domingo, 12 de octubre de 2014

María: Virgo ecclesia facta

Creo que pocas cosas tan hermosas he visto como un amanecer en que, mirando hacia un lado, el Sol comenzaba a salir tiñendo el cielo de rojo; y, mirando hacia el otro, la Luna brillaba radiante, llena, sobre el horizonte, recibiendo con rostro diáfano y limpio los rayos del luminoso astro.

Así es María: toda la luz que ella emite es previamente recibida de Cristo. Nada es María sin Jesús, el Kyrios, el Señor. Siempre que miramos a María, ella nos lleva a Jesús. María, toda sencilla, toda humana, toda discípula, refleja en su vida, plenamente abierta y esclava, la belleza del Amor y la ternura de Dios.

En María encontramos la Madre que engendra en su seno nuevos hijos de Dios; encontramos a la discípula fiel que, convertida en maestra, nos enseña a caminar siguiendo las huellas del Hijo; encontramos a la llena de Gracia que nos enseña a vivir de la Misericordia de Dios; encontramos la humilde esclava que nos enseña a dejarnos hacer con un continuo "hágase".

María, lucero del alba de nuestras vidas, Virgen hecha Iglesia: llévanos a Jesús, llévanos al Salvador, a Aquel que nos diste tú.

<<¡Salve, Señora, Reina Santa,
Madre santa de Dios, María!
Eres Virgen hecha Iglesia,
elegida por el santísimo Padre del cielo,
consagrada por él con su santísimo amado Hijo
y con el Espíritu Santo Paráclito.
En ti existió y existe
la plenitud de toda gracia
y todo el bien.

¡Salve, palacio de Dios!
¡Salve, tabernáculo suyo!
¡Salve, casa suya!
¡Salve, vestidura suya!
¡Salve, esclava suya!
¡Salve, madre suya!

¡Salve, también vosotras, santas virtudes todas,
que, por gracia e iluminación
del Espíritu Santo,
sois infundidas en los corazones de los fieles,
para hacerlos, de infieles,
fieles a Dios!>>

(San Francisco de Asís - Saludo a la Virgen María)