martes, 21 de marzo de 2017

Las "setenta veces siete"

"Se adelantó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?. Jesús le respondió: No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete" (Mateo 18, 21-22)

Creo que todos los que escuchamos o leemos este evangelio siempre tenemos una cierta "inquietud" en la boca del estómago. No parece fácil lo que el Señor propone. Incluso en muchas ocasiones podemos encontrar mil y un motivos para justificar nuestras faltas de perdón.

Pero he escuchado una frase en una homilía comentando este evangelio que me ha hecho cambiar la perspectiva de mi corazón: que el Señor aprovecha todas estas situaciones que la vida nos pone para darnos oportunidades y perdonar, tantas como sean necesarias hasta que seamos misericordiosos.

Porque, pensándolo seria y objetivamente, ¿realmente tenemos motivos para considerar que podemos justificar nuestras faltas de perdón? Como dicen mis alumnos, la cosa más grave que jamás podrían perdonar es que les maten a un ser querido. Pero... viendo a Jesús crucificado... viendo al mismo Dios, Aquel que es la Santidad y el Amor en persona, morir por nuestros pecados... ¿no se nos cae hecho pedacitos ese argumento?

A Dios Padre le han matado lo más querido, su propio Hijo, y siempre andamos pidiéndole Misericordia y perdón. Pero, ¿cuántas veces aplicamos la misma "dosis" que nosotros recibimos con los demás?

Estoy releyendo al profeta Daniel. A la luz del evangelio de las "setenta veces siete", hoy me han resonado especialmente las palabras que dice el rey Nabucodonosor al ver el milagro de los tres jóvenes en el horno de fuego:

"Ellos, confiando en él, desobedecieron la orden del rey y expusieron sus cuerpos a la muerte antes que dar culto y adorar a otro dios fuera del suyo" (Daniel 3, 95)

Creo que cuando no perdonamos estamos dando culto a otros dioses que no son el nuestro. Porque cuando no perdonamos adoramos y damos culto a nuestro orgullo, a nuestras razones (más o menos justificadas), a nuestra cabezonería, a salirnos con la nuestra, a tener razón, a nuestro propio concepto de justicia...

Nuestro Padre Dios siempre nos aplica una misma y única dosis a todos: MISERICORDIA. A todos, a malos y a buenos, a justos y a pecadores (cfr. Mateo 5, 45). Y Él nos da mil y una oportunidades de ser como Él y perdonar como Él nos perdona, tantas como sean necesarias, para que lleguemos a ser en plenitud aquello a lo que estamos llamados a ser: sus hijos.

Sólo aprendiendo a ser misericordiosos seremos verdaderamente hijos de Dios, con esa plenitud de vida y de gozo que saltará hasta la vida eterna.

"Sed misericordiosos, como el Padre vuestro es misericordioso" (Lucas 6, 36)


Canción: Himno de la JMJ 2016 - Bienaventurados los misericordiosos
Autor: Jakub Blycharz (adaptación al español: Carlos Abregú)
https://youtu.be/adhG4m4-diE?list=PLIquW9Q_oS0AO0zgv5MK2_C1q_4mSB_Dd




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