miércoles, 31 de agosto de 2016

Cada día es como una vida

Mañana es día 1 de septiembre. Aunque el año civil comienza el día 1 de enero y el año litúrgico con el Adviento, creo no equivocarme si afirmo que para muchos esta fecha del 1 de septiembre es como un nuevo comienzo.

Algunos lo llamamos "comenzar el curso". El parón estival siempre supone un antes y un después.

Pero hoy, pensando que mañana es día 1, reflexionaba sobre todo lo ocurrido y vivido este verano. Y una certeza me brota del corazón: que en un sólo día podemos vivir una vida entera. Podemos experimentar todo tipo de sensaciones, sentimientos, pensamientos, hechos, palabras... que nos hacen sentir niños, aprendices jóvenes, adultos o muy, muy viejos. Sin cambiar externamente en nada, el corazón crece. Madura. Florece.

Realmente, como dice la Escritura, hay un tiempo para todo. "Todo tiene su momento, y cada cosa su tiempo bajo el sol" (Ecl 3, 1). Y, por mucho que nos empeñemos, es difícil adelantar los tiempos. Lo que debe ocurrir para lanzarnos a vivir con una plenitud mayor, ocurrirá. En el momento apropiado. En el momento justo. Cuando el corazón pueda florecer con una novedad que antes, tal vez, no hubiera sabido acoger.

En un único día el corazón puede ser deslumbrado por la belleza del vuelo de una mariposa o el ajetreo incesante y solidario de las hormigas. En un sólo día puede asombrarse por la vieja piel abandonada por un insecto, intacta en su estructura, o por la destreza de la cigüeña construyendo su nido. En un único día el corazón puede comenzar a enamorarse y, al instante, retirarse por amor y respeto a otra persona. En un sólo día puedes andar, casi sin querer, buscando aprobación y "medallas" y, al instante, sentir la inmensa libertad de saberte pobre instrumento de Dios. En un único día puedes gozarte ante la imagen de una nueva vida en el seno de su madre y gozarte de la vida eterna que otra persona ha alcanzado tras su muerte.

Comienza un nuevo curso, sí. Pero no es igual a los anteriores. Nunca nada es igual. Porque nosotros ya no somos iguales. Hemos crecido. Hemos madurado. Hemos florecido en el amor. Un poquito o un mucho. Eso no importa. ¿Acaso importa la medida? Sólo importa que Dios va haciendo su obra en nosotros. Sólo importa que nuestra Madre María nos acompaña y guía en este dejarnos hacer.

Cada día es como una vida. No hay que asustarse ante nuestras pobrezas. No hay que asustarse ante nuestras fortalezas. La esperanza ante la belleza que nos espera nos lleva la delantera. Únicamente hay que vivir.


Canción: Still / Quietud
Intérprete: Catedral de la Fe
https://www.youtube.com/watch?v=r1L_60fKVlY




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