domingo, 25 de septiembre de 2016

Jesucristo tenía un poco de chulapo castizo

Últimamente recibo muchos chistes en el móvil. Algunos más graciosos, otros menos. Pero en la mayoría de ellos he observado una dinámica común: se busca provocar risa desde el menosprecio y la mofa al que es diferente o explotando viejos (y no tan viejos) tópicos que afectan a distintos seres humanos.

No sé, yo he debido perder en algún momento el sentido del humor, porque de veras que no les encuentro la gracia a la mayoría de ellos. No puedo evitar ver a un hermano, a un semejante a mí, a un hijo de Dios despreciado e incluso humillado muchas veces. Y encuentro aún menor sentido que estos chistes los reenviemos los que nos llamamos cristianos.

No me imagino a Jesús riéndose de nadie. Y eso que en el Evangelio vemos a Jesús con un gran sentido del humor. Pero un sentido del humor fino, a veces un poco irónico. Con ese típico regustillo chulesco de los madrileños castizos de antaño, que provoca sonrisa sincera porque viene de frente. Con limpieza y sin segundas.

Por ejemplo, en Mateo 17, 24-27:

"Al llegar a Cafarnaúm, los cobradores del impuesto del Templo se acercaron a Pedro y le preguntaron: «¿El Maestro de ustedes no paga el impuesto?». «Sí, lo paga», respondió. Cuando Pedro llegó a la casa, Jesús se adelantó a preguntarle: «¿Qué te parece, Simón? ¿De quiénes perciben los impuestos y las tasas los reyes de la tierra, de sus hijos o de los extraños?». Y como Pedro respondió: «De los extraños», Jesús le dijo: «Eso quiere decir que los hijos están exentos. Sin embargo, para no escandalizar a esta gente, ve al lago, echa el anzuelo, toma el primer pez que salga y ábrele la boca. Encontrarás en ella una moneda de plata: tómala, y paga por mí y por ti»."

A mí me encanta la "chulería" (la sana) de Jesús: ¿que hay que pagar impuestos? Sin problema: yo soy el Señor de toda la Creación. Anda, vete y en el primer pescao encontrarás una moneda. Ale, pa´chulo yo.

Creo que es importante reírse. Mucho. Y en primer lugar de nosotros mismos y nuestras torpezas. Pero, cuando nos refiramos a otro ser humano, pensemos en algo tan básico como: ¿Jesús se reiría de esto? ¿La Virgen María lo haría? ¿Lo haría un niño? 

Pidamos al Señor un BUEN sentido del humor, sano, sencillo, limpio, sin herir. El de los santos. Y, para muestra, hoy no os dejo una canción para reflexionar, sino un vídeo de San Juan Pablo II y la oración compuesta por Santo Tomás Moro para pedir el buen humor.

Dame, Señor, una buena digestión
y, naturalmente, dame algo que digerir.
Dame la salud del cuerpo 
y el buen humor necesario para mantenerla.

Dame, Señor, un alma santa
que guarde el recuerdo de todo lo que es bueno, bello y puro, 
para que, al ver el pecado, no me asuste, 
sino que encuentre el medio de arreglar las cosas.

Dame un alma que no conozca el aburrimiento
ni la murmuración, quejas o lamentos, y no sepa gemir ni suspirar,
y haz que no me inquiete, ni de importancia
a eso tan embarazoso que llamo "yo".

Dame, Señor, el sentido del humor
dame la gracia de saber aceptar las bromas
para que pueda sacarle a la vida un poco de alegría
y la haga participar también a los demás.


"La risa del Papa Juan Pablo II": https://www.youtube.com/watch?v=9vWP-MypGKs





Novena a San Francisco de Asís - Día 1

“Francisco de Asís, un hombre justo y misericordioso”

Oración inicial

ORACIÓN ANTE EL CRUCIFIJO DE SAN DAMIÁN [OrSD] 

¡Oh alto y glorioso Dios! 
Ilumina las tinieblas de mi corazón 
y dame fe recta, esperanza cierta, caridad perfecta,
 sentido y conocimiento, Señor, 
para que cumpla tu santo y veraz mandamiento.

Lectura tomada de los Escritos de san Francisco:

"Aunque Francisco animaba con todo su empeño a los hermanos a llevar una vida sobria, sin embargo, no era partidario de una severidad intransigente, es decir una vida sin misericordia. Prueba de ello es el siguiente hecho.

Cierta noche, un hermano que ayunaba hacía varios días, se sintió atormentado con un hambre tan terrible, que no podía estar tranquilo. Dándose cuenta san Francisco, llamó al hermano, le preparó la mesa con alimentos y -para evitarle toda posible vergüenza- comenzó él mismo a comer primero, invitándole dulcemente al hermano que sufría, que también él comiera.

Venció el hermano su vergüenza y tomó el alimento necesario, sintiéndose muy confortado, porque, gracias a la prudente acción del santo, había superado su desvanecimiento corporal, y además había recibido un gran ejemplo de edificación.

A la mañana siguiente, el varón de Dios, Francisco, llamó a sus hermanos y les contó lo sucedido aquella noche, añadiéndoles esta prudente recomendación: «Hermanos, que les sirva de ejemplo, en este caso, no tanto el alimento, sino el amor».

Les enseñó, además, a guardar la discreción, como reguladora de las virtudes; pero no la discreción que sugiere la carne, sino la que enseñó Cristo, un verdadero ejemplo de perfección." (Leyenda Mayor 5, 7)

Reflexión

San Francisco se esforzó mucho por ser fiel a Jesús, haciendo oración, dando gracias por todas las cosas recibidas de parte de Dios, y también practicando la justicia con quienes el Señor le había regalado para vivir juntos la vida en fraternidad. Francisco era exigente consigo mismo y bondadoso con los demás. Esta es una muestra de la justicia que descubría en su Señor y que debía practicar con sus hermanos.

Esta hermosa historia nos ayuda a descubrir que nuestra justicia debe estar fundamentada en el amor, para que sea verdadera justicia evangélica, de la misma manera que la practicó Cristo, dando a cada hombre y mujer lo que necesitaba, atendiendo las necesidades del prójimo.

Que también a nosotros nos sirva de enseñanza este pasaje, para estar atentos a lo que el amor nos exige a cada uno, sea en el hogar o el trabajo, en la iglesia o en la calle, en nuestra familia y con nuestros vecinos, y practicar la justicia misericordiosa que Jesús nos dio a conocer.

Canción: Amor de mis amores
Autor: Nico Montero
https://www.youtube.com/watch?v=8myvvtCnim8