lunes, 11 de junio de 2018

Hoy quiero ser el hijo mayor de la parábola...

Hoy quiero ser el hijo mayor de la parábola del Hijo Pródigo (o del Padre Misericordioso) (Lucas 15, 11-32)

Sí, hoy quiero ser ese hijo, pero de un modo nuevo. Con la novedad que siempre nos regala Dios para nuestra vida por medio del Espíritu Santo.

Quiero estar tan cerca del Corazón del Padre que sienta su mismo dolor por el hijo que desconoce su Amor y se marcha de Casa. Y así, tan cerca, ser partícipe de su mismo dolor y ser para Él fuente de ternura y consuelo. Porque el Señor busca consoladores pero no siempre los encuentra...

"El oprobio me ha roto el corazón y desfallezco. Espero compasión, y no la hay, 
consoladores, y no encuentro ninguno" (Salmo 69, 21)

Quiero ser corazón intercesor junto al Corazón del Padre, con María, la Madre, que siempre ora e intercede por sus hijos para que vuelvan a Casa; para que recuerden dónde se halla su dignidad de verdaderos hijos, dónde hallarán la felicidad que tanto buscan en lugares donde no pueden hallarla...

"Doble mal ha hecho mi pueblo: a mí me dejaron, Manantial de Aguas Vivas, para hacerse cisternas, cisternas agrietadas, que el agua no retienen" (Jeremías 2, 13)

Quiero estar con el Padre a la puerta de la Casa esperando, esperanzada, para ver, aun cuando estén todavía lejos (cfr. Lucas 15, 20), a mis hermanos alejados, a mis hermanos pródigos, que vuelven a Casa. Y correr, con Él y como Él, con el corazón conmovido a su encuentro y ser testigo de ese abrazo reparador, sanador, misericordioso, que tiene prisa por restituir el mejor vestido (cfr. Lucas 15, 22) de ese alma que vuelve a Casa. ¡Y celebrar la fiesta de la eterna Pascua!

"¡En Ti se gocen y se alegren todos los que te buscan! Repitan sin cesar:
¡Grande es el Señor!, los que aman tu salvación" (Salmo 40, 17)

Y quiero escuchar al Padre que me dice: "Hija, tú siempre estás conmigo y todo lo mío es tuyo" (cfr. Lucas 15, 31). Y sentir que mi corazón se inunda de gozo... Sí, Él siempre está conmigo y yo siempre estoy con Él. Y todo lo suyo (todo su Corazón, su Amor, su ternura, su Misericordia... hasta su misma vida eterna) son míos. ¡Míos... y para siempre!

Todos somos hijos pródigos... todos somos hijos mayores... 
¿Qué lugar escoges hoy junto al Corazón del Padre?

Canción: Todo lo espero de Ti
Música y letra: Pablo Martínez
Artistas invitados: Athenas Vénica y Tobías Buteler.





viernes, 18 de mayo de 2018

Carta Encíclica DIVINUM ILLUD MUNUS, sobre el Espíritu Santo (Papa LEÓN XIII, 9/05/1897)

"Pidamos el Espíritu Santo.

15. Por último, conviene rogar y pedir al Espíritu Santo, cuyo auxilio y protección todos necesitamos en extremos. Somos pobres, débiles, atribulados, inclinados al mal: luego recurramos a Él, fuente inexhausta de luz, consuelo y de gracia. Sobre todo, debemos pedirle perdón de los pecados, que tan necesario nos es, puesto que es el Espíritu Santo don del Padre y del Hijo, y los pecadores son perdonados por medio del Espíritu Santo como por don de Dios, lo cual se proclama expresamente en la liturgia cuando al Espíritu Santo le llama remisión de todos los pecados.

Cuál sea la manera conveniente para invocarle, aprendámoslo de la Iglesia, que suplicante se vuelve al mismo Espíritu Santo y lo llama con los nombres más dulces de padre de los pobres, dador de los dones, luz de los corazones, consolador benéfico, huésped del alma, aura de refrigerio; y le suplica encarecidamente que limpie, sane y riegue nuestras mentes y nuestros corazones, y que conceda a todos los que en El confiamos el premio de la virtud, el feliz final de la vida presente, el perenne gozo en la futura. Ni cabe pensar que estas plegarias no sean escuchadas por aquel de quien leemos que ruega por nosotros con gemidos inefables (Rom 8, 26). En resumen, debemos suplicarle con confianza y constancia para que diariamente nos ilustre más y más con su luz y nos inflame con su caridad, disponiéndonos así por la fe y por el amor a que trabajemos con denuedo por adquirir los premios eternos, puesto que Él es la prenda de nuestra heredad (Ef 1, 14)”

Canción: Con tu Espíritu
Intérpretes: Luna Eikar & Kiki Troia.
https://youtu.be/BPaBvKiqJm8




miércoles, 16 de mayo de 2018

Elena Guerra y el Espíritu Santo (4º parte)

Desafiado por Elena Guerra, un Papa escribe una encíclica sobre el Espíritu Santo y consagra el siglo al Paráclito. Otro Papa, Juan XXIII, beatifica a Elena, habla de una permanente efusión del Espíritu y de la necesidad de un nuevo Pentecostés, y reza en la convocación oficial del Concilio Vaticano II, diciendo:

"Renueva en nuestro tiempo los prodigios como de un nuevo Pentecostés, y concede que la Iglesia santa, reunida en unánime y más intensa oración en torno a María, Madre de Jesús, y guiada por Pedro, propague el reino del Salvador divino, que es reino de verdad, de justicia, de amor y de paz. Así sea”.

La decisión que instituirá una “comisión preparatoria” para el Concilio se hizo pública exactamente el día de Pentecostés, el 17 de mayo de 1959, ocasión en que el Papa incentiva a los obispos del mundo entero a reunirse en un Concilio Ecuménico para un Nuevo Pentecostés, y termina su discurso con la siguiente oración: “Espíritu Santo, vuestra presencia dirige la Iglesia hacia el camino correcto. Nosotros os pedimos, derramad la plenitud de vuestros dones sobre este Concilio Ecuménico. Renovad vuestros milagros en nuestros días, en mira de un nuevo Pentecostés”. (cf. Ata Apostolical Sedis 51, pág. 832)

Sin embargo, antes de esta fiesta de Pentecostés en que él estableció la Comisión Preparatoria para el Concilio, el 26 de abril de 1959, Juan XXIII, preside su primera ceremonia de beatificación: ¡eleva a la honra de los altares a la fundadora de las Oblatas del Espíritu Santo, Elena Guerra!

En su discurso, Juan XXIII destaca que en la vida de Elena, “es notable cómo todo converge al cumplimiento de la misión que de parte de Dios le fue confiada, de ser en nuestros tiempos la apóstol de la devoción al Espíritu Santo”. Y resalta que ese apostolado no permaneció restringido a los muros de su ciudad, al ámbito de su Congregación, sino que tuvo resonancia por toda la Iglesia. Se la compara con Santa Margarita María Alacoque, en su apostolado de propagar el culto al Sagrado Corazón de Jesús.

Y afirma: “A semejanza de María Magdalena que fue la Apóstol de la Resurrección del Señor junto al Príncipe de los Apóstoles, así ella, de su nativa Lucca, escribe filialmente a nuestro Predecesor León XIII para exponerle sus planes”. “Si hoy, pues, se celebra con mayor solemnidad la Novena de Pentecostés, si a tantas almas dóciles al llamado del Pontífice se abrieron nuevos horizontes de santidad y de apostolado, se debe pensar con gratitud de aquella, de quien se sirvió la Providencia para influir en el gesto de nuestro Predecesor, tal como un bramido de vida nueva que impregna a toda la Iglesia”.

El Concilio Vaticano II se instala en octubre de 1962, y de una forma inédita en la historia de los Concilios va a referirse al Espíritu Santo por 258 veces. Se reconoce “reunido y dirigido” por Él. Abre las puertas a la reflexión teológica sobre los carismas (especialmente en 4 documentos: LG 4; 12; AA 3; PO 9; AG 4) y sobre los ministerios.

Al día siguiente de la beatificación de Elena Guerra, el Papa Juan XXIII en su discurso breve dirigido a las religiosas Oblatas del Espíritu Santo y a los peregrinos de Lucca, resumió el perfil de la Apóstol del Espíritu Santo, caracterizando su misión profundamente eclesial en:

Fundó una Congregación de educadoras y misioneras.
Fue maestra y escritora.
Vivió y sufrió con la Iglesia.
Murió destituida de su cargo, humillada y olvidada.
Pero, encima de todo, realizó, en la oración, en el sufrimiento y en el trabajo, su misión específica de ser en nuestros tiempos la APÓSTOL DEL ESPÍRITU SANTO.


Preciosa vida la de los santos, totalmente abiertos a la acción del Espíritu Santo, que les lleva a hacer (en todo momento y a pesar de las dificultades) la voluntad de Dios en sus vidas.

Encomendémonos a la poderosa intercesión de la Beata Elena Guerra y pidamos una nueva efusión del Espíritu Santo para nosotros, nuestras comunidades, para la Iglesia y para toda la humanidad. ¡Ven, Espíritu Santo!


Canción: Espíritu Santo
Autor: Athenas & Tobías Buteler
Intérprete: Athenas


 

lunes, 14 de mayo de 2018

Elena Guerra y el Espíritu Santo (3º parte)

De este periodo de correspondencia de cartas con Elena Guerra, León XIII destina a la Iglesia 3 documentos sobre ese asunto relacionado al culto al Espíritu Santo: 1º El Rescripto “Provida Matris Charitate” del 5 de mayo de 1895, donde invitaba a los fieles a invocar al Espíritu Santo, recomendando hacer una novena en ocasión de Pentecostés; 2º La primera encíclica sobre el Espíritu Santo, “Divinum illud munus” del 9 de mayo de 1897, de la cual hablaremos más adelante con más detalles; 3º La Carta a los Obispos, “Ad fovendum in cristiano populo”, en que refuerza las recomendaciones anteriores.

Por su parte, Elena prosigue trabajando intensamente por la difusión de la devoción al Espíritu Santo. Escribe diversos libros sobre el asunto, y envía al Papa León XIII una Novena de Pentecostés de su autoría, titulada “El Nuevo Cenáculo”. Tanto hizo por la devoción al Espíritu Santo que, una vez atacada por una enfermedad mortal, dejó brotar del corazón hacia sus labios esta apasionada y significativa oración: “Señor, te ofrezco mi vida y mi muerte por el triunfo del Espíritu Santo”.

El 18 de octubre de 1897 fue recibida por el Papa en una audiencia especial, recibiendo de él un gran estímulo para continuar en su apostolado por causa del Espíritu Santo. En esa ocasión, también la autorizó a dar a las religiosas de su Congregación el nombre de Oblatas del Espíritu Santo, identificándolas así, de modo más adecuado, al carisma que le es propio en la Iglesia. 

El 20 de junio de 1903 fallece el Papa León XIII. Después de algunos años, grandes sufrimientos se presentan en la vida de la madre fundadora Elena Guerra. Como tantas otras figuras de la historia de la espiritualidad cristiana, Elena también necesitó tomar con coraje su cruz y emprender el camino del calvario. Fue depuesta de su autoridad por vulgar conspiración de algunas personas soberbias, pero sobre todo ingratas. Por imposición de la autoridad eclesial local, tuvo que renunciar públicamente al cargo de Superiora de la Congregación. Vivió los últimos 7 años de su vida en un verdadero desierto, aislada de las actividades y de la compañía de sus hijas. 

Después de su muerte, se reveló la tremenda injusticia cometida contra la superiora y fueron presentadas diversas reparaciones. El Cardenal Lorenzelli, al final de los trabajos y de la tempestad, exclamó: “Encontramos oro donde creíamos que había basura, y basura donde creíamos que había oro…”.

Elena Guerra falleció en Lucca el 11 de abril de 1914 (11 años más tarde del mismo día y mes en que murió su discípula Gemma Galgani, también en un Sábado Santo), habiendo convivido con 4 Papas: Gregorio XVI (1831-1846), Pío IX (1846-1878), León XIII (1878-1903) y Pío X (1903-1914).

En la siguiente entrada veremos la vinculación de la Beata Elena Guerra con el Papa Juan XXIII y la convocatoria del Concilio Vaticano II.

Canción: Dulce Huésped
Autor: Luis Mauricio
Intérprete: Celines & Luis Mauricio







domingo, 13 de mayo de 2018

Elena Guerra y el Espíritu Santo (2ª parte)

En los años posteriores a la fundación de la Congregación, Elena siente crecer día a día en su corazón una profunda devoción al Espíritu Santo. Algunas experiencias místicas como locuciones y llamadas interiores, van colocando en su corazón una acentuada inquietud en relación a la condición bastante precaria que se podía notar en la Iglesia, en relación a la devoción y al culto a la persona del Espíritu Santo. El Señor la inspiraba y le pedía tomar alguna iniciativa; pero ella dudaba…

En 1893, un “portavoz”, como diría ella en su diario (E.Guerra, Mss. VI, 242) aumentó su valor profético: “Ermínia Georgetti, una señora muy sencilla, ignorante de los conocimientos del mundo, pero bien cimentada en las virtudes cristianas” (Mss. VI, 244), le revela que hacía una semana después de la comunión, el Señor insistía en que ella hablase con la Madre (Georgetti era ayudante en la cocina) y, como ella no tenía valor para hacerlo, su corazón se encontraba inquieto… Una mañana, el Señor le repetía la orden, pidiéndole obedecer. Georgetti le dijo: “En mi interior la voz de Jesús me dice: Desearía que le digas a la Madre que convocase a mi corazón a todos los fieles en una oración universal por medio de la devoción del Nuevo Cenáculo… El Amor no es conocido… El Amor no es amado… Mi corazón no puede reposar ni incluso en los corazones consagrados a mí… Dile todo esto a la Madre… Dile que escriba una carta al Santo Padre, pidiéndole que reúna a todos los fieles en una continua oración…”

Después de casi dos años, Elena cede a esas llamadas. Monseñor Giovanni Volpi, quien hacía algunos años frecuentaba la Comunidad de las hermanas como Padre espiritual, comenta con el Papa León XIII, en una visita hecha a Roma en 1894 sobre su intención. El Papa no refutó la idea de hacer cualquier cosa en ese sentido y, así el 17 de abril de 1895, Elena envía al Papa León XIII, por medio del Padre Bertini, prior de Santa María del Pueblo – su primera carta (de otras 12 cartas y una pequeña “nota”, por decir así, que seguirían como secuencia) donde manifiesta su agonía por la poca atención dada por la Iglesia a la persona del Espíritu Santo. En un pasaje, dice así:

“Santo Padre, el mundo es perverso, el espíritu de Satanás triunfa en nuestra sociedad pervertida y arranca del Corazón de Jesús una multitud de almas; y en este terrible estado de cosas los cristianos no dedican ningún pensamiento a dirigir súplicas unánimes a Aquel que puede ‘renovar la faz de la tierra’... Las personas recomiendan todo tipo de devociones, pero mantienen silencio sobre esa única devoción que, según el Espíritu Santo de la Iglesia, debería ser la primera y principal. Las personas recitan tantas novenas, pero esa única novena, que por mandato de Nuestro Salvador en persona, fue recitada incluso por la Santísima María y por todos los Apóstoles, está ahora casi olvidada. Los predicadores alaban a todos los santos, pero ¿cuándo escuchamos alguna vez un sermón en honor del Espíritu Santo, Aquel que modela a los santos? … Por lo tanto, oh Santo Padre, sólo usted puede hacer que los cristianos vuelvan al Espíritu Santo, de modo que el Espíritu Santo pueda volver a nosotros; derrote el reino maligno del diablo, y concédanos la largamente ansiada renovación de la faz de la tierra”.

Un momento de gracia, profético, iluminado, en el cual la Iglesia parece reencontrar la capacidad de escuchar la voz del Espíritu que le habla a través de una humilde monja provinciana, insignificante y desconocida, pero preciosa en aquel tiempo y en aquel momento de la historia.

En la siguiente entrada, terminaremos con la preciosa vida de nuestra Beata.

Canción: Muévete en mí
Autor: Koren Axel Ruiz
Intérpretes: Koren & Jessica ft. Athenas & Jonatan Narváez







viernes, 11 de mayo de 2018

Elena Guerra y el Espíritu Santo

El siglo XX es considerado como el "siglo del Espíritu Santo". Hoy, que comienza la Novena al Espíritu Santo, vamos a conocer un poco una de las figuras claves en la historia de la Iglesia para que sea así denominado: la Beata Elena Guerra.

Procedente de una familia razonablemente rica, nació en Lucca, Italia, el 23 de junio de 1835. Fue criada en un ambiente profundamente católico. Desde temprana edad, Elena se dedica al estudio de la Palabra de Dios y a la Patrística, manteniéndose siempre envuelta en actividades apostólicas como Dama de la Caridad de San Vicente. Trabajó con valor junto a los pobres, asistiéndolos especialmente durante un brote de cólera que asoló la región donde vivía. También participó de la asociación de las Hijas de María.

En abril de 1870, realiza una peregrinación pascual a la ciudad de Roma, junto a su padre don Antonio Guerra. Al visitar las catacumbas de los Mártires, Elena vive una profunda experiencia de Dios, despertándose así en ella el deseo de una vida enteramente consagrada al Señor. Durante esa peregrinación asiste a una audiencia pública en la Basílica de San Pedro que fue la tercera sesión conciliar del Concilio Vaticano I, en la cual se aprobó la Constitución “Dei Filius”, sobre la Fe. Después de hacer una visita al Papa Pío IX, toma la decisión de ofrecer su vida por el buen éxito del pontificado de dicho Papa. 

Elena, junto a un grupo de amigas, forma una asociación que fue aprobada como “Unión de las Amistades Espirituales bajo la advocación de María Santísima, Madre del Bello Amor”. La validez de la asociación fue confirmada después por su rápida expansión, no solo en la ciudad de Lucca, sino también por los campos de las ciudades vecinas: Viareggio, Castelnuovo, Garfagnana, Florencia, Sena y otras. En 1872, Elena con su grupo de las Amistades Espirituales, comienzan una nueva experiencia de vida religiosa, transformando la Unión en la Congregación de las Hermanas de Santa Zita, cuyo apostolado se concentraba en la educación cultural y religiosa de la juventud femenina. La patrona de la Congregación, la Virgen lucense Santa Zita, mantiene en la actualidad su cuerpo incorrupto expuesto en la Iglesia de San Frediano, en Lucca, donde fue bautizada Elena Guerra. Cabe destacar que Elena tuvo como alumna a Gemma Galgani, hoy santa, cuya catedral en su honor también se encuentra en Lucca. 

En la siguiente entrada, continuamos con un poco más de su vida.

Canción: Ven, Espíritu Santo
Autor: Martín Valverde
https://www.youtube.com/watch?v=q0vUy2yP8Jo



miércoles, 9 de mayo de 2018

“Madre, qué alivio es saber que no hay alma que esté fuera de la esperanza..."

Os comparto este texto que he recibido de Agustín Cobos, un hermano laico de Sevilla. Me ha parecido realmente hermoso...

Después de la tormenta llegó la calma y aprovecho para asomarme en la azotea y ver la belleza de la creación. El cielo azul en una preciosa mañana de primavera… a lo lejos, cada árbol, cada flor, cada pájaro, cada piedra del camino… ¡todo habla de Dios! Y, como siempre, pregunto desde mi corazón a María. Y me susurras que todo fue creado por Amor al hombre, todo bello, para nuestro bien. Y entre suspiros te respondo que la más hermosa eres tú. Más pura que el agua cristalina, más delicada que la suave pluma del pájaro y tu perfume es infinitamente más exquisito que el que exhalan las rosas en primavera... y me veo tan pequeño, tan pobre, ¡tan miserable!, a tu lado. Tan salpicado de suciedad y pecado… y te suplico que me agarres de tu mano y no me sueltes nunca.

“Los días donde me veneráis y salgo a la calle para bendeciros, os preparáis, os vestís de gala, dejáis impecables las casas, adornáis con flores los jardines, pintáis las paredes de las casas… ¿y vuestras almas, cómo están? Hermoso por fuera, más, por dentro… si tan solo imaginaras cuán extraordinaria capacidad de resplandecer te ha sido dada, no dudarías en hacer lo que esté de tu parte para conservar tu alma en Gracia… ¿No te das cuenta que Dios cambia los paisajes?, así puede cambiar tu alma, de una tormenta, a brillar como un arcoíris. Esta es la maravilla de la Misericordia de Dios. Todo fue creado hermoso y perfecto, pero el pecado del hombre desluce la Gloria del Señor. El pecado puede ensuciar, pero jamás puede modificar lo que es tu alma, ni para qué ha sido creada, que es Dios mismo…. has sido creado para Amar, y no importa cuánto el pecado se esfuerce en deformar y querer torcer el alma, no podrá alterar su esencia. El alma siempre conservará intacta la capacidad de arrepentimiento que te permitirá esperar con esperanza el momento en que volverá a ver brillar sus flores, que son sus dones, renacerán sus manantiales, que son las gracias y virtudes que la adornan…”

Me quedo sobrecogido y emocionado con tu respuesta, Madre. Sin palabras…

“Madre, qué alivio es saber que no hay alma que esté fuera de la esperanza… jamás nadie podrá comprender la Misericordia de Dios… pero, Madre, ¿cuánta distancia ha de recorrer mi alma llena de pecados para recuperar su frescura y pureza original?”. Pregunto como un niño con dudas a su mamá.

“Muy simple, hijo, la distancia que te separa del confesionario… no sólo te son perdonados tus pecados, en un acto de amor generosísimo, sino que te es dada la Gracia de fortalecer tu alma para vencer las tentaciones… tu alma sale nueva, pura, bella, limpia, perfumada, lista para que Jesús viva en ella… no juzgues al sacerdote porque es el mismo Señor quien está delante de ti… y no temas porque yo iré a tu lado siempre acompañándote en silencio…”

El cielo parece más azul, tengo el alma llena de gozo por este momento compartido contigo, Madre, y hasta corren lágrimas por mis mejillas de emoción…
¡Gracias Madre, por enseñarme a través de las cosas simples, por acompañarme en el camino de la vida!

Hermano mío que me acompañas mientras lees este relato, no te asusten los paisajes tristes que puedas hallar… recuerda que Jesús nos ha dejado un Sacramento que devuelve al alma su frescura… y que María te acompañe a disfrutar todos los abrazos de amor que Jesús tiene para ti, esperando, en el confesionario de tu parroquia…






domingo, 6 de mayo de 2018

¿De veras crees que vale la pena?

"Llegan a Jericó. Y cuando salía de Jericó, acompañado de sus discípulos y de una gran muchedumbre, el hijo de Timeo (Bartimeo), un mendigo ciego, estaba sentado junto al camino. 
Al enterarse de que era Jesús de Nazaret, se puso a gritar: «¡Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí!». Muchos le increpaban para que se callara. Pero él gritaba mucho más: «¡Hijo de David, ten compasión de mí!»
Jesús se detuvo y dijo: «Llamadle.» Llaman al ciego, diciéndole: «¡Animo, levántate! Te llama.»
Y él, arrojando su manto, dio un brinco y vino donde Jesús.
Jesús, dirigiéndose a él, le dijo: «¿Qué quieres que te haga?» El ciego le dijo: «Rabbuní, ¡que vea!»
Jesús le dijo: «Vete, tu fe te ha salvado.» Y al instante, recobró la vista y le seguía por el camino." (Marcos 10, 46-52)

Los días pasan. El precioso Tiempo Pascual sigue avanzando. Puede parecer que el Triduo ha quedado muy lejano en medio de la vorágine del ritmo de cada día.

Puede que veamos muy lejana la obra que hizo el Señor en nosotros entonces, matando nuestras muertes, resucitándonos a una vida nueva.

Pero no fue un sueño: como con el ciego Bartimeo, el Señor ha pasado a nuestro lado, se ha detenido y nos ha llamado a una vida nueva y resucitada.

Pero Bartimeo, para vivir esta vida nueva sanada, resucitada, en seguimiento del Señor, tuvo que soltar su manto. Es decir, tuvo que soltar su pasado, aquello que le servía de seguridad para pedir limosna. Confió plenamente en la Palabra de Jesús, en su llamada, y dejó atrás su pasado (tiró el manto) incluso antes de ser sanado. Confió. Tuvo fe. Y esa fe le trajo la Salvación de Dios.

Creo que a veces nos puede pasar que, con el paso del tiempo tras la Pascua, volvamos a coger el manto. Es decir, que tengamos la tentación de pensar que nuestra vida no ha cambiado, que el Señor no ha pasado, porque veamos en nuestro ser tendencias y tristezas del "hombre viejo".

No cojamos de nuevo el manto. ¡No lo hagamos! Esa vida caduca ya no está, ¡ya no existe! Cristo ha resucitado, SÍ ha pasado a nuestro lado y nos ha dado una vida nueva. Dejemos que, con paciencia y esperanza (por su parte y por la nuestra), siga limpiando la ceguera de nuestros ojos para contemplar un presente y un futuro resucitado.

Tal vez haya que gritar un poco más, con profunda humildad: ¡Hijo de David, ten compasión de mí!. O, tal vez, hacer más silencio orante y escuchar en lo profundo de nuestro corazón a Jesús, que no deja de repetirnos: ¿Qué quieres que te haga?. Tal vez confiar en que nuestros ojos ya están abiertos y aceptar la invitación del Señor a levantar con fuerza la mirada y mirar más allá de "nuestro ombligo", de nuestras historias y esquemas... hacia un horizonte nuevo.

¿De veras crees que vale la pena coger el manto de nuevo?


Canción: Una palabra tuya
Autora: Nana Angarita
http://musiccatolica.com/escuchar-nana-angarita-grande-es-su-amor.html







martes, 24 de abril de 2018

¿Aún vives con la losa del sepulcro?

Hace no muchos días tuve la oportunidad de participar en una conversación en la que, en un momento dado, una de las personas dijo dirigiéndose a otra: "Si a estas alturas todavía no has aprendido a amarlo (una situación), ya no podrás hacerlo".

Conociendo a la persona que lo dijo y sabiendo lo mucho que quiere a quien se dirigió, sé que lo dijo sin ninguna intención de herir y con cariño. Y, aunque aún no haya sido capaz de descubrirlo, seguro que tenía un propósito.

Pero aquella frase retumbó en mi corazón como el ruido que hace una losa al caer sobre una tumba. No sé si habéis tenido oportunidad de oírlo. Yo sí, y pone los pelos de punta...

Cuando la losa cae, parece que ya no queda esperanza, pues lo que hay debajo (lo muerto) ya ha quedado sepultado y bien tapado.

Pero, ¿sabéis?, Cristo no ha muerto y ha resucitado para que sigamos viviendo con "muertes" y "losas" encima, en nuestro corazón y en nuestra vida. Ni las que nos empeñemos en ponernos (qué absurdos somos a veces...) ni las que otros nos pongan (qué dolorosa esa mirada en la que ya no se espera nada del otro...)

Él tiene poder: Cristo tiene el poder de resucitar de entre los muertos y tiene el poder de resucitar "nuestras muertes". Tiene poder para cambiar y transformar todo lo que haga falta en nuestra vida. ¡Cristo jamás tira la toalla, jamás pierde la esperanza sobre la más mínima cosa que vivimos!

¿Somos capaces de vivir desde el amor algo que hasta ahora nos ha costado amar? ¡Claro que sí! Porque cuando lo vivimos desde nuestras fuerzas, sí sentimos el peso de la losa, de nuestra incapacidad, de nuestro pecado. Pero si dejamos que Cristo resucitado viva en nosotros y sea su Amor el que brille y actúe... ¡oh, sí, entonces es otra cosa!

La belleza del Tiempo Pascual nos recuerda una y otra vez que Cristo está vivo. Y si nuestra muerte ya ha sido vencida por Cristo... ¡todo lo demás no es nada comparado con eso! ¡No te dejes engañar, la losa ya ha sido retirada de tu sepulcro!

Así que... ¡adelante! ¿Con qué te quedas: con la losa o con la vida nueva y resucitada que Jesús te da ya?

Canción: El Dios de la Vida
Autor: Daniel Poli
https://youtu.be/PXm0HGP5qJ8



miércoles, 18 de abril de 2018

Dios cumple su promesa en ti

Cuando como en el colegio siempre procuro hacerlo mirando hacia la ventana. Me gusta mirar los espacios abiertos, sobre todo si en ellos se ve naturaleza, y ando siempre en su busca en la ciudad, donde es más difícil encontrarlos.

Al fondo de las vistas del comedor del colegio hay un parque, con sus estanques y algún que otro pato. Y mis ojos tienden a perderse imaginándome allí, disfrutando de su belleza.

Mirar por la ventana me ha hecho fijarme mucho también en los árboles que rodean el colegio. Y hoy me he dado cuenta del cambio que han dado de un día para otro: ¡han aparecido los primeros brotes de primavera!

Durante meses he observado sus ramas, que parecían secas, donde colgaba alguna que otra hoja marrón y muerta. Pero hoy esas mismas ramas tienen pequeños y hermosos brotes verdes que, en unos días, se abrirán radiantes bajo el Sol.

Y he pensado que así ocurre también en nosotros: puede que pensemos que hay algo muerto e imposible de resucitar en nuestras vidas; o que no sabemos vivir algo y que jamás podrá cambiar; o que nuestra miseria y pecado son demasiado grandes para salir de ellos y vivir una vida nueva; o... tantas cosas...

Pero si nos abrimos al Señor, el Sol de Amor, y le dejamos que obre en nosotros, nuestra vida renacerá en una radiante primavera. Porque la misma fidelidad que el Señor muestra haciendo que cada año vuelvan los brotes nuevos allí donde parecía que sólo había naturaleza muerta, así el Señor hará brotar en nosotros una nueva y radiante vida en Él, por medio de su Espíritu Santo. Dios nos lo ha prometido y Dios siempre cumple su Palabra. Siempre.

En mi vida ya hay muchos brotes nuevos porque Dios está cumpliendo su promesa en mí. Y tú, ¿qué necesitas presentarle en esta Pascua para que Él lo llene de nueva y radiante VIDA? En ti también cumple su promesa.

Canción: Yo creo en las promesas
Autor: Daniel Poli
https://youtu.be/8dnXds9iYpU