viernes, 25 de marzo de 2016

Viernes Santo... POR MÍ

Meditación sobre el VIERNES SANTO, ciclo C - 2016 (P. Alfonso Sánchez-Rey López de Pablo)

Hoy 25 de Marzo, se da una feliz coincidencia que no es nada frecuente: es Viernes Santo y es también la fecha en la que habitualmente se conmemora la Encarnación del Señor. Se cumple lo que se dice, con rigor, en algún villancico: que el Hijo de Dios vino al mundo para padecer. El Verbo de Dios que se ha hecho carne en las purísimas entrañas de María, no por el mundo, no por la humanidad, por cada uno de nosotros, viene para obedecer al Padre, viene para entregarse por nosotros en la Cruz.

Hoy es el Día del Gran Perdón: un día para mirar, dolerse y cambiar.

1. Mirar a Jesús. Hemos seguido a Jesús en su Pasión y nos preguntamos ¿cómo es posible? El hombre que pasa haciendo el bien, el hombre que habla como no ha hablado nadie, el hombre que brilla en su humanidad, es ahora un despojo más que un hombre. "No hay en Él parecer, no hay hermosura". Hemos de aprender a mirar a Jesús. Y mirarlo no de cualquier manera sino tal cual está ahora: Mirarlo en su soledad, mirarlo en su abandono. Mirarlo insultado, mirarlo ridiculizado. Mirarlo escupido, mirarlo herido hasta la extenuación. Sin nada en Él que esté sano. Lleno de oprobio. No apartes tu vista, no mires para otro lado. Es Jesús el que hace milagros, el que habla como nadie. ¿Puedes mantener la mirada? Perdón Señor, perdón, he sido yo. Gracias porque te entregas por mí.

2. Dolerme de Jesús. ¿No me conmueve? ¿Acaso puedo quedarme indiferente al verlo así? ¿Puedo quedarme acaso impasible ante tanto sufrimiento? ¿No siento en mi interior algo que hiere mi corazón en lo más profundo? Yo que me quejo con tanta facilidad, que cualquier cosa me cuesta tanto, ¿no me quedo parado ante tanto dolor? Hay falta de fe en el mundo, en muchos corazones que parecen secos y tristes, pero cuando veo la sequedad y la tristeza de todo un Dios que se ofrece por mí, ¿cómo puedo echárselo en cara? Solo puedo asociarme a María y, con ella, dejar que esa espada de dolor que atraviesa su corazón me recuerde que sus heridas son las que curan las mías. Y pedirle que las convierta en amor. Perdón, Señor, perdón, he sido yo. Dame fuerzas para convertir mi dolor en amor.

3. Cambiar por Jesús. Jesús mío, después de ver y dolerme ¿podré seguir igual? Yo que a veces estoy tan seguro de mí mismo... "Si rompe cercos y cuestiona seguridades es para abrir una brecha al torrente de la Misericordia que, con el Padre y el Espíritu, desea derramar sobre la tierra". Lo recordaba el Papa. No puedo seguir indiferente. ¿No habrá algo dentro de mí que me lleve a pensar que algo tengo que cambiar? Señor mío y Dios mío, que hay en mi interior mucha amargura, muchos resentimientos, muchos dolores, muchas decepciones, mucho desamparo y desesperanzas, y se van quedando ahí como enconados. No quiero quedarme a solas conmigo mismo. Mi soledad es solo vacío: quiero llenarla de tu amor y presencia entregada. Perdón, Señor, perdón. He sido yo. Hazme cambiar.

Que te mire, que no deje de mirarte, tengo tanto que aprender de Ti. Que me duela con tu dolor: es el único dolor que sana mis heridas, y me hará olvidarme de mi dolor tan pobre. Que cambie esa actitud interior tantas veces prepotente y egoísta, para llenarme de esa sencillez y humildad con la que te has entregado a la muerte por mí, para salvarme. Que mire, me duela y cambie de la mano de María Virgen Dolorosa.


Canción: Nadie te ama como Yo
Autor: Dios
Intérprete: Martín Valverde
https://www.youtube.com/watch?v=yymM1iZOgSk