v=REphyyL5XV4



03 enero 2015

Haciendo camino

Hoy quiero compartiros este texto de San Agustín :-)

El doble precepto de la caridad
San Agustín
Tratado sobre el evangelio de san Juan 17,7-9
Vino el Señor mismo, como doctor en caridad, rebosante de ella, compendiando, como de él se predijo, la palabra sobre la tierra, y puso de manifiesto que tanto la ley como los profetas radican en los dos preceptos de la caridad.
Recordad conmigo, hermanos, aquellos dos preceptos. Pues, en efecto, tienen que seros en extremo familiares, y no sólo veniros a la memoria cuando ahora os los recordamos, sino que deben permanecer siempre grabados en vuestros corazones. Nunca olvidéis que hay que amar a Dios y al prójimo: a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con todo el ser; y al prójimo como a sí mismo.
He aquí lo que hay que pensar y meditar, lo que hay que mantener vivo en el pensamiento y en la acción, lo que hay que llevar hasta el fin. El amor de Dios es el primero en la jerarquía del precepto, pero el amor del prójimo es el primero en el rango de la acción. Pues el que te puso este amor en dos preceptos no había de proponer primero al prójimo y luego a Dios, sino al revés, a Dios primero y al prójimo después.
Pero tú, que todavía no ves a Dios, amando al prójimo haces méritos para verlo; con el amor al prójimo aclaras tu pupila para mirar a Dios, como sin lugar a dudas dice Juan: Quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve.
Que no es más que una manera de decirte: Ama a Dios. Y si me dices: «Señálame a quién he de amar», ¿qué otra cosa he de responderte sino lo que dice el mismo Juan: A Dios nadie lo ha visto jamás? Y para que no se te ocurra creerte totalmente ajeno a la visión de Dios: Dios, dice, es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios. Ama por tanto al prójimo, y trata de averiguar dentro de ti el origen de ese amor; en él verás, tal y como ahora te es posible, al mismo Dios.
Comienza, pues, por amar al prójimo. Parte tu pan con el hambriento, y hospeda a los pobres sin techo; viste al que ves desnudo, y no te cierres a tu propia carne.
¿Qué será lo que consigas si haces esto? Entonces romperá tu luz como la aurora. Tu luz, que es tu Dios, tu aurora, que vendrá hacia ti tras la noche de este mundo; pues Dios ni surge ni se pone, sino que siempre permanece.
Al amar a tu prójimo y cuidarte de él, vas haciendo tu camino. ¿Y hacia dónde caminas sino hacia el Señor Dios, el mismo a quien tenemos que amar con todo el corazón, con toda el alma, con todo el ser? Es verdad que no hemos llegado todavía hasta nuestro Señor, pero sí que tenemos con nosotros al prójimo. Ayuda, por tanto, a aquel con quien caminas, para que llegues hasta aquel con quien deseas quedarte para siempre.


Canción: El amor
Autora: Maite Losada
https://www.youtube.com/watch?v=tjABdPxk6UY


02 enero 2015

Exquisiteces

Ha comenzado un nuevo año. Pero el ser humano parece que sigue enfrascado en los absurdos de siempre.

Veo con tristeza en las noticias que ha habido alguna dimisión y puede que haya algún despido porque una o varias personas se equivocaron interrumpiendo con publicidad la cuenta de las uvas en una cadena de televisión andaluza. Y yo me pregunto: ¿acaso es más importante una tradición de hace no demasiados años que la vida de un ser humano y su familia, que dependen del sustento económico de ese trabajo? ¿Realmente lo es?

Unos días antes de Navidad tuve ocasión de ir a una oración por la paz en Tierra Santa. A mitad de la Misa una señora comenzó a toser, se apartó de los bancos y, en un rincón, intentó evitar su tos. En ese momento comenzamos a rezar el Padre Nuestro. Ni una de las personas que tenía en los bancos delante de mí se volvió a ayudar a esta pobre mujer, que lo estaba pasando realmente mal. Ni siquiera se inmutaron. Y la maravillosa oración que el mismo Jesús nos dejó pareció perder todo sentido.

Porque si perdemos la perspectiva de lo humano, de nuestro prójimo, todo pierde sentido. Y dejé volar mi imaginación hacia las primeras comunidades cristianas. Esas que compartían las necesidades de los hermanos dentro de la comunidad. Esas que, me atrevo a afirmar, pararían su celebración para socorrer al hermano enfermo, mostrando con sus actos el Amor de Cristo que llevó a exclamar a los que los observaban: "Mirad cómo se aman" (Tertuliano. "Apología contra los gentiles", 39)

No pretendo idealizar las primeras comunidades. Sólo tomar conciencia de que estamos llamados a algo muy grande, tremendo: a amar con el mismo Amor de Dios. A vivir como verdaderos hermanos de nuestros semejantes, bajo la mirada Misericordiosa de un mismo Padre. Y esto no es cuestión de heroicidades. Nos lo jugamos en las pequeñas cosas, en los pequeños detalles.

Tenemos un precioso año por delante. Preguntémonos: ¿amamos verdaderamente? ¿Sabemos amar? ¿Dónde está nuestro corazón? ¿Qué es lo que realmente nos importa? Cada día, cada segundo, tenemos la oportunidad de aprender a amar y recomenzar de nuevo centrando el corazón donde debe estar centrado.

Y así hacer de cada encuentro con el hermano una pequeña exquisitez de amor...






Canción: Cambiar el corazón
Autora: Maite Losada
https://www.youtube.com/watch?v=2-9HJ4z2f3E



30 diciembre 2014

El mejor GPS

Mañana celebraremos a nivel mundial el fin de un año y el comienzo de otro. En distintos lugares, en distintos husos horarios, con distintas tradiciones... pero todos unidos mirando hacia un mismo punto: lo que traerá el futuro del nuevo año.

Muchos planes por rematar o dejar atrás... Muchos deseos, muchas ilusiones nuevas que alcanzar... Pero hay tantos caminos, tantas puertas que abrir... ¿cómo saber cuál es la correcta, cuál es el camino bueno?

Necesitamos un GPS, este invento moderno que nos indica el camino cuando no sabemos hacia dónde vamos. ¿Moderno? En la foto vemos una primera versión ¡del año 1930!

Pero tenemos un GPS aún mejor: el AMOR de Dios. Es nuestra mejor estrella, la que nos guía hacia el camino correcto. Es nuestra fortaleza para empujar y abrir la puerta correcta.

Si nuestra vida está en manos de Dios, no hay futuro que no podamos conquistar. Así que... ¿qué mejor que dejarse hacer en sus manos?

No temas, Dios sabe mejor que tú lo que necesitas. Él sabe mucho mejor que tú lo que te va a hacer feliz, plenamente feliz. No tengas miedo... ¡porque Él es tu Dios!





Foto: GPS de 1930.

Canción: Con amor eterno
Autor: Alejandro Ruiz
https://www.youtube.com/watch?v=SS8t81f-hUU



28 diciembre 2014

Corazón de carpintero enamorado

José, hombre sencillo. José, humilde discípulo de tu Hijo. José, sencillo carpintero. En tus brazos un tremendo Misterio: la locura de tu Dios hecho Hombre. La locura de este Dios hecho Niño pequeño al que abrazas contra tu pecho. La locura de ser elegido, por tu humildad y sencillez, custodio de la Madre del Verbo.

Columna invisible, imprescindible y amante de la Sagrada Familia: invisible porque vivías en segundo plano, sabiendo que el centro era siempre Él; imprescindible porque Jesús te necesitaba como padre y maestro; amante silencioso de la belleza del alma inmaculada de María.

Modelo de abandono confiado, de obediencia, de santidad... enséñanos a ser como tú, a dejarnos hacer, a vivir en absoluta obediencia y confianza en los designios de Dios, a entregar nuestra vida entera por Jesús.

Enamora nuestro corazón, enamóranos de Él.





Canción: La canción del carpintero
Autor: Daniel Poli
https://www.youtube.com/watch?v=Ve6I1lZb3-I