martes, 18 de octubre de 2016

No hay color...

Ayer tuve la oportunidad de explicar en clase lo que significa que Cristo se hiciera hombre y diera la vida por nosotros en la Cruz.

A mitad de la explicación, se me puso en el corazón leerles las parábolas de la Misericordia (en San Lucas 15). Para mi sorpresa (o ya no tan sorpresa, por el mundo en que vivimos) a alguno sólo les sonaba algo, pero la inmensa mayoría las desconocían.

Así que agarré la Biblia que tengo en el cole y comencé a leer, despacio, explicando. Y fue increíble...

Es tremendo el poder del Evangelio para transformar corazones. Sus ojos estaban fijos, abiertos, absorbiendo en un completo silencio (algo no demasiado habitual). Realmente el poder de la Palabra de Dios es algo que ya conozco y que en otras ocasiones he podido comprobar con otros grupos de alumnos y en mi propia vida. En la vida de muchos. Pero me sigue fascinando y sorprendiendo cuando puedo volver a verlo.

Me encanta leer y muchas veces no tengo tiempo para leer todo lo que quisiera. Es mucho todo lo que tengo pendiente en la estantería, además de otras cosas.

Pero cuando dejo de lado esos libros y recurro a la Biblia, la unción es siempre tremenda. Como dirían por ahí, "no hay color" entre leer libros espirituales (que son buenísimos) y leer directamente la Palabra de Dios. De nuevo es algo que sé desde hace tiempo, pero por mi fragilidad y las prisas de la vida muchas veces olvido.

Hoy no sólo quiero recordarlo para mí sino gritarlo a todo aquel que lo quiera oír: ¡acudid a la Palabra de Dios! ¡Dejaos empapar por su Gracia! "No hay color" si lo comparamos con cualquier otra cosa.

Hoy celebramos al evangelista San Lucas. En sus escritos, él nos ha compartido el sueño de Dios para nuestra vida. ¿Quieres conocer el plan de Dios para ti? Ahí encontrarás la respuesta.

Canción: Tu Palabra
Intérprete: Marcela Gándara
https://www.youtube.com/watch?v=iEyV_9UUOnI




lunes, 3 de octubre de 2016

Novena a San Francisco de Asís - día 9

“Tránsito de San Francisco

Oración inicial

ORACIÓN ANTE EL CRUCIFIJO DE SAN DAMIÁN [OrSD] 

¡Oh alto y glorioso Dios! 
Ilumina las tinieblas de mi corazón 
y dame fe recta, esperanza cierta, caridad perfecta,
 sentido y conocimiento, Señor, 
para que cumpla tu santo y veraz mandamiento.

Lectura tomada de los Escritos de san Francisco:

"Los pocos días que faltaban para su tránsito (Francisco) los empleó en la alabanza, animando a sus amadísimos compañeros a alabar con él a Cristo. Él, a su vez, prorrumpió como pudo en este salmo:

Clamé al Señor con mi voz, con mi voz supliqué al Señor (sal 141)

Invitaba también a todas las criaturas a alabar a Dios, y con unas estrofas que había compuesto anteriormente él las exhortaba a amar a Dios.

Aun a la muerte misma, terrible y antipática para todos la exhortaba a la alabanza y, saliendo con gozo a su encuentro, la invitaba a hospedarse en su casa: <<Bienvenida sea - decía - mi hermana muerte>>." (1 Celano 109)

Reflexión

San Francisco murió en el atardecer del 3 de octubre del año 1226. El 3 de octubre era sábado y asomaba el Domingo 4 de octubre: la Iglesia iniciaba el Domingo, día de la Pascua del Señor.

El tránsito nos evoca un momento sencillo y sublime: el triunfo del Amor en Francisco de Asís que, una vez que dejó sus vanidades, fue cristiano hasta la médula, perfecto discípulo de Jesús.

Los franciscanos celebran este tránsito de un modo muy especial. He tenido la oportunidad de celebrarlo con ellos en distintas ocasiones y, al contemplar cómo vivió y murió San Francisco, me quedo embargada de muchos sentimientos, incluida una cierta "envidia santa": algún día me encontraré también con el Señor gracias a la hermana muerte, ¿pero habré vivido como él, que tanto se pareció a Jesucristo?

Hace más de 800 años en la Porciúncula, Francisco poco antes de morir, se dirigió a los hermanos que le rodeaban, como a representantes de toda la Orden, presentes y futuros. Entonces los fue bendiciendo a todos, apoyando su mano derecha sobre la cabeza de cada uno de ellos. Bendijo también a todos los que entonces pertenecían a la Orden, y a los que pertenecerían a ella hasta el fin de los tiempos (LP117)

Muchos nos consideramos, de un modo u otro, hijos espirituales de San Francisco. Aunque propiamente no pertenezcamos a la Orden, de algún modo participamos de su carisma.

Hoy yo quiero acercarme con el corazón y sentarme a los pies de San Francisco en el momento de su partida. Quiero recibir su bendición y, como Eliseo con Elías, pedirle dos tercios de su espíritu para vivir como él vivió. Al menos dos tercios... que si me da más, mejor, pues yo no soy tan dócil como él lo fue. Y le pido que me ayude a seguir tras sus huellas, como Santa Clara le siguió. Y, como los dos, que me enseñe a ir tras las huellas de Cristo.

Hoy es un día de silencio, de contemplar, de dejarse empapar por la grandeza de este momento: hoy, por fin, el gran amante se encuentra con el Amado.

"Loado seas, mi Señor,
por nuestra hermana la muerte corporal
de la cual ningún hombre vivo puede escapar.
¡Ay de aquellos que morirán en pecado mortal!
Bienaventurados
los que encontrará en su santísima voluntad,
pues la muerte segunda no les hará mal."
(extracto del Cántico de las Criaturas)


Canción: Yo quiero ser como Tú
Autor: Marcos Witt
https://www.youtube.com/watch?v=IcuZCcCT8tI

Película "Clara y Francisco" (de las mejores versiones que conozco sobre la vida de San Francisco)







domingo, 2 de octubre de 2016

Novena a San Francisco de Asís - día 8

“San Francisco, un hombre dialogante y evangelizador

Oración inicial

ORACIÓN ANTE EL CRUCIFIJO DE SAN DAMIÁN [OrSD] 

¡Oh alto y glorioso Dios! 
Ilumina las tinieblas de mi corazón 
y dame fe recta, esperanza cierta, caridad perfecta,
 sentido y conocimiento, Señor, 
para que cumpla tu santo y veraz mandamiento.

Lectura tomada de los Escritos de san Francisco:

"Acompañado, pues, de un hermano llamado Iluminado -hombre realmente iluminado y virtuoso-, se puso en camino, y de pronto le salieron al encuentro dos ovejitas, a cuya vista, muy alborozado, dijo el Santo al compañero: «Confía, hermano, en el Señor, porque se cumple en nosotros el dicho evangélico: He aquí que os envío como ovejas en medio de lobos» (Mt 10,16). Y, avanzando un poco más, se encontraron con los guardias sarracenos, que se precipitaron sobre ellos como lobos sobre ovejas y trataron con crueldad y desprecio a los siervos de Dios salvajemente capturados, profiriendo injurias contra ellos, afligiéndoles con azotes y atándolos con cadenas. Finalmente, después de haber sido maltratados y atormentados de mil formas, disponiéndolo así la divina Providencia, los llevaron a la presencia del sultán, según lo deseaba el varón de Dios.

Entonces el jefe les preguntó quién los había enviado, cuál era su objetivo, con qué credenciales venían y cómo habían podido llegar hasta allí; y el siervo de Cristo Francisco le respondió con intrepidez que había sido enviado no por hombre alguno, sino por el mismo Dios altísimo, para mostrar a él y a su pueblo el camino de la salvación y anunciarles el Evangelio de la verdad. Y predicó ante dicho sultán sobre Dios trino y uno y sobre Jesucristo salvador de todos los hombres con tan gran convicción, con tanta fortaleza de ánimo y con tal fervor de espíritu, que claramente se veía cumplirse en él aquello del Evangelio: Yo os daré palabras y sabiduría, a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro (Lc 21,15).

De hecho, observando el sultán el admirable fervor y virtud del hombre de Dios, lo escuchó con gusto y le invitó insistentemente a permanecer consigo.

Pero el siervo de Cristo, inspirado de lo alto, le respondió: «Si os resolvéis a convertiros a Cristo tú y tu pueblo, muy gustoso permaneceré por su amor en vuestra compañía. Mas, si dudas en abandonar la ley de Mahoma a cambio de la fe de Cristo, manda encender una gran hoguera, y yo entraré en ella junto con tus sacerdotes, para que así conozcas cuál de las dos creencias ha de ser tenida, sin duda, como más segura y santa».

Respondió el sultán: «No creo que entre mis sacerdotes haya alguno que por defender su fe quiera exponerse a la prueba del fuego, ni que esté dispuesto a sufrir cualquier otro tormento». Había observado, en efecto, que uno de sus sacerdotes, hombre íntegro y avanzado en edad, tan pronto como oyó hablar del asunto, desapareció de su presencia.

Entonces, el Santo le hizo esta proposición: «Si en tu nombre y en el de tu pueblo me quieres prometer que os convertiréis al culto de Cristo si salgo ileso del fuego, entraré yo solo a la hoguera. Si el fuego me consume, impútese a mis pecados; pero, si me protege el poder divino, reconoceréis a Cristo, fuerza y sabiduría de Dios, verdadero Dios y Señor, salvador de todos los hombres».

El sultán respondió que no se atrevía a aceptar dicha opción, porque temía una sublevación del pueblo. Con todo, le ofreció muchos y valiosos regalos, que el varón de Dios -ávido no de los tesoros terrenos, sino de la salvación de las almas- rechazó cual si fueran lodo.

Viendo el sultán en este santo varón un despreciador tan perfecto de los bienes de la tierra, se admiró mucho de ello y se sintió atraído hacia él con mayor devoción y afecto. Y, aunque no quiso, o quizás no se atrevió a convertirse a la fe cristiana, sin embargo, rogó devotamente al siervo de Cristo que se dignara aceptar aquellos presentes y distribuirlos -por su salvación- entre cristianos pobres o iglesias. Pero Francisco, que rehuía todo peso de dinero y percatándose, por otra parte, que el sultán no se fundaba en una verdadera piedad, rehusó en absoluto condescender con su deseo." (Leyenda Mayor de San Buenaventura, capítulo 9,8)

Reflexión

Francisco y el sultán en medio de la guerra, tuvieron un encuentro en Paz, gracias a la hospitalidad de uno y a la apertura al dialogo de ambos.

Si bien Francisco no logra hacer que el sultán se haga cristiano, tampoco el sultán logra retener a este “monje” llamado Francisco ofreciéndole suntuosos regalos y dinero. Sin embargo, ambos vivenciaron un encuentro en paz, en donde cada uno pudo exponer al otro su perspectiva en un franco diálogo.

Gracias a este encuentro en paz que hoy en día los franciscanos viven en paz custodiando los lugares santos en medio de tierras no cristianas.

Hoy en día los cristianos estamos en medio de un mundo abiertamente no cristiano e incluso hostil. Sin embargo, como dice la carta a los Hebreos, aún no hemos llegado a la sangre en nuestra lucha contra el pecado (12, 4), ni el nuestro ni el que nos rodea.

¿Nos urge la salvación de nuestros hermanos, sean o no creyentes? ¿Nos abrasa el fuego del Amor de Cristo hasta tal punto que estemos dispuestos a dar la vida en favor de la evangelización para salvar, aunque sea, a uno solo? Porque urge, nuestra conversión y la de la humanidad urge. ¿Hasta dónde estamos dispuestos a llegar?

Canción: Cristo Vive
Autor: Nico Montero
https://www.youtube.com/watch?v=eo8uH4Kdx34






sábado, 1 de octubre de 2016

Novena a San Francisco de Asís - Día 7

“San Francisco, el alter Christus
Oración inicial

ORACIÓN ANTE EL CRUCIFIJO DE SAN DAMIÁN [OrSD] 

¡Oh alto y glorioso Dios! 
Ilumina las tinieblas de mi corazón 
y dame fe recta, esperanza cierta, caridad perfecta,
 sentido y conocimiento, Señor, 
para que cumpla tu santo y veraz mandamiento.

Lectura tomada de los Escritos de san Francisco:

"Entre tanto, el santo de Dios, cambiado su vestido exterior y restaurada la iglesia ya mencionada [la de San Damián], marchó a otro lugar próximo a la ciudad de Asís; allí puso mano a la reedificación de otra iglesia muy deteriorada y semiderruida [la de San Pedro]...

De allí pasó a otro lugar llamado Porciúncula, donde existía una iglesia dedicada a la bienaventurada Virgen Madre de Dios, construida en tiempos lejanos y ahora abandonada, sin que nadie se cuidara de ella. Al contemplarla el varón de Dios en tal estado, movido a compasión, porque le hervía el corazón en devoción hacia la madre de toda bondad, decidió quedarse allí mismo.

Cuando acabó de reparar dicha iglesia, se encontraba ya en el tercer año de su conversión. En este período de su vida vestía un hábito como de ermitaño, sujeto con una correa; llevaba un bastón en la mano, y los pies calzados.

Pero cierto día se leía en esta iglesia el evangelio que narra cómo el Señor había enviado a sus discípulos a predicar; presente allí el santo de Dios, no comprendió perfectamente las palabras evangélicas; terminada la misa, pidió humildemente al sacerdote que le explicase el evangelio.

Como el sacerdote le fuese explicando todo ordenadamente, al oír Francisco que los discípulos de Cristo no debían poseer ni oro, ni plata, ni dinero; ni llevar para el camino alforja, ni bolsa, ni pan, ni bastón; ni tener calzado, ni dos túnicas, sino predicar el reino de Dios y la penitencia, al instante, saltando de gozo, lleno del Espíritu del Señor, exclamó: «Esto es lo que yo quiero, esto es lo que yo busco, esto es lo que en lo más íntimo del corazón anhelo poner en práctica».

Rebosando de alegría, se apresura inmediatamente el santo Padre a cumplir la doctrina saludable que acaba de escuchar; no admite dilación alguna en comenzar a cumplir con devoción lo que ha oído..." (Vida primera según Celano, nº 21-22)

Reflexión

Ya en su época llamaban a San Francisco el alter Christus. El "otro Cristo", el que mejor supo vivir el Evangelio hasta el punto de llevar en sí los estigmas de la Pasión. Francisco era un enamorado de Cristo y de su Evangelio.

Del encuentro con el Evangelio brota la elección de su vida y la vida de sus hermanos. Pues la vida de los hermanos franciscanos es una vida “según el santo Evangelio”, tal como señala la regla bulada: "La regla y vida de los Hermanos Menores es ésta, a saber, guardar el santo Evangelio de nuestro Señor Jesucristo, viviendo en obediencia, sin propio y en castidad."

La interpretación de la palabra de Dios en San Francisco es clara y lineal: “la letra mata, el Espíritu da Vida” (Adm .7); El principio interpretativo de Francisco no es de erudición, sino de conversión: es total prontitud para obrar con el propósito de en todo momento dar Gloria a Dios. Para Francisco la caridad, el contenido de la palabra de Dios, vale más que todo lo material que le rodea.

Y, así, dejó a Dios ser Dios en su vida, convirtiéndose en el alter Christus, modelo para nosotros y para toda la humanidad desde hace siglos.

¿Estamos nosotros dispuestos a dejarnos hacer. como él, otros Cristos allá donde vivimos? Sólo hay que dejarse hacer... por Él...


Canción: El poder de tu Amor
Intérprete: Ingrid Rosario
https://www.youtube.com/watch?v=pTzvdVgnnmg