martes, 22 de noviembre de 2016

Preparándonos para el Adviento (1ª parte)

Queda ya muy poquito para comenzar el Adviento. Sería interesante irnos preparando poquito a poco. Es un tiempo de Gracia que mejor aprovechar a tope.

Hoy he leído un artículo sobre los milagros eucarísticos. Creo que una buena manera de ir preparando nuestro corazón para este nuevo tiempo litúrgico es tomar conciencia de que REALMENTE Dios se hizo hombre en Belén. Y no sólo eso, sino que después ha querido seguir entre nosotros en la Eucaristía, PRESENCIA REAL de Cristo resucitado.

Los milagros eucarísticos aportan una prueba de la presencia real objetiva del Cuerpo y de la Sangre del Señor en el Santísimo. Vamos a ir viendo, a lo largo de tres entradas distintas del blog, tres de estos milagros, relacionados entre sí. Uno antiguo y dos muy modernos.

Empecemos :-)
EL MILAGRO DE LANCIANO

En Lanciano, en la región italiana de Abruzos, tuvo lugar hacia el año 750 un hecho prodigioso. Había un monje que tenía dificultades en creer en la presencia real de Nuestro Señor Jesucristo en la Eucaristía, y que rezaba constantemente para aliviar sus penosas incertidumbres.

Una mañana, asaltado siempre por las dudas, comenzó la celebración de la Misa ante los habitantes de un pueblo vecino. De repente, después de consagrar el pan y el vino, vio algo en el altar que le provocó temblor en las manos, quedando completamente atónito durante un momento, que a los feligreses les pareció una eternidad. Luego, poco a poco, se giró hacia ellos y les dijo: "¡Oh, dichosos testigos a quien Dios bendice! Para contradecir mi incredulidad, Él mismo ha querido revelarse en este bendito Sacramento y hacerse visible a nuestros ojos. Venid a ver a nuestro Dios tan cercano a nosotros: he aquí la Carne y la Sangre de nuestro Cristo bien amado".

¡La sagrada forma se había convertido en carne y el vino en sangre! Aquel mismo día, el rumor del milagro recorrió todo el pueblo como fuego que abrasa un bosque y enseguida alcanzó los pueblos vecinos y se propagó hasta Roma.

Aquel milagro sigue siendo visible para nosotros en la actualidad, ya que la forma convertida en carne y el vino en sangre han permanecido, durante más de doce siglos, perfectamente intactos. En 1970, el arzobispo de Lanciano y el ministro provincial de los Conventuales de la zona de los Abruzos, con autorización de Roma, pidieron al profesor Edoardo Linoli, director del hospital de Arezzo, que realizara un examen científico profundo de las reliquias del prodigio acontecido doce siglos antes. El 4 de marzo de 1971, el profesor presentó sus conclusiones:

1.- La "carne milagrosa" es una carne constituida por el tejido muscular estriado del miocardio (corazón)
2.- La "sangre milagrosa" es verdaderamente sangre, lo que queda probado indiscutiblemente por el análisis cromatográfico.
3.- La carne y la sangre son de naturaleza humana, y la prueba inmunológica afirma que pertenecen al grupo sanguíneo AB, que es el mismo que la del hombre de la Sábana Santa de Turín, y característico de las poblaciones de Oriente Medio.
4.- Las proteínas contenidas en la sangre se reparten en un porcentaje idéntico al del esquema seroproteico de la sangre fresca normal.
5.- Ninguna sección histológica ha revelado la presencia de huellas de infiltraciones de sales o de substancias utilizadas en otra época con propósitos de momificación.

Además, una vez licuada, la sangre eucarística de Lanciano (que habitualmente está seca) conserva todas sus propiedades químicas y físicas sin deteriorarse en forma alguna. Ahora bien, normalmente, quince minutos después de la extracción de sangre humana ordinaria, todas las actividades biológicas perecen irremisiblemente.

El informe médico, publicado en los Cahiers Sclavo (fasc. 3, 1971), suscitó un gran interés en el ámbito científico. En 1973, el Consejo Superior de la Organización Mundial de la Salud nombró una comisión científica para verificar las conclusiones del profesor Linoli. Los trabajos duraron 15 meses, realizándose 500 exámenes. La comisión declaró que se trataba de un tejido vivo que respondía a todas las reacciones clínicas de los seres vivos. Desde el siglo VIII, la carne y la sangre de Lanciano permanecen igual que si acabaran de ser extraídas ese mismo día de un ser vivo. La síntesis de los trabajos de la comisión fueron publicados en diciembre de 1976 en Nueva York y en Ginebra, y reconocía la imposibilidad de aportar una explicación desde la cienca.


Hasta aquí el primer milagro. Otro día, más :-)


Canción: Ave Verum Corpus (Mozart)
Intérpretes: Coro y Orquesta de la Radio de Baviera, dirigidos por Leonard Bernstein


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