lunes, 11 de septiembre de 2017

El hatillo de...

He tenido la oportunidad de colaborar en varias mudanzas, algunas de sacerdotes. Estos días atrás, en una de ellas, he escuchado en varias ocasiones hacer referencia al "hatillo del padre Claret".

San Antonio María Claret guardaba en un pequeño hatillo que siempre llevaba consigo su libro de oración, la Biblia, la ropa indispensable para cambiarse y algún mapa. Y nada más, pues el corazón misionero debe estar libre de ataduras terrenales para volar allí donde el Señor le llame a llevar su Amor y su Palabra.

Reflexionando sobre esto, creo que es una buena enseñanza para todo cristiano. Y, si me apuráis, para todo hombre. Al fin y al cabo, estamos "de paso" por esta tierra y nada de lo que poseemos como bienes materiales nos llevaremos a la otra vida. Y realmente no importa cuántas cosas traslademos de un lugar a otro si el corazón no está enganchado a ellas. Sólo quedará aquello que hayamos sembrado y que se resume, básicamente, en el amor.

Parece que Septiembre ha sido siempre un mes de comienzos. Una vida nueva surge después de los días de descanso y vacaciones, aunque aparentemente las actividades por fuera sean las mismas.

Y yo me preguntaba: ¿cuál es el hatillo que llevo yo para este nuevo comienzo? ¿Sigo arrastrando pesos del pasado? Reconozco que algunas cosas sí son pesos que no vale la pena seguir portando. El corazón debe volar ligero para abrirse a las novedades que el Espíritu Santo quiera traer.

¿Qué tal si dejamos atrás todo aquello que nos estorbe y nos quedamos en el hatillo sólo aquello que nos enriquece y hace crecer como personas y como cristianos? Miro al horizonte y sólo veo luz y belleza. Y, sobre todo, infinitud: la infinitud que nos trae el Señor cuando caminamos con Él y dejamos que nos llene el corazón del gozo de las aventuras nuevas que viviremos de su mano. Con Él, no hay límites. Nuevos lugares, nuevas personas, nuevas experiencias, nuevos aprendizajes... y los amigos y lugares de siempre que nos llenan el corazón con su amor y nos siguen ayudando a crecer, poquito a poquito, pasito a pasito.

Caminemos, ligeros, con los ojos fijos en Aquel que nos lleva siempre más allá de los límites de nuestro horizonte.






martes, 15 de agosto de 2017

Medio Cielo, medio Tierra...

Hoy es un día precioso. Para la Iglesia y para la humanidad entera. Me refiero, claro está, a la celebración de la Asunción de la Virgen al Cielo.

Es decir, hoy celebramos que Jesús, como buen Hijo, se llevó a su Madre con Él para que fuera nuestra Madre por toda la eternidad. Chuli, ¿verdad?

Rezando antes de la Misa he sentido un gozo profundo al pensar en este día cuando fue el primero: cómo sería la llegada de María al Cielo. Y me he imaginado la fiesta tremenda con que la recibirían los Ángeles, con música, cantos y bailes. Y seguro que algún adornillo habría.

Y también he pensado en el rostro de alegría y sorpresa de la Madre al encontrarse a los Patriarcas y a los Profetas. Y su humilde rostro resplandecer de gozo al ver cara a cara a la Trinidad (al fin y al cabo, Ella había tenido experiencia de Dios Trinidad por "separado" y ahora se encontraba de frente al Misterio completo)

Y qué gozo y alegría tan grandes al mirarnos a nosotros desde el Cielo, sabiendo que tenía toda una eternidad para cuidarnos como hijos.

Hoy es un día precioso, sí. Con María ya siento medio cuerpo mío en el Cielo. De algún modo, ya pregustamos en Ella lo que sus hijos gozaremos por siempre. Y, así, con el otro medio cuerpo, esta Tierra nuestra ya es medio Cielo...

Gracias, Señor, por nuestra Madre María+


martes, 8 de agosto de 2017

Derroche de Misericordia

Hace unos meses se abrió en mi parroquia de Alcorcón una capilla de adoración perpetua.

La verdad es que es un inmenso regalo y un privilegio tenerla. Saber que puedes ir a cualquier hora del día y encontrarte con el Corazón del Señor abierto de par en par, siempre dispuesto, siempre amante, siempre derrochando Misericordia y ternura.

Hoy, al entrar, he comenzado a darle gracias por estar ahí, siempre. Y he sentido con fuerza en el corazón que el Señor me decía: "gracias a ti por venir a verme".

Y hoy también le he dado especialmente gracias por la generosidad de tantas almas que le han dicho que sí y por ello la capilla puede estar abierta. Al sentarme en el banco, he visto delante de mí a una madre que conozco de un grupo de la Renovación Carismática de otra parroquia. Estaba sentada junto a su hijo, en actitud de profunda adoración. Su hijo tiene síndrome de Down y alguna vez hemos tenido la oportunidad de compartir su dicha y también su sufrimiento por este tan querido hijo para ella. Y aquí estaban, un lunes muy pasadas las 9 de la noche, adorando al Señor. No viven lejos, pero tampoco cerca, así que me imagino que habrán vuelto a casa paseando por el parque. Disfrutando de la preciosa noche que hoy hay y hablando de las dulzuras del Señor en su tiempo de adoración.

Desde estas pobres líneas, quiero hacer llegar mi inmensa gratitud a todos ellos. A esta madre, a su hijo y a tantos cientos (sí, cientos) de almas que se han inscrito desde distintos lugares de la Diócesis de Getafe (y seguro que de más lejos) como adoradores; y a aquellos que, en la sombra, organizan todos los turnos y que todo esté bien. Gracias a ellos, a su servicio silencioso y humilde, el Señor tiene la oportunidad de sonreírnos al vernos llegar y de amarnos inmensamente en ese tiempo en el que derramamos nuestra alma ante Él.

Gracias, Señor, por tanto derroche de Misericordia...



miércoles, 2 de agosto de 2017

El Perdón de Asís

Hoy, 2 de Agosto, celebramos a Santa María de los Ángeles y el Perdón de Asís, un privilegio del que podemos gozar todos acercándonos a una parroquia franciscana. Abajo os dejo un vídeo para que podáis conocer un poco más.

Aprovechemos los regalos que Dios nos hace para librarnos de la tan pesada carga del pecado. De tu santidad nos beneficiamos todos. Así que... ¡sé santo, sé santa! :-)


EL PECADOR

Un hombre fue a confesarse con un sacerdote y le pidió que fuera su intercesor ante Dios, para ver si así dejaba sus pecados y su mala vida. El sacerdote así se lo prometió y así lo hizo; mas como al cabo de algún tiempo no paraba de quejarse de que seguía pecando y no le eran de provecho alguno aquellas oraciones, el sacerdote le dijo:

"Ven y ayúdame a levantar aquel costal de trigo que se le ha caído a esa mula".

Cogió el hombre por un lado y el sacerdote por otro, y cuanto más tiraba el pecador para arriba, más tiraba el sacerdote para abajo.

"¿Cómo lo vamos a levantar de esta manera?", preguntó el hombre.

"Pues igual haces tú, respondió el sacerdote, cuando pido a Dios que te libre de tus pecados, tú sigues tirando hacia abajo".




video



Esta historia forma parte de la sección HISTORIAS PARA REFLEXIONAR: pequeños textos que he ido encontrando en distintos sitios. A todos creo yo que se les puede sacar una moraleja o una reflexión sencilla para la vida cotidiana. Si os surge una, os animo a dejarla en los comentarios de abajo, para que todos nos podamos enriquecer con ellas :-)

miércoles, 28 de junio de 2017

TESTIMONIO - Me gusta ser misionero, consagrado, sacerdote, servidor...

Hoy nos comparte su testimonio el padre Abel, sacerdote claretiano, padre espiritual y amigo. Ya nos escribió hace un tiempito la preciosa "Historia de una bufanda". Hoy el testimonio es más personal aún, vinculado a la hermosa historia de Amor de Dios en su vida. 


ME GUSTA SER MISIONERO, CONSAGRADO, SACERDOTE, SERVIDOR...


He venido a la playa para iniciar la escritura del testimonio de mi vida, asumiendo la invitación de Elena. Al observar el horizonte mi primera constatación es que mi vida es un continuo encuentro de mundos que no desean ser conquistados sino amados y, muchas veces, también sanados y/o reconciliados. Soy misionero y vivo en España, soy bautizado y ejerzo como presbítero en la Congregación de Misioneros Claretianos, me siento lleno de vitalidad y a la vez muy necesitado de mis hermanos y hermanas.

Me encontré con Dios antes de nacer, ya que desde el vientre materno mi madre me ha tenido que proteger tanto de personas como de acontecimientos que me podían haber privado de la vida que hoy gozo. Mi madre me ha enseñado a decir que sí a Dios y a la vida. Por gracia del Altísimo, nací en Colombia, en donde he aprendido a buscarle en todo tipo de personas y situaciones: en mi familia, en el colegio Claret de la ciudad de Cali, en los amigos de infancia, en los de la adolescencia y en los de la juventud. Con los scouts aprendí a encontrar a Dios en la naturaleza; en la parroquia de mi barrio aprendí a encontrarlo en la fe de la comunidad; en los pobres aprendí a encontrarlo en los sufrientes y necesitados; en la Vida Consagrada y en mi Congregación Claretiana he aprendido a encontrarlo en infinidad de respuestas (“Sí”, “hágase”)… Pero donde más siento que se hace presente es en la familia, la de sangre y la carismática, la humana, la que sufre y se acompaña mutuamente, la que lucha y se supera, la que cada día tiene que volver a levantarse y perdonarse, la de la comunidad, la de los que se aman siendo distintos.

Fui bautizado con 9 meses de vida, hice la primera comunión con 8 años, hice mi primera profesión como Misionero Claretiano con 21 años y fui ordenado presbítero con 27. A lo largo de este proceso, el Dios con el que me he ido encontrando nunca ha sido estático, ni ha estado encerrado, ni es unipersonal ni mucho menos separatista, siempre se deja reconocer en comunión con otros. El Dios con el que me he ido encontrando no se deja atrapar, encerrar o manipular, aunque por amor se conmueve en sus entrañas y lo da todo para que tengamos vida abundante (Cf. Jn 10, 10b)

El Dios con el que me he ido encontrando es más grande y profundo que el mismo océano que contemplan mis ojos, pero por amor se hace pequeño y resalta su sencillez dejándose reconocer en los que son como niños. Su palabra se escucha en todos los idiomas y en todos los rincones del mundo, así que todos Le podemos escuchar. Esto me anima a ser misionero, pues sé que quiere hablar, ser escuchado y acogido en el corazón de todo hombre y mujer. El Dios con el que me he ido encontrando va a la escuela con los estudiantes, al trabajo con los currantes, a la playa con los de espíritu libre, a la montaña con los que se esfuerzan, al desierto con los que buscan intimidad, al parque con los que se relacionan… y a la vez no le gusta salir de casa si hay alguien enfermo, en prisión o se ha encerrado en sí mismo, pues es en nuestro corazón donde quiere habitar por siempre.

Delante del sagrario también te digo que el Dios con el que me voy encontrado es misericordia, compasión, silencio, escucha, luz, abrazo, caricia, beso, amor sin límites, cuenco que recoge las lágrimas de los corazones afligidos...
El Dios con el que me voy encontrando es muy relacional, cercano, de todos los colores, condición social, nacionalidad, edad, religión…
El Dios con el que me voy encontrando y que cada vez me cautiva más, es sobre todo Corazón traspasado, herido de amor, entregado, hecho pobre y en total obediencia el Padre. Es un Dios de brazos abiertos y manos con callos de tanto trabajar trayendo la paz. Es un Dios con los pies llenos de polvo al salir a los caminos para acoger a los peregrinos e inmigrantes. Es un Dios comunidad (común-unidad), de personas distintas y ninguna se consigue sentir ni más ni menos que los demás, porque los une el amor y el reconocimiento de que sin los otros desaparecemos.

Me gusta ser misionero, consagrado, sacerdote, servidor de los que buscan a Dios y con sencillez de corazón se dejan encontrar, sorprender, animar, se dejan ayudar a vivir. Y por ello mismo me duele la indiferencia y el estar acomodados “en lo de siempre” y “con los de siempre”, que no siempre son los más necesitados, los que desde las periferias estiran sus manos anhelando sentir nuestras manos de hermanos y convencidos creyentes.

Del Dios con el que me voy encontrando aún me queda mucho por conocer, amar, servir, y alabar… Confío que con su gracia pueda seguir en el camino que me lleve a llegar, de la mano de otros, a su Reino, que quiere hacerse presente aquí en la Tierra. Amén.


domingo, 18 de junio de 2017

¿Se nos nota?

Hoy celebramos en la Iglesia la preciosa Fiesta del Corpus Christi. Llevo todo el día con una fuerte acción de gracias al Señor en mi corazón por el inmenso regalo que nos ha hecho de quedarse entre nosotros. El regalazo de poder adorarlo y, ¡locura de Amor de Dios!, poder alimentarnos de Él.

Y tengo también presente el privilegio que el Señor concedió a San Antonio Mª Claret, fundador de la Congregación de los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María (conocidos como Misioneros Claretianos) de ser un "sagrario viviente", de llevar siempre a Dios en el pecho por el regalo de la conservación de las especies sacramentales de una comunión a otra.

Así nos lo cuenta el padre Claret en su Autobiografía:

"En el día 26 de agosto de 1861, hallándome en oración en la Iglesia del Rosario, en La Granja, a las 7 de la tarde, el Señor me concedió la gracia grande de la conservación de las especies sacramentales y tener siempre, día y noche, el Santísimo Sacramento en el pecho; por lo mismo, yo siempre debo estar muy recogido y devoto interiormente; y además debo orar y hacer frente a todos los males de España, como así me lo ha dicho el Señor. (...) Glorificate et portare Deum in corpore vestro. 1 Cor VI, 20" (Aut 694)

Y más adelante escribe: "En el día 16 de mayo de 1862 (...) en la Misa me ha dicho Jesucristo que me había concedido esta gracia de permanecer en mi interior sacramentalmente" (Aut 700)

¡Qué grande es el Señor en sus santos! Era tan inmenso el amor del padre Claret al Señor y a la Eucaristía que le concedió este privilegio.

Y nosotros, ¿amamos así al Señor? ¿Somos conscientes del inmenso privilegio que es su Presencia constante entre nosotros? ¿Amamos a Jesús Eucaristía, le adoramos, le comulgamos con infinito respeto y reverencia? ¿Somos de veras conscientes de tener al Dios Vivo dentro de nosotros cada vez que comulgamos? Y si es así... ¿se nos nota después?...

Que San Antonio María Claret interceda por nosotros y nos ayude a vivirlo como él lo vivió. Amén+

Canción: Hay un Corazón que mana
Autora: Paloma Falconi
https://youtu.be/N6oimYLPIwU?list=PLIquW9Q_oS0AO0zgv5MK2_C1q_4mSB_Dd



martes, 13 de junio de 2017

TESTIMONIO - La hora del milagro

Hoy os comparto el testimonio que me envió Adrián, misionero claretiano y, desde el pasado sábado 10 de junio, sacerdote de Jesucristo. Este testimonio lo compartió antes de su ordenación, así que ya asoma en él esa flor que florece con toda su vitalidad nueva y expande la fragancia de Cristo a todo aquel que se acerca.

Como nos dijo en la homilía de su primera Misa, con palabras del poeta Miguel Hernández, oramos para que su vida sea siempre: "Querer, querer, querer. Esa fue mi corona, esa es".

LA HORA DEL MILAGRO

Últimamente pienso que sería maravilloso asistir al momento exacto en que la flor, que lleva todo un invierno gestándose en el silencio y la paciencia de lo escondido, hace estallar su cubierta y comienza a abrir sus puntas hacia el mundo. Ese momento inasible en que la planta, vencida de riqueza, sobreabundada de la savia que ha ido tomando de la tierra y del agua y del sol, empieza a mostrar a todos sus perfiles esmaltados y va anunciando en ellos la cosecha futura. El instante del milagro insospechado en que todo se hace nuevo, habiendo germinado desde antiguo... Últimamente lo pienso, porque lo siento cerca.

Los misioneros claretianos abrieron para mí la cancela de su jardín hace ya más de una década. He pasado la mayor parte de estos años formándome para la vida misionera: aquilatando los sueños, tentando las fuerzas, agrandando la alcuza. Aprendiendo a reconocer la voz del Buen Pastor, a transitar sus oteros, a descansar en sus majadas. He sido regalado con la intimidad amorosa de Dios pasando muchas horas delante de un Cristo crucificado cuya madera parecía lumbre encendida. He escuchado Su nombre en muchos nombres y he sufrido con quienes no aciertan a pronunciarlo, ni siquiera como deseo. He sabido —y nunca lo agradeceré suficientemente— lo que es la compañía y el abrazo de un padre y un amigo en el Espíritu. He batallado contra mis miras estrechas para vivir en fe el discipulado de la comunidad y la mistagogía de la Iglesia. He implorado que mis días conozcan la hondura, la compasión y la fecundidad. Que mi esperanza sea más grande que mis fracasos. Y que al cruzarse conmigo, los hombres vean algo —a Alguien— más allá de mí. No son muchos mis años de vida religiosa, pero ya he llorado la muerte de algún hermano a quien echo de menos más de lo que quisiera admitir. Y ahora, pobre como me sé, estoy a un paso de ser ordenado presbítero, aguardando que la raíz se torne tronco, el tronco despegue en ramas, las ramas cuajen en brotes y los brotes se ofrezcan en fruto.

Paso este tiempo peregrinando como un hombre creyente entre universitarios que me desconciertan y que me invitan por igual a la gratitud por lo recibido y a la pasión por lo prometido. Al mismo tiempo, soy como ellos joven y estudiante. En su día, lo fui de la literatura, a la que sigo acudiendo como postigo franco desde el que avistar la entraña humana, a veces tan opaca, otras tan visitada por la luz divina. Hoy soy más bien un torpe y asombrado lector de teología, que va tratando de conocer y amar y servir mejor a Dios a través de quienes lo han pensado y orado y vivido antes y más santamente, habitando el hontanar de las verdades últimas. Y en medio del jornal cotidiano —el alma vuelta a Dios aun en la noche—, intuyo que sí, que no está lejos la savia de las yemas. Miro por mi ventana la fronda en la ciudad. Y rezo con cadencia castellana: «Antes que te derribe, olmo del Duero, / el leñador, (...) / quiero anotar en mi cartera / la gracia de tu rama verdecida. / Mi corazón espera / también, hacia la luz y hacia la vida / otro milagro de la primavera» (A. Machado).

Canción: I look to you
Intérprete: Whitney Houston
https://youtu.be/5Pze_mdbOK8?list=PLIquW9Q_oS0AO0zgv5MK2_C1q_4mSB_Dd



martes, 9 de mayo de 2017

TESTIMONIO - El Señor fue más allá

Hoy nos comparte su testimonio mi amigo Miguel. Me encanta ver cómo el Señor aprovecha cualquier oportunidad para tocar y convertir nuestro corazón a su Amor y Misericordia.

EL SEÑOR FUE MÁS ALLÁ

Me llamo Miguel. Llevo en la Renovación Carismática unos cinco años, en donde he tenido muchas experiencias personales con Jesús. Pero como no es cuestión de hacer un libro en este testimonio, me voy a centrar en una de las primeras.

En el siguiente Seminario de Vida en el Espíritu (SVE) que iba a realizar mi grupo, se me pidió que diera testimonio en la parroquia para anunciarlo e invitar a su asistencia. Yo soy muy mal orador y me pone muy nervioso el tener que hablar ante la multitud. Entonces, pidiéndole ayuda al Señor, Él puso en mis manos una bonita historia:

El dueño de la tienda estaba colocando un anuncio en la puerta que decía:
"Cachorritos en venta"
Esa clase de anuncios siempre atraen a los niños y pronto apareció en la tienda un niños preguntando: "¿Cuál es el precio de los perritos?". El dueño contestó: "Entre 30 y 50 euros".

El niñito metió la mano en su bolsillo y sacó unas monedas: "Sólo tengo 2.50... ¿Puedo verlos?". El hombre sonrió y silbó. De la trastienda salió su perra seguida por cinco perritos. Uno de los perritos no podía seguir a los demás. El niñito inmediatamente señaló al perrito rezagado que cojeaba. "¿Qué le pasa a ese perrito?", preguntó. El hombre le explicó que el perrito nació con una cadera defectuosa y que siempre cojearía. El niñito se emocionó y exclamó: "¡Ese es el perrito que yo quiero comprar!". Y el hombre replicó: "No, si tú realmente lo quieres, yo te lo regalo".


El niñito se disgustó y mirando a los ojos del hombre le dijo: "No, yo no quiero que usted me lo regale. Él vale tanto como los otros perritos y yo le pagaré le precio completo. De hecho, le voy a dar mis 2.50 euros ahora y 50 céntimos cada mes hasta que yo lo haya pagado completo".

El hombre contestó: "No deberías comprarlo. Él nunca será capaz de correr, saltar y jugar como los otros perritos".

El niñito se agachó y levantó su pantalón para mostrar su pierna izquierda, inutilizada, soportada por un gran aparato de metal. Miró de nuevo al hombre y le dijo: "Bueno, yo tampoco puedo correr y el perrito necesita a alguien que lo entienda".

Los ojos del hombre se llenaron de lágrimas... Sonrió y dijo: "Hijo, sólo espero que cada uno de estos cachorritos tenga un dueño como tú".

En la vida no importa quién eres, sino que alguien te aprecie por lo que eres, y te acepte y te ame incondicionalmente. Un verdadero amigo es aquél que llega cuando el resto del mundo se ha ido.


Al contar esta historia en mi testimonio alegaba que el niño era Jesús, el señor de la tienda la sociedad y yo era el perrito cojo. Donde la sociedad te margina, te juzga y desprecia; y donde Jesús te acepta como eres y te comprende, te ama incondicionalmente y te valora generosamente. Y ESTO ES LO QUE ME HABÍA PASADO EN LA RENOVACIÓN: QUE HABÍA CONOCIDO A JESÚS PERSONALMENTE Y SENTÍA SU AMOR, INVITANDO A TODOS A QUE CONOCIERAN PERSONALMENTE A JESÚS.

Para mí fue un estupendo testimonio que propagué por más seminarios y donde se emocionaba hasta quien lo contaba. Yo me aludía como el perrito cojo.

El Señor me ayudó en ese momento de tener que dar testimonio, pero fue más allá. Quería mostrarme más cosas.

Durante el SVE que realizaba mi grupo llegó la enseñanza del pecado. El conferenciante realizó una dinámica en la que nos mostraba cómo unas piedras se manchaban en el lodo y que eso mismo nos ocurría a nosotros con el pecado. Nos regaló una piedra a cada asistente. Piedras sencillamente bonitas, redondas, blancas, uniformes. Pero la que me tocó a mí no me gustó: era rugosa, con estrías, con un color de diente sucio. En definitiva, a mí no me gustó nada mi piedra y lo comenté a hermanos del grupo. Una hermana me contestó que me había tocado el perrito cojo. A otra hermana le encantó, le veía ojitos y una sonrisa. Fue entonces donde el Señor me mostró que solemos ir de víctimas y, aunque la sociedad nos margina y maltrata, nosotros también lo hacemos y no aceptamos a los demás, marginándoles también. Yo había marginado a mi piedra, pero este hecho abrió mis sentidos para reconocer que no soy perrito cojo, sino que tengo más del señor de la tienda.

El Señor me mostró su amor sacándome de un apuro de evangelización, pero al mismo tiempo me mostró mis miserias, mis carencias, mi falta de amor.

Desde este momento mi paciencia, comprensión y actitud se asemejan más a la voluntad del Señor. Bendito y alabado sea por siempre.

Canción: Dios me ama
Autor: Danilo Montero
https://youtu.be/9OOrxVeyydg?list=PLIquW9Q_oS0AO0zgv5MK2_C1q_4mSB_Dd



jueves, 20 de abril de 2017

Y tú, ¿qué esperas?

Os comparto esta meditación del padre Miguel José Cano (sacerdote diocesano de Jaén). Me ha dado luz sobre mi vida, pues veo con cuánta facilidad soy de las que tienen en el corazón un anhelo de entrega, pero con facilidad bajo los brazos y me quedo esperando. Esperando... ¿realmente a qué? Esperando, esperando... se nos escapa la vida...

"En la vida hay personas que esperan, esperan... y esperan. Esperan que los otros les hagan todo. Esperan que los demás les solucionen los problemas. Piensan que no son o no valen para nada, y se sienten indignos para todo. Otros, esperan que todo sea un camino de rosas. Y se amargan y agobian a las primeras de cambio. Todas son esperas que tienen como centro el yo.

Hay otros que también esperan. Esperan encontrarse con el necesitado. Con el que sufre. Con el que necesita un abrazo. Para ello se enfundan el traje de samaritano, y visitan a los enfermos, escuchan a los que no conocen el Amor de Dios. Y no tienen miedo de que su ropa se manche ni que sus zapatos se llenen del barro del camino. No les importa el esfuerzo, ni el sufrimiento. Saben que la espera exige sacrificio, que todo se consigue a base de trabajo y voluntad, y que Dios nos capacita a todos en la dificultad y los problemas. Que aceptan lo que les viene encima. Que se hacen fuertes con el sufrimiento, que saben ofrecerlo y que no se lamentan por las desgracias que les sobrevienen. Que dan gracias a Dios siempre. Que llevan la cruz con entereza.

Yo sé de qué grupo soy, ¿y tú de cuál eres?

¡Señor, quiero conocerte, quiero que tu Misericordia llene mi corazón! ¡Necesito, Señor, que tu mirada me llene, que tu ternura me transforme y que tu Amor cambie mi modo de ver la vida! ¡Señor, te doy gracias porque cada día me sorprendes, porque tu Misericordia es permanente! ¡No permitas que me quede en la linde del camino para esperarte! ¡Envía tu Espíritu Santo, Señor, para que coja bríos que me lleven a Ti y a servir a los demás!

¡Señor, Tú eres misericordioso y compasivo, es tu Palabra, tus gestos, tus miradas, tus enseñanzas las que me alimentan a seguir adelante en el difícil camino de la vida! ¡Eres Tú, Señor, el espejo en el que necesito mirarme, el modelo del que aprendo todo, la guía para enderezar siempre mi camino! ¡Señor, Tú caminaste por Galilea imponiendo tus manos para sanar enfermos, sordos, mudos, ciegos! ¡Sáname, Señor, de mi pecado, de mi sordera para escuchar al que grita pidiendo consuelo, para dar una palabra de esperanza al que la ha perdido, al que no veo y me necesita! ¡Señor, tu Misericordia continúa sanando corazones enfermos! ¡Ten compasión de mí, Señor, y sáname! ¡Y cuando toques mi corazón, no permitas que me quede a la espera! Amén."





lunes, 17 de abril de 2017

TESTIMONIO - Mi encuentro fue en una mirada

Hoy nos comparte su testimonio Pablo Fernández-Martos. Un viejo y muy querido amigo del que aprendí sobre todo el amor a la Virgen. Debo reconocer que cuando le conocí, aún seminarista, me chocó mucho ver a alguien que rezaba el rosario completo todos los días. ¡Incluso en las marchas de los campamentos! Fue todo un testimonio silencioso y orante de amor a la Madre que me caló profundamente y que aún recuerdo con cariño.

MI ENCUENTRO FUE EN UNA MIRADA

Hola

Mi nombre es Pablo, soy sacerdote y desde hace 4 años trabajo en el Sur de Chile como director espiritual del Seminario más austral del mundo, en Villarrica.

Me han pedido un breve testimonio de mi encuentro con Cristo, y aquí van unas letras para compartirlo. La verdad es que es bien sencillo.

Hace ya muchos años, siendo yo un niño de 12 años, tuvimos una convivencia con la parroquia en la que yo participaba en Madrid. Yo siempre fui un niño piadoso de una familia muy religiosa, con unos padres que siempre me inculcaron la fe como lo primero y más importante en mi vida. Por una serie de carambolas de la vida, pude hacer mi primera comunión con 6 años y sin duda ese encuentro con Jesús marcó mucho mi vida, porque desde entonces me acercaba con mucha frecuencia a comulgar, siguiendo los buenos ejemplos de mi casa.

En aquella ocasión fuimos con el grupo juvenil de la parroquia y un sacerdote nos ofreció su testimonio vocacional. Yo no recuerdo quién es, ni tampoco muy bien lo que dijo, pero sí recuerdo que me miraba, y que en aquella mirada yo lo entendí todo de una vez. Cuando salí de aquella misa, dije: Yo quiero mirar así, tengo que ser sacerdote. Fue así, muy simple. Me fui a mi casa y se lo dije a mi madre, que me dio buenos consejos y me ayudó a mantener viva esa llamada, al tiempo que me recordaba sus exigencias. Después busqué un director espiritual que me fue educando el corazón y avivando la llama que esa mirada había puesto en mí.

Fundamental fue también la Virgen María, que siempre ha estado muy presente en mi vocación, a la que consagré mi vida desde el primer momento y que siempre con suavidad me ha enseñado a mirar siempre a su Hijo.

Esa mirada ha quedado muy grabada en mi corazón y en la memoria, y de cuando en cuando el Señor me la vuelve a mostrar, en enfermos, sacerdotes, religiosos y en San Juan Pablo II, al que pude saludar en alguna ocasión. Y muchas veces con los ojos cerrados ante el Santísimo Sacramento... ahí está siempre esa mirada, que me recuerda que soy amado y que debo mirar así, como Él mira. Recostado en el Pecho del Señor, escuchando su Corazón, siempre reconozco esa mirada que me recuerda: por encima de tus debilidades, de tus pecados, de tus torpezas, de tus complejos, de tus capacidades y éxitos, de tus alegrías y penas, ¡eres amado!

Así que mi encuentro fue en una mirada. Así de simple, así de grande. No dejes de mirar como te mira el Señor y de pedir que te dé un corazón como el suyo, del que brota una mirada como la suya, llena de bondad y Misericordia.

Dios os bendiga.

Pablo

Canción: Nadie me ha mirado así
Autor: Carlos Dorado
https://youtu.be/_JPCj4QvnTg