viernes, 2 de septiembre de 2016

¿Nos ahogamos... o nos dejamos levantar?

Seguimos avanzando con el nuevo curso. Etapa nueva y, como todo lo nuevo, llena de cosas desconocidas. Ya sea porque empezamos un nuevo ciclo en nuestra vida, ya sea que sigamos en el ciclo que traíamos; siempre hay cosas nuevas, experiencias nuevas, personas nuevas.

Y la novedad siempre es enriquecedora. Como hoy me recordaba un ex alumno, y ahora amigo, las circunstancias que vivimos en la vida nos configuran en la persona que hoy somos.

Hoy miro hacia atrás y veo cosas que en su día no me gustaron demasiado (algunas más bien nada, jej). Miro mi vida ahora y sigo viendo cosas que hay que mejorar. Pero me gusta lo que veo, porque veo la obra de Dios. Por la Gracia de Dios soy lo que soy, y su Gracia no se ha frustrado en mí (cfr. 1 Cor 15, 10)

Y miro la nueva etapa... y algo de vértigo me da. ¡Cómo no! Pero, como diría San Francisco, ¡no hay que asustarse! Nuestro Padre Dios nos cuida desde el Cielo; pertenecemos a Jesucristo porque Él nos compró con su Sangre; nuestra Madre María no nos deja jamás de su mano y en el Espíritu Santo tenemos un fiel aliado. Me encanta esta cita de Isaías 49, 15-16: "¿Acaso olvida una mujer a su niño de pecho, sin compadecerse del hijo de sus entrañas? Pues aunque se llegasen a olvidar, yo no te olvido. Míralo, en las palmas de mis manos te tengo tatuada". ¿Puede haber un descanso mayor?

Pues aún el Señor nos da una "muleta" más para nuestro caminar: ¡los santos! Ellos nos llevan la delantera en este camino por el que vamos a transitar. Hoy quiero compartiros unas palabras de San Germán (año 730), recordadas por el Papa Benedicto XVI en una catequesis del 29 de abril de 2009:

"¿Acaso podría suceder, Santa Madre de Dios, que los cielos y la tierra, tan honrados con tu presencia, pudieran dejar desamparados a los hombres y mujeres sin tu protección? No. Es imposible pensar tal cosa... No abandonaste a aquellos a quienes Tú garantizaste salvación... Tú, oh Madre, estás siempre cerca de todos y a todos proteges; y, aunque nuestros ojos son incapaces de verte, sabemos, ¡oh, Santa Madre!, que habitas entre nosotros y que te haces presente de las más peculiares maneras...".

Pues eso... ¿seguimos mirando nuestro "ombligo" y nos ahogamos, o nos dejamos levantar y guiar por la Misericordia de Dios? Yo opto por caminar sobre el mar :-)


Canción: Oceans
Autor: Hillsong
https://www.youtube.com/watch?v=2BJ0OA0nXPY