miércoles, 28 de septiembre de 2016

Novena a San Francisco de Asís - Día 4

“San Francisco y la mansedumbre
Oración inicial

ORACIÓN ANTE EL CRUCIFIJO DE SAN DAMIÁN [OrSD] 

¡Oh alto y glorioso Dios! 
Ilumina las tinieblas de mi corazón 
y dame fe recta, esperanza cierta, caridad perfecta,
 sentido y conocimiento, Señor, 
para que cumpla tu santo y veraz mandamiento.

Lectura tomada de los Escritos de san Francisco:

"Todo su afán era que así él como los hermanos estuvieran tan enriquecidos de buenas obras, que el Señor fuera alabado por ellas.

Y les decía: «Que la paz que anuncian de palabra, la tengan, y en mayor medida, en sus corazones. Que ninguno se vea provocado por ustedes a ira o escándalo, sino que por su mansedumbre todos sean inducidos a la paz, a la benignidad y a la concordia. Pues para esto hemos sido llamados: para curar a los heridos, para vendar a los quebrados y para corregir a los equivocados. Pues muchos que parecen ser miembros del diablo, llegarán todavía a ser discípulos de Cristo»". (Leyenda de los Tres Compañeros 58)

"Bienaventurados los pacíficos, porque serán llamados hijos de Dios (Mt 5,9). Son verdaderamente pacíficos aquellos que, con todo lo que padecen en este siglo, por el amor de nuestro Señor Jesucristo, conservan la paz en el alma y en el cuerpo." (Admonición 15)

Reflexión

No son pocas las organizaciones que promueven la paz. Sin embargo, en nuestra vida cotidiana observamos que no se suele tratar con mansedumbre a los que nos rodean: impaciencia con los niños ante sus errores, gritos conduciendo el vehículo, malos gestos en las aglomeraciones del transporte público... La mansedumbre encuentra su fuente y sostén en la paz del corazón. De ahí puede brotar hacia los otros, pero no podemos dar lo que no poseemos.

Si poseemos la paz en nuestro interior será mucho más fácil y real transmitirla a los otros. San Francisco insiste más en poseer la paz: “Que la paz que anunciáis de palabra, la tengáis, y en mayor medida, en vuestros corazones…” (Cf.TC 58). Quien posee la paz, como consecuencia crea la paz.

Una forma de medir cuánta paz poseemos la descubrimos en la admonición o consejo que da Francisco; en él nos muestra que los verdaderos pacíficos son aquellos que, por amor de nuestro Señor Jesucristo soportan todas las adversidades con un espíritu de verdadera paz, por ello podemos decir que la paz se mide en el momento de la prueba. Uno de los caminos para llegar a amar a Jesucristo y por este amor conservar la paz es la vivencia del evangelio.

Si procuramos guardar el santo Evangelio de nuestro Señor Jesucristo (cf. 1R. 1) seremos poseedores de los elementos que nos ayuden a vivir la paz; en primer lugar en nuestra propia vida y luego en nuestro entorno cotidiano. Seremos capaces de dar testimonio como cristianos de que otro mundo es posible, un mundo donde reine la paz y la concordia. "Comencemos, hermanos, porque hasta el presente poco o nada hemos hecho."

Canción: Ya podría yo
Autor: Fray Nacho
https://www.youtube.com/watch?v=qMbI_53fZPo