lunes, 26 de septiembre de 2016

Novena a San Francisco de Asís - Día 2

“La pobreza de Francisco de Asís: expresión de solidaridad

Oración inicial

ORACIÓN ANTE EL CRUCIFIJO DE SAN DAMIÁN [OrSD] 

¡Oh alto y glorioso Dios! 
Ilumina las tinieblas de mi corazón 
y dame fe recta, esperanza cierta, caridad perfecta,
 sentido y conocimiento, Señor, 
para que cumpla tu santo y veraz mandamiento.

Lectura tomada de los Escritos de san Francisco:

"San Francisco se apartaba instintivamente con horror de los leprosos. Los evitaba cuanto podía y no deseaba encontrase con alguno.

Un día que paseaba a caballo cerca de Asís, le salió al paso uno de ellos. Y por más que le causara mucha repugnancia y horror, sea por su mal olor u horrible apariencia, para no fallar en la práctica del amor, que descubría en su oración, saltando del caballo, corrió a besarlo. Y el leproso, al extenderle su mano a Francisco, el santo se la besó.

Volvió Francisco a montar el caballo, miró luego a uno y otro lado, y, aunque era un campo abierto sin estorbos a la vista, ya no vio al leproso.

Lleno de admiración y de gozo por lo vivido, pocos días después trata de repetir la misma acción. Se va al lugar donde moran los leprosos, y va besando la mano y la boca de cada uno de ellos.

Así, lo amargo que le era ver a los leprosos se convirtió en dulzura para su alma." (Vida segunda según Celano, nº 9)

Reflexión

Para San Francisco era muy desagradable encontrarse con los leprosos. Ellos representaban lo feo y más degradante del ser humano. Eran aquellas personas que por tener lepra, enfermedad que descompone la carne del cuerpo, bastante común en el tiempo de Francisco, eran expulsados de la ciudad y condenados a vivir fuera para esperar la muerte. Significaban, por lo tanto, lo más indigno de la sociedad, aquellos despreciados que nadie quería tocar.

Francisco se encuentra con ellos en un momento decisivo de su conversión. Aquel momento en que su vida cambia de tal manera que aquello que antes le era desagradable pasará a ser dulzura del alma. Es decir, un verdadero encuentro con Dios, pues descubre en los despreciados el rostro humano del Cristo sufriente.

Francisco se da cuenta de que Jesús también fue pobre en su vida, y ahora se le manifestaba a él en lo despreciable a los ojos de los hombres, los leprosos. También Jesús se encontró con ellos y los curaba de sus dolencias, transformando las situaciones de dolor e injusticia en verdadera liberación de las personas y sus esclavitudes.

Francisco se dio cuenta y quiso practicar la misericordia y la justicia con los más pobres de su tiempo y desde ahí comenzar a vivir como ellos, fuera de la ciudad y sin nada propio. Dios, que se ha manifestado plenamente en su Hijo pobre y humilde, continúa presente especialmente desde los pobres.

Por ello, reivindicar el primado de Dios es, para Francisco, hacer penitencia desde ellos, y por lo tanto, llevar una vida sobria, practicando la justicia, respetando a cada hombre y mujer por lo que es: un hijo de Dios, y por lo tanto, hermano mío. En nuestra actualidad también tenemos leprosos. Pensemos en las personas que menos cuentan en nuestra sociedad y descubramos en ellos el rostro de Cristo sufriente que nos invita a amarlo.

Canción: A ti te quiero yo en mi obra
Autor: Nico Montero


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