sábado, 15 de noviembre de 2014

Si el grano...

Cuando leemos la vida de los santos, vemos que una de las muchas cosas que tienen en común es la persecución. Si ya lo decía el Señor:

<<Recordad lo que os dije: "No es el siervo más que su amo". 
Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán>> (Jn 15, 20)

Y esta persecución es muy actual. Soy testigo de ello: personas que intentan hacerte pasar "por el aro" (por el suyo, por supuesto) y cuando te niegas te juzgan y etiquetan, expandiendo las lindezas de su juicio por doquier y olvidando que no somos posesión de nadie, que para ser libres Cristo nos ha liberado (cfr. Gál 5, 1) y que nuestra vida únicamente le pertenece a Él; personas que están empeñadas en poner en ti una paja que no te corresponde, porque no son capaces de asumir y corregir la viga que ellos llevan (Mt 7, 3-5); personas que no son capaces de bajarse del trono donde se han puesto a sí mismas para compartir la vida de aquellos que miran por encima del hombro y que ya han asumido "que son así y no van a cambiar" (cfr. Jn 8, 1-11); personas que, por envidia, "matan" a otras personas hundiendo públicamente su buena fama, pero a las espaldas y sin hablar directamente con aquellos a los que enjuician (cfr. Lc 12, 1-3); personas cobardes e incoherentes que, por no enfrentarse al resto y seguir la corriente, dejan que sus hermanos queden heridos y apartados (cfr. Mt 26, 69-75)... y tantos otros ejemplos...

Con toda su pobreza, los santos intentaban vivir todo esto desde el amor y el perdón. Abrazaban la cruz de Cristo, sabiendo que ahí estaba su salvación y la de toda la humanidad. Comprendían que debían morir a sí mismos para dar frutos de vida eterna. Porque:

"En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, 
queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo, se pierde, 
y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará para la vida eterna" 
(Jn 12, 24-25)

Todos los días debemos ventilar nuestras casas. Los expertos dicen que con 10 minutos basta. Estos días de viento frío, lo que más apetece es cerrar cuanto antes las ventanas y mirar a través del cristal cómo la naturaleza va muriendo a sí misma, con la promesa de una vida nueva en primavera.

También debemos ventilar nuestras almas. Dejar que el viento purificador del Espíritu nos invada y nos renueve. Que aparte todas esas insidias y maldades, y nos empuje a una vida en santidad. Y después cerrar las ventanas de nuestras almas, porque nuestro "castillo interior" (en palabras de Santa Teresa de Jesús) sólo le pertenece a Cristo.

Pero no estamos llamados a encerrarnos en nosotros mismos. Al contrario: nuestro cristal debe permanecer limpio. Debemos ser transparencia de Cristo, como los santos. Que en nosotros le vean, que nuestras vidas sean transparencia de su Gloria. Que en nosotros sólo vean servidores de Cristo (cfr. 1 Co 4, 1).

Como los santos, debemos morir a nosotros mismos para que Cristo SEA en nosotros. Sabiendo que donde quiera que vayamos y en cualquier situación que estemos viviendo, Jesucristo está. Ven, Espíritu Santo, y elévanos siempre más y más alto...


Canción: Far Away
Intérprete: Libera
https://www.youtube.com/watch?v=kCpszpAZcA0



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